jueves, 24 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 13

 Marina quiso saber si Natasha se encontraba bien después de la gran trifulca que habían tenido.
- ¿Cómo te encuentras?
- Bien, no te preocupes. Sé en qué lugar debo estar en todo momento pero… Te quiero dar las gracias por habérmelo recordado hoy.
- No ha sido nada. Por cierto, ¿tienes en dónde quedarte luego?
- Sí, me iré al pisito que tengo alquilado…
- Es que se me está ocurriendo que podrías venirte a mi casa conmigo.
- ¿A tu casa? ¿Por qué?
- Porque creo conocer a alguien que te podría ayudar con el tema de tu adicción.



 A Natasha se le iluminó al cara cuando escuchó eso. ¿Alguien podría ayudarla?
- ¿De verdad conoces a alguien que me puede ayudar?
- No estoy segura al 100%, pero si no me equivoco estarás en las mejores manos posibles.
- Entonces… Vale, iré a tu casa si no es mucha molestia.
- Bueno, pues en ese caso se lo consulto a mi novio antes y ahora te digo, ¿vale?
- Sí claro, no hay problema. Yo me voy a comer algo que estoy muerta de hambre.


 Sacando su móvil, Marina llamó a Alex, sabiendo que ya estaba despierto a esas horas de la mañana.
- ¡Buenos días! ¿Dónde estás?-preguntó él-.
- En la fiesta todavía… Es que aún no he vuelto…
- Ya decía yo que no te había sentido y que tu parte de la cama estaba intacta. Menudo fiestón os habréis montado, ¿no?
- Ni te lo imaginas… Ya te contaré. Mira, te llamaba para consultarte algo… Tengo aquí a una antigua compañera de clase que está pasando por un mal momento y creo poder ayudarla… Está prácticamente en la indigencia y me da mucho apuro verla así, ¿no te importaría que se quedase en casa hasta que yo le encuentre a alguien que la pueda ayudar?


 Alex, sin ninguna duda, aceptó a la primera.
- Claro cariño, lo que sea por ayudar a una amiga.
- Eres el mejor. ¡Te quiero!
- Y yo a ti cielo. ¿Nos vemos ahora?
- Sí, que estoy muerta. ¡Hasta ahora!


 Todos los que estaban allí comenzaron a bailar, a mover el esqueleto y a disfrutar de la música, ya que no querían irse todavía. Lucas estaba mirando a Natasha cuando Marina le habló en ese mismo instante.
- Cómo cambia la vida, ¿verdad?-comentó Marina-.
- Y que lo digas… Hace nada estábamos en esta misma clase estudiando, Natasha con sus dos inseparables amigas y ahora está… Bueno, como está.
- Qué pena me da verla así. No se merece todo lo que le ha pasado, eso está claro.
- Desde luego, la vida se lo ha hecho pasar bastante mal.


 Marina también la miraba con cierto pesar, pero también con esperanza, ya que quería ayudarla y sacarla del agujero donde se encontraba. Mientras bailaba, le contó su idea a Lucas.
- Me parece lo mejor que podrías hacer en estos casos, sinceramente. Es una idea espectacular.
- Muchas gracias… Es que no me gusta quedarme al margen de las cosas y más cuando me toca tan de cerca.
- Eres muy buena persona Marina. Espero que Alex sepa apreciarte como te mereces…
- Y tanto que sí. Es lo mejor que me ha pasado en la vida…


 Volviendo a mirar a Natasha, Lucas se encontró con la sonrisa de Bárbara, que lo miraba a él. Correspondiéndole la sonrisa, Lucas le guiñó un ojo a su antigua compañera y siguieron bailando con sus respectivas parejas.


 Minutos después, Marina decidió que era hora de volver a casa, ya que era de día y no habían dormido en toda la noche. Como Natasha se iba con ella, comenzó a despedirse de Bárbara, abrazándola fuertemente después de haber intercambiado números de teléfono para seguir estando en contacto. Por su parte, Marina se despedía de Lucas, con el que sí seguía manteniendo algo de relación, aunque no tan cercana como antes.


