jueves, 26 de marzo de 2020

Capítulo 12 || Líos

En el interior de la casa, Emma intentaba no parecer tan atemorizada y comenzó a insultar a Nathan.
- ¡Eres un hijo de puta! ¿Te crees que hablando conmigo te voy a perdonar por haberme puesto los cuernos con dos tías? No una, sino ¡dos tías a la vez! Eres un cerdo asqueroso Nathan, ¡te odio!
- Pero escúchame Emma, lo que surgió entre nosotros fue inesperado y te juro que quería dejarlo con Sandra, pero ya sabes cómo son las chicas de 18 años y no sabía aceptar un no por respuesta.
- ¡¿Y qué me dices de la otra?! ¿Fiona era? Sí, Fiona. ¿Con ella tampoco te acostabas?


 Entrando en ese momento en la casa, Barry agarró del jersey a Nathan y tiró de él para atrás justo en el momento cuando Emma le estaba diciendo a Nathan lo de Fiona.
- ¿Qué coño está pasando aquí?
- Nada-contestó Nathan soltándose de Barry y colocándose bien la ropa-.


 Colocándose frente a Emma, Barry comenzó a enfrentarse a Nathan.
- Me temo que esos gritos dicen lo contrario. ¿Quién cojones es usted y por qué está gritando Emma?
- Este hijo de puta es mi ex y no sabe captar que NO QUIERO VOLVER A VERLO EN SU VIDA,-dijo Emma alzando la voz de nuevo-.
- Venga, váyase ahora mismo,-le recomendó Barry a Nathan, quien seguía quieto en su sitio-.
- He dicho que me va a escuchar esta vez sí o sí y me da igual quién se ponga en mi camino.
- Pero resulta que tanto a mí ni a Emma no nos da igual así que si no se va tendré que echarle a patadas de aquí.
- Emma,-dijo Nathan ignorando a Barry-, Fiona es sólo una fulana y Sandra una niñata que se encaprichó de mí y yo no soy de piedra, me sedujeron y caí. Sé que no te merecías lo que te hice pero…-llegó a decir Nathan justo antes de recibir un fuerte empujón de Barry que casi lo tira al suelo-.


 Dándose media vuelta, Nathan le echó una terrible miraba a Barry justo antes de irse.
- Y más te vale que no te vea merodear por aquí o la próxima vez no tendrás tanta suerte,-dijo Barry ante el silencio de Nathan-.


 Barry no sabía de qué iba el tema, pero lo único de lo que se había enterado era de que ese tío era un ex-novio de su vecina y de que había escuchado el nombre de Fiona en la conversación. Tal vez se tratase de otra Fiona pero dado que no era un nombre muy común… 


 Volviendo a la casa tras cerciorarse de que Nathan se había marchado, Barry miró la puerta y supo que habría que llamar al casero.
- Esa puerta no cierra, así que habrá que decírselo al casero.
- Gracias por… venir en mi ayuda.
- No hay de qué Emma. Me asusté al escuchar ese grito tan fuerte llamándome. ¿Te ha hecho algo?
- No, ni siquiera me ha llegado a tocar pero es que… Oh, sólo de recordarlo me dan ganas de vomitar.


 Sin atreverse demasiado, Barry seguía teniendo en mente que el nombre de Fiona se había nombrado y la curiosidad le podía.
- Si no es mucho preguntar… ¿Qué pasó para que esto haya sucedido?
- Ese hijo de su madre, porque no tiene otro nombre, me contrató para una empresa que había montado él con tres amigos y pues nos caímos muy bien y me sedujo. Comenzamos a salir y todo iba muy bien hasta que la cosa comenzó a cambiar. Se mostraba frío e indiferente conmigo, me ignoraba…


 Barry estaba escuchando la historia atentamente y ya, sin haberlo escuchado, se imaginaba que saldría la palabra cuernos por algún lado.
- Un día pillé discutiendo a Nathan con uno de sus amigos y lo pillé diciéndole a su amigo que ni se le ocurriera mencionar a Sandra o a Fiona en ningún momento. Bueno, como si conocieses a alguna de ellas. Total que un día fui a la casa de Nathan para hablar con él y lo pillo con la tal Sandra diciéndole que está embarazada y él le coge y le dice que qué estupendo todo y que se queda con ella.
- Joder… Entonces, ¿ese que se acaba de ir empezó a salir contigo estando con esa tal Sandra?
- Eso parece. Lo que no sé es si la otra también se la estaba follando o no.
- Fiona, ¿cierto?
- Exacto, esa misma.
- Es que verás… Mis padres acaban de separarse y desde hace poco mi padre está saliendo con una tía que justamente se llama Fiona. No sé si será la casualidad de que las dos mujeres se llamen igual, pero no es que sea un nombre muy común como María, Lola o alguno de esos.


