martes, 4 de febrero de 2020

Capítulo 10 || Cambios

Un par de semanas después, me había quedado con las niñas en casa cuando llamaron a la puerta y vi que era Felisa.
- Buenas Felisa, qué pronto has llegado. ¿Pasa algo?
- Nada en realidad, sólo que… quiero hablar contigo de algo y sin que estuviese Mia delante.
- Comprendo, pues pasa al salón.


 Sentándonos en el sofá, allí comenzamos a charlar más tranquilos.
- Tú dirás...-le dije a Felisa-.
- Bueno a ver… Esto es un poco complicado de decir así que no quiero andarme mucho por las ramas e ir justo al grano.
- Me parece genial.
- Me gustas.
- Guau, qué… directa. ¿Te gusto?
- Sí. Desde que te encontramos me he dado cuenta de que eres diferente, has cambiado a mejor y ahora eres un hombre hecho y derecho y no un niñato como antes.
- Gracias por el cumplido Felisa.
- Sé que nunca hemos tenido una relación totalmente seria ni hemos sido pareja, por eso me gustaría que nos diésemos una oportunidad, que formásemos una familia Nicole, tú y yo.


 Sonriendo halagado por la propuesta, contesté.
- Te agradezco mucho que te hayas abierto a mí y compartas tus sentimientos más profundos, pero ahora mismo no estoy preparado para tener ninguna relación. Lo más importante que tengo son las niñas, esta casa y salir adelante de la mejor forma posible y en este momento no tengo la cabeza para relaciones sentimentales… Lo siento. Espero que lo comprendas.


 Felisa se quedó durante un instante mortalmente seria antes de reaccionar sonriendo y aceptando con la cabeza.
- Sí, te entiendo Terrance. No te preocupes. Necesitas tu espacio y encontrarte a ti mismo.
- Exacto. Me alegro de que lo comprendas porque para mí es muy importante que mantengamos la amistad, por nuestra niña. Se merece lo mejor.
- Sin duda Terrance. No te preocupes.


 Sonando la puerta de nuevo, me levanté para abrir justo cuando Felisa me habló de nuevo.
- Si es Mia no le comentes nada de lo que te he dicho, por favor. Me moriría de la vergüenza.
- Tranquila, que no le contaré nada.


 Efectivamente, al abrir la puerta me encontré con Mia tan guapa como siempre.
- Hola Mia, ¿cómo estás?
- Bien, ¿cómo ha ido Ramsah?
- Genial. Está hecha toda una campeona. Pasa, ven a verla.


 Al cruzar la puerta, Mia me abrazó para mi sorpresa.
- Gracias por cuidar tan bien de la niña. Eres un padrazo increíble.
- Muchísimas gracias Mia.
- Y pensar que no quería ni que tocaras a la pequeña…
- Me lo gané a pulso también. Ese Terrance era muy diferente al de ahora.
- Eso me lleva a…


 Haciendo un silencio, Mia paró de hablar y a mí me dejó con la intriga de lo que quería decir.
- ¿Y bien?
- Quería decir que… Has cambiado mucho. Pareces una persona completamente diferente y si me llegué a enamorar de ti siendo el capullo integral que eras antes, ahora… Lo siento, pero no lo he podido evitar. Las llamas han reaparecido y cada vez que estoy cerca de ti siento las mariposas revolotear y es una putada porque creo que Felisa siente lo mismo y no sé si tarde o temprano te lo confesará pero… Joder. Si tú quisieras, volveríamos a retomar la relación que tuvimos justo donde la dejamos, como una familia feliz Ramsah, tú y yo.


 Yo me sentía sobrepasado ante la propuesta de Mia. Habían sido dos proposiciones en menos de media hora y de verdad que en ese momento lo último en lo que pensaba era en tener una relación con alguien.
- Mia, lo siento de veras porque si esto me lo hubieras dicho hace meses habría aceptado con los ojos cerrados. Eres una persona muy especial para mí y te quiero y te querré siempre…
- Pero no quieres volver conmigo, ¿cierto?
- No es por ti, ¡lo juro! Es por mí… No me siento preparado para afrontar una relación ahora. No creo que sea el momento perfecto para mí y no podría estar al 100% contigo y no te mereces eso. Tú necesitas a alguien que no te deje escapar, que el sol salga y se vaya contigo…
- Y por esto eres tan especial ahora, Terrance.
- ¿Estás bien?-le pregunté a Mia-.
- Sí, no te preocupes. Lo que tenemos ahora no va a cambiar, eso te lo puedo asegurar.