 Como iban a quedarse sólo tres, el resto decidió que era hora de marchar a sus respectivas casas y descansar, por lo que Lucas se despidió de Danny, prometiéndole ir a uno de sus conciertos antes de que acabase el año.


 Marina y Bárbara también se despidieron, dándose un cálido abrazo mientras que Bárbara le agradecía a Marina lo que iba a hacer con Natasha. Se la notaba algo sentimental, ya que Natasha significaba mucho para ella y más ahora al verla de esa forma. Nunca supo nada de lo que contó su antigua compañera de clase y mucho menos porque estaba en otro internado, pero le habría encantado poder ayudarla antes.


 Saliendo de allí, Marina se quedó algo deslumbrada por el sol, ya que estaba saliendo y daba justo en los ojos.
- Ven conmigo, que tengo el coche aquí al lado,-dijo Marina-.
- Voy.


 Tras cinco minutos conduciendo, Marina y Natasha llegaron a casa de la primera, entrando a ella por la puerta del garaje que conducía a la cocina.
- Tienes una casa preciosa desde fuera,-halagó Natasha-.
- Muchas gracias. Espero que te guste también por dentro.


 Al cruzar la puerta, Marina se encontró con Alex preparando el desayuno.
- ¡Buenos días corazón!-saludó Marina-.
- Buenos días guapa. ¿Cómo habéis pasado la noche?
- Comenzó bien, luego se estropeó la cosa y al final se recuperó la cosa.
- Vaya, ¿qué pasó?
- Luego te contaré. Mira, te quiero presentar a Natasha. Natasha, éste es mi novio, Alex.


 Acercándose a él, Natasha estrechó su mano mientras que él la saludaba cordialmente.
- Bienvenida a nuestra casa. Espero que esté todo a tu gusto.
- Muchísimas gracias por acogerme, pero no era necesario. Tengo un piso en…
- Tonterías,-dijo él cortándola-. Estás en tu casa ahora. Siéntete cómoda.


 Natasha lo miraba queriéndose acordar de algo, ya que la cara de Alex le recordaba a alguien pero no sabía de quién. Pero justo en ese momento cayó en la cuenta… ¿No se parecía mucho a...? No, no era posible.


 Tras estrecharse la mano, Alex continuó haciendo el desayuno mientras que Marina iba a enseñarle su cuarto a Natasha, pero antes de salir de la cocina, Alex le hizo una pregunta a su novia.
- ¿Te hago desayuno también para ti?
- Sí, por favor. Que no he comido nada en toda la noche y estoy que muerdo. Ahora vengo, que voy al cuarto de invitados con Natasha.
- Está bien. Ahora te veo.


 Pasando por un pasillo, Marina abrió una de las puertas y entró al cuarto de invitados. Sonriendo, se lo enseñó a su invitada.
- Siento que sea tan oscura, pero nos hemos mudado hace poco y no hemos tocado esta habitación. Está tal cual la compramos, así que… Lo siento.
- Anda ya, me vas a pedir perdón a mí. Suficiente que voy a quedarme en tu casa, no te jode…
- Ah, y también tienes un baño privado para ti. Es compartido por otra de las habitaciones, pero en esa no hay nadie ahora mismo.


 Pasando al baño, Marina también se lo enseñó a Natasha, dejándole algo de ropa limpia encima de la cama.
- Yo me voy a duchar ahora y luego iré a desayunar,-informó Marina-. Si necesitas algo pega una voz y Alex o yo venimos, ¿vale?
- Está bien y… Muchas gracias de nuevo.
- Que no pasa nada mujer. Anda y ve a ducharte, que ahora te veo,-dijo Marina sonriendo y guiñándole un ojo a Natasha-.


 Tras ducharse y cambiarse de ropa, Marina fue a la cocina justo cuando vio que su novio sacaba el desayuno chamuscado…
- ¡Me cago en mi suerte! Todavía no le pillo el truco a este horno del infierno…
- No te preocupes corazón, me haré unos cereales para desayunar.
- Lo siento mucho… He estropeado el desayuno.
- No pasa nada hombre. Un fallo lo tiene cualquiera.


