lunes, 22 de abril de 2019

Capítulo 7 || Venganzas


Marc comenzó a entrenar pausadamente, empezando con poco peso para no cansarse demasiado. Más atrás, y sin darse cuenta de la presencia de Marc, Henry seguía entrenando como siempre.




Pero cuando alzó la vista y lo vio ahí, la ira comenzó a recorrer cada vena de su cuerpo y soltando las pesas de golpe, lo que provocó un fuerte ruido en el gimnasio, se levantó y se dirigió hacia Marc con paso decidido.




Poniéndose frente a Marc, comenzó a intimidarlo con su mirada a lo que el chico comenzó a echar su cuerpo hacia atrás con miedo.
- ¡Tú! ¿Por qué coño no paras de seguirme a todos lados?-preguntó Henry-. ¡¿QUIÉN ERES?!
- Lo siento, yo… No pretendo seguirte…
- ¿No? ¿Entonces por qué llegaste a mi casa de repente? ¿Por qué ahora entrenas en mi gimnasio? ¿No tienes más sitios a los que ir?
- ¡NO! ¿VALE? NO TENGO A NADIE, ESTOY COMPLETAMENTE SOLO ASÍ QUE DÉJAME DE UNA PUTA VEZ YA Y OLVÍDATE DE MÍ COLEGA,-gritó Marc con fuerte voz dejándose llevar por el arrebato del momento-.




Al escuchar el vocerío, un hombre se acercó a ellos para saber si todo estaba bien.
- ¿Va todo bien, Henry?
- Sí, de puta madre,-dijo con voz seca y cortante-.
- Eso espero, porque no quiero peleas en mi negocio.




Mirándolo seriamente, Henry reaccionó a esa última frase del dueño del gimnasio.
- Gabino, ¿alguna vez te he dado algún problema?
- No…
- Pues entonces cállate la boca y sigue a lo tuyo si no quieres que la pelea la tenga contigo.




Al irse Gabino sin pronunciar una sola palabra más, Henry miró a Marc de nuevo y volvió a dirigirse a él.
- ¿Entonces no te manda nadie a espiarme?
- ¿Quién me va a mandar, tío?-contestó Marc-. ¿Tan importante te crees como para que haya gente siguiéndote?
- Mira… Una última pregunta.
- Qué pesado eres macho, dime…
- Bueno dos: Una, ¿cómo sobrevives tú solo? Y dos, ¿por qué tienes tanto arrojo con la gente que no conoces?
- Vale, pues la respuesta a la primera pregunta es que no te interesa porque eso es cosa mía y la segunda es que si soy así, es porque no tengo nada que perder. ¿Estás contento ya? ¿Puedo seguir?
- Escúchame atentamente, ¿a ti te gustaría dejar de vivir en la calle?
- ¿El Papa es católico?
- ¿Cómo?
- Déjalo anda… Sigue.




Marc comenzó a escuchar la oferta de aquel hombre que no le gustaba ni un pelo pero, como había dicho antes, no tenía nada que perder y haría cualquier cosa con tal de dejar de malvivir en las calles o durmiendo en un sitio diferente cada día.




Un par de horas después, Henry llevó a Marc a la que sería su casa a partir de ese momento y, entrando por la puerta principal, lo anunció.
- Alicia, el chico que quería dormir la otra noche aquí al final se va a quedar a vivir con nosotros, ¿vale?
- Sabía que al final cederías…
- Cállate la boca y sigue viendo la tele,-ordenó serio mientras que Alicia sonreía-.




Cerrando la puerta tras de sí, Marc se quedó callado justo antes de escuchar las normas de la casa de la boca de Henry.
- Tu cuarto es la primera puerta de la derecha, ahí dormirás tú y solamente tú. Segunda cosa, Alicia no se toca, ¿te queda claro? Te corto los huevos si me entero de que te has acercado a ella. Y por último… ¿sabes hacer algo? ¿Robar? ¿Estafar? ¿Engañar?
- Pues… No lo sé.




Mirándolo atónito, Henry suspiró.
- En fin… Ya veré qué hago contigo. Me voy a currar, ¿vale? Quédate aquí y no te muevas hasta que yo vuelva. Vigílalo Alicia.




