lunes, 12 de febrero de 2018

Capítulo 22 de "The Shadow"

CAPÍTULO 22
Final

Kevin entró en completo silencio y cerró la puerta de tal forma que no hubo ningún ruido.



Vladimir estaba en su despacho poniendo en forma… su brazo derecho mientras veía páginas no muy recomendables para el público infantil.



A los pocos minutos, salió “muy contento” de allí con dirección a su dormitorio mientras que Kevin acechaba y vigilaba desde las sombras de la noche.



Cuando llegó a su cuarto, Vladimir se sentó en una de sus mecedoras frente al fuego de la chimenea que calentaba toda la habitación. Tranquilamente miraba el fuego, se mecía y pensaba en sus cosas.



Kevin esperó unos minutos antes de subir al piso superior. Lentamente subía cada peldaño haciendo el menor ruido posible. La Sombra estaba volviendo a aparecer y él estaba alucinando al poder ver con sus propios ojos la habilidad innata que tenía gracias a la unión de ambas personalidades.



Después de mecerse tanto, Vladimir se quedó dormido y los ronquidos llegaron a oídos de Kevin.



Entrando en la habitación muy despacio, se colocó detrás de él, de forma que le colocó rápidamente un brazo alrededor del cuello y el otro encima de la boca para que no se oyeran sus gritos.



Después de reducirlo, lo esposó y lo tiró al suelo. Vladimir en cuanto vio que era La Sombra dejó de resistirse.
-          Sabía que tarde o temprano llegarías a mí,-sentenció Vladimir-.
-          Y si ya te lo esperabas, ¿por qué no te entregaste?
-          Porque no quería quedar como un criminal delante de mi hija…
-          Vladimir, es que eres un criminal,-dijo con esa voz tan característica que sólo ponía La Sombra y que, ahora, podía poner Kevin también-. Imagina la cara que pondrá tu hija en cuanto te lleven esposado hacia comisaría. Pobre chica…



Vladimir se encontraba abatido y sin ganas de oponer resistencia. Sabía que La Sombra tendría todas las de ganar.



Kevin se agachó poniéndose a la misma altura que su suegro. Éste, levantó la mirada y le preguntó a La Sombra…
-          ¿Qué vas a hacer conmigo?
-          Entregarte a la policía cuando sea necesario.
-          ¿Cuando sea necesario? ¿Qué pretendes hacerme?
-          Nada que no haya hecho ya antes.
-          Si quieres pegarme una paliza adelante, pero eso no dejará muy buena imagen de ti en la sociedad.
-          ¿Te crees que todo se soluciona con violencia? Ay Vladimir, con todo lo viejo que eres y lo que te queda por aprender.
-          ¿Entonces qué quieres hacer conmigo?
-          ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué atentaste contra la vida de Kevin?



Vladimir miró fijamente a los ojos de La Sombra con una expresión dura.
-          ¡Es un puto yanqui! No quería ni sigo queriendo que mi hija comparta su preciada vida con un puerco americano. Los rusos somos mejores, hemos sufrido y pasado más penalidades que ellos. ¡No se merecía vivir! Y ojalá ese malnacido hubiera acertado aquel día. Habría sido el más feliz de mi vida… Y no que ahora me encuentro aquí, esposado en mi propia casa confesando un crimen a un tío que se tapa la cara porque es un sucio cobarde.
-          Gracias Vladimir. Esta confesión servirá para meterte en la cárcel para siempre. ¿Un saludo para la grabadora? ¡Ah! Y sobre mi cara…-dijo Kevin apagando la grabadora y quitándose la máscara-.



La expresión de Vladimir cambió por completo cuando vio que La Sombra era, en realidad, Kevin.
-          ¿Tú? ¿Tú has sido siempre La Sombra?
-          Se podría decir que sí. Te doy las gracias, suegro, por haberme “dado” este maravilloso don. Gracias a esto, la criminalidad ha bajado y gente tan perversa como tú se está pudriendo ya en la cárcel. Si vieras al pobre Eristof la cara que tenía cuando me sopló que fuiste tú el que organizó todo… ¿Qué pensará cuando se entere de que te he pillado?
-          Serás…-dijo yéndose hacia él-.
-          Ah, ah, ah… Quieto parado,-dijo Kevin haciéndole una llave que, de seguir así, le acabaría rompiendo el brazo-.



Ante la continua queja de Vladimir, Kevin lo soltó. Aun recuperándose del dolor que seguía teniendo en el brazo, Kevin le propinó un puñetazo que dejó casi inconsciente a su suegro. Después, un leve empujón hizo que cayera el cuerpo de Vladimir sobre la cama.