 Acordándose de algo, Barry le hizo una pregunta a Emma.
- ¿Tú le dijiste a él o a alguien de su círculo dónde estabas?
- No, esa es la cosa, que no sé cómo cojones me ha podido descubrir porque los únicos que lo saben son mis hermanos y ninguno de ellos se habla con Nathan.
- A ver, te podrá sonar muy descabellado pero creo que tu Fiona y la mía son la misma mujer.
- ¿Estás seguro?
- ¿Te acuerdas de la mujer que vino no hace mucho y que me estaba buscando y llamó aquí primero?
- Sí, por supuesto.
- ¡Esa es Fiona! ¿Y si ella no sabía que tú vivías aquí y por casualidad lo descubrió y se lo dijo a tu ex?


 En ese momento, Emma se llevó las manos a la boca. Todo lo que Barry le había dicho le cuadraba perfectamente.
- Claro, ahora me explico que Nathan sepa donde vivo y que ninguno de los que conocemos se lo haya dicho. O sea, que esa zorra que vino el otro día es Fiona…
- ¿Tú no la conocías?
- En persona no. A quién he visto es a esa Sandra, la que está embarazada de mi ex, vaya. Que me imagino que esa es otra que no tendrá ni idea de lo que hace su querido y amado Nathan.
- Y quien tampoco sabe nada de esto es mi padre.
- ¿Tu padre?-preguntó extrañada Emma-.
- Si es cierto todo lo que hemos dicho, que eso parece porque todo concuerda, Fiona se estaba acostando con Nathan cuando conoció a mi padre y se encaprichó de él, así que puede ser que durante todo este tiempo haya estado jugando a dos bandas con mi padre y con tu ex.


 Quedándose un momento en silencio, a Barry le cuadraban todas las piezas del rompecabezas.
- Puede ser, yo eso ya no lo sé Barry…-le dijo Emma con voz calmada-.
- Tengo que hablar con mi padre y tengo que hacerlo ya,-dijo comenzando a iniciar el rumbo hacia su casa-.
- Siento todos los problemas que he podido causar…
- Tú no tienes culpa de nada Emma, es más, te lo agradezco si todo esto ayuda a esclarecer el tema. Otra cosa… Como tu puerta no cierra, quédate en mi casa hasta que venga un cerrajero y te arregle el destrozo que ha hecho tu ex.
- ¿Me lo dices en serio?
- Claro, al fin y al cabo nuestros apartamentos son iguales. No creo que te vayas a perder. Eso sí, no se te olvide llamar al casero y decirle que… Han intentado entrar para robar. No le digas que ha sido un ex tuyo porque puede echarte de aquí.


 Tras acomodar a Emma en casa de Barry, éste recogió lo esencial y se fue a ver a su padre a la casa de Fiona. Durante todo el trayecto, estuvo cruzando los dedos para que Fiona estuviera presente y pedirle explicaciones.
- Hola papá, ¿qué tal?
- Hijo, qué alegría me diste cuando recibí tu mensaje de que venías a verme. Pasa, pasa.


 Padre e hijo se dieron un fuerte abrazo apenas cruzaron el umbral de la puerta. Conrad echaba de menos a su hijo y Barry sabía que, si todo lo que acababa de descubrir era cierto, podría destrozar a su padre.


 Pasando al salón, Conrad le preguntó a su hijo sobre cómo era la casa y que tenía ganas de verla.
- Creí que vendrías con Fiona cuando se pasó a visitarme hace unos días, pero me dijo que habías ido a recoger unas cosas en casa de mamá.
- ¿Que yo qué? Yo no he ido a recoger nada a casa de tu madre, Barry.
- ¿Cómo que no? Si me lo dijo ella después de que tú me preguntases por WhatsApp y yo te mandase la dirección de mi casa.
- Barry, te prometo que yo no te he pedido tu dirección en ningún momento.
- ¿Estás seguro?
- A ver, creo que sí… Puedo estar trascordado pero creo que no te pregunté eso.
- Entonces ha tenido que ser Fiona la que cogió su móvil y se hizo pasar por ti.
- ¿Y para qué haría Fiona eso?-preguntó Conrad extrañado-.


