viernes, 11 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 10

 Marina aceptó la invitación de Bárbara y juntas decidieron ir a una bolera cercana a la universidad. Tras pagar, se fueron hacia la pista y la primera en comenzar fue Marina, quien llevaba varios años sin jugar. Sin embargo, intentaba parecer lo más profesional posible.
- Esto es como montar en bicicleta, Bárbara. Seguro que hago un pleno a la primera,-decía Marina-.

- No lo tendría yo tan seguro… Además, has cogido la bola que más pesa, así que ten cuidado, ¿eh?


 Y como si de una profecía se tratase, Marina se quedó encajada a la bola y se calló al suelo dándose de bruces con la pista. Bárbara fue a ayudarla justo cuando Marina comenzó a levantarse.
- ¿Estás bien Marina? ¿Te has hecho daño?
- No, tranquila. Quiero decir, que no me he hecho daño, que estoy bien jajaja.
- Ah vale bien, me habías asustado.


 Y al fijar su mirada a los bolos, se dio cuenta de que había hecho pleno y comenzó a celebrarlo moviendo sus brazos de un lado para otro, provocándole una gran carcajada a Bárbara.
- ¡Te lo dije! Sabía que metería un pleno. ¡Toma ya!
- Jajajaja, eres de lo que no hay Marina. Ahora es mi turno… Vas a saber de lo que soy capaz.


 Bárbara inspeccionó las bolas y cogió una que le venía bien a sus dedos para estar cómoda, aunque la bola pesara algo más de lo acostumbrado. Cogiendo carrerilla, Bárbara tiró la bola con fuerza, yéndose un poco hacia delante, sin llegar a caerse como Marina.


 Y Bárbara también metió un pleno. ¡Menuda lucha de titanes iba a ser esa! La alegría invadió a la jugadora, que se puso a celebrar su pleno haciendo un baile ridículo, pero que le salió de dentro, provocando también una sana carcajada en Marina.


 Tras esa partida, donde ganó Marina por un par de puntos, un chico se le acercó a Bárbara y comenzó a hablarle de unos temas de la universidad, por lo que Marina aprovechó para ir al servicio, avisando a su acompañante previamente.


 Al salir del servicio, Marina se encontró con Bárbara esperándola en la puerta. Queriéndose interesar por aquel chico, le preguntó a Bárbara sobre lo que quería de ella.
- Nada importante, un pesado que no para de inventarse excusas para llevarme a la cama. Que si vamos a estudiar juntos, que si quiere cambiarse a mi carrera, que si estoy muy guapa con esa blusa, que si está en el gimnasio…
- Pues vaya con el tío ese. ¿Ya le has dicho que no estás interesada?
- Varias veces, pero parece que no se entera.
- Ay, ¿cuándo se enterarán los hombres de que no es no? Venga, salgamos de aquí antes de que vengan más.


 Saliendo al exterior, Bárbara miró la hora y se dio cuenta de que en menos de una hora tenía clase y que tenía que ir a su casa a por las cosas de la universidad, así que se despidió de Marina, no sin antes agradecerle la oportunidad que le había dado de conocerse más y también porque habían pasado una tarde muy divertida.
- Tendremos que repetirla otro día, ¿no?-dijo Marina-.
- ¿En serio te gustaría?
- Claro, ¿por qué no?


 Ya en su casa, Marina siguió haciendo uno de los trabajos que tenía pendiente para la carrera y del que estaba hasta el gorro. Quería terminarlo ya para quitarse un peso enorme de encima, porque el tiempo que le quitaba del estudio o de cualquier otra cosa que quisiera hacer era enorme.
Y la concentración se le fue a la mierda cuando escuchó el timbre de la casa… ¿Quién podría ser?


 Al abrir la puerta, se sorprendió al ver allí a Alex. Sabía que, por la hora, habría terminado las clases que tenía por ese día, pero no tenían planeado nada de verse, por lo que no lo esperaba allí.
- ¡Alex! Qué sorpresa… ¿Qué haces por aquí?
- He salido de clase y me apetecía verte un rato… ¿Puedo pasar o estás muy ocupada?
- Estaba terminando un trabajo que tengo que entregar esta semana, pero pasa. Así hago un descanso.


 En cuanto cruzó el umbral de la puerta, Alex se acercó a Marina y, tras rodearla con sus brazos, la besó en la boca.
- No sabes las ganas que tenía de besarte de nuevo,-confesó Alex-.
- Y yo… Vamos al salón si quieres.