 Y acercándose a él, le dio el primer beso del día.
- Ahora sí son buenos días,-comentó ella-.
- Lo mismo digo, ahora sí que ha comenzado el día para mí.
- Ay, qué gusto da estar en casa de nuevo…
- ¿Una noche larga?
- Mira, no te lo vas a creer, pero ayer…


 Tras sentarse a la mesa y contarle a Alex lo que pasó a grandes rasgos, ambos escucharon la voz de Natasha. Levantándose rápidamente, Alex fue a ver qué quería.
- Ya voy yo, tú desayuna tranquila cariño.
- Muchas gracias mi amor.
- ¡Ya voy Natasha!


 Situándose junto a la puerta del dormitorio, Alex avisó de que estaba allí y preguntó qué era lo que quería Natasha.
- Pregúntale a Marina si le puedo coger prestado algo de maquillaje, que quiero estar algo más presentable…
- Sí, cógelo sin problema, no te preocupes.
- ¿De verdad que no hay problema?
- Mujer, será por maquillaje… Póntelo sin miedo.


 Alex se fue para su dormitorio y unos minutos después, salió Natasha del suyo y se dirigió a la cocina, donde se encontró a Marina recogiendo el bol de cereales. Observándola en silencio, Natasha se preguntó interiormente cómo pudo haberle hecho sufrir tanto a una persona tan buena como ella. Eso no se lo perdonaría nunca.


 Tras carraspear un poco y pedir permiso para entrar, Natasha se acercó a Marina, que la miró asombrada.
- ¡Así estás muchísimo mejor! ¿Te queda bien la ropa que te he dado?
- Me sobra por todos lados, pero con el peso que tengo… Es normal.
- En cuanto te recuperes seguro que ganarás peso y te encontrarás mucho mejor.


 Acercándose a Marina, quiso preguntarle algo sobre Alex sin levantar mucho la voz; lo que no sabía era que el chico acababa de llegar a la cocina. Al verlas hablar, se marchó de allí para dejarles algo de intimidad.
- Oye Marina, no sé si te habrás dado cuenta pero… ¿Alex no te recuerda al sim con el que jugabas? Es que claro, yo grabé el famoso vídeo y lo vi cientos de veces y ahora al conocer a tu novio, me he dado cuenta de que se parece un montón, ¿no?
- Uy sí, te puedes imaginar cómo me puse en cuanto lo vi por el campus de la universidad. No me lo esperaba y los nervios me comían.
- Fue amor a primera vista, ¿no?
- ¡Qué va! Él tenía novia, y la cuestión es que tanto tú como yo la conocemos.
- ¿En serio? ¿Quien era?
- Bárbara jijiji.


 Tras contarle por encima todo el lío que se formó con Bárbara bastantes años atrás, ambas chicas se reían por cómo estaban las cosas a día de hoy.
- Pues quién lo iba a decir cuando nos peleábamos contigo las tres. La de vueltas que da la vida.
- ¡Chicas!-dijo Alex volviendo a entrar en la habitación-. Me voy al gimnasio, que como es domingo, voy a aprovechar para estar algo más de tiempo.


 Marina se acercó a Alex y le dio un beso de despedida.
- No te machaques mucho, que me gustas tal y como estás ahora.
- Sí, no te preocupes. ¡Nos vemos luego Natasha!-dijo Alex alzando la voz dirigiéndose hacia su invitada-.
- ¡Hasta ahora!-se despidió la muchacha-.


 Aprovechando que estaban solas en casa y tendrían algo más de tranquilidad, Marina pensó en que sería el mejor momento para buscar la ayuda que había pensado para Natasha. Yendo hacia la habitación del ordenador, se dio cuenta de que sólo había una silla.
- Natasha, entra en mi dormitorio, que es la primera puerta que te encuentras a la izquierda y trae la silla del ordenador, que vamos a buscar juntas en el ordenador, ¿vale?