En cuanto Henry se fue, Alicia invitó a Marc a sentarse junto a ella y él, sin decir palabra, obedeció.
- ¡Enhorabuena! Al final te quedas a vivir con nosotros, ¿eh?
- Uy sí, no quepo en mí de la alegría.
- ¿No querías vivir aquí?
- Pues sinceramente con ese tío rondando por aquí no.
- Henry no es tan malo, ya lo irás conociendo. Es muy serio y apenas se ríe, pero yo lo manejo como me da la gana, así que tranquilo porque estás a salvo conmigo. Y bueno, ¿cómo es que te ha invitado a vivir aquí?




Marc, algo incrédulo sobre lo que había dicho Alicia de Henry, contestó a la pregunta de la muchacha.
- Básicamente porque dice que le gusta que no tenga tapujos, que soy valiente y que no temo decir las cosas, que le puedo ser útil y que si hago todo lo que él dice, tendré una cama y comida caliente.
- Bueno, ¿y eso es tan malo?
- No del todo, pero hay algo que no me cuadra, no sé el qué, pero no me gusta.




Alicia, intentando animar a Marc, comenzó a decirle cosas buenas.
- Seguro que todo no es tan malo, ya lo verás. Ahora no estás sólo y vives conmigo y con Henry, tienes a personas que te protegen y te cuidarán.
- Que Henry te cuide a ti no lo dudo, porque está todo el día encima tuya y no te quita ojo, pero a mí… Lo más seguro es que si me descuido el ojo me lo saque a mí.
- ¡Qué exagerado eres! Es así conmigo porque me intentaron violar en el centro de menores donde estaba y él, que era el jardinero de allí, me sacó sin que nadie lo supiese. Nos estuvieron buscando mucho tiempo, porque yo tenía 16 por aquel entonces y ahora estoy a punto de cumplir los 19, pero tuvimos que huir durante mucho tiempo. Eso sí, no le digas que te lo he contado porque no le gusta hablar de eso.
- Vaya, lo siento mucho…
- No te preocupes hombre, si eso ya está más que superado. Por eso te digo que él siempre se ha portado bien conmigo y nunca me ha tocado vaya. Podría haberlo hecho y sin embargo no ha querido. Y bueno, ¿cual es tu historia?




Resoplando y volviendo a coger aire, Marc contestó a su pregunta.
- Bueno pues… Mis padres murieron y… No tengo a nadie más. Mi historia no es tan complicada como la tuya pero a mí me está costando bastante.
- Jo, lo siento mucho… Pero ahora no te tienes de qué preocupar, nos tenemos el uno al otro, ¿vale?
- Te lo agradezco mucho, de verdad. Ah, por cierto, tengo una duda…
- Suéltala.
- ¿Por qué me dijiste la otra noche que me podría quedarme a dormir si me acostaba contigo?
- Porque eres un chico guapo, necesitabas mi ayuda y como Henry no deja acercarse a ningún chico a mí y yo también tengo mis necesidades, vi la oportunidad y quise aprovecharla.
- Ah vale…
- ¿Por qué me lo preguntas?
- Pues porque no me esperaba nada de eso, la verdad. Me dejaste con el culo torcido, como se suele decir.
- Jajajaja bueno, yo es que soy así de espontánea, ya me irás conociendo…




Marc tardó en acostumbrarse a ese nuevo ritmo de vida donde Henry era quien dictaba las reglas y los demás las acataban. Alicia encontró un pequeño trabajo como camarera donde estaba bien considerada y Marc, bueno, al no tener estudios no consiguió nada más que desesperarse y obligarse a seguir el ritmo de Henry, quien siempre buscaba presas fáciles a las que robar y Marc… ¿Qué papel tenía en todo esto? Bueno… Después de dos años viviendo con ellos, ya se había acostumbrado.




Uno de esos días, temprano por la mañana, Alicia entró en el dormitorio de Marc y lo despertó dulcemente dándole un beso en la mejilla.
- Buenos días dormilón. Vamos arriba que tienes que desayunar,-dijo con voz suave-.
- Ay, buenos días Alicia… Ya voy.




Desperezándose, Marc se sentó en la cama y miró a Alicia con una sonrisa de oreja a oreja.
- Estás preciosa. Ven aquí, anda. Siéntate conmigo.
- Tienes que darte prisa antes de que venga Henry y os tengáis que ir, que yo entro a trabajar en una hora.
- Lo sé, lo sé, pero deja que me termine de despertar del todo.




Haciendo caso a Marc, Alicia se sentó cuando el chico comenzó a bostezar y fue acercando su brazo para colocarlo sobre los hombros femeninos.
- Uf, qué sueño tengo…




Tras colocar su brazo, Alicia miró la mano de Marc y sonrió pícaramente, ya que sentía algo por él y sabía que era mutuo.