 Sentándose en el sofá, Marina se acordó de la buena tarde que había pasado con Bárbara y se lo empezó a contar a Alex.
- A que no adivinas con quién he pasado la tarde…
- Pues… No sé. ¿Con algún compañero de tu clase?
- Frío, frío.
- Entonces me rindo. No tengo ni idea.
- Con Bárbara.
- ¿Me lo estás diciendo en serio?
- Totalmente. Me pilló por banda en el aparcamiento y me dijo que le apetecía conocernos más, que no sólo nos saludásemos con frialdad por el campus y que si me apetecía salir por ahí.
- Vaya con Bárbara. No para de sorprenderme esta chica.


 Alex acababa de quedarse completamente descolocado al escuchar el relato de Marina, ya que lo último que se le podía pasar por su cabeza era que su ex y la chica que le gustaba ahora se harían amigas después de todo lo ocurrido.
- Pues imagínate mi sorpresa cuando me lo dijo. Total que nos fuimos a la bolera y hemos echado una tarde bastante entretenida y hemos hablado de todo un poco. ¡Hasta de chicos!
- ¿Chicos? ¿Te ha preguntado por mí?
- ¿Por ti? No, pero me ha dicho que hay un chico que no para de decirle cosas e invitarla y ella está pasando de él y no sabe qué hacer para librarse de ese muchacho.
- Vaya, pues me sorprende que hayáis pasado parte de la tarde juntas, pero también me alegra veros así y que no haya mal rollo entre vosotras.
- Para nada. Nos despedimos con un abrazo y la verdad es que me lo pasé bien. No es mala chica en realidad, ¿sabes?


 En ese momento, Alex se quedó callado, mirándola fijamente a los ojos, con ternura y amor en su mirada.
- Por eso me fijé en ti, porque eres auténtica, no tienes dobleces y no eres rencorosa. Cualquier otra persona en tu situación la habría mandado a la mierda. Pero tú no. Tú le has dado otra oportunidad.
- Todos cometemos errores de los que nos podemos arrepentir y nadie es perfecto. Es mejor tener empatía y perdonar al otro, al igual que nos gustaría que nos perdonasen a nosotros.
- Ven aquí,-invitó Alex alargando su brazo hacia Marina-.


 Alex estrechó a Marina contra su pecho, acercando su cabeza a la de ella. Y en ese momento, un clic en su interior cambió. Una pequeña luz se encendió dentro de él, haciéndole tomar una decisión firme: Estaba abrazando a la mujer de su vida y no quería perderla por nada del mundo.


 Girándose hacia ella, ambos cerraron sus ojos y se unieron en un largo y dulce beso que duró varios minutos, encadenándolo con otros que se fueron sucediendo sucesivamente, elevando la temperatura del salón y de cada uno de ellos.


 Después de un rato así, Marina se separó unos centímetros de Alex y, casi rozando su boca, le hizo una confesión. Le dijo algo que tenía dentro de sí y que no podía ocultar más…
- Te necesito Alex. Quédate conmigo… Hazme el amor. Quiero sentirme tuya.
- Y yo, vida mía. ¿Estás segura de esto?
- Nunca he tenido nada más claro. Quiero que me envuelvas en tus brazos, besarte, sentir tu piel contra mi piel sin ropa de por medio. Solos tú y yo…
- De acuerdo cariño. Tus deseos son órdenes para mí.


 Tras darle otro fuerte beso, Marina se levantó y se dirigió hacia el dormitorio cuando escuchó la voz de Alex a sus espaldas.
- Antes de eso… Me gustaría decirte algo, Marina.


 Acercándose a él, le rodeó la cintura con sus brazos mientras que Alex tragaba saliva y comenzaba a decir las palabras que se agolpaban en su boca queriendo salir.
- Quiero decirte que… Yo… Bueno, tú me…
- Tranquilo Alex. No te pongas nervioso… ¿Qué ocurre, mi vida?
- A ver… Has llegado a mi vida por casualidad, sin yo esperarte entraste en ella y te has quedado día tras día desde aquel en el que entraste en el bar donde trabajaba. Parece que has echado un hechizo sobre mí, porque no pienso en otra cosa que no seas tú y… No quiero perderte. Quiero permanecer junto a ti todos los días de mi vida. Por eso… Si quieres que tú y yo hagamos el amor, tendrás que… Aceptarme como tu compañero de viaje, como tu apoyo y sustento en momentos de flaqueza, aquel que te saque desde una risa a un orgasmo. Así que… ¿Quieres...?
- Sí,-contestó Marina antes de dejarle terminar a Alex-. Quiero estar contigo todos los días de mi vida, hasta que nos apoyemos el uno en el otro cuando no podamos ni andar de lo viejos que estaremos. Yo te… Te quiero.
- Y yo, vida mía. Te quiero mucho Marina.


