sábado, 28 de marzo de 2020

Capítulo 13 || Líos

Era una mañana de domingo como otra cualquiera, en un pueblo apartado de la creciente ciudad que se alzaba a unos cuantos kilómetros, cuando un recién estrenado matrimonio comenzaba a compartir sus vidas juntos.


 La esposa de la familia, Linda, estaba preparando el desayuno mientras esperaba a que su marido llegase de comprar el pan y el periódico como siempre hacía. Tras muchos pretendientes, peticiones y proposiciones indecentes, Linda se decantó por el que era su marido en ese momento. Tal vez no fuera el más guapo de todos los que le habían propuesto matrimonio, pero sabía que era especial.


 Llegando su marido a casa, vio cómo a Linda todavía le costaba desenvolverse en la cocina y sonrió levemente sabiendo que, aunque no fuera demasiado cocinillas, era la mujer de su vida.


 Conrad era un tipo apuesto y que había tenido bastante éxito en el ambiente femenino, ya que muchas mujeres se lo disputaban. Sin embargo, en cuanto conoció a Linda, dejó de tener ojos para otras mujeres y sólo se enfocaba en ella, dándole regalos, haciéndole sorpresas, invitándola a salir, siendo detallista… Hasta que consiguió que se casase con él.


 Saludándola, Linda dejó la faena y fue a abrazar a Conrad.
- Qué bien que estés aquí, Conrad.
- Linda, si me he ido sólo 15 minutos.
- A mí me ha parecido una eternidad… ¿Has comprado el pan?
- Sí, lo he dejado en el comedor. ¿Te he pillado haciendo el desayuno?
- Sí, estaba pensando hacer unos huevos revueltos.


 Dejando de abrazar a su esposa, Conrad se puso a terminar de preparar el desayuno.
- Deja que te ayude,-dijo Conrad-.
- No, ya estaba haciéndolo yo.
- De verdad, que no pasa nada. Ve al comedor y descansa mujer, que yo ahora iré con el desayuno preparado.
- Eres un cielo. No sé qué he hecho para merecer una bendición como tú.


 Tras el desayuno y como buen matrimonio recién estrenado, ambos se fueron al dormitorio conyugal a profesar su amor el uno por el otro. Ambos se entendían a la perfección y, aunque ninguno fuera un amante excepcional, entre ellos existía una chispa difícil de apagar.


 Ambos disfrutaban al máximo cada vez que hacían el amor y eso podía ser hasta dos o tres veces al día. Tanto Linda como Conrad eran muy fogosos y amaban con locura al otro, por lo que cada uno intentaba sorprender al otro con algo diferente para darle un toque novedoso al sexo conyugal, aparte de que tanto uno como otro deseaban tener hijos.


 Despertándose de ese precioso sueño, Conrad se acercó a su esposa y dio gracias al cielo por ese recuerdo que había tenido mientras dormía, ya que le había traído a la memoria todas aquellas cosas que, con el paso de los años, había dejado de hacer por aburrimiento, cansancio o por pereza.


 Ahora tenía una nueva oportunidad de reconquistar a Linda como se merecía, de hacerla ver que no era ningún machista tirano como le había hecho creer tantas veces en los últimos años. Era el momento de quererla, amarla, satisfacerla y darle todo lo que necesitaba.


 Tal vez no fuera el mismo joven vital con el que Linda se casó, pero su espíritu seguía intacto y Conrad se había propuesto que, el tiempo que le quedase de vida, lo iba a dedicar por y para su mujer, ya que se merecía lo mejor del mundo.


 A todo esto, Sandra había comenzado a trasladarse a la casa de Nathan, ya que le quedaba poco para el parto de la pequeña Brenda y quería dejar todo listo para cuando llegase el nacimiento.


 Sonando el timbre, la misma Sandra fue a abrir la puerta cuando se encontró con una mujer a la que no conocía de nada.
- Hola, ¿qué desea?
- Eres Sandra, ¿verdad?
- Sí, ¿usted quién es?