 Horas más tarde, me preparaba para la sesión de trabajo que tenía a la caída de la noche y a la que tenía muchas ganas, ya que llevaba mucho tiempo esperando ser invitado a una fiesta de ese estilo.


 Llegando la hora, me fui hasta el lugar y preparé todo antes de comenzar la fiesta. Una vez puesto a punto, abrieron las puertas y me puse a pinchar la música como mejor sabía.


 La gente comenzó a llegar y entre ella estaba Gloria. Sin quererla mirar mucho para que no se diera cuenta de que era yo, me centré en la música porque todavía me sentía culpable de ponerle los cuernos con su hermana.  


 Para mi sorpresa, Mitch comenzó a animarme y lo saludé mientras mezclaba la música.
- ¡Lo estás haciendo genial!-me decía-. Sigue así tío.
- ¡Gracias por venir Mitch! Significa mucho para mí.


 El ambiente estaba bastante animado y los invitados no paraban de bailar al ritmo de la música que yo ponía y eso me alegraba e incitaba a seguir dando lo mejor de mí.


 Estaba disfrutando de ese momento y por un momento me imaginé como un gran DJ, viajando por el mundo pinchando mi música y ganando dinero para mis niñas y para mí, sin tener problemas económicos ni preocupaciones por si me iba a llegar para comer o no.


 Volviéndome a centrar en la música, no me di cuenta en ese momento de que Gerardo había llegado y que, en cuanto me vio detrás de la mesa de mezclas, cambió su sonrisa por una mueca y una expresión de enfado.


 Al terminar mi turno, la gente me aplaudió mientras que la siguiente DJ se preparaba para comenzar su show. Y yo lo que hice fue pedirme una copa para relajarme un poco.


 Pasando justo delante de Gerardo, lo saludé afablemente.
- Me alegro de verte Gerardo. ¿Te diviertes?
- Se hace lo que se puede…
- Pues espero que lo hagas.


 Riéndome internamente, bebí de mi copa mientras pensaba en que la noche estaba yendo muy bien justo cuando escuché un fuerte sonido de vasos rompiéndose. El chico de la barra había metido la pata hasta el fondo y el jefe de la fiesta no tardó en llegar con cara de pocos amigos…


 Intentando interceder por el muchacho, el dueño de la casa, que era también el jefe de la fiesta, acabó echando al chico y comenzó a preguntarse dónde encontraba a alguien a esas alturas de la noche. Ofreciéndome yo mismo, me miró sorprendido y aceptó tras decirme un: “a ver lo que eres capaz de hacer.”


 La gente comenzó a acercarse de nuevo y a pedirme copas y yo, poniendo mi mejor cara, comencé a atenderles de la mejor forma que sabía.


 Apenas tardaba con cada cliente y eso agilizaba mucho las cosas, ya que no eran pocos a los que se les apetecía beber algo esa noche.


 Una de las chicas que me había pedido una copa, se me quedó mirando fijamente mientras iba a sentarse en uno de los bancos y algo de ella me atrajo de una forma brutal. ¿Qué tenía esa chica en la mirada? Porque parecía un imán que no me dejaba despegar la vista de ella.


 Despachando a los demás clientes, fui hasta aquella chica y me senté a su lado, comenzando a charlar con ella porque me moría de curiosidad por conocerla.
- Bonita noche, ¿verdad?-dije-.
- Sí y con la música que has puesto mucho mejor. Lo haces muy bien.
- Vaya, gracias. Intento estar a la altura de lo que se espera de mí.


 Tras un buen rato de charla y habiéndonos intercambiado los números de teléfono, nos despedimos y volví a casa contento hasta que entré allí y me dio el bajón. Estaba solo y me sentía así a pesar de haber recibido dos peticiones de relación ese mismo día, pero yo no podía mandar en mi corazón. Sin embargo, llegaba a la casa y cuando no tenía a las niñas me sentía abandonado, como si el mundo se hubiera olvidado de mí y no lo veía justo.


 Con una profunda tristeza, me cambié y me fui a la cama con ganas de dormir y olvidarme de todo un poco. Me apetecía desconectar del mundo y de su ajetreo.


 Pero no pasé buena noche y mi cabeza no paró de darle vueltas al tema de que me sentía sin ánimo en la vida. De que estaba luchando por salir adelante pero sin ninguna meta concreta y que necesitaba algo que me diese un motivo para levantarme cada mañana… E irremediablemente pensaba en la empresa de mi padre. Había sido tan tonto de dejarla escapar…


 Pero se me había ocurrido una idea y fui a consultársela a Mia.
- ¿Entonces la ves bien?-le pregunté-.
- Sería genial que pudieses llevar a cabo lo que me has dicho.
- Es que en cuanto se me ocurrió la idea no he parado de darle vueltas y no he dormido vaya. Necesito que esa idea se haga realidad.


