lunes, 27 de noviembre de 2017

Capítulo 3 de "The Shadow"

CAPÍTULO 3

La jornada laboral comenzaba rápido y audaz en la ciudad. El edificio Kristof se alzaba imponente al borde de la carretera, lujoso y… con una visita inesperada.


Había pasado una semana de la tremenda pelea de Kevin con Eristof y, como habían prometido ambos amigos, estaban decididos a encontrar trabajo. Entrando en el edificio, Kevin encontró que no había nadie en el mostrador.


Esa empresa se dedicaba a la programación y a la creación de páginas web y en eso Kevin era un experto ya que era un gran programador y sabía que tendría posibilidades de trabajar allí.


Tocando el timbre y esperando unos minutos, no apareció nadie. ¿Habría llegado demasiado pronto?


Instantes más tarde escuchó cómo la puerta de entrada se abría y unos sonoros tacones entraban en escena.


Girándose, Kevin se encontró casualmente con Paulova, la chica de Eristof. Intentando tragar el nudo que tenía en la garganta, se acercó para saludarla.


Ella sin mediar palabra lo abrazó, a lo que Kevin correspondió entre sorpresa y miedo a la vez. Lo último que se esperaba él era un abrazo de ella.


Separándose, ella quiso saber el por qué estaba allí.
-          ¿Qué te trae por aquí Kevin?
-          Busco trabajo y pensé que aquí sería un buen sitio para dejar mi currículum pero no hay nadie en recepción y… No sé qué hacer.


Paulova frunció el ceño sorprendida de que aquel muchacho no tuviera trabajo ya.
-          Creí que tenías trabajo…
-          Ah no, qué va. Vivo con mi mejor amigo en un lugar de mala muerte y ambos buscamos trabajo para poder costearnos un piso de mejores condiciones.
-          ¿Y qué estudios tienes?


Kevin se sentía un poco avergonzado, parecía una auténtica entrevista de trabajo pero contestaba sin pensarlo dos veces.
-          Soy ingeniero de telecomunicaciones y programador informático.
-          ¡Entonces debes ser una persona muy lista!
-          Bueno, no es para tanto jejeje.


Ambos rieron, lo que causó que se liberaran ciertas tensiones.
-          Pues has venido al sitio ideal para buscar trabajo.
-          ¿Y eso por qué?
-          Porque el dueño y el jefe de esta empresa es mi padre.


La boca de Kevin comenzó a abrirse sin control ninguno. ¿Era hija del magnate? Eso sí que no podía imaginárselo.
-          ¿Cómo dices? ¿Eres la hija de Vladimir Kristof?
-          Por suerte o por desgracia sí.
-          ¿Por qué dices eso?


Paulova se quedó unos momentos pensativa y luego contestó.
-          Estoy enfadada con mi padre porque alguien llamó a la policía después de vuestra pelea y metieron a Eristof en el calabozo y mi padre lo sacó de allí pagando su fianza.
-          Ah… Puedo comprender tu enfado. Mira, yo no quiero causar más problemas con tu padre así que será mejor que…-Kevin fue interrumpido por la chica-.
-          De eso nada. Desde que me fui de casa y me he alquilado un apartamento para mí sola mi padre no sabe qué darme para que vuelva y voy a aprovechar su “agradecimiento”. Sígueme.


Dando media vuelta, Paulova se dirigió hacia los ascensores mientras que Kevin la seguía de cerca.


Kevin sentía que ese era su día de suerte y tenía una sonrisa tan amplia que no podía quitar mientras que Paulova sonreía pensando en lo que ocurriría a continuación…


Al llegar a la planta más alta, Paulova hizo que Kevin se sentara mientras que ella iría primero a hablar con su padre.
-          Espera aquí hasta que te avise, ¿vale?
-          Está bien.


Llamó a la puerta con dos breves golpes y abrió la puerta rápidamente pillando a su padre… trabajando duramente.


Paulova se paró en seco y carraspeó, dándose cuenta que su padre estaba jugando al Need for Speed: Payback.


Un vistazo rápido fuera de la pantalla le hizo quitar el juego de golpe.


Su hija se sentó en la silla completamente seria esperando a que su padre estuviera dispuesto a hablar con ella.
-          ¡Hola hija! Perdona que haya tardado tanto en atenderte pero me has pillado rellenando unos informes y…
-          Que sí papá, es tu trabajo y no me tienes que dar explicaciones.
-          Bueno hija, ¿cómo estás? ¿Te va bien en tu nueva casa?
-          Sí. A lo que iba: necesito un favor.


Vladimir sonrió al saber que su hija acudía a él.
-          ¿Qué necesitas? Sabes que te daré lo que quieras.
-          Por eso mismo vengo: quiero que contrates a un amigo mío.
-          ¿Qué? ¿Qué amigo?
-          Se llama Kevin y es ingeniero de telecomunicaciones y programador.
-          ¿Es americano entonces? Nena, sabes que esta empresa es familiar y me gusta que mis trabajadores sean rusos como nosotros.