Al girar su cabeza, se encontró con la mirada de Marc, que se la comía con los ojos y que, por dentro, deseaba besarla y fundirse con ella. Pero las normas de Henry eran claras y, aunque no estuviera presente, las respetaban porque sabían que si sobrepasaban la línea, aunque intentasen disimular frente a él, se daría cuenta de que había algo más entre ellos que una simple atracción.




Lo que no podían evitar era agarrarse de las manos. Cuando hacían esto era una sensación preciosa, ya que estaba “prohibido” para ellos de cierta forma, pero ese pellizco en el estómago y sentir las mariposas en el estómago era maravilloso.




Intentando frenar sus sentimientos, Marc se levantó y, siguiendo con las manos agarradas de Alicia, se las besó.
- Gracias por este momento, Alicia.




La primera en salir de la habitación fue ella y, para su sorpresa, se encontró con la seria expresión de Henry.
- ¿Qué te dije de estar con alguien, Alicia?
- Eh, te me relajas machote, que no me he acostado con nadie.
- Eso espero porque si no…
- Si no te vas a comer una mierda porque te aguantas y listo.
- Alicia, escúchame…
- ¿No tenías trabajo?-preguntó ella cortando la frase de Henry e ignorándolo completamente-. Pues venga, vete por ahí.




Justo en ese momento salió Marc con una sonrisa de oreja a oreja.
- Tú, marica, quita esa sonrisa y vámonos, que he encontrado un chollo que nos hará ricos.
- Me llamo Marc.
- Marc, marica, es lo mismo… ¡Tira!




Intentando ignorar a Henry, Marc lo siguió hasta llegar a una zona comercial donde, tras una tienda, se pararon y comenzó a escuchar las indicaciones.
- Bien, mismo modus operandi de siempre. Tú distraes y yo robo. Sencillo y sin problemas.
- Sí, lo de siempre vaya.
- Intenta no cagarla como la última vez.
- Pero Henry, eran dos viejos indefensos.
- Dos viejos ricos con mucho dinero. No me vayas a empezar de nuevo que te endiño un guantazo…




Sonriendo falsamente, Marc hizo oídos sordos y volvió al tema que ahora mismo les ocupaba.
- En resumidas cuentas, yo hago el lila y tú robas, ¿no?
- Exacto. Además, tú el tonto lo haces genial. En eso eres un experto,-dijo Henry sonriendo mientras le guiñaba un ojo-.




Marc no estaba de acuerdo en hacer eso pero si se negaba podría pasar que Henry le diese una paliza de muerte, matarlo por saber demasiado y, si lograba escapar, no tenía donde caerse muerto por lo que más valía malo conocido que bueno por conocer.
Acercándose a la dependienta que estaba fuera jugando a una partida de ajedrez, comenzó a hablarle.
- Vaya señora, parece que sabe jugar muy bien. ¿Lleva mucho tiempo en ello?
- Toda la vida, hijo. Desde muy joven me enseñaron y me gusta mantener la mente activa. ¿Va a comprar algo?
- No, señora, simplemente pasaba por aquí y me apetecía charlar.
- Oh bien. Muy buena zona para dar un paseo. Muy bonita, la verdad.
- Ciertamente, tiene usted toda la razón.




Mientras tanto, Henry comenzó a subir las escaleras exteriores que conducían hacia la planta superior de la tienda y donde, se imaginaba, que estaría el almacén.




Marc rápidamente captó la atención de las dependientas que estaban por allí y salieron a charlar con él. Era muy simpático y hacía reír a la gente, por lo que se olvidaban de atender la tienda y le daba vía libre a Henry para actuar con más libertad.




Forzando la puerta con una ganzúa, entró sin problema y descubrió que había varias cajas con productos que aún no se habían expuesto. Con todo eso, estaba seguro que podría sacar un buen pellizco.




Tras sacar todas las cajas de una en una y subirlas a la furgoneta, bajó las escaleras dispuesto a buscar a Marc y… hablar con él. Henry tenía que reconocer que sin su ayuda no podría haber robado muchos de los sitios y, si no había metido la pata esa vez, le consideraría uno de los suyos y contaría con él para robar un banco. ¿Estaría dispuesto Marc a hacer lo que hiciera falta para dar el golpe del siglo?