 Después de que todo el plan de Fiona se fuera al traste por culpa de Nathan y de su empeño en hablar con Emma, se había propuesto desenmascararlo y, de esa forma, cobrarse su venganza.
- Soy Fiona, una… conocida de Nathan.
- Ah, ¿le digo que ha venido? Creo que está trabajando.
- No, con quien quiero hablar es contigo. ¿Podemos subir y hablar en privado?


 Subiendo al dormitorio de Nathan, ambas se sentaron en un pequeño sofá que había allí.
- Bueno, usted dirá,-dijo Sandra-.
- Por favor, llámame Fiona.
- Está bien. ¿Para qué querías hablar conmigo?
- Nathan no es quien realmente como te hace ver que es. Es un falso, un mujeriego y no conoce la palabra fidelidad.
- ¿Por qué dices eso?
- Sandra, porque llevo acostándome con él desde hace años.
- Querrás decir llevabas, ¿no?
- No corazón, lo he dicho en el tiempo correcto: llevo, en el presente de indicativo.


 Entristeciendo su expresión, Sandra comenzó a sollozar.
- Y… ¿por qué me cuentas esto ahora Fiona?
- Porque me he cansado de ese indeseable. Él y yo teníamos una relación ocasional, nos veíamos de vez en cuando para follar y luego cada uno seguía su vida. Después me comentó que comenzó a acostarse contigo y que surgió una especie de relación entre vosotros y, para rematar, a la vez que con nosotras dos tuvo una fugaz relación con Emma, una antigua empleada de su negocio.
- ¿Me estás diciendo que ese hijo de puta ha estado con tres chicas a la vez?
- Y eso no es todo, sino que hace poco se acostó conmigo para sonsacarme información acerca del paradero de Emma porque quería hablar con ella, ya que esta chica descubrió lo vuestro y ese fue el motivo por el que se largó.


 Ambas mujeres siguieron hablando y, cuando todo estuvo dicho, Fiona y Sandra se despidieron dándose un abrazo y, conociéndose el camino de salida, Fiona bajó las escaleras sintiéndose orgullosa de lo que había hecho justo cuando Nathan salió de la sala donde trabajaba.
- Fiona, ¿qué…? ¿Qué haces aquí?


 Sin contestarle, Fiona le mandó un beso guiñándole el ojo y saliendo de la casa con una gran sonrisa.
- ¿Qué has hecho Fiona?-siguió preguntando Nathan-.


 Pocos segundos después, un gran grito de Sandra hizo que Mao y Jim se levantasen al instante de sus sillas.
- ¡¡¡NATHANIEL TAYLOR!!!-chilló Sandra desde el piso superior-. ¡Sube AHORA MISMO!


 Escuchando ruido en la casa de Emma, Barry se acercó cuando el ruido cesó y se encontró a Emma en la puerta.
- ¿Ese que se acaba de ir era el cerrajero?-preguntó Barry-.
- Sí, me acaba de poner una cerradura nueva y me ha dado dos copias de la llave.


 Acercándose a Emma, ésta le dio las gracias.
- Todavía no te he agradecido lo suficiente el detalle que tuviste conmigo dejándome quedarme en tu casa cuando ese… estúpido de Nathan vino aquí.
- No hay de qué. Para mí no fue ningún problema.
- Por eso quiero darte la otra copia de la llave, para que puedas entrar aquí siempre que quieras. A partir de ahora mi casa es tu casa también. Por eso,-añadió Emma sin dejar hablar a Barry-, tú te vas a venir ahora a mi casa porque te vas a quedar a comer. Y no, no es una invitación, es un deber para con tu vecina y amiga.


 Sonriendo, Barry alzó su mano a modo de saludo militar.
- A sus órdenes mi comandante.
- Menos cachondeo y pasa anda, que yo ya voy teniendo hambre.


