lunes, 3 de diciembre de 2018

Sueños Rotos || Capítulo 3


Varios días después, Marina se despertó una mañana más para ir a clase. Levantándose de la cama, se miró al espejo y se dijo a sí misma que estaba guapa. Había visto por ahí que si se decía lo estupenda que estaba cada día, al final se lo acabaría creyendo, así que no perdía nada por intentarlo.




Tras cambiarse de ropa, se dirigió a la cocina donde se encontró a sus padres desayunando.
- ¡Buenos días!-saludó la recién llegada-.
- Ah, buenos días pequeñaja,-contestó su padre-.
- Hola…-dijo su madre mirando a un punto fijo-.
- No te has tomado el café todavía, ¿no?-preguntó Marina con una sonrisa en la cara-.
- Qué va,-se adelantó a contestar Oscar-. Tu madre es de las típicas personas que hasta que no se bebe su medio litro de café no es persona.




Reaccionando un poco, Bianca miró a su marido con mala cara.
- No seas exagerado Oscar, que no me he bebido medio litro de café desde que estaba en la carrera.
- No le hagas caso,-le decía Oscar a Marina haciendo oídos sordos a Bianca-. Tu madre no quiere reconocer que no es nadie sin su café,-comentaba con un tono guasón-.
- Mira que eres papá,-decía sonriendo Marina-. No te metas con mamá desde tan temprano anda…
- ¡Eso es!-dijo su madre al escuchar esas palabras-. Escucha a tu hija Oscar, a ver si aprendes un poquito.




Horas más tarde, ya en el instituto, sonó el timbre que indicaba el comienzo de la ansiada media hora de recreo. Saliendo todos al patio, un compañero de clase se acercó a Lucas.
- ¿Te vienes a jugar con nosotros?
- No tío, ya si eso otro día.
- ¿Qué te pasa tío? Llevas días sin querer jugar… ¿Te has enfadado con nosotros?
- Anda ya, no es eso Danny. Es que se están metiendo con Marina y no quiero que le vuelva a pasar otra vez.
- Pero Lucas, eso es cosa de ella y de quien la está insultando.




Danny quería que Lucas jugase con él y todos los demás al rugby como llevaban haciendo tanto tiempo, pero su amigo y compañero de clase tenía otros planes.
- Lo siento tío, pero prefiero quedarme sin jugar durante unos días.
- Bueno, tú sabrás Lucas… Si quieres unirte ya sabes dónde estamos.




Yéndose de ahí, Lucas se giró y se puso a buscar a Marina que justo acababa de bajar las escaleras.
- Oye Lucas, ¿no juegas hoy al rugby?
- Qué va, llevo varios días sin ir con ellos.
- ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?




Lucas sonrió levemente y comenzó a explicarle el por qué no iba a jugar con sus amigos, como había hecho siempre.
- Lucas, no irte con ellos por quedarte cuidando de mí es absurdo. No soy ninguna niña pequeña y ya te…-decía Marina antes de ser interrumpida por Lucas-.
- Pero es que eres mi amiga y no me gusta verte mal por culpa de tres tontas.
- Te dije el otro día y te lo vuelvo a repetir hoy: Son mis problemas y soy yo quien tiene que solucionarlos.
- Pero somos amigos, y un amigo está ahí en las buenas y en las malas. Siempre.




Marina sonrió tras haber escuchado esas palabras de Lucas. Estaba orgullosa de él y, después de aquello, sabía que era un buen amigo; de hecho, era su único amigo.
- Muchas gracias por cuidarme, de verdad, pero no hace falta. Tienes que hacer tu vida y no vas a dejar de hacer cosas porque a mí me pase algo. No te preocupes.
- ¿Estás segura?
- Del todo. Anda, ve a Danny y dile que juegas con ellos.




Lucas, en un impulso, se abrazó a ella y le dio las gracias por ser tan buena con él.
- Si necesitas algo o si te pasara algo… No tienes nada más que llamarme, ¿vale?
- Sí, tranquilo que no va a pasar nada.
- Ok, está bien. Nos vemos luego.




