Lo que Barry no sabía era que el ex al que se refería no era otro
que Jim, su mejor amigo, quien vino a verla al día siguiente
acompañado de Mao, a quienes no veía desde que se fuera de su
ciudad natal.
-
¡Chicos! Me alegra veros. Cuánto tiempo sin ver esas caras…
Tanto Jim como Mao sonrieron y se sorprendieron a partes iguales
cuando vieron el gran cambio de look que había dado Emma. Ninguno de
los dos sabía lo que se había hecho en el pelo pero, a pesar del
brusco cambio, ambos coincidieron en que le sentaba muy bien.
Emma abrazó a Jim instintivamente. Entre que le tenía mucho cariño,
hacía bastante tiempo que no se veían y apenas habían hablado
desde que ella se fuese, lo echaba mucho en falta.
Sintiéndose un poco celoso, Mao carraspeó y se dirigió a Emma.
- ¿Y
para mí no hay abrazo o qué?
-
Claro que sí, tonto. Ven aquí anda,-le dijo Emma estrechándole en
sus brazos-.
Haciéndolos pasar, Emma les enseñó el apartamento a los chicos y,
aunque se veía que era pequeño, estaba bastante coqueto.
-
Oye pues no está mal,-comentó Jim-.
-
Siendo para ti sola no te falta ni te sobra espacio. Me gusta,-dijo
Mao-.
- No
necesito más de momento. El sitio me encanta y me gusta el ambiente
que hay por los alrededores.
Pidiendo permiso, Jim le preguntó a Emma dónde estaba el baño y
ella, indicándoselo, le hizo pasar mientras que Mao y ella se
quedaron fuera charlando tranquilamente.
- ¿Y
qué tal por allí?-preguntó Emma-.
- No
sabes la que se montó el otro día en casa… Sandra y Nathan
tuvieron una bronca que hasta vino la policía alertada por los
vecinos.
-
Venga ya, ¿me lo dices en serio?
- Te
lo juro. Al parecer vino Fiona y le contó toda la verdad a Sandra y
no sabes el pollo que le lió a Nathan después.
- ¿Y
qué pasó? ¿Han cortado?
-
¿Cortar? ¡Ja! Eso es lo que le hubiera gustado a Nathan. Lo que ha
hecho Sandra es obligarlo a casarse con ella y a mantener a su futura
hija. Le ha dicho que le va a revisar las llamadas, los mensajes y le
ha amenazado con denunciarlo por abandono del hogar si un día tarda
más de la cuenta a la hora de volver a casa.
-
Joder con la niña… Vienen pisando fuerte las siguientes
generaciones.
- Lo
mejor que has hecho ha sido quitarte de en medio, Emma. Nada más hay
que verte para darse cuenta de lo bien que te ha sentado el irte de
allí. Estás hasta más buena que antes.
Quedándose completamente avergonzada a causa del último comentario
de Mao, Emma le hizo una pregunta.
- ¿A
qué viene ese comentario Mao?
- A
ver, espero que no te moleste, pero ahora que estás soltera y te has
olvidado del tonto de Nathan… a mí siempre me has interesado, creo
que te lo habrás imaginado cientos de veces y, no sé, me gustaría
poder salir contigo un par de veces, dar una vuelta y… lo que
surja, Ya… me entiendes.
Sin poderlo evitar, Emma soltó un pensamiento en voz alta justo
cuando Jim salía del servicio.
- Tú
eres tonto Mao, eso para empezar.
-
¿Perdón?
-
¿Te crees que porque estoy soltera voy a ir a tus brazos corriendo?
Sé que te gustaba o que te gusto, pero eso no te da derecho a
proponerme salir de una forma tan bruta.
- Lo
siento Emma, yo… al verte vestida de esa forma hoy creí que…
-
¿Vestida de qué forma Mao? ¿Se puede saber cómo voy vestida?
Mao se sentía completamente fuera de lugar y deseaba que la tierra
se lo tragase en ese momento.
- No
sé, no dejas mucho a la imaginación tampoco.
- ¿Y
qué más te da? No voy enseñando nada. Que este vestido es corto se
sabe, pero no voy vestida de ninguna forma para que te de el derecho
de hablarme así.
- Lo
siento de veras Emma, no volverá a pasar.
- Y
tanto que no porque no quiero que vuelvas a pisar esta casa, así que
vete ahora mismo. ¡Vete si no quieres que llame a la policía!
Levantándose en completo silencio Mao miró a Jim, que se mantenía
completamente al margen de la discusión, y fue a decirle algo.