 Tras haberle preguntado a Emma si necesitaba ayuda y ella negarse, Barry se sentó y comenzó a hablar con su nueva amiga.
- Y bueno, ¿a qué te dedicas?
- Ahora mismo no tengo oficio ni beneficio. Estoy buscando trabajo pero de momento no ha habido suerte.
- ¿Qué fue lo que estudiaste?
- Marketing, aunque ahora mismo me daría igual trabajar de lo que fuera. ¿Y tú estás trabajando?
- No, pero podría hacerlo en cualquier momento si quisiera.
- Joder, qué suerte la tuya.
- No te creas. Me gusta mi trabajo pero es… complicado.
- ¿Pero qué eres? ¿Una especie de actor porno o algo así?
- Jajajajaja no. Gané el torneo de un videojuego online para ordenadores y me dedicaba a hacer directos mientras jugaba y ganaba dinero por ello, lo que pasa es que comencé a tener fama y los periodistas empezaron a acosarme y… tuve problemas con ellos.


 Cuando la comida estaba lista, ambos se pusieron a almorzar.
- Te ha salido de rechupete Emma, mi más sincera enhorabuena.
- Muchas gracias Barry. No es que sea muy cocinillas pero también me he pasado mucho tiempo cuidando de mi padre cuando él…
- ¿Cuando él qué?
- Vivía. Es que me cuesta decirlo porque todavía no me creo que haya muerto.


 Quedándose un momento pensativa, Emma hizo un comentario en voz alta.
- Se me ha venido a la cabeza Nathan ahora y estaba pensando en si he sido demasiado dura con él.
- ¿Demasiado dura?
- Sí, me vengo a referir a no querer hablar con él, a no escucharle, ¿sabes?


 Sonriendo mientras negaba con la cabeza, Barry le contestó a su vecina.
- Emma, perdona que te lo diga pero de buena eres tonta. Ese tío es un aprovechado y mientras estaba contigo se estaba acostando con otras dos más, que una ya lo sabía y le daba igual, pero Fiona es como es. Sin embargo la otra muchacha está como tú en su momento, no tiene ni idea de nada y lo peor es que ella está esperando un bebé de ese tío. ¿Y tú todavía piensas que fuiste dura con él?


 Terminando de comer, Barry se levantó rápidamente y recogió su plato justo cuando Emma también se levantó.
- Eh, nada de lavar los platos, señorita,-dijo Barry recogiendo el plato de Emma-. Tú me has invitado a comer y yo te lo agradezco fregando los platos y cubiertos.
- En serio, que no hace falta Barry. Lo hago en un santiamén.
- Es mi última palabra Emma. Ve a sentarte, venga.


 Sonriendo un poco avergonzada, Emma hizo caso a Barry y se sentó en el sofá mientras miraba a su vecino fregar. En ese momento se dio cuenta de que ese chico valía mucho, que era bastante detallista y de que, por qué no decirlo, era muy guapo.


 Terminando con bastante agilidad, Barry se volvió a Emma, quien se levantó del sofá y le hizo una pregunta a su vecino.
- ¿Qué te apetece hacer ahora?
- No sé, no se me había ocurrido nada en especial.
- ¿Qué te parece una peli? Creo que echan una muy buena en...-comenzó a decir Emma justo cuando le sonó el teléfono-. Uy, me llaman, un momento Barry.


 Mirando el teléfono, Emma frunció el ceño y antes de contestar, miró a Barry y le dijo quién era.
- Es mi ex, ¿qué querrá ahora?-le dijo mirando a Barry pero haciendo más un comentario en voz alta-. ¡Hola!-contestó Emma-. Me ha sorprendido tu llamada, ¿qué pasa?-comenzó a decir mientras que Barry suspiraba mirando al cielo-.


CONTINUARÁ…

jueves, 26 de marzo de 2020

Capítulo 12 || Líos

En el interior de la casa, Emma intentaba no parecer tan atemorizada y comenzó a insultar a Nathan.
- ¡Eres un hijo de puta! ¿Te crees que hablando conmigo te voy a perdonar por haberme puesto los cuernos con dos tías? No una, sino ¡dos tías a la vez! Eres un cerdo asqueroso Nathan, ¡te odio!
- Pero escúchame Emma, lo que surgió entre nosotros fue inesperado y te juro que quería dejarlo con Sandra, pero ya sabes cómo son las chicas de 18 años y no sabía aceptar un no por respuesta.
- ¡¿Y qué me dices de la otra?! ¿Fiona era? Sí, Fiona. ¿Con ella tampoco te acostabas?