Tras irse Lucas hacia Danny, Marina se sentó algo aburrida en los escalones que daban a una clase de informática, ya que no tenía a nadie más con el que distraerse. Pero de lo que no se había percatado era que las tres amigas inseparables y que no paraban de meterse con ella la estaban observando.
- Mirad chicas,-dijo Bárbara, quien hoy se había dejado suelta su gran melena negra-, ahí está nuestra… “amiga”. Vayamos a saludarla.




En cuanto avanzaron un poco, Marina se levantó de la escalera para dejar paso pero cuando vio quienes eran, su expresión cambió por completo, poniendo cara de pocos amigos.
- ¿Qué tal Marina?-preguntó Bárbara-. ¿Tan sola como siempre en el recreo?-comentó con un tono irónico-.
- Dejadme en paz,-contestó Marina con voz seca y cortante-.




Yéndose de ahí, Marina se sentó en uno de los bancos para quitarse de en medio a aquellas tres, ya que no le gustaban ni un pelo y nunca tenían palabras agradables para ella. Intentando calmarse, se puso a pensar en lo que haría esa tarde cuando terminase los deberes.




Pero la tranquilidad le duró muy poco, ya que sus compañeras de clase la rodearon, poniéndose una a cada lado. Marina alzó la vista y las miró una a una y luego, mirando hacia un punto fijo, resopló.
- ¿Me podéis dejar en paz?




Marina se levantó del asiento para irse de allí, pero una de las chicas, Madison, quien llevaba un estupendo vestido violáceo aquel día, la paró para mirarla de arriba abajo con cara de asco.
- Qué poco sentido del gusto tienes, chica… Esa ropa no conjunta nada… Aunque bueno, con la talla que tienes, seguro que para ti poder encontrar algo resulta maravilloso, ¿verdad chicas?
- Por supuesto Madison,-contestaron las otras dos chicas-.




Marina se sentía acorralada, el corazón le latía a mil pulsaciones por minuto y se sentía muy amenazada por aquellas chicas. No sabía qué hacer, si irse de allí, quedarse quieta, no hablar… Estaba perdida. Pero a lo lejos, Lucas miró hacia allí y al ver a aquellas chicas rodeando a Marina, gritó.
- ¡EH! Danny, espérame un momento, ahora vengo.




Al escuchar el grito de Lucas, Marina recobró el sentido y se acordó de las palabras que le había dicho a él escasos minutos atrás. Debía solucionar ella ese problema, sin esperar que otros tuvieran que ayudarla siempre. Ya era hora de comenzar a zapatearse.
- ¿Y tú? ¿Te has mirado al espejo? Porque si no fuera porque eres alta, yo juraría que sigues siendo una niña pequeña.
- ¿Y por qué dices eso?
- Porque no tienes tetas… Eres una tabla de planchar, chica,-dijo Marina poniendo voz de pija, más o menos como ella hablaba, mientras que las demás miraban atónitas esa escena-.




Momentos después, llegaba corriendo Lucas al lugar de los hechos mientras que Marina tenía ya una cara de cabreo bastante importante.
- ¿Va todo bien?-preguntó el muchacho-.
- Sí. Vuelve a lo tuyo,-contestó Marina-.




Pero Lucas sabía que ahí estaba pasando algo, por lo que permaneció quieto y no se movió de allí.
- ¿Qué haces ahí plantado?-preguntó Marina-. Ya puedes irte.
- Pues ahora mismo no me apetece otra cosa más que mirar a una chica preciosa, de sonrisa perfecta y de personalidad arrebatadora.
- Vaya, gracias,-comentó Madison en ese instante-.
- No hablaba contigo, se lo decía a Marina,-sentenció Lucas dejando a Madison congelada-.
- Mira, qué bonito es el amor… Ha tenido que venir el novio a defenderla,-comentó Natasha con un tono despectivo-.




Y sin pensárselo dos veces, Marina alargó su brazo y le soltó un fuerte guantazo en la cara a Natasha que se escuchó en todo el patio, dejando a todos sorprendidos por esta acción. Nadie se esperaba la reacción de la cobarde y tonta de Marina, como ellas mismas la llamaban.