 Levantándose, Mia me dio un abrazo.
- Lo vas a conseguir Terrance. Tú puedes con lo que te propongas y vas a demostrarle al mundo que eres mejor hombre de lo que has sido jamás. ¡Demuestra lo que vales!


 Buscando a Felisa para contarle y pedirle su opinión, entré en el dormitorio de Nicole y me la encontré en ropa interior.
- Guau Felisa, perdona que te haya pillado de esa forma.
- No me has pillado en nada. Estoy en mi casa y si quiero ir así lo hago.
- Ah, muy bien que haces sí…
- ¿Vienes a ver a las niñas?
- Sí y también para contaros algo a Mia y a ti.


 Pero la contestación que me haría Felisa en ese instante me dejaría descuadrado.
- Como no, a Mia primero y luego a las segundonas. Mira Terrance, sea lo que sea no me interesa así que si quieres ver a la niña ahí está. Tengo cosas que hacer.
- Pero Felisa…-dije mientras cerraba la puerta y me quedaba en la habitación de Nicole-.


CONTINUARÁ…

viernes, 31 de enero de 2020

Capítulo 9 || Cambios

Felisa y Mia entraron en el portal y subieron hasta la puerta de mi casa donde llamaron al timbre y esperaron por si yo estaba en casa.
- ¿Estás nerviosa?-preguntó Felisa-.
- Un poco… ¿Estás segura de que vive aquí?
- Totalmente. Su nombre venía en el buzón además.


 Abriendo la puerta, la sorpresa que me llevé fue monumental porque no me esperaba a Mia y Felisa allí, pero a quienes no podía imaginar que se trajeran era a mis niñas.
- Ho… Hola chicas. ¿Cómo… Cómo me habéis encontrado? ¿Estas son mis hijas?
- ¿Papá?-preguntó Nicole mirándome-.
- Si nena, soy papá.
- ¿Podemos pasar? Queremos hablar contigo,-preguntó Felisa-.
- Sí, por supuesto. Qué tonto soy, pasad. Al fondo del pasillo está el salón.


 Dejándolas pasar, fui detrás de ellas indicándole el camino mientras que mis hijas nos seguían algo más atrás a un paso más lento. Ya sentados, no podía quitar la vista de ellas.
- Guau, mis hijas…
- Y las dos han sacado tus ojos,-dijo Mia-.
- Eso iba a preguntaros, que me he fijado que las dos tienen los ojos verdecillos.
- Y Nicole además tiene tu color de pelo,-añadió Felisa-.
- Ya veo… Qué sorpresa me habéis dado, pero bueno, ¿qué os trae por aquí? ¿Cómo os habéis enterado de que vivo aquí ahora?


 Tomando la palabra, Felisa comenzó a hablar.
- Llevamos un año buscándote porque no éramos capaces de encontrarte. No habías dado señales de vida y hasta contratamos a un investigador para que averiguase tu paradero por la ubicación de tu móvil, pero tampoco fuimos capaces.
- ¿Mi móvil? La misma noche que me echasteis de casa se me fue la batería y como tampoco tenía dinero encima para comprar un cargador, lo acabé tirando.
- ¿Y qué has estado haciendo durante todo este tiempo?-preguntó Mia-.
- Uf, es muy largo de contar…
- Adelante,-dijo Felisa-, hemos venido a charlar.
- A ver… Para resumiros un poco y que no se os haga muy larga la historia digamos que estuve mendigando un tiempo hasta que encontré un lugar donde refugiarme, conocí a un chico que me ayudaba a salir adelante hasta que me enganché a la droga y estuve a punto de suicidarme dos veces. Pero finalmente me desintoxiqué y me alquilé esta casita y estoy estudiando para ser DJ y coctelero.


 Mia y Felisa se quedaron mudas al escuchar mi relato y no sabían lo que decir mientras se miraban la una a la otra en silencio.
- Chicas, todo eso pertenece al pasado y ahora soy una persona nueva con unos objetivos claros en mi vida. No os tenéis que preocupar.
- Bueno, Felisa me contó,-comenzó a decir Mia-, que fuiste a su antigua casa y que pasó algo con su hermano.
- Ah sí, fue un día de bajón que me dio por buscaros y Gerardo me encontró y me enganchó un par de puñetazos.
- ¿Un par? Si te desmayaste en nuestra casa,-alegó Felisa-.
- Estaba fatal entre una cosa y otra Felisa, no fue todo por culpa de tu hermano. Es más, me merecía lo que me hizo. No debí trataros como lo hice y os pido disculpas.