- Te
espero en el coche…
Dándose la vuelta, Emma se dirigió a su amigo.
- Tú
vete también, Jim.
-
¡¿Yo?! Pero si no he hecho nada. Ha sido el salido de Mao que la ha
tenido que cagar con ese comentario.
- Lo
sé. Tú no tienes la culpa, pero quiero que te vayas porque estoy
muy cabreada ahora y necesito estar sola, así que hazme el favor de
irte.
Mirándola de arriba abajo con ojos de incredulidad, Jim le dijo unas
palabras a Emma antes de irse.
- No
te reconozco Emma. Has cambiado, desde luego… Pero no sé si este
cambio ha sido para bien o no.
-
Cierra la puerta cuando te vayas.
- No
te preocupes, que no te vas a dar cuenta de que he estado por aquí.
Eso sí, la próxima vez que sepamos el uno del otro será porque tú
me llames o me escribas, yo no pienso acudir a ti. Buenos días Emma.
Varias semanas después, Sandra y Nathan se convirtieron en padres de
una dulce niña llamada Brenda. Sandra no se veía tan alegre como se
esperaba, pero no estaba tan mal como Nathan, quien la trataba lo
justo y necesario y por obligación de Sandra. En cuanto recibió el
alta hospitalaria, Sandra preparó todo para celebrar una boda en el
juzgado y poder estar legalmente casada con Nathan, quien aún seguía
incómodo y reticente a la idea de casarse.
- Es
la hora de irse al juzgado,-le dijo Sandra-.
-
¿Es necesario que tengamos que pasar por eso?
- Es
justo y necesario Nathan porque, si decides abandonarme algún día,
podré exigirte que me pases una manutención al igual que a nuestra
niña que, por cierto, ¿le has cambiado el pañal como te dije?
Sin poderlo evitar, Nathan alzó la voz y comenzó a gritar.
-
¡No hay quien te entienda Sandra! ¿Quieres que nos casemos o que le
cambie el pañal a la mocosa?
- Es
verdad, qué tonta soy… Se me olvidaba que estoy hablando con
Nathan, un hombre que no sabe hacer dos cosas a la vez pero que sí
puede mantener tres relaciones simultáneas.
- Me
lo vas a estar recordando toda la vida, ¿verdad?
-
¡Hasta el día en que te mueras!
-
Pues espero que sea pronto…-comentó Nathan entre dientes-.
-
¿Cómo? ¿Qué has dicho?
-
¡Que prefiero morirme antes que pasar una vida contigo!
Sonriendo cínicamente, Sandra le contestó a su prometido.
-
Pues si te mueres que sea después de casarnos, que así podré tener
una pensión de viudedad y casarme con quien realmente me ame.
- ¿Y
por qué tengo que estar soportando todo esto? Me pregunto yo.
-
Porque eres un cerdo y ahora vas a pagar las consecuencias de tus
actos, Nathan.
-
¡Paso! Me abro como los paraguas. Aún no estamos casados, ¿verdad?
Pues no me puedes denunciar por abandono del hogar. Te pasaré dinero
para la mierda de la niña pero yo me voy.
-
¡Nathan! Ni se te ocurra irte o…
-
¡Hasta nunca zorra asquerosa!
-
¡NATHAN!-gritó Sandra yéndose detrás de él justo cuando se cayó
al suelo por culpa de los tacones-.
Corriendo como alma que llevaba el diablo, Nathan salió de la casa
cruzando la carretera sin percatarse de la cercanía de un coche que
circulaba correctamente. El conductor, al ver que un peatón se había
echado encima del coche de un momento a otro, comenzó a frenar. Por
desgracia, era tal la cercanía entre Nathan y el coche que, pese a
los intentos del conductor, Nathan salió despedido por los aires
impactando duramente contra el asfalto.
Mientras tanto, en casa de Barry se encontraba Emma viendo la tele
justo cuando la puerta se abrió y apareció el propio Barry.
- Ya
estoy aquí, ¿ha empezado la peli ya?-preguntó Barry-.
-
Está a punto de comenzar, ¿tú has conseguido el trabajo?
-
¡Sí! Ya estoy dentro.
Gritando de la alegría, Emma se levantó y abrazó a Barry con
fuerza, zarandeándolo de un lado a otro.
Una
empresa de videojuegos había contactado tiempo atrás con Barry,
proponiéndole trabajar con ellos probando los diversos justos de la
compañía justo antes de su lanzamiento para, de esa forma, corregir
errores, mejorar aspectos técnicos, etc.