 Entrando en ese momento en la casa, Barry agarró del jersey a Nathan y tiró de él para atrás justo en el momento cuando Emma le estaba diciendo a Nathan lo de Fiona.
- ¿Qué coño está pasando aquí?
- Nada-contestó Nathan soltándose de Barry y colocándose bien la ropa-.


 Colocándose frente a Emma, Barry comenzó a enfrentarse a Nathan.
- Me temo que esos gritos dicen lo contrario. ¿Quién cojones es usted y por qué está gritando Emma?
- Este hijo de puta es mi ex y no sabe captar que NO QUIERO VOLVER A VERLO EN SU VIDA,-dijo Emma alzando la voz de nuevo-.
- Venga, váyase ahora mismo,-le recomendó Barry a Nathan, quien seguía quieto en su sitio-.
- He dicho que me va a escuchar esta vez sí o sí y me da igual quién se ponga en mi camino.
- Pero resulta que tanto a mí ni a Emma no nos da igual así que si no se va tendré que echarle a patadas de aquí.
- Emma,-dijo Nathan ignorando a Barry-, Fiona es sólo una fulana y Sandra una niñata que se encaprichó de mí y yo no soy de piedra, me sedujeron y caí. Sé que no te merecías lo que te hice pero…-llegó a decir Nathan justo antes de recibir un fuerte empujón de Barry que casi lo tira al suelo-.


 Dándose media vuelta, Nathan le echó una terrible miraba a Barry justo antes de irse.
- Y más te vale que no te vea merodear por aquí o la próxima vez no tendrás tanta suerte,-dijo Barry ante el silencio de Nathan-.


 Barry no sabía de qué iba el tema, pero lo único de lo que se había enterado era de que ese tío era un ex-novio de su vecina y de que había escuchado el nombre de Fiona en la conversación. Tal vez se tratase de otra Fiona pero dado que no era un nombre muy común… 


 Volviendo a la casa tras cerciorarse de que Nathan se había marchado, Barry miró la puerta y supo que habría que llamar al casero.
- Esa puerta no cierra, así que habrá que decírselo al casero.
- Gracias por… venir en mi ayuda.
- No hay de qué Emma. Me asusté al escuchar ese grito tan fuerte llamándome. ¿Te ha hecho algo?
- No, ni siquiera me ha llegado a tocar pero es que… Oh, sólo de recordarlo me dan ganas de vomitar.


 Sin atreverse demasiado, Barry seguía teniendo en mente que el nombre de Fiona se había nombrado y la curiosidad le podía.
- Si no es mucho preguntar… ¿Qué pasó para que esto haya sucedido?
- Ese hijo de su madre, porque no tiene otro nombre, me contrató para una empresa que había montado él con tres amigos y pues nos caímos muy bien y me sedujo. Comenzamos a salir y todo iba muy bien hasta que la cosa comenzó a cambiar. Se mostraba frío e indiferente conmigo, me ignoraba…


 Barry estaba escuchando la historia atentamente y ya, sin haberlo escuchado, se imaginaba que saldría la palabra cuernos por algún lado.
- Un día pillé discutiendo a Nathan con uno de sus amigos y lo pillé diciéndole a su amigo que ni se le ocurriera mencionar a Sandra o a Fiona en ningún momento. Bueno, como si conocieses a alguna de ellas. Total que un día fui a la casa de Nathan para hablar con él y lo pillo con la tal Sandra diciéndole que está embarazada y él le coge y le dice que qué estupendo todo y que se queda con ella.
- Joder… Entonces, ¿ese que se acaba de ir empezó a salir contigo estando con esa tal Sandra?
- Eso parece. Lo que no sé es si la otra también se la estaba follando o no.
- Fiona, ¿cierto?
- Exacto, esa misma.
- Es que verás… Mis padres acaban de separarse y desde hace poco mi padre está saliendo con una tía que justamente se llama Fiona. No sé si será la casualidad de que las dos mujeres se llamen igual, pero no es que sea un nombre muy común como María, Lola o alguno de esos.