 Barry entonces comenzó a contarle a su padre lo que había sucedido ese mismo día en casa de su vecina.
- Cuando escuché que gritaba mi nombre a pleno pulmón, corrí a ver qué le ocurría y descubrí que un hombre había entrado en su casa y que decía que quería hablar con ella.
- ¿Y qué pasó? ¿Tuviste que intervenir?
- Le empujé justo cuando le decía a mi vecina que, aunque él le pusiera los cuernos, Fiona era solamente una fulana y Sandra una niñata caprichosa o algo así.
- Un momento,-dijo Conrad interviniendo-, ¿has dicho Fiona?
- Sí papá, Fiona.
- Coño, qué coincidencia. Mira que hay pocas mujeres que se llamen así y justamente tu vecina conoce a una que se llama también Fiona.
- Papá, creo que estamos hablando de la misma mujer porque...-comenzó a decir antes de ser interrumpido-.
- No, imposible Barry. Debes estar confundido.
- Papá, déjame hablar y explicarte todo, por favor. Te estaba diciendo que creo que es la misma mujer porque, si te pones a pensar, ¿cómo pudo encontrar mi casa Fiona si no se hubiera hecho pasar por ti? Y justo cuando llegó, descubrió que mi vecina era la ex-novia de su amante y con el que se seguía viendo.


 Conforme Barry iba hablando, a Conrad se le habría más y más la boca hasta un punto en el que se la tuvo que tapar porque todo lo que su hijo iba relatando cobraba cada vez más sentido.
- ¿No ves que todo cuadra, papá? Lo que no sé es el motivo por el que vino a verme Fiona.
- Creo...-dijo Conrad con apenas un hilo de voz-, que sé por qué fue a verte…
- ¿Por qué?-preguntó intrigado-.
- Hace no mucho me comentó que cómo nos íbamos a mantener si ahora tú ya no te dedicabas a lo que hacías antes y le dije que no había problema porque había dinero suficiente entre el de ella y el que tú me habías dado. Y tal vez por ese afán de… ¿tener más dinero? No sé, se hizo pasar por mí para verte.
- ¿Y que quería sacar de eso? ¿Engatusarme tal vez?


 Barry se quedó en completo silencio procesando toda la información que tenía en su cabeza en ese preciso momento mientras que no le quitaba ojo a su padre, quien se estaba derrumbando poco a poco.


 Conrad se sentía estafado y engañado. Había confiado en una mujer a la que acababa de conocer porque su matrimonio ya no funcionaba y es que, si lo pensaba bien, ¿por qué no había ido bien su matrimonio? No era por culpa del sexo o de sus problemas de virilidad, sino eran problemas de autoestima por su parte, no por la de Linda. Tenía que ser sincero consigo mismo y desde que le llegó la edad de la jubilación, Conrad se había sentido un estorbo en la casa. Se sentía que no podía aportar nada positivo y por esa razón se deprimió y la pagó con Barry y con la pobre Linda, quien tenía que sufrir sus malos gestos y sus malas palabras día sí y día también. Pero eso no iba a quedar así…


 Respirando hondo, Conrad miró con decisión a su hijo y comenzó a hablar.
- Barry, vamos a hacer varias cosas. Lo primero va a ser recoger mis cosas y eso lo vas a hacer tú. Te vas a ir al piso de arriba y entrando en la primera puerta que ves, debajo de la cama está la maleta. Ya sabes cuáles son mis cosas.
- Vale ¿y qué vas a hacer tú mientras tanto?
- Escribirle una nota tan dura a Fiona que el Apocalipsis va a parecer un cuento infantil a su lado.
- ¿Y qué haremos cuando recoja tus cosas?


