lunes, 23 de abril de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 20

CAPÍTULO 20


Cuando Juan terminó su turno, fue rápido a casa para hablar con Ainhoa y enterarse de todo lo ocurrido, ya que no tenía ni idea de nada.
-          ¿Qué está pasando Ainhoa? ¿Qué ha sido lo de hoy?
-          La consecuencia de mucho aguantado. No sabes lo que he sufrido…
-          Pues no, no lo sé. ¿Me puedes iluminar?
-          A ver, antes de nada, si no te he contado lo que me estaba pasando era porque no te quería involucrar y hacerte daño con este tema. Todo fue a causa de malas decisiones mías tomadas en el pasado y tenía que ser yo la que solucionara el tema.
-          ¿Sí? ¿Entonces por qué llamó mi hermano a la policía?




Ahí Ainhoa se encontraba en un callejón sin salida y, si quería salir de allí, tendría que decir la verdad sin tapujos.
-          Joder pues porque te quiero mucho. Te quiero tanto que me daba miedo contarte lo que me estaba pasando y que te alejaras de mí, como han hecho todos los tíos en mi vida, utilizarme para follar o sonsacarme algo y después pegarme la patada. Tú eres el primer chico que me importa de verdad y no quería cagarla contigo por una mala decisión mía del pasado. Eso es todo.
-          ¿Pero qué mala decisión Ainhoa?
-          Antonio me ofreció dinero una vez por desnudarme delante de él y acepté, pero otro día me ofreció 2000€ por follar conmigo y en aquel entonces no te conocía y era dinero fácil, así que acepté, pero lo había grabado todo y me extorsionó varias veces para follar conmigo en más ocasiones.
-          Hijo de puta…
-          Total, que comenzó a mandarme mensajes, a acosarme diciéndome que me quería, me mandaba fotos de su polla y de la reserva de una habitación de hotel… Pero pasé de él. Hasta que te conocí a ti y después de estar en el calabozo y verme en esa situación cambié. Decidí romper con todo y fue ahí cuando comencé a conocerte y a gustarme de esta manera tan loca. Pero Antonio siguió y el día que te dije que necesitaba espacio era por eso mismo, estaba acosándome por mensaje y ese mismo día vino a violarme, pero tu hermano vio a Antonio salir y me encontró llorando amargamente. Tuve que contarle todo esto y fue quien decidió ayudarme.




Juan se sentía estafado porque, al parecer, todo el mundo sabía lo que le pasaba a Ainhoa menos él.
-          Es decir, que mi hermano sabía todo esto y no me lo dijo.
-          Pues por lo que te he dicho antes, no quería meterte en esto por lo que pudieras pensar de mí y… perderte.
-          ¿Y qué crees que iba a pensar de ti? Ese tío es un violador, un extorsionista y un depravado. Todos tomamos decisiones en la vida que, con el tiempo, nos damos cuenta que no fueron acertadas. Pero absolutamente nadie se merece pasar por lo que has vivido. ¿Y al final cómo lo solucionasteis?
-          Tu padre vino a contarme que si me importaba hacer de cebo, ya que había colocado cámaras ocultas en su casa y Antonio estaba allí. Tras pensármelo un rato, accedí desesperada porque mientras estaba con ellos, me mandaba mensajes diciéndome que quería follarme el coño, el culo, hacerme esto y aquello… Es un cerdo asqueroso y quería terminar con todo eso de la forma que fuera, aunque eso conllevara una última violación.




Ainhoa se quedó pensativa un momento antes de continuar hablando.
-          No sabes las de veces que me acordaba de ti, Juan. Cuando me violaba y me pegaba, me besaba y me tocaba… Pensaba en ti y en cómo me gustaría que eso se acabase, estar contigo a salvo de cualquier cosa y sin tener miedo de que podía aparecer en cualquier momento…
-          Me cago en mi estampa. A ese tío lo mato.
-          ¡Ya está entre rejas! Y con las pruebas que hemos presentado seguro que se pasará mucho tiempo a la sombra. Tranquilo que todo ha pasado.
-          Y no sabes cuánto me alegro pero, a partir de ahora, pase lo que pase puedes contarme lo que quieras. Confía en mí porque si no lo haces, no podré ayudarte en lo que necesites.
-          Te prometo que lo haré. No te dejaré más al margen.




Ambos se abrazaron con ternura. Ainhoa estaba temblando después de contar todo aquello y los fuertes brazos de Juan la consolaban.
-          Estoy aquí contigo, mi cielo. Conmigo no te pasará nada. Estás a salvo mi amor, mi vida, mi tesoro…




Continuaron abrazados mientras se miraban a los ojos y ella le acariciaba la mejilla.
-          Te quiero grandullón. Te quiero, te quiero, te quiero… No te separes nunca de mí.
-          No, mi amor…




Y acto seguido, se unieron en un dulce y tierno beso que prosiguió durante bastante tiempo.