 Acordándose de algo, Barry le hizo una pregunta a Emma.
- ¿Tú le dijiste a él o a alguien de su círculo dónde estabas?
- No, esa es la cosa, que no sé cómo cojones me ha podido descubrir porque los únicos que lo saben son mis hermanos y ninguno de ellos se habla con Nathan.
- A ver, te podrá sonar muy descabellado pero creo que tu Fiona y la mía son la misma mujer.
- ¿Estás seguro?
- ¿Te acuerdas de la mujer que vino no hace mucho y que me estaba buscando y llamó aquí primero?
- Sí, por supuesto.
- ¡Esa es Fiona! ¿Y si ella no sabía que tú vivías aquí y por casualidad lo descubrió y se lo dijo a tu ex?


 En ese momento, Emma se llevó las manos a la boca. Todo lo que Barry le había dicho le cuadraba perfectamente.
- Claro, ahora me explico que Nathan sepa donde vivo y que ninguno de los que conocemos se lo haya dicho. O sea, que esa zorra que vino el otro día es Fiona…
- ¿Tú no la conocías?
- En persona no. A quién he visto es a esa Sandra, la que está embarazada de mi ex, vaya. Que me imagino que esa es otra que no tendrá ni idea de lo que hace su querido y amado Nathan.
- Y quien tampoco sabe nada de esto es mi padre.
- ¿Tu padre?-preguntó extrañada Emma-.
- Si es cierto todo lo que hemos dicho, que eso parece porque todo concuerda, Fiona se estaba acostando con Nathan cuando conoció a mi padre y se encaprichó de él, así que puede ser que durante todo este tiempo haya estado jugando a dos bandas con mi padre y con tu ex.


 Quedándose un momento en silencio, a Barry le cuadraban todas las piezas del rompecabezas.
- Puede ser, yo eso ya no lo sé Barry…-le dijo Emma con voz calmada-.
- Tengo que hablar con mi padre y tengo que hacerlo ya,-dijo comenzando a iniciar el rumbo hacia su casa-.
- Siento todos los problemas que he podido causar…
- Tú no tienes culpa de nada Emma, es más, te lo agradezco si todo esto ayuda a esclarecer el tema. Otra cosa… Como tu puerta no cierra, quédate en mi casa hasta que venga un cerrajero y te arregle el destrozo que ha hecho tu ex.
- ¿Me lo dices en serio?
- Claro, al fin y al cabo nuestros apartamentos son iguales. No creo que te vayas a perder. Eso sí, no se te olvide llamar al casero y decirle que… Han intentado entrar para robar. No le digas que ha sido un ex tuyo porque puede echarte de aquí.


 Tras acomodar a Emma en casa de Barry, éste recogió lo esencial y se fue a ver a su padre a la casa de Fiona. Durante todo el trayecto, estuvo cruzando los dedos para que Fiona estuviera presente y pedirle explicaciones.
- Hola papá, ¿qué tal?
- Hijo, qué alegría me diste cuando recibí tu mensaje de que venías a verme. Pasa, pasa.


 Padre e hijo se dieron un fuerte abrazo apenas cruzaron el umbral de la puerta. Conrad echaba de menos a su hijo y Barry sabía que, si todo lo que acababa de descubrir era cierto, podría destrozar a su padre.


 Pasando al salón, Conrad le preguntó a su hijo sobre cómo era la casa y que tenía ganas de verla.
- Creí que vendrías con Fiona cuando se pasó a visitarme hace unos días, pero me dijo que habías ido a recoger unas cosas en casa de mamá.
- ¿Que yo qué? Yo no he ido a recoger nada a casa de tu madre, Barry.
- ¿Cómo que no? Si me lo dijo ella después de que tú me preguntases por WhatsApp y yo te mandase la dirección de mi casa.
- Barry, te prometo que yo no te he pedido tu dirección en ningún momento.
- ¿Estás seguro?
- A ver, creo que sí… Puedo estar trascordado pero creo que no te pregunté eso.
- Entonces ha tenido que ser Fiona la que cogió su móvil y se hizo pasar por ti.
- ¿Y para qué haría Fiona eso?-preguntó Conrad extrañado-.