Sentándose frente a la tele, Emma y Barry comenzaron a ver el
comienzo de una película que llevaban anunciando tiempo en la tele y
que ambos querían ver.
Mirando a Emma, quien estaba concentrada viendo la tele, Barry
comenzó a estirarse sirviendo de excusa para poder colocar su brazo
sobre los hombros femeninos.
Dándose cuenta de las intenciones de Barry, Emma simplemente sonrió
y siguió viendo la película hasta que su móvil comenzó a vibrar
en su bolsillo. Alguien la llamaba.
Mirando quién era, Emma se sorprendió y contestó rápidamente.
-
Hola…-dijo Emma-.
-
Hola Emma, sé que te dije la última vez que la próxima vez que
supiéramos el uno del otro sería porque tú me llamases, pero ha
pasado algo importante.
-
¿Qué ocurre?
Jim, quien se encontraba al otro lado del teléfono, comenzó a
comunicarle la terrible noticia.
-
Estaba en los juzgados esperando la llegada de Nathan y Sandra cuando
me ha llamado ella y me ha dicho que habían atropellado a Nathan.
-
¡¿Cómo?!-exclamó Emma desde el otro lado del aparato-.
Emma no se podía creer lo que estaba escuchando mientras que Barry
miraba a su acompañante ajeno de lo que sucedía.
- Al
parecer ambos discutieron y Nathan salió corriendo de la casa sin
darse cuenta de que un coche estaba pasando y se lo llevó por
delante sin querer. Fue el propio conductor quien llamó a
emergencias y se lo han llevado rápidamente en ambulancia hasta el
hospital.
- ¿Y
está bien?
- Al
parecer no, se encuentra muy mal y lo están operando ahora mismo.
Estamos todos en la sala de espera, yo me he salido ahora para hablar
contigo, pero estamos destrozados.
-
Voy ahora mismo para allá,-dijo Emma colgando el teléfono-.
Sin decir nada más, Emma se levantó dejando a Barry completamente
tirado y sin saber qué ocurría. Por mucho que la llamaba, Emma
parecía estar sorda y no fue capaz de volver la cara ni un instante.
Barry se sentía gilipollas y se culpaba a sí mismo por creer que
una chica iba a sentirse interesada por él cuando realmente su
corazón aún latía por otro hombre. Pero eso se iba a acabar; desde
ese momento Barry dejaría de darse tanto a los demás y miraría más
por él.
Un par de meses después de lo ocurrido, Barry estaba completamente
asentado en su empresa y le gustaba mucho su trabajo, ya que tenía
acceso a juegos que todavía no estaban en el mercado y se pasaba
todo el día sentado frente al ordenador, anotando fallos y
comunicando errores que veía para pulir el juego y dejarlo listo
para su comercialización.
En
cuanto a Emma, apenas la había visto en ese tiempo salvo cuando
entraba y salía rápidamente de la casa. Al parecer estaba muy
ocupada y en esos meses ella no había querido saber nada de Barry.
Sin embargo, ese día era diferente porque Emma estaba llegando a
casa acompañada y a un paso más relajado. ¿Quién sería su
acompañante?
Y es que Nathan había recibido el alta médica. Tras la operación
pasó mucho tiempo sedado y recuperándose del grave golpe que sufrió
en la cabeza. Su recuperación física fue rápida, al contrario que
su cabeza, la cual se estancó y, tras multitud de pruebas, los
profesionales dictaminaron que Nathan viviría el resto de su vida
como si fuera un niño de cinco años. Podría hacer vida normal,
salvo que mentalmente sería un niño pequeño para siempre.
En
cuanto los médicos comunicaron la noticia a los amigos, nadie quiso
hacerse cargo de Nathan, ya que Sandra alegó que tenía una hija que
cuidar y Jim y Mao una empresa que mantener ahora que Nathan no
estaba. Nadie sabía nada de Fiona y no hubo manera de contactar con
ella así que la única que quedaba era Emma o internar a Nathan en
un centro, por lo que...
-
Esta es mi casa,-dijo Emma-. Aquí es donde vas a vivir tú a partir
de ahora, ¿vale?
-
Wow, qué guay. ¿Ya no tendré que ver más esas paredes blancas?
-
No, ya no.
- ¿Y
tampoco a esa vieja gorda que me daba de comer ese puré asqueroso?
-
No,-contestó Emma riéndose-. Ahora comerás comida de verdad.
CONTINUARÁ…