De repente y sin poderlo evitar, Lucas soltó una fuerte carcajada, riéndose de Natasha y de cómo le había dejado Marina la mano marcada en la cara. La agredida se llevó la mano izquierda a la cara mientras seguía, aún, boquiabierta. Pero de repente, dio un paso adelante hacia Marina.




De un salto, Lucas se colocó entre ambas, evitando que Natasha se lanzase sobre Marina y se liase una buena pelea.
- Quítate del medio,-ordenó la engreída de Natasha-.
- No.
- He dicho que te quites del medio.
- Y yo te repito que no.




Lucas miraba a aquella rubia con una sonrisa de victoria y sintiéndose muy orgulloso de su amiga Marina, quien había actuado por primera vez para defenderse de aquellas arpías. Pero Natasha no estaba para nada contenta con esa situación.
- Mira, te voy a dejar las cosas muy claritas, ahora mismo te vas a quitar del medio y me vas a dejar hacer lo que me dé la gana, ¿está lo suficientemente claro?
- ¿Cómo dices? Perdona que no te escuche bien pero es que a palabras necias, oídos sordos.
- Serás hijo de…-comenzó a decir Natasha justo cuando vio la penetrante mirada de Bárbara, que con solo verla, se dio cuenta de que le estaba pidiendo parar-.
- Perdona, ¿qué ibas a decir?-preguntó Lucas sintiéndose algo más violento-.
- Nada,-contestó aquella chica-.
- Ah, ya decía yo. Pues ya sabes, quien nada no se ahoga. Ahora largo de aquí.




Mirando a Marina, le pasó la mano por la espalda y ambos salieron de allí sintiendo las miradas de aquellas tres chicas completamente en silencio. Danny, quien estaba mirando desde el campo, invitó a Marina a jugar.
- ¿Te apetece unirte a nosotros? Hoy vamos a probar nuestra puntería.
- Claro, ¿por qué no?-aceptó Marina de buen grado, animándose a jugar por primera vez con aquellos chicos-.




Mientras tanto, Bárbara dibujaba una sonrisa de satisfacción… Se le había ocurrido una idea buenísima para hacer sufrir a Marina después de todo lo que había hecho hoy.
- Esta gorda se va a enterar. Va a recibir su merecido.




Mirando a Madison, Bárbara le guiñó un ojo, provocándole la misma sonrisa satisfactoria que ya disfrutaba la más líder del grupo.
- Nadie le habla así a Madison,-dijo en voz alta la propia Madison-.




Y Natasha, haciendo pucheros con la boca, se quejaba como si fuera una niña pequeña.
- No es justo. Me ha pegado la muy zorra cuando yo no la he tocado nunca. Es una hija de puta la adoptada de mierda. Me ha hecho daño.
- Tranquila,-dijo Bárbara-, la venganza es un plato que se sirve frío.




Al terminar las clases, como siempre, Lucas y Marina fueron juntos en el camino de vuelta a casa. Al llegar a la de ella, se pararon y Lucas aprovechó para preguntarle si estaba bien.
- Sí, no te preocupes. Hoy ha sido la primera vez que me he sentido a gusto conmigo misma por haberme plantado delante de esas tres… Bah, no se merecen ni que las insulte.
- He de decirte que hoy me he sentido muy orgulloso de ti. Me ha gustado ver lo bien que te desenvuelves tú sola. ¡Y menudo guantazo le has dado a Natasha!
- Más fuerte debería haberle dado jajajaja,-comentó riéndose de buena gana-.




Ambos se abrazaron y se despidieron hasta el día siguiente mientras que Marina entraba en su casa y Lucas proseguía con la caminata hasta la casa de su madre.




En cuanto entró, fue hasta su dormitorio y encendió el portátil, poniéndose a jugar a Los Sims 3 con la partida que había creado hacía unos días.
- Vamos a ver al guapo de mi Alex. Ay, qué bien suena…




Minutos después, Natasha se acercó a la casa de Marina y comprobó que la puerta del jardín estaba abierta. Aquella chica estaba dispuesta hacer sufrir a Marina y, gracias a la maravillosa idea de Bárbara, podría hacerlo realidad.




Pasó con cuidado hasta colocarse en la parte trasera de la casa, agachándose al llegar a las ventanas para no ser vista por nadie que hubiera allí en ese momento.