 Tras cerciorarse bien de que no se dejaban nada en casa de Fiona, Conrad le dejó la nota sobre la cama y se fue junto con Barry hacia la casa donde vivía Linda con la esperanza de que, aunque estuvieran separados, ambos pudieran compartir el mismo techo.
- Quedamos en eso papá, yo entro primero y tú te quedas fuera esperando hasta que yo te lo diga, ¿vale?
- Sí, está bien, pero corre. Que me muero de nervios por saber si puedo volver o no…
- Después de lo mal que se lo has hecho pasar a mamá y mírate, pareces tú el adolescente con esos nervios. Si te acepta, ten en cuenta que no te la mereces de lo buena que es.
- Lo sé hijo…  


 Entrando en la casa, Barry fue hacia el salón y allí se encontró a su madre como siempre salvo en un par de diferencias: la tele estaba apagada y ella tenía una expresión seria justo antes de percatarse de la presencia de su hijo.


 Levantándose de un salto, Linda corrió a abrazar a Barry.
- ¡Qué sorpresa más buena me da verte aquí! ¿Cómo te ha dado por visitar a tu anciana madre?
- Anda ya, anciana dice… ¿Qué ocurre? ¿Tiene que haber un motivo para verte? ¿No puede ser que te echo de menos?


 Separándose, Linda miró los ojos de su hijo y, como leyéndole el pensamiento, comenzó a hablar.
- Barry, ¿qué pasa? Esa mirada tuya…
- Es papá. Acabo de hablar con él y no está pasando por un buen momento y me da pena.
- ¿Le ha pasado algo malo?
- Tranquila que no es nada respecto a la salud, sino relacionado con el tema amoroso.
- ¿A él también le han dado puerta como a mí?
- ¿A ti? ¿Qué ha pasado mamá?


 Agachando la cabeza y suspirando, Linda contestó a su hijo.
- Las cosas entre Halil y yo iban bien hasta que el otro día me mandó un mensaje diciéndome que conmigo se lo pasaba bien pero que no quería nada más que eso. Se había agobiado conmigo porque yo le resultaba como muy protectora y se sentía más como un hijo que como un amante. Será que como toda mi vida me he estado ocupando de ti y de tu padre me sale solo…
- Lo siento mucho mamá. No tenía ni idea.
- No lo sientas hijo. Esto que ha sucedido ha hecho que me dé cuenta de que, por mucho que tu padre me haga de sufrir, es el amor de mi vida. Llevamos 31 años juntos y, aunque hemos tenido siempre nuestros más y nuestros menos, lo hemos sabido arreglar hasta ahora. Y me duele no tenerlo a mi lado porque, si te soy sincera, cuando me despertaba y no lo veía junto a mí me sentía abandonada. Pero no se lo digas a tu padre porque como se entere se va a llenar de viento y va a estar recordándomelo toda la vida.
- Sí jajaja,-contestó Barry-. Parece que lo estoy escuchando ahora mismo decir: “¿Ves como sin mí no puedes vivir?”


 Lo que Linda no sabía era que Conrad estaba en la entrada y había escuchado absolutamente todo. Secándose la lágrima que había salido al escuchar hablar a Linda, respiró hondo e inició el paso.


 Quedándose justo en el umbral de la entrada del salón, Conrad miró a Linda mientras que ésta se llevaba las manos a la cabeza.
- ¡Conrad! ¿Qué haces aquí? ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
- Por lo visto no el que siempre has necesitado, cariño mío.
- Barry, ¿tú sabías que tu padre… estaba ahí?
- ¡Sorpresa!


 Dirigiéndose a Linda, Conrad pasó junto a su hijo y, mirándolo, le guiñó un ojo a modo de agradecimiento mientras que Barry le ponía la mano en el hombro.


 Agarrándola suavemente de la cintura, Conrad besó a Linda justo cuando sintió cómo las manos femeninas se posaban tras su nuca para acercarlo más a él.
- Siento mucho todo lo que has tenido que sufrir por mi culpa últimamente Linda. He sido un egoísta y te pido perdón. Sé que no te merezco, pero te prometo que los días que me queden de vida los utilizaré para devolverte todo el amor que me has dado.


 Dejando a sus padres solos, Barry se marchó de casa con una sonrisa en la cara y sintiendo que, aquella vez, esa reconciliación y las palabras de su padre eran verdaderas. Tal vez esas malas situaciones le habían hecho darse cuenta de que era rico mucho antes de que Barry ganase el torneo.