 Una vez que Natasha trajo la silla y se sentó en ella, Marina se puso a investigar por internet.
- Verás Natasha, pero en el hospital donde trabajo he visto de todo y hubo un paciente que hablaba mucho de una organización sin ánimo de lucro que había ayudado mucho a su nieto a salir de las drogas y tal.
- ¿Ah sí?
- Sí, lo que pasa es que no me acuerdo bien del nombre… Era algo de manos… Pero manos qué.
- ¿No será algo de manos manchadas? No sé, yo te voy diciendo nombres por si te ayudo a recordar.
- ¡Ya está! Ya me acuerdo, se llama “Manos Blancas”. Aquí está la página web…


 Natasha comenzó a mirar a su amiga, ahora sí que la consideraba amiga. Le había demostrado más en un día que Madison en dos años de amistad en bachillerato. La pasión con la que veía a Marina buscando información para ayudarla con la droga después de haberla invitado a su casa a quedarse era de admirar. Le estaría dando las gracias sin parar una y otra vez. Y es que Marina era una persona que dejaba huella allá a donde fuera…


CONTINUARÁ...

domingo, 20 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 12

 Finalmente, Marina se armó de valor y salió de su antigua clase para irse hacia su casa, justo cuando se encontró con alguien a quien ya no se esperaba…
- ¿Natasha?-preguntó Marina-.
- Hola Marina… Me alegra verte,-dijo casi en voz baja-. ¿Cómo estás?



 Natasha estaba prácticamente irreconocible, bastante desmejorada y vestida de una forma poco usual a lo que recordaba Marina de ella. ¿Qué le habría pasado para encontrarse así?


 Acercándose a ella, Marina quiso saber por qué no había entrado con los demás.
- ¿Tú me has visto? No estoy para ninguna fiesta y… Quiero que todos me recuerden como era, y no como estoy ahora.
- Pero para eso están estas fiestas, para ver cómo hemos cambiado, cómo nos va a cada uno… ¡Aquí ninguno estamos igual que hace 10 años!
- Eso ya lo veo… Tú estás guapísima, con un cuerpazo que flipas, Lucas está como un tren, Danny con ese pelo largo está irreconocible y qué decir de Bárbara y Madison… Son unas auténticas princesas. En cambio yo… Soy un esqueleto andante, una yonki de mierda y puta. Lo tengo todo… Mira, será mejor que me vaya. Si te preguntan dónde has estado, les dices que has ido al baño, no les comentes nada de que me has visto, ¿vale? ¿Podrías hacerme ese favor?


 Sujetando a Natasha del brazo para que no se fuera, Marina le dijo algo que la hizo volverse a ella de nuevo.
- Yo me iba a ir de aquí cuando te he visto…
- ¿Irte? ¿Por qué?
- Mira por la ventana y dime qué ves.
- A Danny hablando con Lucas, a Bárbara con Mad… Ah vale, ya entiendo. Te has vuelto a sentir desplazada, ¿me equivoco?
- Justo eso…
- No sabes cómo te comprendo, aunque no me creas.
- ¿Y por qué no te voy a creer? A ver, cuéntame qué te pasa.
- Uf… Va a ser duro, pero espero no dejarme nada en el tintero… Cuando mis padres me metieron en el internado, se olvidaron completamente de mí. No aparecieron nunca en el día de los padres, ni por Navidad, no me visitaban ni los fines de semana… Nada. Y como me imaginaba, cuando terminé ese año que me quedaba en el internado, nadie vino a buscarme, por lo que me tuve que buscar la vida por mi cuenta con lo que llevaba en mi maleta. Conocí a unos chicos que robaban fruta y comida en un supermercado y como yo tenía mejor ropa y no me conocían por allí, robé para ellos varias veces hasta que me pillaron y me metieron en la cárcel. Allí estuve unos meses y la desesperación me podía, no paraba de llorar, de gritar, de autolesionarme por todo lo que me había estado pasando, por lo que una compañera de celda me ofreció algo para calmarme y desde la primera calada me sentí en la gloria. Desaparecieron todos mis problemas… Y cada vez quería más y más. Hasta que me volví adicta. Salí de la cárcel sin nada más que con unas ropas que me dieron allí. ¿Y qué hice? Pues ponerme en una esquina y prostituirme para conseguir dinero para más mierda… Prácticamente todo lo que ganaba me lo gastaba en droga. Hasta que un día casi me da algo, me tuvieron que llevar al hospital y allí pude recobrar el juicio de nuevo durante unos días… Sigo siendo puta, pero ahora estoy en un piso de un bloque en el barrio bajo de Los Aniegos pero… Los demonios de la droga siguen llamándome a la puerta y tengo un mono que no me aguanto. Así que será mejor que me vaya, me meta un chute y se acabe Natasha Steel.
- De eso nada, ¿me estás escuchando? Mira, vamos a hacer un trato, ¿ok? Yo vuelvo a la fiesta y no me voy a mi casa si tú entras conmigo, ¿trato hecho?