 Acercándose a él, lo abrazó fuerte y profundamente, como queriéndose fundir los dos en una sola persona. Pero justo en ese momento, una idea se le vino a la cabeza a Marina, por lo que, muy bajito y al oído, se lo dijo.
- Alex, yo nunca… He hecho nada. Soy virgen.
- No te preocupes por nada, porque aquí estoy yo para cuidarte y darte la mejor primera vez que jamás se haya contado. ¿Estás preparada?
- Si es contigo, no puedo tener miedo a nada.


 Yéndose finalmente al dormitorio, se fueron quitando la ropa mutuamente hasta quedar en ropa interior, mirándose detenidamente al verse por primera vez de esa forma. Alex se sentó al borde de la cama mientras acercaba a Marina rodeándola por la cintura, sintiéndola y oliéndole ese perfume tan embriagador y que tan loco le volvía. No había besos ni palabras, sólo las miradas y caricias con sus manos que lo decían todo…


 El mimo y el cariño con el que trataba Alex a Marina era digno de admirar, ya que era suave en sus movimientos, sin brusquedad, con paciencia y anhelando ser de ella. Colocándola sobre la cama, Alex comenzó a dar pequeños besos en el cuello femenino, haciéndola estremecerse mientras que los bellos de su cuerpo se ponían de punta. Marina acariciaba la fuerte espalda masculina, pasándole el brazo por su cuello para atraerlo más a él. Quería sentirlo cerca, muy cerca…


 Y finalmente, ambos tuvieron su primera vez juntos. Una primera vez de cuento de hadas donde Alex supo esperar y donde ninguno buscaba su placer propio, sino el disfrute mutuo. Todo fue perfecto y Marina pudo experimentar el placer de hacer el amor, de sentirse querida y amada por sus cuatro costados. Algo que nunca había tenido y que, tras vivirlo en sus propias carnes, le hizo comprender el significado de la palabra AMOR.
El cansancio dejó extasiada a Marina, que se quedó dormida sobre Alex, que la miraba con dulzura y completa admiración.


 Tras meterla bajo las sábanas con mucho cuidado, Alex se levantó de la cama para irse al baño, ya que tras haber hecho el amor, le habían entrado ganas de orinar.


 Alex acababa de experimentar uno de los mejores momentos de su vida. Sin embargo, tenía miedo de ir demasiado deprisa, de crear confusión en Marina y de parecer el típico tío que sólo quiere sexo y que, cuando lo consigue, se marcha. ¿Por qué se tendría que comer tanto la cabeza? Pensaba justo antes de volver a la cama para dormir junto a su amada.


 En cuanto entró y se metió en la cama, Alex quedó profundamente dormido sin darse cuenta de que, al notarlo a su lado, Marina se giró y se acurrucó junto a él para seguir durmiendo en esa posición.


 A la mañana siguiente, Marina fue la primera en despertarse. Al incorporarse, se dio cuenta de que había dormido completamente desnuda y que a su lado estaba Alex. No había sido un sueño, todo aquello era muy real pese a que pareciera que estaba flotando todavía. Jamás había experimentado algo como aquello y, ahora sabía que lo querría siempre.


 Tras ponerse la ropa interior, se dirigió hacia el baño para darse una ducha y estar presentable para cuando Alex se despertara, ya que le daba vergüenza que la viera recién despertada y con la cara y los pelos de loca.


 Al salir de la ducha, Marina se encontró a Alex fuera. La estaba esperando con una amplia sonrisa en su rostro.
- Buenos días mi reina. ¿Cómo ha dormido lo más bonito de esta casa?
- No lo sé, eso deberías saberlo tú, que eres lo más bonito de aquí.
- Anda, ven aquí preciosa mía. Déjame que te dé un beso.
- Como me acerque a ti y vuelva a tocar ese cuerpo, tal vez no me pueda resistir…
- ¿Y quién te ha dicho que no puedes hacerlo?-preguntó Alex sacando su más arrebatadora mirada-.


 Marina se acercó a Alex y lo besó profundamente, jugando con sus lenguas mientras que posaba sus manos en el culo masculino, bajando poco a poco el calzoncillo mientras que Alex gemía levemente al notar sus manos tocando esa zona…


CONTINUARÁ...