viernes, 16 de enero de 2015

Capítulo 7 de Manos Blancas

¡Hola a todos amigos! Estamos hoy aquí para publicar un nuevo capítulo, ¿tenéis ganas? Pues no esperéis más y leedlo porque aquí está jejeje. Nos vemos muy pronto =D

CAPÍTULO 7

La puerta se abrió y entró en el hall de entrada… Mitch. ¡Había vuelto después de tantos años! ¿Qué hacía otra vez allí?


Igashu y Mitch se miraron en silencio, de arriba abajo…


Y se abrazaron de repente.
-        Me alegra verte tío. Creí que nunca te iba a volver a ver.
-        Uh, te queda mucho Mitch todavía.


Ya separándose, se pusieron a hablar.
-        ¿Qué haces aquí otra vez Mitch?
-        Pues que un día hablando con Mohamed, le pregunté lo que tenía pensado hacer conmigo, así que      me dijo que quería que fuera a la mejor universidad de Norteamérica y sacarme una carrera. Así          que le dije que me mandara de nuevo aquí para terminar mis estudios y poder hacerme a la vida          americana de nuevo.
-        ¿Y te dejó venirte así sin más?
-        Le costó un poco, pero al final me dejó. Sobre todo no se atrevía a mandarme porque como                  todavía tengo 15 y tal, pues por la cuestión de ser menor de edad y hacer un viaje tan largo, pero          bueno, ya estoy aquí.


Igashu escuchaba atentamente a su amigo ante la mirada de Asia y Andrea.
-        Entonces, ya vas a empezar directamente el bachillerato, ¿no?
-        Sí, porque yo ya he terminado la E.S.O.
-        A mí me queda muy poco para terminar y empiezo el bachillerato.
-        Pues ya sabes, aplícate.


Mitch parecía haber cambiado bastante en todos esos años. La educación que le habían dado y el cambiar de lugar y estar en una familia donde lo trataban como un rey, todo eso influyó.


Igashu mientras hablaba con Mitch se le ocurrió una idea.
-        Tengo que hacerlo, porque me tienen presionado a exámenes, trabajos e historias de esas.
-        Te comprendo, yo he estado igual y es un coñazo.
-        Oye, ya que has terminado, ¿me podrías ayudar?
-        Sí, cuenta con ello.
-        ¿Vamos arriba a nuestro cuarto?


Igashu tenía de nuevo compañía en aquel sitio que había sido siempre su casa y qué mejor que tener de vuelta a su gran amigo Mitch. Ya con 15 años que contaba, sus rasgos indios estaban más que marcados.


En cambio, Mitch seguía igual físicamente. Había crecido y tenía cara de más hombre pero sus rasgos seguían idénticos. Apenas se le notaba el cambio.


Los jóvenes subieron al cuarto nuevo que tenían, ya no era tan infantil como antes, sino decorado más con la edad que tenían.
Cuando llegaron allí se tumbaron en la cama y se pusieron a hablar sobre cómo había sido su vida allí.


Igashu le preguntaba animado sobre muchas cosas. Quería conocer todo lo que había hecho su amigo mientras estaba fuera.
-        ¿Y allí ligaste?
-        Mira, no me hacía falta ligar. Mohamed me ofrecía sus hijas para que me las follara.
-        Pero si son tus hermanas cabrón.
-        No de sangre, así que podía hacer lo que quería con ellas. Mira, desde hace 2 años he estado con
     todas y cada una de ellas y a cada cual más buena.
-        Te trataba como un marajá vaya.


Mitch sonreía recordando sus experiencias.
-        Me ha cuidado demasiado bien. Nunca me ha faltado de nada como me dijo cuando me adoptó y        es cierto. Además, antes de venir aquí me abrió una cuenta y me ha metido varios millones para          que pueda utilizarlos como me dé la gana.
-        Hijo de puta. Estás hecho todo un cabrón. Cómo te envidio…
-        Anda, no tienes por qué preocuparte. Ahora estamos juntos y todo lo mío es tuyo, así que                    bienvenido a la familia.
-        Gracias Mitch. Oye, se me ha ocurrido una idea.
-        Dime.
-        ¿Salimos fuera y te enseño cómo está la Reserva?