Y observando cuidadosamente, llegó al dormitorio de Marina y, al verla, tuvo que taparse la boca para no soltar una carcajada, ya que la vio jugando a Los Sims 3 y hablando con uno de los sims como si ese chico existiera de verdad. Y sin perder más tiempo, Natasha sacó su móvil y comenzó a grabar a Marina hablando sola con el juego.
- Alex, mi Alex. Eres el amor de mi vida y con esa cara tan bonita que tienes te daré cuatro hijos… ¡No! ¡Cinco! Así podré cumplir mi sueño de toda la vida de criar a cinco sims de infantes a adolescentes.
- Verás tú cuando vean este vídeo las demás…-pensaba Natasha regodeándose de placer al pensar en lo que se le venía a Marina-.




CONTINUARÁ…

jueves, 29 de noviembre de 2018

Sueños Rotos || Capítulo 2

La pequeña se instaló en casa correctamente, pero uno de los primeros cambios a los que tuvo que acostumbrarse fue a su nombre. Ella se llamaba Yiang, pero sus actuales padres le pusieron un nombre más occidental, respetándole su nombre asiático, por lo que la niña pasó a llamarse Marina Yiang. Salvo por el cambio de nombre, que fue lo que más le costó acostumbrarse, todo lo demás fue rodado y sin problemas, acomodándose a su nuevo colegio, a su nuevo ambiente, etc. Y así fueron pasando los años, creando su propia personalidad y carácter, convirtiéndose en una adolescente de 16 años.



Uno de esos días, Marina salió de clase y puso dirección a su casa cuando se acordó de que sus padres no llegarían hasta más tarde a causa del trabajo. Parándose en seco, pensó que no quería encerrarse en su casa y decidió ir a otro lugar donde poder estar tranquila y, así, pensar en sus cosas.




Poniendo rumbo a aquel lugar, un chico de su clase la vio marchar rápidamente y se extrañó, ya que no había cogido el camino habitual y eso no era normal en Marina.




Llegando a un parque que había cercano a su casa, Marina vio los columpios y recordó todas aquellas veces que iba con sus padres allí, jugando al pilla-pilla, montándose en el tobogán… Añoraba mucho ese tiempo porque era la época donde fue más feliz y sin ser consciente de aquello. Conforme fue creciendo, los problemas habían aumentado.




Marina se sentó en uno de los columpios y comenzó a balancearse levemente mientras le daba vueltas a la cabeza, pensando en el horroroso día de clase que había tenido, todo lo que había pasado y tuvo que aguantar… Pero de quien no se había percatado era de su compañero de clase, que la había seguido hasta allí.
- Con que estás aquí…-comentó el chico sobresaltando a Marina-.




Levantándose del columpio, Marina se giró y vio de frente a quien la había seguido.
- Ah, eres tú… Qué susto me habías dado Lucas. Creí que eras… Bueno, ¿qué haces aquí?
- Eso mismo te iba a preguntar yo a ti. ¿Por qué no me has esperado para ir juntos de vuelta a casa como siempre?




Lucas, que no era otro que el hijo de Gema y Genaro, se fue acercando a Marina hasta que le pidió que se sentasen para hablar.
- Es que hoy no he tenido muy buen día en clase y no quería amargar a nadie con mis movidas.
- ¿Un mal día? A ver, cuéntame que te ha pasado.
- No quiero molestar a nadie, te lo agradezco mucho pero no es necesario.
- Marina, pasé por un secuestro cuando tenía 2 años, crecí viendo discutir a mis padres… Créeme, sé escuchar y dar buenos consejos.