 La fiesta continuaba dentro y mientras que Danny y Bárbara bailaban juntos, Lucas bailaba sólo preguntándose dónde se había metido Marina. Madison, por su parte, había cogido un plato de pavo relleno para comer algo.


 Danny le había preguntado de todo a Bárbara para saber de ella, de sus estudios, trabajo, familia, relaciones… Y para su desgracia, Bárbara tenía novio por lo que… Mirando a Madison, la vio sola comiendo, así que pensaba ir a por ella y “ponerse al día” de sus vidas, aunque eso no le importase una mierda. Era la excusa perfecta para llegar a la cama.


 Con mucho miedo en el cuerpo y sin parar de temblar, Natasha abrió la puerta de su antigua clase encontrándose con la mirada de Bárbara en ese mismo momento. Sin saber qué hacer, Natasha se quedó quieta, sin apenas sonreír ni saludar a nadie.


 árbara la miraba sin saber a ciencia cierta si era Natasha, ya que estaba bastante desmejorada… Pero al ver en el umbral de la puerta a Marina, supo que era ella, su antigua amiga. ¿Qué le había pasado? Se preguntaba sin parar en su cabeza.
- ¿Qué ocurre?-preguntó Danny-. Ni que hubieras visto a un fantasma-.


 Acercándose a ella y sin dudarlo un instante, Bárbara abrazó a Natasha, sorprendiendo a ésta. No se esperaba que su vieja amiga la recibiera tan bien después de tanto tiempo y al haberla visto con ese aspecto. Relajándose un poco, Natasha comenzó a abrazar con fuerza a su amiga.
- Te he echado mucho de menos Bárbara…


 Separándose de ella, Bárbara comenzó a anunciar a todos que Natasha había llegado, que ya estaban todos presentes. Los demás la saludaron y empezaron a aplaudir a la recién llegada. Sin embargo, Madison aún estaban comiendo y no se había girado a mirar la escena…


 Al levantarse y mirar a Natasha, Madison no pudo evitar soltar una pequeña carcajada, acompañando esta risa junto a un comentario fuera de lugar.
- ¿Qué hace esa puta yonki aquí?
- Madison, es Natasha,-volvió a repetir Bárbara-.
- Esa no puede ser Natasha chicos, es imposible. ¿No le habéis visto las pintas que lleva? ¿Y la cara que tiene? Buah, menuda yonki de mierda...


 Sin pensárselo dos veces, Natasha salió corriendo a la vez que dos grandes lágrimas salían de sus ojos, recorriendo sus mejillas y precipitándose al suelo, al igual que sus ánimos.


 Gritando a Natasha, Marina salió corriendo en su busca para evitar que se marchase de allí mientras que pensaba en el odioso comentario de Madison, que había soltado todo aquello sin ningún tipo de problema, sabiendo que podía herir los sentimientos de alguien.