Esa noche se quedó Juan a dormir con ella y, abrazaditos los dos, se entregaron al mundo de los sueños.




Semanas después y con el final de año a la vuelta de la esquina, Marco invitó a la que era mujer de Antonio. Recibiéndola en la casa, la saludó con efusividad.
-          ¡Estela! Qué gusto me da verte. Cuánto tiempo, ¿no?
-          Demasiado, sí,-dijo ella con una amplia sonrisa-.




Aunque ya habían hablado por teléfono en varias ocasiones desde lo ocurrido, era la primera vez que se veían en persona después de mucho tiempo, por lo que se abrazaron efusivamente.
-          ¿Desde cuándo hacía que no nos veíamos?-preguntó él-.
-          Creo que desde la cena de Navidad de hace 3 años con Roberto, Francisco y José con sus respectivas mujeres, ¿no?
-          ¡Cierto! Madre mía, me acuerdo de esa cena… Qué bien nos lo pasamos.
-          Y qué feliz éramos. Ya no está Luisa, ni Francisco, ni…
-          Sentémonos,-indicó Marco a la vista de lo triste que se estaba tornando la conversación-.




Una vez ya sentados, era inevitable preguntarle a Estela por cómo estaba llevando su vida ahora.
-          Pues mejor de lo que creía. Antonio y yo llevábamos mucho tiempo durmiendo en cuartos distintos y haciendo vidas separadas, pero lo que no podía imaginarme era que mi marido fuera violando y extorsionando a chicas.
-          ¿Chicas?
-          Sí. En el juicio preliminar que hubo se presentaron las pruebas que vosotros obtuvisteis y los testimonios de un par de chicas que eran pacientes suyas del hospital. Al parecer era un depredador sexual y yo vivía con él…-dijo comenzando a emocionarse-.
-          Tranquila Estela, tú no sabías nada. Yo tampoco y tuvo que ser mi hijo Mateo quien me lo contara. Al principio no podía creérmelo, pero me enseñó capturas que había hecho una muchacha y ahí no hubo lugar a dudas.
-          Pobres chicas… Me gustaría pedirles perdón, aunque sé que eso no va a servir de nada pero… Me siento en la obligación. Ojalá pudiera enterarme de quiénes son algún día.




Mirando con ternura a Estela, sonrió levemente.
-          Tengo… contactos en la policía, así que podría mover unos cuantos hilos y concertar una cita.
-          ¿De veras?
-          Sí, no te prometo nada, pero mi hijo es muy prudente con esas cosas.
-          ¿Mateo es policía?
-          No, mi hijo Juan. ¿No sabías nada de él?
-          Ah sí, algo me comentó una vez Antonio, pero nunca me enteré muy bien del tema.




Marco comenzó a contarle todo lo ocurrido con Juan y su madre y Estela se sorprendió, pero se alegró grandemente.
-          Cuánto me alegro por ti, Marco. Yo me quedé con las ganas de tener un hijo… ¿Y cuándo te van a hacer abuelo a ti?
-          Ah, pues eso ya no depende de mí, porque mis dos hijos tienen pareja y Mateo vive en la misma casa con ella, así que… No he hablado con ellos de si tienen planes de boda o no.




La conversación continuaba entre aquellos viejos amigos mientras que, en otro punto de la ciudad, Esteban corría en la entrada del gimnasio porque creía haber visto a Fina dentro.




Efectivamente, era ella. ¡Qué suerte había tenido!
-          ¡Hola Fina!
-          Muy buenas Esteban. ¿A entrenar un poco?
-          Sí, pero quería hablar contigo de algo.
-          Uy, cuánto misterio.
-          En realidad no tanto jeje. Verás, como ahora cobro más que de teleoperador, he pensado en mudarme y como tu padre es agente inmobiliario…
-          Ah vale, ya sé a dónde quieres llegar. Quieres que te ayude a encontrar un buen precio, ¿no?
-          Porfa… Había pensado en el edificio donde vives, porque hay un piso libre según tengo entendido.




Fina accedió sin problema.
-          Tranquilo, déjalo en mi mano que mi padre hace pura magia.
-          Eres genial. Te debo una.
-          ¿Una? Será una detrás de otra, ¿no?
-          Uy, tú quieres que te dé una paliza entrenando, ¿no?




Mateo, a todo esto, salvaba el mundo de las llamas y poco a poco se hacía un hueco entre los bomberos de aquella ciudad.




Ainhoa, por su parte, se sacaba un sobresueldo limpiando la casa de Juan y la de Mateo aparte de ser portera y encargarse de todo aquello. Lo bueno era que habían instalado un porterillo nuevo y ahora tenía una especie de mando a distancia y, aunque estuviera en otra planta, podía ver quién llamaba y hablar con quien fuera.