Tras pensárselo unos momentos, Marina resopló y decidió contarle su horrible día a Lucas.
- Ya sabes que tengo complejo por mi peso y que me gustaría quedarme más delgada…
- Chorradas. Yo te veo estupendamente pero bueno, sigue.
- La cuestión es que Bárbara y las demás hoy en el recreo han comenzado a insultarme otra vez, llamándome gorda, china, luchadora de sumo… Al final he tirado el bocadillo entero a la papelera y me he ido a llorar al baño mientras escuchaba las carcajadas de las chicas. Me he sentido horrible, como una auténtica mierda. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?-contó Marina comenzando a emocionarse-.
- Shhh, tranquila Marina. Respira hondo y cuenta hasta tres. No pasa nada…
- Uf, lo siento. Pero es que estas cosas me alteran mucho.
- No pasa nada mujer, es normal.
- Gracias por estar siempre aquí.
- No hay de qué pero… ¿por qué no viniste a decírmelo en lugar de irte a llorar al baño?
- ¿Y de qué hubiera servido? ¿Para que me insulten de nuevo y me digan que soy una niña pequeña que necesito que me defiendan? Ya me lo dijeron una vez y no quiero darles más pie a comentarios.




Lucas no podía evitar mostrar su cara de asco respecto a lo que había estado escuchando de boca de su amiga.
- Es que, de verdad te lo digo, qué asco les tengo a esas tres, te lo prometo. No puedo entender por qué la han tomado contigo.
- Pues no lo sé Lucas, pero estoy cansada de ser el blanco de las burlas, de quedarme sola en los recreos y de no tener con quien hablar.
- Yo estoy allí Marina. Te he invitado muchas veces a jugar al baloncesto conmigo y con los chicos y nunca has querido.
- ¿Sabes por qué?
- No… A ver, ilumíname.
- Pues porque un día cogí una pelota y Bárbara soltó un comentario por lo bajo a sus amigas que yo pude escuchar y se me quitaron las ganas.
- ¿Y qué clase de comentario maravilloso y fantástico dijo la lista de Bárbara?
- “Anda mira, si parece que hoy los chicos van a jugar con una bola nueva… ¿Creéis que cabrá en el aro?”
- De verdad, ¿eh? Mañana cuando las vea le voy a dejar las cosas bien claras.
- ¡No! No quiero que nadie diga nada, porque si no será peor para mí. Este es mi problema y yo solita me las arreglaré.




Quedándose en silencio, Lucas no supo qué más decirle a su amiga, quien tenía una respiración agitada y se la notaba nerviosa.




Instantes después, Marina se levantó y se despidió de Lucas, ya que quería llegar a casa antes de que sus padres volvieran del trabajo. Pero pese a que Lucas había prometido no intervenir, pensó que pasaría un tiempo vigilando en el recreo por si pasaba algo parecido a lo de hoy.




Tras cinco minutos de paseo, Marina llegó a casa, abrió la puerta con sus llaves y entró, encontrándose la casa vacía.
- Al fin paz…




Entrando en su dormitorio, Marina se miró al espejo fijándose concienzudamente en su cara y su cuerpo. Se veía muy gorda, pero la ansiedad la hacía comer más y el estado que le provocaban esas chicas no era el idóneo para dejar ese mal hábito, por lo que era una continua lucha interna para evitar comer tanto.




Tras ducharse y ponerse una ropa algo más cómoda, Marina pasó frente al espejo del baño y se miró sin las gafas, ya que sólo las tenía que utilizar para ver de lejos.




Por primera vez en mucho tiempo, no se vio fea tras haberse maquillado un poco, pero seguía viendo un fallo: su peso. Y eso era algo que acarreaba en su corazón y que sólo ella sabía el daño que le estaba causando en su autoestima.




Yéndose a su cuarto, encendió el ordenador y comenzó a mirar sus redes sociales, pero terminó pronto ya que no tenía muchas novedades, por lo que se puso a jugar a su pasatiempo favorito: Los Sims 3.




Tras una hora y algo, Oscar llegó a casa y, llamando a la puerta, entró y saludó a su hija.
- Hola cariño, ¿qué tal?
- ¡Estupendamente! Se me acaba de quedar el juego pillado y no me funciona.




Oscar se quedó parado, ya que iba a darle un beso a su hija cuando escuchó su queja. Por su parte, Marina apretaba los dientes para evitar tirar el portátil por la ventana.
- Vaya, ¿habías guardado?
- ¡No! Eso es lo peor, que estaba construyendo y no he ido guardando los progresos.
- Bueno, no pasa nada cariño. Ahora te metes y lo vuelves a construir. Como ya tienes la idea, seguro que vas mucho más rápido.
- Qué va, paso de ponerme a hacer otra vez lo mismo.
- Entonces ven a abrazar a tu viejo padre.