 Inevitablemente, Bárbara se giró hacia su amiga Madison y comenzó a increparla por lo que acababa de decir.
- ¿Qué coño te pasa Madison?
- ¿Cómo dices?
- ¿Cómo se te ocurre hablarle así a la gente? ¿No sabes que las palabras pueden llegar a herir más que pegarle a alguien?
- ¿Pero qué me estás contando? ¿No la has visto? ¡Es una drogadicta de mierda! No quiero que me lleguen a ver cerca de alguien así justo cuando queda tan poco para el estreno de mi serie…


 Sin podérselo creer, Bárbara comenzó a soltar sapos y culebras por su boca, insultando y poniendo de vuelta y media a Madison, que la escuchaba atónita a la vez que cabreada por estar defendiendo a una drogadicta de mierda, por muy vieja amiga que fuera de ellas.
- No entiendo cómo puedes ser así de insensible con alguien que significó tanto para tu vida en una etapa tan importante como fue el bachillerato… ¡Éramos íntimas amigas! Y mírate ahora… Solo te interesa tu estúpida serie de mierda.


 Sin poder reprimirse, Madison sacó su mano a pasear y le dio un guantazo a Bárbara, que intentó evitar el golpe sin éxito. A su vez, fuera Marina se abrazaba con Natasha después de calmarla un poco y de hablar con ella.


 Al ver la situación, Lucas le preguntó a Bárbara si estaba bien, quien afirmó yéndose a otro punto de la clase antes de continuar aquel enfrentamiento. Poniéndose en el lugar que había ocupado Bárbara escasos segundos antes, el muchacho le recriminó su actitud a Madison.
- Madison, te voy a pedir que te calmes un poco, ¿vale? Entre el comentario a Natasha y el guantazo a Bárbara te estás luciendo esta noche, ¿qué te pasa?
- ¡Nada! La gente no comprende que soy una estrella y que si me ven junto a esa, toda mi imagen se me puede ir al garete…
- ¿Pero qué imagen? Si yo acabo de enterarme de que eres actriz… Tanta fama no tendrás como crees cuando ninguno de los que estamos aquí se había enterado antes, vaya.


 Fuera de la clase, Natasha le agradecía a Marina todas las palabras amables que había tenido con ella.
- Sigues siendo increíble, más que antes incluso. Después de todo lo que te hice sufrir… Sería lo normal que no me quisieras mirar ni a la cara, pero aquí estás, ayudándome a no sentirme peor de lo que ya estoy… ¿Por qué lo haces?
- Pues por el simple hecho de que no merece la pena guardar rencor a nadie, que eso es un arma de doble filo, porque te crees que de esa forma le vas a hacer daño a esa persona cuando en realidad te lo estás haciendo a ti mismo.


 Los gritos dentro de la clase iban aumentando y ya Lucas y Bárbara no soportaban el tono de voz de Madison, que estaba descontrolada completamente.
- ¡Que te calles ya, coño!-gritó Lucas también, haciéndose escuchar de nuevo-.
- ¡A mí no me levantes la voz! Que si quiero te podrían degradar más rápido de lo que se dice “ya”-amenazó Madison-.
- ¿Eso es una amenaza? ¿Te recuerdo que estás hablando con un policía?


 Y sin dejar que terminase la frase, Madison volvió a sacar a pasear su mano y le dio un guantazo a Lucas, esta vez más fuerte que a Bárbara. Danny, quien miraba la escena completamente atónito, se le quitaron las ganas de tener un fugar romance con ella. Se creía la mayor diva allí, cuando ni siquiera tenía fama.


 Bárbara estaba tensa, miraba mortalmente seria a Madison, a la que quería echar de allí a patadas si fuera necesario, pero viendo que los fuertes brazos de Lucas se estaban tensando, dio un paso atrás y siguió manteniéndose al margen.