La idea los entusiasmó, así que Igashu fue a pedirle permiso a Andrea.
-        ¿Podemos? Venga, por favor.
-        Vale, pero estad aquí antes de la cena, ¿de acuerdo?
-        Sí, estaremos aquí.
-        Anda, marchaos y tened mucho cuidado. No me hagáis locuras.
-        Que no, sabemos cuidarnos nosotros mismos.


Asia los despidió en la entrada.
-        Chicos, tened cuidado y no hagáis tonterías.
-        No Asia,-contestó Igashu-. Nos llevamos a Wolf también y así lo paseamos, ¿ok?


Salieron juntos con Wolf para que así hiciera sus necesidades y correteara un poco mientras Igashu le enseñaba lo nuevo de la Reserva.


Se fueron a un parque que habían hecho no hacía mucho tiempo y ahí se pusieron a hablar.
-        Oye, ¿qué fue de Ari?
-        Tiempo después de que tú te fueras, a ella la adoptaron también, así que después de eso, como             pasaron meses y no había actividad, tuvieron que cerrar el orfanato y cuando me iban a llevar a           otro, Asia y Andrea crearon lo que es ahora, un centro de internamiento para jóvenes con                     problemas y tal.
-        Ah, y después del cambio, ¿cómo fueron las cosas?
-        Mejor… o peor, según se mire. Comenzaron a venir chicos y chicas rebeldes, destrozando la casa,      la policía se ha hecho amiga nuestra vaya.


Mitch estaba sorprendido.
-        Joder, qué asco de gente.
-        Y bueno, ahora hay una chica viviendo con nosotros.
-        ¿Ah sí? ¿Y por qué no ha aparecido?
-        Porque no sabía que vienes, además, no puede salir del reformatorio.
-        La madre que te parió, quién sería, yo ya haciéndome ilusiones y tú me gastas esa broma.
-        Jajaja, no creo que te gustaría o sí, dependiendo del mal gusto que tengas con las mujeres.
-        Mira chaval, que yo siempre escojo lo mejor del mercado.
-        No presumas tanto y ven conmigo.


Igashu llevó a Mitch al parque de bomberos, sacó de un arbusto varios espráis y le dio uno a su amigo recién llegado.
-        A pintar se ha dicho.
-        Ala, esta faceta tuya no la conocía yo Igashu.
-        He cambiado mucho. Me han enseñado muchas cosas desde que no estás.

De repente, una cabeza se asomó por el cristal y se puso a gritar. Los chicos salieron pitando de allí junto con Wolf, que corría detrás de ellos siguiéndoles.


Corriendo llegaron hasta un pequeño lago.
-        Guau, este sitio no lo conocía.
-        Es mi rincón Mitch, aquí es donde pesco y me relajo cuando estoy enfadado.
-        Pues me gusta mucho. ¿Pescamos algo?
-        Venga, ayúdame. Mira, coge varias piedras y tíralas a esa zona de allí, así los peces vienen hacia         aquí y pican más rápido.


Como una hora después, los chicos se fueron y llegaron a su domicilio de nuevo.
-        Andrea, ya estamos aquí,-dijo Mitch-. ¿Te ayudamos en algo?
-        No chicos, no os preocupéis. Sentaos que dentro de poquito estará la cena.


Dicho y hecho. Al cabo de unos 10 minutos estaba la cena lista y servida, así que todos se pusieron a comer.
-        Hummm, cómo echaba de menos tu comida Andrea. Esto es un manjar para los dioses.
-        ¿No te gustaba la comida de allí o qué?
-        Estaba buena, pero prefiero cenar macarrones con queso que ensalada de puercoespín con lechuga      y tomate.


Tras la vuelta de Mitch, ¿cómo irían las cosas en la antigua Hacienda?

CONTINUARÁ…