Paulova sonrió levemente.
-          Papá, ¿quieres que vuelva a casa?
-          Sí, por encima de todo.
-          Pues Kevin está esperando fuera, vas a hacerlo entrar y lo vas a contratar y cuando hayas hecho todo eso me pensaré seriamente el volver a casa.
-          ¿Y Eristof?
-          ¿Trato hecho papá?-preguntó Paulova haciendo caso omiso de la última pregunta de Vladimir-.
-          Está bien…-no dijo muy convencido-.


Saliendo del despacho, Paulova avisó a Kevin.
-          Te toca entrar. Ven conmigo.


Entrando de nuevo en el despacho, esta vez con Kevin, se lo presentó a su padre.
-          Kevin, te presento a mi padre, el señor Vladimir Kristof. Papá, este es el chico del que te he hablado.


Vladimir sonreía pero no paraba de mirarlo de arriba abajo sin parar y en su cabeza se repetía una y otra vez que era americano.


Kevin entró con una sonrisa sincera y saludó con mucha educación al padre de Paulova.
-          Buenos días señor Kristof.


A su vez, Paulova no podía mirar más seria a su padre. Estaba realmente enfadada con él y sabía que haría lo que fuera por ella para que así la tuviera contenta.


Levantándose del sillón, Vladimir se acercó al muchacho estrechándole la mano.
-          Buenos días y encantado de conocerte Kevin.
-          Lo mismo le digo.


El apretón de manos era fuerte y duradero mientras que ambos hombres se miraban a los ojos.


Para quitar cierto hierro al asunto, Vladimir intervino en ese leve silencio que se había formado.
-          Por favor, llámame Vladimir.
-          Está bien,-dijo sorprendido Kevin-.


Kevin no podía estar más contento. La preciosa chica de la discoteca era la hija de uno de los empresarios más influyentes y poderosos del mundo y encima estaba frente a él en una entrevista de trabajo. Cuando se lo contara a Walcott no se lo iba a creer…


Vladimir pidió al joven Kevin que tomara asiento antes de pedirle amablemente a su hija que los dejaran a solas.


Kevin se puso más serio, ya que la entrevista iba a comenzar de un momento a otro.
-          ¿Tiene usted ahí su currículum?
-          Sí, aquí lo tiene,-dijo dándoselo en la mano-.
-          Hum… Veo que es ingeniero y programador, ¿no?
-          Así es, me gradué el año pasado.


Vladimir también estaba serio y dejando a un lado el currículum, miró fijamente a Kevin.
-          Le voy a ser sincero Kevin: Esta empresa, MI empresa, es familiar y nacionalista. Todos los que pertenecemos a ella somos rusos y me gustaría que así siguiera pero esta vez no depende de mí, sino de mi hija y ella, no sé por qué, quiere que usted esté en esta empresa y así será. Tiene un buen currículum y unas buenas referencias así que espero que de la talla.


Kevin, serio y con la mirada fija hacia su ya jefe, contestó educadamente.
-          No se preocupe. No lo defraudaré.
-          Comienza mañana a las 9 en punto de la mañana.


En ese momento, Eristof veía por la ventana cómo se iba Paulova. La había llamado innumerables veces pero ella nunca le contestaba, cuando iba a ver a su padre al trabajo no pasaba por allí…


Habiéndose despedido Kevin de Vladimir, éste se puso a mirar por la ventana mientras pensaba. Había aceptado a un americano en una empresa de rusos y todo era por su hija, la caprichosa de Paulova.


Eristof quería retomar la relación con Paulova, pero al darle largas siempre, no sabía cómo podía acercarse a ella. Ni su padre sabía dónde se había ido a vivir ella así que no sabía lo que hacer.


Vladimir sabía que si se hubiera negado, habría perdido a su hija para siempre. Él tenía conocimiento de las infidelidades de Eristof hacia su hija, pero aun así las aguantaba porque la boda entre ambos favorecería mucho a las familias de los dos. Dos familias ricas y con prestigio unidas por un matrimonio, significaba un futuro lleno de riqueza y fama.


Eristof quería arreglar la relación a toda costa y, si era necesario, dejaría de ver a sus amigas para conseguir que Paulova volviera con él. Él quería estar con ella, pero ella casi siempre le daba largas y no quería acostarse con él, ya que Eristof parecía quererla únicamente para el sexo.


A todo esto, Kevin marchaba en su coche de vuelta a casa para darle la gran noticia a su buen amigo Walcott.


Vladimir vigilaría todos y cada uno de los movimientos de Kevin a través de Eristof, que sería su jefe de equipo de programación. Al primer fallo, lo echaría a la calle. Las cosas no iban a ser fáciles para el joven americano…


CONTINUARÁ…