 Sin embargo, quien no estaba tan feliz era Fiona, quien acababa de leer la nota que le había dejado Conrad. Todo su plan se había ido al garete y el culpable tenía nombre y apellidos: Nathan Taylor.
- Me las vas a pagar, maldito hijo de puta…


CONTINUARÁ…

martes, 24 de marzo de 2020

Capítulo 11 || Líos

Fiona nunca había visto nada igual y, en cuanto la cama comenzó a subir sola, se sorprendió.
- Vaya, qué moderno. No había visto nada así en mi vida.
- Es lo que tiene vivir en una casa pequeña. Ahora salgo.
- No hay prisa.


 Comenzando a cambiarse de ropa dentro del baño, Barry pensaba en qué le traía a Fiona allí, ya que venir sin su padre no le veía sentido pero bueno, quizás era un malpensado.


 Fiona se había quedado prendada de Barry. La verdad era que Conrad tenía buen físico para su edad y su hijo la había heredado, eso lo tenía claro. Además, Barry era quien ganaba realmente el dinero, así que… ¿Y si cambiaba al padre por el hijo?


 Una vez que ya se había cambiado, Barry salió y sonrió a Fiona.
- Ya estoy listo, perdona la tardanza.
- No te preocupes. Oye, te sienta muy bien el azul. Estás muy guapo.
- Muchas gracias Fiona. Y bueno, ¿qué te trae por aquí?
- Pues principalmente quería conocerte, ya que nuestro único encuentro fue aquel día en el spa y… No fue demasiado bien.


 Barry comenzó a sentirse avergonzado al acordarse de lo ocurrido y le pidió disculpas a Fiona.
- Perdóname por lo que pasó aquel día, pero es que, te lo juro Fiona, nunca me había sentido tan enfadado en toda mi vida.
- Te comprendo, yo misma me sentí ofendida por las preguntas y no me las hacían a mí… Es que, anda que insinuar que tu madre y tú habíais tenido algo…
- Mira, ni me lo recuerdes porque me pongo de mala leche. Ay, más fuerte debería de hacerle pegado a ese desgraciado.
- Bueno, olvidemos ese suceso y pensemos en el ahora. Aquella vez no hubo oportunidad de conocernos ni de presentarnos en condiciones, así que ahora que tenemos esta ocasión de oro, no la desaprovechemos.


 Sonriendo, tanto Barry como Fiona continuaron hablando durante un rato más.
- Cada vez que te miro más me recuerdas a tu padre, Barry. Salvo en los ojos, por supuesto.
- Ah sí, los ojos los he sacado a mi madre.
- Para salir así de guapo, tus padres han tenido que ser muy guapos también.
- Vaya gracias jeje. La verdad es que mi madre era una mujer bellísima. Tenía un pelo rubio largo y con esos ojos verdes, llamaba la atención de todos los hombres que la veían. Y mi padre también era el típico chico elegante de la época, seductor y con un pico de oro incorregible.
- Sí, básicamente a día de hoy sigue igual. No ha cambiado una pizca.


 Riéndose ambos de buena gana, Barry hizo un comentario al respecto.
- Y luego estoy yo, que no he sacado ni una cosa ni otra jajaja. Si no llega a ser por el parecido físico diría que soy adoptado.
- Anda hombre, si eres un chico guapísimo. ¿No tienes ninguna chica por ahí?
- Bah, ninguna. Me han atraído algunas y tal, pero nada serio.
- Vaya, que eres más de relaciones fugaces a relaciones duraderas.
- Tampoco es eso. Creo que no he encontrado a la chica que me haga querer algo más y tampoco es que ninguna chica se me haya acercado tampoco.


 Negando con la cabeza, Fiona contestó.
- No sé qué les pasan a las chicas de ahora que no tienen gusto ninguno por los hombres. Fíjate en ti, eres guapo, con unos ojazos y, si me lo permites, estás bastante bien de cuerpo.
- Jo, muchas gracias Fiona. Como sigas así me voy a poner rojo como un tomate.
- Venga hombre, arriba esa actitud, que vales mucho más de lo que crees.
- Entonces, ¿tú me ves atractivo?
- Barry, soy una mujer, y por mucho que esté con tu padre tengo ojos en la cara y te puedo asegurar que si las cosas fueran diferentes, iría a por ti sin dudarlo.