CONTINUARÁ...

jueves, 18 de abril de 2019

Capítulo 6 || Venganzas


En cuanto abandonó la empresa, Marc se dirigió hacia su casa. Ya propiamente dicho no era suya, pero nunca dejaría de verla de esa forma. Entrando en ella, fue con una idea clara: suicidarse.




Al ver la casa con las luces apagadas, sin escucharse ninguna voz y estar todo en silencio, todos los recuerdos se le sobrevinieron encima. Iba a ir hacia la cocina para buscar un cuchillo cuando creyó escuchar ruido en el piso superior.




Subiendo, entró en su cuarto y mirándolo con detenimiento, pensó que sería mejor cambiarse de ropa para morir más cómodo, ya que ese viejo traje le molestaba bastante.




Sin embargo, Marc volvió a escuchar un golpe, esta vez más claramente que el anterior y, en completo silencio, se acercó a la pared y pudo escuchar una voz masculina a lo lejos.
- Me voy a forrar…




Sin poderlo evitar, Marc salió de su habitación y se fue hasta el cuarto contiguo y, buscando su móvil en el bolsillo, llamó a la policía.
- ¿Policía?-dijo en voz baja, casi susurrando-. He visto a un hombre sospechoso entrar en la mansión de los Oporto. ¡Tengan cuidado porque va armado!




No tenía ni idea de si estaba armado o no, pero sabía que si decía eso, la policía se daría más prisa en acudir. Con mucho cuidado, se fue sin ser visto y sin ver a nadie. Fue en ese momento, cuando temió por su vida, cuando fue allí a quitársela, que se dio cuenta de que no quería morir… Qué caprichosa era la vida y, la suya, tendría que seguir.




Comenzando a andar llegó a un barrio cercano, caracterizado por casas amplias, aunque bastante más pequeñas que la que él tenía. Era de madrugada ya y se moría de sueño, así que comenzó a buscar algún sitio donde cobijarse.




Pero el único lugar accesible era un banco del parque más cercano por lo que, sentándose en él, se dispuso a intentar dormir.




El cansancio era tan grande que apenas tardó un minuto en quedarse dormido. Literalmente estaba agotado y todos los hechos transcurridos le hacían estar más cansado física y psicológicamente.




Sin embargo, al cabo de un par de horas, Marc se despertó tiritando de frío. Si quería sobrevivir, se tendría que buscar algún otro sitio por lo que, levantándose de allí, comenzó a andar para entrar en calor.




Caminando entre las casas, pese a ser alrededor de las tres de la madrugada, vio que había una casa con las luces encendidas y, echándole algo de valor, llamó a la puerta para pedir cobijo.




Sorprendentemente, una muchacha no mucho mayor que él le abrió la puerta en ropa interior mientras sujetaba un cuenco de ensalada.
- Buenas noches señorita, disculpe las molestias.
- Uh, buenas noches guapo, ¿qué te trae por aquí?
- No querría molestar, pero estaba intentando dormir en un banco del parque cuando el frío me despertó, y me preguntaba si podría darme cobijo por una sola noche. Mañana por la mañana me iré y no notará que he estado.




Esa muchacha comenzó a mirarlo de arriba abajo mientras él hablaba y, al escuchar su petición, aceptó sin pensarlo.
- ¡Claro! Por mí no hay problema, pero te pongo una condición para entrar en mi casa.
- ¿Cual es?
- Que te acuestes conmigo.




Esa condición descolocó a Marc y le provocó una risa nerviosa, ya que nunca le habían ofrecido algo parecido.
- ¿Está quedándose conmigo, señorita?
- Puedes llamarme Alicia. ¿Y tú cómo te llamas?
- Marc…
- Muy bien Marc, ya me has oído. ¿Quieres dormir? Pues que sea agarrado a mis tetas. ¿Quién podría proponerte un plan mejor?




Había algo que no le terminaba de convencer de aquello pero, no tenía nada que perder ya que no le quedaba nada así que, ¿qué más daba lo que pudiera pasarle?
- Está bien… Me acostaré con usted…




Dándose la media vuelta, Alicia entró en la casa dejando la puerta abierta mientras que contoneaba sus caderas de un lado a otro, provocando que Marc fijase su mirada.




