domingo, 16 de diciembre de 2018

Sueños Rotos || Capítulo 5

Después de tres días en el hospital, Marina había mejorado levemente. Seguía sedada y en cuidados intensivos, ya que tras la parada cardiorrespiratoria y el golpe en la cabeza, tenían que hacerle muchas más pruebas para cerciorarse de que todo estaba bien. La que tampoco se movía de la habitación era su madre… Bianca llevaba tres intensos días con sus noches velando y cuidando a su hija, hablando con los médicos que llevaban el tratamiento, intentando agilizar las pruebas… Pero el cansancio la estaba afectando y ella no era capaz de parar. Su marido, por enésima vez, intentaba convencerla para que durmiese un rato.
- Cariño, no lo vas a conseguir...-decía Bianca-.

- Pero cielo, ¿cuántas horas has dormido en estos tres días? ¿Cinco como mucho? No hay cuerpo que lo resista y tú no eres ninguna heroína de cómics. Eres un ser humano como yo y como el resto del planeta. Déjate cuidar…


A Oscar también se le notaba cansado, ya que saber que su hija se había debatido entre la vida y la muerte le causó un shock bastante grande. Había luchado tanto por tener a su pequeña con él, que ahora no quería perderla bajo ningún concepto. Lo que todavía no sabía era cómo había podido caerse ahí y golpearse en la cabeza… Había reconstruido la escena en su cabeza miles de veces pero no llegaba a una conclusión sólida.


Y tras un breve forcejeo verbal, donde Oscar continuó presionando a su esposa para que se fuera a casa, lo consiguió. Bianca miró a su marido con ojos de cansancio y con unas ojeras bastante importantes antes de levantarse y besarlo.
- Perdóname cariño,-dijo Bianca tras besar las mejillas de Oscar-.


Echándole un vistazo a su hija antes de irse, la besó en la frente y abrió la puerta para ir a casa y dormir en condiciones por primera vez en tres días.
- Si hubiese alguna novedad, dame un toque, ¿vale?-le dijo Bianca a su marido-.
- Sí claro. Si pasa cualquier cosa te lo digo. Ahora descansa mi amor.


Y justo cuando estaba esperando al ascensor, Lucas apareció cruzando la puerta de uno de los pasillos del hospital mirando hacia las puertas para averiguar cual era la de su amiga.
- Es la puerta que está a la izquierda al fondo del pasillo,-dijo Bianca en voz alta hacia Lucas, llamando así su atención-.
- ¡Bianca!-dijo volviendo en sí-.


Acercándose, ambos se abrazaron con fuerza. Bianca le agradeció el gesto de acercarse al hospital a ver a Marina, aparte de las llamadas que había hecho en esos días.
- ¿Cómo sigue?-preguntó interesado Lucas-.
- De momento progresa. Está fuera de peligro, gracias a Dios, pero nos ha dado un susto de muerte. Tal vez en una semana, si sigue así, le den el alta. Y bueno, ¿tú qué tal del resfriado? ¿Y tus padres cómo están? Hace siglos que no los veo.
- Yo del resfriado mejor, ya apenas moqueo y mis padres… Será mejor que ellos te lo digan en persona.


Y, de repente, Genaro y Gema, visiblemente más mayores que como los recordábamos, cruzaron la misma puerta que Lucas hacía unos momentos.
- Menudo lío de pasillos tenéis aquí en el hospital,-comentó Gema-. ¿Cómo es que no te pierdes Bianca?-dijo sonriendo a su amiga-.
- Tendréis que llevar GPS para guiaros, ¿verdad?-comentó desde más atrás Genaro-.
- ¿Puedo ver a Marina?-preguntó Lucas-.
- Sí, por supuesto,-afirmó Bianca-.


La primera en abrazar a Bianca fue Gema, quien retomó la relación cuando descubrieron que sus hijos estaban en la misma clase. Eran buenas amigas pese a que no se pudieran ver cada semana, ya que cada una tenía obligaciones personales y laborales diferentes.
- Gracias por venir Gema,-agradeció Bianca-. Significa mucho para mí…
- Anda boba, no es nada. En cuanto me enteré, llamé a Genaro y nos vinimos para acá.