Ese último comentario sacó una pequeña risa a Marina que, levantándose fue hacia su padre, que la estaba esperando con una sonrisa guasona y los brazos abiertos.
- ¿Cómo está mi chiquitina?
- Bien…




Pero Oscar notó tristeza en su contestación, por lo que se separó y la miró con un gesto de preocupación en la cara.
- ¿Estás bien?
- Sí, ¿por qué?
- No sé, pero me ha dado la sensación de que no estás igual que siempre.
- Es por lo del juego, que me ha dado mucha rabia.
- Bueno… ¿Y qué vas a hacer ahora?
- Me iré a ver la tele un rato, así me despejo y se me pasa el mal trago.




Oscar abrió la puerta del dormitorio y dejó pasar primero a su hija que fue directa al sofá para ver la tele mientras que él, quedándose parado en medio del salón, decidió preparar unos sándwiches para la merienda. En eso estaba cuando Bianca llegó a casa.
- Buenas tardes familia,-saludó alegre la recién llegada-.
- Ey, hola cariño,-contestó Oscar-. ¿Qué tal tu día?
- Uf, agotador. Ha caído toda una escuela infantil entera con varicela y han traído a casi todos los niños a mi consulta…




Acercándose a su marido, que había dejado de hacer la merienda, lo besó dulcemente en la boca.




Luego, mirando a su hija, se acercó a ella con una sonrisa en la cara.
- ¿Y la niña de mis ojos cómo está?
- ¡Hola mamá! Bien, viendo la tele un rato.
- Ven y dale un abrazo a tu madre.




Tras separarse, Bianca le preguntó sobre su día en el colegio.
- Pues ha ido bien, muy rutinario. Como siempre…
- ¿Ha pasado algo interesante?
- Qué va, los mismos chicos, las mismas chicas, las mismas caras todos los días… Bueno, me voy a mi cuarto, mamá.




Acercándose a Oscar, Bianca le preguntó por Marina.
- ¿Le pasa algo a la niña?
- Nada, que se ha cabreado con el juego de Los Sims 3 porque se ha quedado pillado y ha perdido todo el progreso que tenía hecho.
- Ah, vaya tela… Bueno, ¿y tú qué tal en la redacción?
- ¡Bien! Hoy me han mandado cubrir la noticia del…




En el cuarto de Marina, la muchacha había decidido dejar de construir de nuevo la casa de sus sueños y prefirió crearse a sí misma, poniéndose tal y como le gustaría estar en lugar de ser realista. Por algo era un juego de simulación de vida…
- Joder, quién tuviese un cuerpazo así… Qué triste es mi vida, maldita sea.




Y tras un rato más, Marina consiguió crear al chico de sus sueños. Un chico guapo, excelente besando, fuerte, valiente… Un chico tan perfecto que Marina no dejaba de contemplarlo.
- Me encanta… Qué bien me ha salido este sim. Tiene cara de… Alex, Alex Pozas, por ejemplo. Ahora lo que me toca es meterlos en una casa y enrollarlos. Al menos, que mi sim tenga un ligue, ya que yo no tengo el derecho de tener uno en la vida real.




Finalmente, Marina metió a ambos sims en una casa que ya venía con uno de los barrios y, en cuanto se vieron, se saludaron al instante.
- Ay, parece que se han gustado. Tengo que hacerle una foto a este momento…




Marina mandó a Alex acercarse a la sim que la representaba a ella y, acercándose, no pudo evitar parar el juego y contemplarlo detenidamente.
- Ay Alex, quién te pillara en la vida real… Te haría de todo. ¡Foto! Esto tiene que quedar inmortalizado, que me lo quiero poner de fondo de pantalla.




Tras darle a la acción de “Beso de aquí te pillo, aquí te mato”, la sim que la representaba a ella aceptó el beso y ambos sims comenzaron a besarse profundamente.
- Qué envidia me dais… Ojalá pudiera meterme en el juego y disfrutar un poquito. Pero bueno… ¿A quién voy a engañar? Esto es una mierda.




CONTINUARÁ…