 La conversación siguió bastante amena y se alargó durante casi dos horas. Tras todo ese tiempo, Fiona le dio un par de besos a Barry y se despidió de él yéndose con el típico movimiento pélvico que tenía al andar y que Barry no pudo evitar mirar.
- Joder, qué suerte tiene mi padre de follarse a esta mujerona. No es por menospreciar a mi madre pero, me cago en la puta…


 Fiona sabía que ese movimiento que tenía ella al andar y, el cual, había exagerado un poco más, había provocado la mirada de Barry. Se habían caído bien y habían intimado más de lo que creía, pero no lo suficiente como la propia Fiona quería, pero todo iba en buen camino.


 En cuanto Fiona se alejó de la casa de Barry lo suficiente como para no ser escuchada, sacó su móvil y llamó por teléfono a Nathan.
- Hola guapo, cuánto tiempo sin hablar contigo. ¿Te pillo en mal momento?
- No, puedo hablar. ¿Qué pasa?
- Uy, te noto muy serio.
- Es lo mínimo después de que me dijeses que no podíamos vernos durante un tiempo.
- Oye, que tú te acuestas con la mosquita muerta esa de Sandra ¿eh? Yo también tengo mis rollos, ¿o es que vas a ser tú el único?
- Bueno, ¿para qué me has llamado?
- He encontrado a tu querida Emma y sé dónde vive ahora.
- ¿De verdad? ¿Dónde?
- No te lo puedo decir por teléfono…
- Pues quedamos en tu casa.
- Imposible, allí está Conrad.
- Joder pues… en el hotel Spencer a las 16 horas, ¿te parece bien?
- Allí estaré guapo.


 Dicho y hecho. Fiona alquiló una habitación en el hotel que había dicho Nathan y le dijo el número de la habitación para que supiera en cuál estaba ella. Llegando primero, Fiona se sentó a esperar mientras su cabeza pensaba en cómo hacer para dejar a Conrad e irse con Barry.


 Estando sumida en sus más profundos pensamientos, Nathan llegó a la habitación y vio que la puerta estaba entreabierta así que entró y saludó a Fiona.
- Hola Fiona.
- ¡Buenas Nathan!
- No sabes cuánto te he echado de menos,-le dijo él-.


 Agarrándola de la cintura, Nathan besó la boca de Fiona durante interminables segundos una y otra vez, sin despegarse de ella.


 Después de los besos, ambos se miraron a los ojos desde muy cerca.
- Fiona, vamos a follar. Tengo ganas de recordar cómo eres en la cama.
- Tranquilo muchacho, que hay tiempo para todo. ¿No querías saber dónde está tu amada Emma?
- Ah, esa frígida…


 Separándose de Fiona, ambos siguieron hablando.
- Si la llamas así, ¿por qué tanto interés en hablar con ella? Si se nota que no te interesa.
- Quiero hablar con ella para pedirle perdón, para decirle que no se merecía que la tratase así y que si le puse los cuernos no fue porque quería realmente.
- Nathan, la chica no es tonta y no se va a tragar esa historia por muy bien que la cuentes. Si esa Emma se enteró de que te acostabas conmigo y con Sandra mientras estabas con ella, normal que no quiera ni verte. Si lo raro es que no te haya pegado un guantazo como habría hecho yo.
- Pero vamos a ver Fiona, ¿tú de qué parte estás?


 Nathan estaba algo descolocado porque no se esperaba que Fiona se pusiera de parte de Emma en ese tema, ya que no la conocía de nada.
- Yo no estoy de parte de nadie, te hablo como mujer que soy. Si tú me hubieras hecho eso yo también me sentiría estafada.
- Pero la diferencia que hay entre ella y tú es que a ti te la suda que te pongan los cuernos porque no te comprometes con nadie.
- Mira Nathan, mejor cambiemos de tema porque vamos a acabar muy mal si esta conversación sigue el camino que está tomando.
- Pues entonces dime dónde se encuentra Emma y tema zanjado.