Y acercándose a ellas, Genaro también abrazó a Bianca. Ambos se conocían gracias a Gema, quienes los presentó un día que salieron juntos en pareja, Genaro con su esposa Rosalía, Gema con su marido Kevin y Bianca junto a Oscar. Pese a haber sido marido y mujer en el pasado, Genaro y Gema tenían una relación de amistad sana y que Lucas agradecía enormemente, ya que no le gustaba ver a sus padres peleados como cuando era pequeño. Si tenían que agradecer algo del secuestro que sufrieron, era de que se dieron cuenta de lo que era realmente importante en sus vidas, dejando de un lado las diferencias que los separaban.


Ambos le preguntaron a Bianca cómo se encontraba Marina, cómo le había ocurrido ese accidente y, también, cómo se encontraban ella y Oscar.
- Yo me iba a casa a dormir, que llevo tres días aquí sin descansar. Oscar me ha obligado a irme vaya, porque yo no quería ni quiero.
- Es que debes descansar,-dijo Genaro-. Porque al final la que se va a poner enferma eres tú y no vas a poder cuidar a tu hija como deberías. ¿Oscar está bien?
- Él sí, muy cansado también porque en cuanto termina del trabajo se viene aquí y pasa toda la tarde con la niña en la habitación, entonces no descansa en condiciones tampoco.
- ¿Y cómo ha podido ocurrir?-quiso saber Gema con un gesto de preocupación en su rostro-. ¿Se ha averiguado algo?
- De momento no tenemos ni idea, ya que Marina no ha despertado todavía, pero presuponemos que ha sido un accidente… Porque una de las ideas que se nos vino a la cabeza fue que alguien se lo hiciera pero, ¿quién sería capaz de hacer algo así?
- Ni idea,-contestó Genaro-. Lucas no me ha dicho nada tampoco… ¿Y a ti, Gema?
- Qué va.
- Pues eso es lo que me extraña,-decía Bianca-. Que si a mi hija le estuvieran haciendo algo, ella me lo diría, ¿verdad?


Dentro de la habitación, y con un tono bajito, Lucas charlaba con Oscar, interesándose por la salud de su buena amiga tras el accidente que, aunque no estaba seguro, el muchacho tenía ciertas sospechas de que hubiera sido alguna de las chicas que se reían de ella. Había visto el dichoso vídeo, que había corrido como la pólvora por el instituto, pero nadie había dicho nada más. La noticia del accidente de Marina sorprendió a todos en la clase, pero Lucas tenía una espinita clavada de que alguna de las tres amigas habían tenido algo que ver. La lástima era que no tenía pruebas de nada…


Lucas siempre le había dicho a Marina que debía contárselo a sus padres, pero ella no quería preocuparlos de nada, ya que si estaban volcados en ella teniendo una situación normal, si les dijese que se reían de ella en clase, estaba segura de que revolucionarían el instituto. Por eso, Marina le había hecho prometer a Lucas de que nunca, bajo ningún concepto, diría nada a nadie, ni a los padres de ella ni a los suyos propios.


Y como habían predicho los médicos, Marina evolucionó favorablemente y varios días después se despertó tranquilamente en el hospital. Sus padres saltaron de alegría y llenaron de besos a su hija. Los demás días se hicieron mucho más amenos, ya que la recuperación de Marina estaba siendo muy rápida y el ambiente estaba mucho más calmado y alegre que antes. Pasada una semana, le dieron el alta y lo primero que quiso hacer Marina fue volver al instituto, ya que había perdido muchas horas de clase y no quería repetir curso por culpa del accidente.
El día de la vuelta de Marina, Lucas la estaba esperando en la puerta, como había hecho siempre.


Ese día Lucas estaba más feliz que de costumbre, ya que su gran amiga volvía a clase, se reincorporaba a la vida normal tras unas semanas de angustia y de preocupación que habían afectado seriamente a su entorno más íntimo.