Pero, de repente, una voz masculina sobresaltó a Marc al comenzar a hablarle y hacerle preguntas.
- ¡Eh, tú! ¿Quién coño eres?-preguntó aquel hombre-.
- Sólo quiero resguardarme del frío y poder pasar la noche bajo techo. Me iré en unas horas, se lo prometo. Ya se lo he dicho a esa chica.
- No me gustas, chaval. No me gustas ni un pelo. ¿Para qué estás aquí realmente?
- Ya se lo he dicho, sólo quiero resguardarme del frío.
- ¿Qué ocurre? ¿No tienes padres?




Esa pregunta hizo que a Marc se le formase un nudo en la garganta y le costase contestar.
- Yo…
- ¿Algún amigo?
- No, señor.
- Pues lo siento pero esta es mi casa y no voy a dejar entrar a desconocidos.




Saliendo de la habitación donde había entrado, la tal Alicia interrumpió la conversación entre Marc y ese hombre.
- Bueno, ¿te vas a quedar ahí plantado toda la noche o vas a venir a follarme, Marc?-preguntó Alicia-.
- Ali, ese chico no va a quedarse aquí y mucho menos follar contigo.
- ¿Y a ti qué mas te da, Henry?
- ¡Es mi casa!
- ¡No! No es ni tuya ni mía, así que no me jodas.
- Me da igual, pero no conocemos a ese chico.




En un momento, aquellos dos desconocidos comenzaron a discutir frente a Marc que los miraba atónito sin enterarse de nada.
- ¿Y qué? ¿Has visto la cara que trae? ¡Está tiritando de frío!
- ¡Me da igual! No somos ninguna ONG así que se va ahora mismo. ¡¿Te queda claro?!
- ¡No! Yo también vivo aquí y tengo derecho a decidir, ¿entiendes?




Y en medio de la discusión, sin decir nada a nadie, Marc dio media vuelta y salió de la casa, alejándose de los únicos gritos que se escuchaban en mitad de la noche.




¿Dónde dormiría? ¿Qué sería de él? Seguramente se lo encontrarían muerto por congelación en alguna esquina de la ciudad… Mientras se alejaba de allí, la inquisidora mirada de Henry le seguía. La misma mirada del hombre que apretó el gatillo y que vio cómo las vidas de John y Grace Oporto se desvanecían…




Sin saber a dónde ir, Marc deambuló por las calles sin un rumbo fijo, mirando las casas de su alrededor, imaginándose las vidas de cada una de las familias que vivían en ellas… Marc sentía que le habían arrebatado la suya y que no podría recuperarla nunca más.




El hecho de tener la mente ocupada pensando en sus cosas, le llevó hasta un local de ambiente liberal que contaba con una discoteca en su planta inferior y camas en su zona superior. Era el sitio perfecto para poder dormir.




Al no haber portero, entró sin problemas y, sin mirar hacia la barra ni a las personas que habían allí, subió a la planta de arriba.




En cuanto vio esa cama de matrimonio y notó que había calefacción, Marc se desvistió y, quedándose en ropa interior, se metió en ella para descansar aunque fuera un par de horas, ya que el local cerraba a las 7 de la mañana y ya eran alrededor de las 5.




Así hizo durante varios días; sobre de las 12 de la noche llegaba al local y subía directamente a la planta superior para dormir, aunque muchas veces se despertaba a causa de los gemidos, muchas veces porque mantenían relaciones en la misma habitación sin importar que él estuviera allí… Marc era capaz de soportar cualquier cosa con tal de poder dormir con un techo sobre su cabeza. Y cada mañana a las 7 de la mañana, ya estaba despierto para irse a deambular de nuevo.




Uno de esos días llegó hasta el apartado gimnasio al que fue en una ocasión cuando lo habían echado del instituto así que, pensando que hacer ejercicio haría que las horas pasasen más rápido, entró esperando que no lo reconocieran y pudiera volver a tener su “primer día gratis”.




Sin embargo, el asesino de sus padres estaba allí, había visto a Marc deambulando fuera mientras que él se ejercitaba, pero luego lo perdió de vista. No sabía quién era Marc, pero ya estaba empezando a mosquearse al verlo tan seguido en tan poco tiempo.
- ¿Quién es ese chico y por qué no para de seguirme a todos lados?




¡Había habido suerte! En ese momento no había nadie en recepción y Marc pudo entrar sin problema. Ahora quedaba lo más duro: hacer pesas y fortalecer ese cuerpo… O eso pensaba él, ya que entrar en aquel gimnasio ese día provocaría, a la larga, que su vida diese otro vuelco más.




CONTINUARÁ...