 Tras decirle la localización exacta, Nathan se desnudó completamente y comenzó a tocar su miembro mientras se tumbaba en la cama. Mirándolo desde su sitio, Fiona sonrió.
- No tienes remedio Nathan. Pareces un mono moviendo tu mano tan rápido jajaja.
- Déjate de palabrerías y ven coño, que he estado esperando esto mucho tiempo.


 Aceptando la propuesta, Fiona se desnudó y comenzó a recibir las duras embestidas de Nathan. En comparación a las de Conrad, se notaba la falta de vitalidad que éste tenía y Fiona no pudo evitar disfrutar mucho más del sexo con Nathan que con su actual pareja.


 Una vez que todo terminó, un Nathan más relajado y tranquilo se quedó mirando embobado a Fiona.
- ¿Por qué me miras así Nathan? ¿Todavía tengo semen en la cara o qué?
- No, simplemente pensaba en que te he echado mucho de menos…
- Uy, tú no te estarás enamorando de mí, ¿no?
- Para nada Fiona, ya me conoces que no me comprometo con nadie.
- Dijo el tío cuya novia tiene 18 años y está preñada de ti.


 Acercando la cabeza de Fiona suavemente a la suya, Nathan besó dulcemente los labios femeninos antes de vestirse e irse del hotel.


 Al día siguiente, Emma se encontraba viendo en la tele un programa de citas a ciegas donde dos personas se conocían y tenían cinco minutos para conocerse y, si se gustaban, tenían que pedir una segunda cita.  


 Por su parte, Barry se había comprado un portátil en el que poder jugar a su juego favorito de nuevo, pero esta vez sin hacer ningún directo, sólo por amor al arte, como había estado haciendo toda su vida.


 En un momento dado, Nathan llegó hasta la casa de Emma y llamó a la puerta, viéndola sentada frente a la tele.


 En cuanto Emma se levantó y miró hacia la puerta, una descarga eléctrica le recorrió el cuerpo y su expresión facial cambió al instante.
- ¿Qué haces aquí? ¡Fuera!-dijo Emma sin abrirle la puerta-.
- Emma, déjame hablar contigo, sólo serán dos minutos.
- Ya me dijiste lo suficiente con tu forma de actuar, así que no quiero saber nada más de ti.
- Por favor, sé razonable y ábreme la puerta.


 Nathan se mantenía fuera de la casa intentando convencer a una Emma que seguía empeñada en no dejarlo entrar.
- ¡Que te marches Nathan! Además, ¿cómo has sabido que vivo aquí?
- Déjame entrar y te lo explico todo, por favor.
- ¡Que no! ¡Márchate de una puta vez!
- Emma, si no me dejas entrar por las buenas voy a entrar por las malas…
- ¡Ni se te ocurra o llamo a la policía!


 A Emma no le estaba gustando nada el tono de la discusión y en ese momento echaba de menos a sus hermanos, pero allí se encontraba sola y no tenía la ayuda de nadie.
- ¡Que me dejes entrar Emma!
- ¡No!
- ¡Déjame entrar joder!-gritó Nathan intentando forzar la puerta-.


 Tras unos pequeños forcejeos, Nathan consiguió abrir la puerta y los gritos de Emma se convirtieron en un silencio sepulcral…
- Emma, sólo quiero hablar contigo.
- Nathan… Vete,-dijo Emma asustada comenzando a retroceder-.
- Tranquila Emma, sólo quiero hablar contigo como dos adultos hechos y derechos así que sentémonos y charlemos como siempre hemos hecho, ¿de acuerdo?
- Nathan… Vete de mi casa, por favor.
- No me iré hasta que no me escuches de una vez por todas. Esta vez no están tus hermanos ni tu padre para defenderte, así que tendrás que escucharme te guste o no,-dijo Nathan acercándose a ella-.
- ¡Que alguien me ayude! ¡¡SOCORRO!!-comenzó a gritar Emma acordándose en ese momento de su vecino-. ¡¡¡BARRY!!!


 Al escuchar ese fuerte grito, Barry dejó de mirar la pantalla creyendo haber escuchado la voz de su vecina llamándolo justo cuando Emma volvió a gritar su nombre.


 Saliendo de la casa tal y como estaba, Barry cruzó la valla corriendo hasta la casa de Emma justo cuando vio a un hombre dentro al que no había visto nunca.
- ¡Eh!-gritó Barry acelerando el paso-.


CONTINUARÁ…