 Interrumpiendo la conversación, Ramsah hizo acto de presencia intentando subirse al sofá.
- ¿Qué haces cariño?-preguntó Mia-.
- Quero papá y mamá.


 Sonriendo inevitablemente, ahora fui yo quien les pregunté el por qué de su visita.
- Tras verte de esa forma en casa,-dijo Felisa-, estuve pensando y Mia y yo recapacitamos en lo que te habíamos hecho y nos dimos cuenta de que no había sido justo. Nos hiciste daño, y hablo en nombre de las dos, pero quitarte el dinero de las cuentas… Por eso te queremos devolver tu parte. Legítimamente es tuyo y te pertenece.
- Os agradezco mucho el gesto pero no quiero ese dinero. Es vuestro y de las niñas, así que utilizadlo para darles una buena educación, comida, techo… todo lo que necesiten.
- Pero, ¿y tú?-preguntó Mia-.
- Yo tengo un dinero guardado y con eso puedo tirar, no os preocupéis.


 Sin apenas dejarles decir una palabra más, se me ocurrió una idea y se las propuse a todas.
- ¿Os apetece quedaros a cenar? Hago unos macarrones con queso que están de rechupete y así disfruto más de las niñas.
- Bueno… No lo teníamos pensado…-dijo Mia-. ¿Tú quieres?-le preguntó a Felisa-.
- Por mí sí, ¿y tú?
- Vale, entonces nos quedamos.
- Estupendo,-dije yo-. Voy a preparar todo.


 Levantándome del sillón, fui a la casa de un vecino y le pedí prestado un par de cosas de sus gemelas, ya que sabía que no las usaban porque las niñas eran grandes. Volviendo a la casa con todo, lo coloqué en su sitio y me acerqué a Ramsah para cogerla en brazos.
- ¿Quién se quiere venir conmigo a cenar con papá?
- ¡Yo!
- ¡Esa es mi peque!-dije sentándola en una trona-.


 Yendo después a por mi hija Nicole, hice lo mismo.
- ¿Quién se va a comer toda la cena como una niña buena?
- ¡Yo!
- ¡Eso es! ¡Así me gusta!


 Preguntándole a las madres sobre qué podían cenar, me dijo que ya tenían unos dientes fuera y que habían comenzado a comer cosas más sólidas, así que les preparé un par de sándwiches a ambas.
- ¿Todo bien por aquí?-pregunté-.
- Sí, las niñas van a cenar ya que es su hora,-me contestó Felisa-.
- Estupendo, yo voy a la cocina a hacer la cena. No tardo nada.
- Mira lo que te ha traído papá,-le decía Mia a Ramsah-. ¿A que te lo vas a comer todo como una niña grande?


 Yéndome a la cocina, puse todo en marcha y con el paso de los minutos el olor fue invadiendo la habitación.


 Mientras tanto, Mia y Felisa charlaban sobre mí hasta que la fragancia de la cena les llegó.
- ¿Necesitas ayuda?-preguntó Mia-.
- ¡No! Esto está ya, ahora voy para allá.


 Llevándoles un plato bien cargado a cada una, se los serví para que empezasen a cenar.
- Que os aproveche chicas,-les dije mientras yo iba a por mi plato-.


 Sentándome en el sillón de al lado, comencé a cenar también justo cuando Felisa me felicitó por la cena.
- Terrance, está increíble. Te sale de rechupete.
- Muchas gracias Felisa.
- La verdad es que está muy bueno,-dijo Mia-. Me has sorprendido.
- Vaya gracias.
- Oye Felisa, termina rápido que nos tenemos que ir, que se nos ha hecho muy tarde.
- Ah vale, pues en cuanto terminemos nos vamos.
- ¿Y si os quedáis a dormir?-ofrecí a ambas-. He traído las tronas y dos camitas que tenía mi vecino para que las niñas duerman también. La casa tiene tres habitaciones, así que hay espacio para todos.


 Aceptando, les pedí a ambas madres si me dejaban acostar a las niñas y aceptaron encantadas, así que metí primero en la cama a Nicole y le di las buenas noches.
- Descansa mucho mi vida. Papá te quiere mucho.


