jueves, 16 de agosto de 2018

The Jungle || Capítulo 17


Tras pasar todo el día en el hotel, la familia regresó a casa y Rita se metió en la ducha para despejarse y quitarse la suciedad y el cloro que tenía en el cuerpo.




Los primos Guengue y Kevin se pusieron a ver la tele mientras tanto.
-          ¿Qué coño estás viendo Guengue?-preguntó Kevin-.
-          La teletienda. Salen cosas muy chulas aquí.
-          Anda hombre, quita eso y pon los deportes jajaja.




Y las hermanas Isabel y Rosa veían la tele en su dormitorio.
-          Esta serie es la caña, ¿cómo se llama Isabel?
-          No tengo ni idea, pero me encanta.




Fausto preparaba la cena para todos.
-          ¿Quieres que te ayude?-se ofrecía Endaya-.
-          No gracias, con que te sientes es más que suficiente cariño.




Y un rato más tarde, ya después de que Rita saliera de la ducha, salió en busca de Hugo que, justo en ese momento, acababa de llegar.
-          ¿Se puede saber dónde estabas, Hugo?
-          Perdón cielo, pero comí tanto que me puse malo de la tripa y acabé vomitando en el baño.
-          ¡Ay! ¿Estás bien?
-          Sí, ya sí. Nada como echarlo todo para quedarse como nuevo.




Acercándose a él, Rita comenzó a besarlo apasionadamente.
-          No quiero que te pase nada. Yo sin ti… Me moriría.
-          No me voy a ir de tu lado. Nunca.
-          Ven… Te has ganado un premio.




Agarrándolo de la mano, Rita subió hasta el primer piso y entró en su dormitorio y allí dio rienda suelta a la pasión que la estaba recorriendo en su interior.




Un rato después, Rita se había quedado profundamente dormida y Hugo, tras sentir un pequeño pinchazo en el estómago, se levantó para ir al baño sin despertar a su mujer.




En ese momento, Rosa creyó escuchar un golpe que la sobresaltó.
-          ¿Has escuchado eso?-preguntó la adolescente-.
-          ¿El qué?
-          He escuchado un ruido.
-          Habrá sido la tele, no te alarmes.
-          Voy a ir a mirar…




Y nada más entrar en el baño, se encontró a Hugo tirado en el suelo. Quedándose inmóvil, sólo pudo ponerse a gritar como una histérica en ese momento.




Acudiendo todos en masa, comenzaron a preguntarle a la chiquilla por qué había gritado. Pero ella, muy nerviosa y sin parar de moverse, miró a su padre y señaló el baño.




Nada más entrar, el móvil de Fausto comenzó a llamar y al ver que era del gerente del hotel, atendió la llamada.
-          Fausto, necesito hablar contigo.
-          Ahora mismo no puedo hablar, que tengo una situación complicada en casa, luego te llamo.




Tocando a Hugo, pudo comprobar que no tenía pulso y que las pupilas estaban más dilatadas de la cuenta, pero cuando iba a darle la vuelta, el teléfono volvió a sonar.




Cogiendo el móvil, ya bastante más cabreado que antes, descolgó.
-          ¿Se puede saber qué coño es tan importante como para que me vuelvas a molestar?
-          ¡Ha muerto un cliente!
-          ¡¿QUÉ?!
-          Ha aparecido flotando en la piscina y las autoridades están aquí y han cerrado el hotel. Necesitamos que vengas…
-          ¿Esto es una broma? Acabamos de encontrar muerto al marido de mi ex-cuñada.




Saliendo del baño, Fausto miró a sus hijos y le negó con la cabeza, haciéndole entender que Hugo había muerto. Luego, dirigiéndose a su sobrino, le dijo que avisara a su madre de la noticia, ya que aún estaba en su dormitorio.




Kevin entró despacio, apenas se atrevía a mirar a su madre sin pensar en que su marido había muerto. Notaba un gran nudo en la garganta que le hacía temblar la voz.
-          Mamá… ¿Estás despierta?
-          Mmmm, sí, ¿qué ha pasado? He escuchado un grito…
-          Verás… Es que…
-          ¿Y Hugo? ¿Dónde está?
-         
-          ¿Y Hugo? Kevin… ¿Ha pasado algo con él?
-          Mamá, Hugo ha… ha muerto.




Sin moverse de esa posición, la expresión de dolor de Rita era terrible. Hacía unos escasos minutos que había estado con ella, haciendo el amor, besándola, ¿y ahora estaba muerto? ¿Por qué la vida la castigaba quitándole al amor de su vida?




Fausto tuvo que irse al hotel para intentar solucionar el tema. Avisando a las autoridades del fallecimiento de Hugo y constatando que había estado comiendo en el comedor a la misma hora que el fallecido del hotel, echaron el cerrojo al hotel hasta que el caso se solucionara. ¿Habría sido una contaminación de la comida? Era la principal hipótesis.




En casa, la familia fue a velar el cuerpo de Hugo, pero Rita no quiso moverse de su dormitorio y Kevin quiso quedarse para hacerle compañía. Su madre no permitió que su hijo entrara en el dormitorio, así que se sentó en el sofá pensando en los castigos que estaba recibiendo su familia. Primero su padre, volviéndose loco y convirtiéndose en un asesino. Luego se suicida Paola y ahora muere Hugo en extrañas circunstancias… ¿Por qué les estaba ocurriendo a ellos todo eso?




Pero Rita no podía aguantar y si ya le había costado seguir adelante cuando supo del fallecimiento de su hija, ahora que Hugo había muerto, no tenía mucho más por lo que luchar. Kevin tenía la vida hecha, estaba arropado por el resto de la familia y ella… Ahora ella no tenía nada. Así que, subiendo a la terraza del último piso, se dejó caer, precipitándose sin remedio hasta el suelo.




El impacto sonó tan fuerte como cuando Kevin anunció la muerte de su madre. La familia se quedó destrozada, sumida en un mar de lágrimas y escalofríos por los nefastos acontecimientos.




Y un par de días después, fue el entierro de ambos. En vida, habían dicho que querían ser enterrados en la isla y juntos, el uno al lado del otro y así hicieron. Aunque el viejo poblado estaba cerrado al público, los miembros de la familia fallecidos seguían allí, así que enterraron a Hugo y a Rita junto a ellos.




Fausto no había abierto la boca en dos días. Estaba tremendamente serio. Endaya conocía su dolor y que él llevaba la procesión por dentro, como se suele decir.




Kevin era el que ahora no podía salir del que era dormitorio de su madre. ¿Por qué lo había dejado sólo? Se preguntaba una y otra vez. Ahora que el hotel estaba cerrado y no tenía ni a su hermana ni a su madre, ¿qué le quedaba? Pero no, él no se veía con el valor de suicidarse como hicieran las mujeres de su familia.




Escuchando el timbre de la puerta, Fausto se levantó en completo silencio y se dirigió para ver quién era.
-          Voy a abrir.




Isabel consolaba a Rosa, que seguía sin comprender lo que había hecho su familia para merecer todo el daño que estaba sufriendo en tan poco tiempo. ¿Por qué nunca se merecían ser completamente felices?




Y en la puerta aguardaba un hombre, esperando a que alguien le abriera la puerta… ¿Quién sería? ¿Qué querría?




CONTINUARÁ…