Nada más verla salir por la puerta, Lucas comenzó a aplaudir a Marina, vitoreando su nombre al compás. La comida en el hospital, como todo el mundo sabe, no era muy buena, por lo que en ese tiempo, Marina perdió un par de kilos que notó rápidamente en cuanto se volvió a poner su ropa de siempre, ya que le quedaba más holgada y tenía que cerrarse más el cinturón.


Abrazando a Lucas, Marina se sentía llena de alegría, ya que sabía que con él no necesitaba a nadie más que a sus padres en ese momento.

 
Y antes de poner rumbo al instituto, Marina quería decirle un par de cosas a Lucas.
- Lucas, antes de nada, quiero contarte algo que sólo vas a saber tú, ¿de acuerdo?
- ¿Es sobre tu accidente?
- Sí… Pero antes de decirte nada prométeme que te vas a quedar callado y que nunca contarás lo que te voy a decir.
- Sí, te lo prometo.
- Vale… Pues quien me hizo esto fue Natasha.
- ¡Lo sabía! Me imaginaba que fue ella. Hija de puta…
- No lo hizo queriendo, al menos eso pienso yo. Después de ponerme el vídeo, salí corriendo hacia aquí y me siguió, me gritó y me dio un guantazo, haciéndome perder el equilibrio y me caí.
- Pues la muy hija de puta no dijo nada y se largaría, porque te encontraron los vecinos.
- Lo sé…


Lucas no podía evitar su enfado y se lo llevaban los demonios cada vez que veía o escuchaba hablar a alguna de aquellas tres chicas.
- ¿Y vas a continuar yendo al instituto?
- Por supuesto. No voy a echar a perder mi educación por culpa de tres impresentables.
- Ya, pero me refiero a que si no preferirías cambiarte de instituto.
- No. Empecé mi educación en este colegio y la voy a terminar aquí, le pese a quien le pese. Esto que me ha ocurrido me ha hecho darme cuenta de que no debo dejar que las cosas me afecten. Que el tiempo pasa y los problemas cada día serán mayores y si no aprendo a luchar, me acabaré hundiendo.
- Marina, estás hablando con una madurez increíble… Me proclamo tu fan número uno.
- Jajajaja, anda ya tonto. Venga, vayámonos al instituto.


Yendo al instituto, se dirigieron al aula que les tocaba y, desde dentro, Natasha que estaba hablando con Bárbara, vio pasar a Marina.
- Tía, tía, ahí está Marina,-dijo nerviosa Natasha-.
- ¿Que Marina? ¿La gorda?
- Ya no lo está tanto, ¿eh? Vaya tela tía, ¿qué hago?
- Eso depende de ti. La que la empujó y se largó fuiste tú y ella lo sabe.
- Es que se me puede caer el pelo como ella abra la boca…


Marina vio por el rabillo del ojo que dentro estaban sus “inseparables” amigas, pero sin hacer ningún gesto aprensivo, siguió su camino hacia la clase, con paso firme y decidido.


En cuanto entró, Natasha clavó su mirada en Marina mientras notaba que su corazón le iba a salir del pecho. Estaba muy nerviosa por lo que le podía pasar si Marina hablaba y el miedo de que le pudiera pasar algo la dejaba paralizada. Por su parte, Lucas se paró en seco cuando vio a aquellas tres. Mirándolo, Marina le dijo que se relajase, que no pasaba nada, ya que había notado que se había puesto muy tenso.
- Tranquilízate Lucas. Venga, sentémonos antes de que llegue el profesor y nos vea de pie.


Pero justo cuando Marina iba a sentarse, Natasha la llamó, acercándose a ella mientras miraba a Lucas, que no le quitaba el ojo de encima, echándole una amenazadora mirada.
- Marina… ¿podemos hablar un momento?
- Dime,-dijo secamente Marina sin mirarla a la cara-.