Pasados dos meses, las cosas en el edificio habían cambiado bastante. Ahora Juan vivía en la casa de Ainhoa con ella, Mateo y Fina se fueron a la casa de la primera planta, ya que tenía más espacio y les resultaba un coñazo tener que estar subiendo y bajando las escaleras cada dos por tres. Por su parte, Esteban vivía ahora en la antigua casa de Juan y esa chica era… ¿quién era?




Tras entrenar, Esteban fue a casa para descansar cuando se encontró allí con aquella chica.
-          ¡Lucía! ¿Qué haces aquí?
-          Hola cariño. No soportaba quedarme sin verte hasta mañana… Necesitaba estar contigo.
-          ¿Y cómo has entrado?
-          Ah, le dije a la portera que era tu sobrina…
-          Joder Lucía, ¿no sabes que en este bloque vive Fina también? Si te ve aquí se van a enterar de que no lo eres.




Levantándose, la muchacha besó profundamente a Esteban.
-          ¿Y qué? Me queda un mes para cumplir los 18 y entonces no hará falta escondernos porque este año termino el bachillerato.
-          Lo sé, pero soy tu profesor y eso está prohibido.
-          Entonces… Este culito se quedará sin su premio hoy,-dijo la muchacha separándose lentamente-.




Esteban agarró el culo de la chica acercándola a él.
-          ¿Qué clase de embrujo tienes? Estoy loco por ti Lucía y sólo tienes 17.
-          El amor no entiende de edad. Te quiero Esteban,-dijo besando más profundamente al chico-.




Los besos y las caricias prosiguieron hasta el punto en el que Lucía le quitó la camiseta de Esteban y lo dejó completamente desnudo. Poco a poco se fueron yendo al dormitorio donde allí dieron rienda suelta a su amor.




Esteban era más cuidadoso que de costumbre. Con Lucía era dulce y hasta romántico, sin perder ese punto canalla que tanto le ponía a su alumna.
-          Sigue así Esteban. No pares mi vida. Dame todo tu amor…




Tras unas incansables horas de trabajo, Juan llegaba a casa.
-          Ya estoy en casa Ainhoa.
-          ¡Ahora salgo que estoy en el baño!-gritó a lo lejos la muchacha-.




Una vez que salió del baño, ambos se pusieron a comer pero Ainhoa terminó antes.
-          Sigo sin comprender cómo puedes tragar la comida tan rápido.
-          Será la costumbre de comer deprisa. Dame tu plato y así te lo recojo.




Pero Juan se negó.
-          De eso nada. Ya has trabajado suficiente hoy. Déjame a mí ahora que haga las cosas de la casa.
-          Eres un cielo. ¿Cómo te puedo querer tanto?
-          ¿Porque tal vez soy adorable?
-          Mira que eres tonto…-dijo Ainhoa sin evitar reírse al compás de su novio-.




A todo eso, Fina comenzaba a comer en su actual casa. Tenía tanta hambre que no pudo esperar a Mateo.




Entrando silenciosamente, Mateo vio que su novia estaba comiendo y la asustó.
-          Gracias por esperarme, cielo.
-          ¡COÑO! ¡QUÉ SUSTO!
-          Jajajajajajajaja, eso te pasa por no esperarme.
-          Jo, es que tenía mucha hambre…




Mateo se sirvió un poco de ensalada y comenzó a comer al lado de Fina, pero ella tenía la mente en otro lado.
-          Estoy preocupada por Esteban.
-          ¿Qué le pasa a ese?
-          Está raro en el colegio. Últimamente le noto que se echa más perfume, se cuida más…
-          ¿Y qué hay raro en eso?
-          Pues que hay una alumna que no para de rondarle y no me gusta un pelo lo que creo que está pasando.




Mirando a Fina, Mateo frunció el ceño.
-          ¿Tú crees que ellos dos…?
-          Tal vez, pero no estoy segura. La chica es de las mayores y yo no le doy clase, pero según me cuentan mis compañeros es una chica estudiosa y que no da problemas. Esteban al ser el profe de educación física tiene contacto con más alumnos que yo.
-          ¿Quieres que hable con él?
-          No, por Dios. Que si no sabrá que he sido yo quien te lo he contado. Ya lo averiguaré yo por mi cuenta.




Esteban era un ligón, pero Mateo no creía que su amigo fuera capaz de meter en su cama a una menor de edad y, además, siendo alumna suya. Aunque no le dijera nada, tendría que quedar con él y charlar por si le contaba algo…




Fina estaba preocupada por su amigo y compañero de trabajo. Era un buen profesor, pero no veía bien que metiera la polla en temas laborales. Él sabría lo que hacía, pero como amiga, era su deber aconsejarle si, finalmente, estaba con aquella adolescente.




CONTINUARÁ…