Kevin no podía estar más feliz. Le había sonsacado la confesión y, aunque tuviera los mejores abogados del mundo, nada podían hacer ante una confesión directa del propio Vladimir.



Dejándolo esposado a la cama, bajó hasta el salón y llamó a la policía para que vinieran a llevárselo.



Una hora después, Kevin llegaba a casa y se encontraba a Paulova dormida. Seguramente se habría dormido esperando a Kevin.



Se tumbó con sumo cuidado a su lado y miró la suave respiración que tenía justo antes de moverse un poco.
-          ¿Kevin? ¿Eres tú?-preguntó con voz de dormida-.
-          Sí cariño, soy yo. Sigue durmiendo.
-          ¿Por qué llegas tan tarde?
-          Tenía cosas que hacer…



Paulova se desperezó y se incorporó en la cama.
-          ¿Qué cosas?
-          ¿Recuerdas que prometí no tener secretos contigo?
-          Sí…
-          Pues verás, lo que te voy a explicar es largo y te costará entenderlo, pero intenta hacerlo, ¿de acuerdo?
-          Me estás asustando…
-          Cariño… Yo soy La Sombra.



La cara de Paulova se quedó igual. Parecía no haber escuchado nada de lo que le acababa de decir Kevin.
-          ¿Perdona? ¿Esto es una broma? ¿Dónde están las cámaras?
-          Cielo, cielo… No es ninguna broma. Lo que te voy a contar ahora lo puede corroborar Walcott, así que créeme, por favor. Todo comenzó…



Kevin comenzó con el relato de cómo llegó a ser La Sombra y cómo comenzó a ayudar hasta conseguir unir a La Sombra y a Kevin en un solo ser.
-          Vaya… No sé lo que decir Kevin. ¿En serio eres tú La Sombra?
-          Sí, eso parece… Y hay más. ¿Te acuerdas lo que te comenté sobre tu padre?
-          Sí, que me dijiste que estaba implicado y no te creí.
-          Pues, muy a mi pesar, tengo pruebas de que lo hizo.
-          ¿Qué pruebas?
-          Su confesión…



Kevin sacó la grabadora y la colocó al lado de su mujer una vez que inició el audio.



Paulova estaba alucinando mientras escuchaba a su padre afirmar que había sido él el que organizó todo aquello. ¡Menudo miserable era!



Paulova, aún con lágrimas en los ojos, se levantó y besó a Kevin.
-          Siento haber dudado de ti y perdóname por todo el daño que te haya podido hacer mi familia. Te amo y te amaré siempre. ¿Lo sabes?
-          Sí, mi vida. Yo también te amo y lo haré hasta el día que me muera. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, sin lugar a dudas.



Mes y medio más tarde, Kevin llegaba a casa después de hacer un poco de footing.
-          ¡Hola cariño! ¿Qué tal en casa?
-          Muy bien. Hoy ha salido en las noticias que el compañero de celda de mi padre ha pedido el cambio porque no aguantaba más insultos de él y al parecer le van a poner con Eristof.
-          Ostras… Pues desde que le conté que fue él el que delató a tu padre no se pueden ni ver.
-          Pues mira, que les den. A los dos. Se lo tienen muy merecido por todo el daño que nos han causado, pero eso ya se acabó.



Paulova se levantó y miró con una sonrisa de oreja a oreja a Kevin.
-          ¿Y esa felicidad?
-          Pues que de ahora en adelante vamos a tener que estar pendientes de… alguien más. Kevin… ¡estoy embarazada!



La alegría se dibujó completamente en la cara de Kevin que no podía creérselo.
-          ¿De verdad? No juegues con eso porque…
-          ¡Sí!-dijo interrumpiéndolo-. Llevo ya 2 faltas…
-          Ay Dios. ¡Soy el hombre más feliz del mundo!



En ese momento acarició leventemente el vientre de su esposa.
-          Hijo mío.
-          O hija.
-          Sí, venga lo que venga, te prometo que seré el mejor padre que haya existido nunca en la faz de la tierra.
-          Estoy segura. Me he casado con el mejor hombre que había…



Kevin abrazó a su esposa y, con cuidado, la echó hacia atrás para darle un beso al estilo Hollywood.



El amor estaba más en el aire que nunca y, desde ese momento, sus vidas ya estarían dedicadas en cuerpo y alma a la criatura que venía en camino. ¿Qué les depararía en la vida a partir de ahora? Os aseguro que felicidad plena y un amor inconmensurable.



FIN