Parándose frente a ella, Natasha se quedó en silencio unos momentos, intentando calmar los latidos de su corazón, los cuales sentía en la garganta y la hacían tener un duro nudo que apenas la ayudaba a hablar con claridad. Las otras dos amigas miraban la escena en silencio, esperando a ver qué es lo que iba a pasar.


Bárbara notaba la inquisidora mirada de Lucas, quien estaba mortalmente serio y sin quitarle un ojo de encima. La muchacha se daba cuenta de que la “broma” había pasado de castaño a oscuro pero eso era algo que ella nunca iba a afirmar, ya que su ego estaba por encima de todo lo demás.


Finalmente y tras unos breves momentos en silencio, Marina decidió mirar a su compañera directamente a los ojos, acción que puso a Natasha más nerviosa de lo que estaba cuando ni siquiera había hablado todavía. Cansándose de estar en silencio, Marina volvió a hablar.
- No tengo todo el día. Si vas a decir algo, dímelo ahora o si no te vas a tu sitio.
- Bueno yo… Quería pedirte perdón. Sé que lo que hice estuvo mal, pero cuando te vi tirada en el suelo me entró el pánico y me largué. No debería haberme ido, pero en ese momento no sabía qué hacer y reaccioné así. Pensé en acercarme al hospital, pero creí que a la última persona que querrías ver sería a mí. Lo siento de veras. Entiendo que…-siguió diciendo tras tragar saliva-, me denuncies y que se lo digas a tus padres. Estás en tu derecho de vengarte de mí.


Tras unos breves segundos que a Natasha se le hicieron interminables, Marina le contestó con voz tranquila y sosegada.
- No voy a decir nada a nadie y no es por falta de ganas, porque no sabes las de veces que he pensado en reventarte la puta cabeza y más ahora después de lo que me has hecho. Pero las semanas en el hospital me han hecho darme cuenta que la venganza es una tontería, que para lo único que sirve es para rebajarte y ponerte al mismo nivel de la persona a la que odias y, perdona que te diga, pero yo valgo mucho más que tú de aquí a Pekín, ida y vuelta Natasha. Y permíteme que te dé un consejo: Sigue tu vida, enfócate en ti misma y en tus estudios y haz como si no me conocieras. Somos simples compañeras de clase hasta que terminemos el bachillerato, pero nada más. Tú por un lado y yo por el otro. ¿Me he expresado con claridad?


Lucas tuvo que reprimir las ganas de aplaudir al escuchar el discurso que había dado Marina en ese momento. En su rostro se le dibujó una irremediable sonrisa que llamó la atención de Natasha que, al mirarlo, vio como el muchacho le guiñaba un ojo convirtiendo esa sonrisa en una de superioridad. Tras eso, Natasha volvió a pedir disculpas a Marina y, agachando la cabeza, se fue hasta su sitio a sentarse.


En cuanto Marina se sentó a su lado, Lucas la felicitó por la actitud que había tenido y el discurso que había dado. Estaba orgulloso de ella y se lo hacía saber mientras que, por primera vez, Marina sentía alivio al haber soltado todo lo que tenía dentro.


Poco después y mientras que estaba sonando la bocina, entró Danny que, al verla, se dirigió hacia ella para darle la bienvenida.
- ¡Marina! Me alegro de verte por aquí, ¿cómo estás?
- Lárgate,-contestó ella secamente y sin mirarlo a la cara-.
- Pero, ¿qué te pasa?-preguntó mientras fijó su mirada en Lucas-. ¿Qué le pasa a esta?
- Ya sabes lo que te ha dicho,-replicó Lucas-. Que te largues tío.
- ¿Tú también? ¡Yo no he hecho nada!
- Sí, sí que lo hiciste. Reírte de ella en lugar de defenderla aquel día cuando te enseñaron el vídeo. Eres...-comenzó a decir Lucas, que se calló en el momento en el que notó la mano de Marina sobre la suya-. No mereces ni que te insulte.


Marina había madurado considerablemente. Ahora estaba algo más segura de sí misma, aunque este hecho le había provocado encerrarse algo más en sí misma, ya que se había dado cuenta de que no todos tenían las mismas buenas intenciones que ella. Ahora se enfocaría en aprobar el curso y continuar su vida lo mejor que pudiera…


CONTINUARÁ...