 Después hice lo mismo con Ramsah.
- Que duermas muy bien. Te quiero mucho cariño.
- Yo quero mimí con papá.
- No cariño, tú tienes que quedarte aquí con tu hermanita para cuidaros la una a la otra, ¿vale? Yo estoy en la habitación de al lado vuestra, ¿vale?


 Dejándoles la luz del pasillo encendida y la puerta sin cerrar del todo, salí al salón y vi cómo Felisa y Mia me estaban esperando.
- Ya están las niñas acostadas y Nicole ha caído como un tronco vaya.
- Es un cielo,-dijo su madre-. No me ha dado ni un solo problema por las noches a la hora de dormir.
- ¿Y cómo es Ramsah?-le pregunté a Mia-.
- Depende de la noche. A veces duerme del tirón y otras veces te dan ganas de estrellarla de todas las veces que te despierta.


 Sonriendo, las invité a pasar al dormitorio principal. Era donde yo normalmente dormía porque había una cama de matrimonio, pero esa noche dormirían ellas dos y yo me iría al otro sobrante.
- Bueno, donde vais a dormir es en el dormitorio de la derecha, ¿vale? Allí estaréis bien y el baño es la puerta del centro. La otra puerta es la del dormitorio donde estaré yo, por si necesitáis algo, ¿de acuerdo?
- De verdad, muchas gracias por todo Terrance,-me agradeció Felisa-.
- No hay de qué. Que paséis una buena noche.


 Cambiándome de ropa, me metí en la cama feliz de que tenía a mis hijas en la habitación de al lado, que me habían conocido, que las había acostado, dado la cena… Todo. Y yo con eso era inmensamente feliz.


 Por su parte, Mia y Felisa entraron en el dormitorio y comenzaron a charlar entre ellas con un poco más de intimidad.
- Está irreconocible,-confesó Mia-. Si me lo encuentro por la calle me habría costado reconocerlo.
- ¿Te has dado cuenta de cómo trata a las niñas? Parece que lo lleva en la sangre y se nota que las adora.
- Bueno, ¿y qué me dices de la cena? Joder, no sabía yo que tenía tan buena mano para los fuegos.


 Horas más tarde y bien entrada la madrugada, Ramsah se despertó después de tener una terrible pesadilla y entre sollozos fue a buscarme.


 Entrando en mi cuarto, me llamó y me desperté al instante.
- Ey, ¿qué te pasa cariño? ¿Estás bien?
- Tengo miedo…
- Oh, ¿has tenido una pesadilla?
- Sí…
- Tranquila mi vida, todo va a estar bien.


 Poniéndola en mis brazos, le di un fuerte abrazo a Ramsah que me correspondió enseguida.
- Ha sido solo un mal sueño. Ahora cuando te vuelvas a meter en la cama, cerrarás tus ojos y vas a soñar con un parque precioso lleno de flores y animalitos muy muy bonitos.


 Llevándola a la cama de nuevo, le di un beso en la frente mientras me fijaba que su penetrante mirada me recordaba a la mía. Irremediablemente era mi hija y sólo esperaba que no se pareciese mucho a mí cuando fuera más mayor.


 Pese a haberme despertado en mitad de la noche, yo era inmensamente feliz porque era eso lo que necesitaba: sentirme útil y querido. Tener a mis hijas junto a mí, que no tenían culpa de mis errores pasados, era lo mejor del mundo.


 A la mañana siguiente, Felisa fue la primera en despertarse e irse al baño a asearse un poco mientras su cabeza no paraba de darle vueltas a un tema.


 Yéndose al salón, poco tiempo después salió Mia a su encuentro.
- Buenos días Felisa, ¿cómo has dormido?
- Buenos días. Muy bien, la verdad. ¿Y tú?
- Muy bien también. Esa cama es muy cómoda.


 Sentándose al lado de Felisa, Mia le preguntó directamente.
- ¿Qué te pasa? Conozco muy bien esa mirada y sé que estás con algo rondando en tu cabeza.
- No es nada, tonterías mías…
- ¿No tendrá que ver con Terrance?
- Qué va, para nada.
- Felisa… He visto cómo lo miras y viendo el cambio que ha dado es normal que te sientas atraída… ¿Te gusta?
- Joder sí, ¿estoy volviéndome loca?
- No, Felisa no…-dijo suspirando-.


 Ya que Mia también había sentido unas mariposas en su estómago al ver que yo había mejorado como persona, que tenía la cabeza bien amueblada y era un hombre maduro y no un niñato como antes. Pero ahora se abría el gran dilema: ¿Cómo podrían llevar Mia y Felisa que les gustase el mismo hombre? O sea, yo.


CONTINUARÁ…