 Danny, como si de una pelea de niños pequeños se tratase, le preguntó algo a Lucas que le hizo relajarse un poco más.
- ¿La vas a arrestar?
- No… No quiero estropearle su fabulosa carrera como ¡meretriz!-dijo en voz alta para que Madison lo escuchase-. Quiero decir actriz…
- ¡Ponle las esposas!-le pedía Danny-.
- No.
- ¡Que se las ponga! ¡Que se las ponga! ¡Que se las ponga!…


 Y justo cuando iba a volver a decir algo la estupenda Madison, la puerta de la clase se abrió bruscamente, entrando una enfadada Natasha a la estancia. Dejando a todos helados, sin saber qué pasaría en ese momento, permanecieron a la espera. Lucas, quien había adoptado una postura de asalto contra Madison, se fue acercando poco a poco a ella, para evitar futuras peleas.


 Ni corta ni perezosa, la débil Natasha sacó un caño de voz que sorprendió a todos allí, desde Danny a Marina, quien acababa de entrar en clase también.
- ¡Tú! Hija de puta...-gritó Natasha-. Escúchame atentamente porque no lo voy a repetir una vez más. Deja de hacerte la santa y la divina porque de aquí la más puta eres tú, mucho más que yo que me dedico a eso. ¿Te recuerdo por qué? Porque te has acostado con quien ha hecho falta para conseguir todo aquello que tú querías. ¡Siempre!
- ¿De qué estás hablando puta yonki?-preguntó Madison-.
- ¿No te acuerdas? Bueno, pues echemos la vista atrás… ¿Te acuerdas que me confesaste estando ya en el internado que hablaste con tu padre de lo que yo le había hecho a Marina? ¿Y que por culpa de eso nos metieron a todas en un internado?
- ¡Mientes!
- ¡Sabes que no! ¿Y tampoco recuerdas cuando saliste del internado? ¿Cómo conseguiste convencer a tu papi?
- No te atreverás…


 La situación estaba más tensa que una abuela con tres fajas y todos permanecían atentos al relato que contaba Natasha ante el estupor y la sorpresa de Madison.
- Siento haberte mentido antes Marina,-dijo Natasha dirigiéndose a ella-, pero sí que vi a mi padre. Vino un día a visitarme y justo en ese momento apareció la “dulce y buena” de Madison, quien quiso contarle algo en privado. Yo me salí de la habitación y al ver que pasaba mucho tiempo y no salían de allí, me acerqué y los escuché follar. Me quedé en shock y no supe qué hacer, si preguntarle a Madison o hablarle a mi padre después, pero cuando de un día para otro Madison me dijo que su padre la iba a sacar del internado y que mis padres no volvían a dirigirme la palabra lo comprendí todo. Supe que Madison me había echado la culpa de todo lo sucedido, de que yo había sido la que grabó el vídeo, la que te empujó y te mandó al hospital… Y por eso mi padre habló con el suyo para que la sacara del internado. Todas las culpas recayeron en mí y por eso estoy como estoy, porque tú querías salvar tu pellejo, porque no soportabas estar encerrada en un internado sólo de chicas, porque no podías vivir sin pollas en la boca, por eso te metiste la de mi padre hasta la garganta, ¿verdad? Y estoy segura que todos tus papeles en esas maravillosas películas y series han pasado previamente por la cama.
- No me lo puedo creer,-dijo una entristecida Bárbara-.
- Siento que te hayas tenido que enterar de todo esto ahora,-lamentaba Natasha-, pero… Si no lo decía reventaba.
- ¡ERES UNA HIJA DE...!-gritó histérica Madison-.


 Y sin dejar que siguiese gritando más, Natasha le propinó el guantazo que debió haberle dado su padre hacía muchos años atrás. El golpe sonó tan fuerte que hasta Lucas frunció el ceño, notando que seguramente había sido tan fuerte como el sonido.


 Aquella vez Madison no hizo nada, solamente miró a sus compañeros con cara de odio y se fue sin más. Al abrir la puerta, todos se dieron cuenta que estaba amaneciendo y que lo único que habían hecho aquella noche era discutir. Y todo por una maldita rencilla de años pasados…
Al desaparecer Madison de sus vistas, los demás compañeros comenzaron a vitorear a Natasha, quien se comenzó a ruborizar bastante, agradeciendo a todos ese gesto.


CONTINUARÁ...