 Barry entonces comenzó a contarle a su padre lo que había sucedido ese mismo día en casa de su vecina.
- Cuando escuché que gritaba mi nombre a pleno pulmón, corrí a ver qué le ocurría y descubrí que un hombre había entrado en su casa y que decía que quería hablar con ella.
- ¿Y qué pasó? ¿Tuviste que intervenir?
- Le empujé justo cuando le decía a mi vecina que, aunque él le pusiera los cuernos, Fiona era solamente una fulana y Sandra una niñata caprichosa o algo así.
- Un momento,-dijo Conrad interviniendo-, ¿has dicho Fiona?
- Sí papá, Fiona.
- Coño, qué coincidencia. Mira que hay pocas mujeres que se llamen así y justamente tu vecina conoce a una que se llama también Fiona.
- Papá, creo que estamos hablando de la misma mujer porque...-comenzó a decir antes de ser interrumpido-.
- No, imposible Barry. Debes estar confundido.
- Papá, déjame hablar y explicarte todo, por favor. Te estaba diciendo que creo que es la misma mujer porque, si te pones a pensar, ¿cómo pudo encontrar mi casa Fiona si no se hubiera hecho pasar por ti? Y justo cuando llegó, descubrió que mi vecina era la ex-novia de su amante y con el que se seguía viendo.


 Conforme Barry iba hablando, a Conrad se le habría más y más la boca hasta un punto en el que se la tuvo que tapar porque todo lo que su hijo iba relatando cobraba cada vez más sentido.
- ¿No ves que todo cuadra, papá? Lo que no sé es el motivo por el que vino a verme Fiona.
- Creo...-dijo Conrad con apenas un hilo de voz-, que sé por qué fue a verte…
- ¿Por qué?-preguntó intrigado-.
- Hace no mucho me comentó que cómo nos íbamos a mantener si ahora tú ya no te dedicabas a lo que hacías antes y le dije que no había problema porque había dinero suficiente entre el de ella y el que tú me habías dado. Y tal vez por ese afán de… ¿tener más dinero? No sé, se hizo pasar por mí para verte.
- ¿Y que quería sacar de eso? ¿Engatusarme tal vez?


 Barry se quedó en completo silencio procesando toda la información que tenía en su cabeza en ese preciso momento mientras que no le quitaba ojo a su padre, quien se estaba derrumbando poco a poco.


 Conrad se sentía estafado y engañado. Había confiado en una mujer a la que acababa de conocer porque su matrimonio ya no funcionaba y es que, si lo pensaba bien, ¿por qué no había ido bien su matrimonio? No era por culpa del sexo o de sus problemas de virilidad, sino eran problemas de autoestima por su parte, no por la de Linda. Tenía que ser sincero consigo mismo y desde que le llegó la edad de la jubilación, Conrad se había sentido un estorbo en la casa. Se sentía que no podía aportar nada positivo y por esa razón se deprimió y la pagó con Barry y con la pobre Linda, quien tenía que sufrir sus malos gestos y sus malas palabras día sí y día también. Pero eso no iba a quedar así…


 Respirando hondo, Conrad miró con decisión a su hijo y comenzó a hablar.
- Barry, vamos a hacer varias cosas. Lo primero va a ser recoger mis cosas y eso lo vas a hacer tú. Te vas a ir al piso de arriba y entrando en la primera puerta que ves, debajo de la cama está la maleta. Ya sabes cuáles son mis cosas.
- Vale ¿y qué vas a hacer tú mientras tanto?
- Escribirle una nota tan dura a Fiona que el Apocalipsis va a parecer un cuento infantil a su lado.
- ¿Y qué haremos cuando recoja tus cosas?


 Tras cerciorarse bien de que no se dejaban nada en casa de Fiona, Conrad le dejó la nota sobre la cama y se fue junto con Barry hacia la casa donde vivía Linda con la esperanza de que, aunque estuvieran separados, ambos pudieran compartir el mismo techo.
- Quedamos en eso papá, yo entro primero y tú te quedas fuera esperando hasta que yo te lo diga, ¿vale?
- Sí, está bien, pero corre. Que me muero de nervios por saber si puedo volver o no…
- Después de lo mal que se lo has hecho pasar a mamá y mírate, pareces tú el adolescente con esos nervios. Si te acepta, ten en cuenta que no te la mereces de lo buena que es.
- Lo sé hijo…  


 Entrando en la casa, Barry fue hacia el salón y allí se encontró a su madre como siempre salvo en un par de diferencias: la tele estaba apagada y ella tenía una expresión seria justo antes de percatarse de la presencia de su hijo.


 Levantándose de un salto, Linda corrió a abrazar a Barry.
- ¡Qué sorpresa más buena me da verte aquí! ¿Cómo te ha dado por visitar a tu anciana madre?
- Anda ya, anciana dice… ¿Qué ocurre? ¿Tiene que haber un motivo para verte? ¿No puede ser que te echo de menos?


 Separándose, Linda miró los ojos de su hijo y, como leyéndole el pensamiento, comenzó a hablar.
- Barry, ¿qué pasa? Esa mirada tuya…
- Es papá. Acabo de hablar con él y no está pasando por un buen momento y me da pena.
- ¿Le ha pasado algo malo?
- Tranquila que no es nada respecto a la salud, sino relacionado con el tema amoroso.
- ¿A él también le han dado puerta como a mí?
- ¿A ti? ¿Qué ha pasado mamá?


 Agachando la cabeza y suspirando, Linda contestó a su hijo.
- Las cosas entre Halil y yo iban bien hasta que el otro día me mandó un mensaje diciéndome que conmigo se lo pasaba bien pero que no quería nada más que eso. Se había agobiado conmigo porque yo le resultaba como muy protectora y se sentía más como un hijo que como un amante. Será que como toda mi vida me he estado ocupando de ti y de tu padre me sale solo…
- Lo siento mucho mamá. No tenía ni idea.
- No lo sientas hijo. Esto que ha sucedido ha hecho que me dé cuenta de que, por mucho que tu padre me haga de sufrir, es el amor de mi vida. Llevamos 31 años juntos y, aunque hemos tenido siempre nuestros más y nuestros menos, lo hemos sabido arreglar hasta ahora. Y me duele no tenerlo a mi lado porque, si te soy sincera, cuando me despertaba y no lo veía junto a mí me sentía abandonada. Pero no se lo digas a tu padre porque como se entere se va a llenar de viento y va a estar recordándomelo toda la vida.
- Sí jajaja,-contestó Barry-. Parece que lo estoy escuchando ahora mismo decir: “¿Ves como sin mí no puedes vivir?”


 Lo que Linda no sabía era que Conrad estaba en la entrada y había escuchado absolutamente todo. Secándose la lágrima que había salido al escuchar hablar a Linda, respiró hondo e inició el paso.


 Quedándose justo en el umbral de la entrada del salón, Conrad miró a Linda mientras que ésta se llevaba las manos a la cabeza.
- ¡Conrad! ¿Qué haces aquí? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Por lo visto no el que siempre has necesitado, cariño mío.
- Barry, ¿tú sabías que tu padre… estaba ahí?
- ¡Sorpresa!


 Dirigiéndose a Linda, Conrad pasó junto a su hijo y, mirándolo, le guiñó un ojo a modo de agradecimiento mientras que Barry le ponía la mano en el hombro.


 Agarrándola suavemente de la cintura, Conrad besó a Linda justo cuando sintió cómo las manos femeninas se posaban tras su nuca para acercarlo más a él.
- Siento mucho todo lo que has tenido que sufrir por mi culpa últimamente Linda. He sido un egoísta y te pido perdón. Sé que no te merezco, pero te prometo que los días que me queden de vida los utilizaré para devolverte todo el amor que me has dado.


 Dejando a sus padres solos, Barry se marchó de casa con una sonrisa en la cara y sintiendo que, aquella vez, esa reconciliación y las palabras de su padre eran verdaderas. Tal vez esas malas situaciones le habían hecho darse cuenta de que era rico mucho antes de que Barry ganase el torneo.


 Sin embargo, quien no estaba tan feliz era Fiona, quien acababa de leer la nota que le había dejado Conrad. Todo su plan se había ido al garete y el culpable tenía nombre y apellidos: Nathan Taylor.
- Me las vas a pagar, maldito hijo de puta…


CONTINUARÁ…