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Sueños Rotos || Capítulo 4

Como una hora más tarde, Natasha se dirigió a la casita” de Bárbara, donde ya se encontraba Madison. Ambas esperaban ansiosas las novedades que traía su rubia amiga, ya que por el grupo de WhatsApp que tenían las tres, había dicho que tenía algo increíble y difícil de creer…



En cuanto llegó, lo primero que hizo Natasha fue enseñarles el vídeo a sus amigas y las tres se pusieron a verlo juntas, soltando carcajadas sin parar. Tras eso, la creadora del vídeo se puso a alardear.
- ¿Quién ha grabado el vídeo? Yo. ¿Quién se ha colado en la casa sin ser vista? Yo- ¿Quién va a hundir a la gorda asquerosa de Marina? Yo.
- ¡Bien hecho!-la felicitaba Madison, con una amplia sonrisa-.




Bárbara también la felicitó y, tras eso, les terminó de contar el plan que tenía pensado.
- Ya verás mañana,-decía la líder del grupo-, cuando sepa lo que le has grabado ¡Va a ser el hazmerreír de todo el instituto!
- Y todo gracias a mí… Soy una crack,-decía Natasha felicitándose a sí misma, otra vez-.




Y poniendo algo de calma, Madison intervino en la conversación de sus amigas.
- Ahora solo queda esperar a mañana y dejarlo todo preparado, así que será mejor que nos vayamos a casa y descansemos, que mañana tendremos nuestro gran día.




En ese momento, en la casa de Marina, Bianca acababa de llegar del hospital.
- ¡Buenas tardes! ¿Marina? ¿Estás en casa?
- ¡Hola mamá! Ahora salgo, que estoy en mi dormitorio.




Nada más salir, madre e hija se unieron en el fuerte abrazo que tanto necesitaba Marina, aunque no se lo iba a decir a su madre, por supuesto.
- ¿Qué tal el trabajo hoy?
- Mucho más tranquila, pero tampoco he podido parar mucho. Vengo reventada…
- ¿Te apetece ver una peli?
- ¡Genial! Ve eligiendo una mientras me ducho, ¿vale?




Minutos después, ambas comenzaban a ver la peli mientras se relajaban en el cómodo sofá negro del salón.




Un rato más tarde, el que llegó a casa fue el patriarca de la familia. Saludando, rápidamente se dio cuenta de que estaban viendo una peli. Al escucharlo entrar, Marina paró la película y saludó a su padre.
- ¡Hola papá! ¿Qué tal?
- Molido como la canela. ¿Y vosotras qué tal? ¿Qué peli estáis viendo?
- “Intercambios”.
- Ah, ¿de qué trata?
- De unos hermanos que se pelean con sus padres y piden un deseo de que sus padres sepan lo que ellos sufren y a la mañana siguiente se despiertan en los cuerpos de sus padres y viceversa.
- Anda, pues mira, tiene buena pinta. Voy a verla con vosotras…




Sentándose en el suelo, Oscar comenzó a ver la película intentando engancharse a ella mientras que su mujer y su hija le resolvían las dudas y le contaban las cosas que ya habían pasado.




A la mañana siguiente, cuando Marina se despertó para ir a clase, vio que tenía un mensaje de Lucas…
- Marina, hoy no voy a poder ir a clase porque me he despertado con un gripazo terrible. ¿Puedes decírselo a la profe? Iré al médico en un rato y el lunes le llevaré el justificante. Gracias y buen finde.
- Vaya,-comenzó a escribirle la contestación-, espero que te mejores pronto y que se te pase el resfriado. ¡Feliz viernes y buen finde a ti también!




Ese día, tenían clase de informática a primera hora, por lo que Marina se dirigió al pabellón de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación). Como siempre, había llegado con diez minutos de antelación y seguramente sería la primera en llegar, como le pasaba cada día.




Pero este viernes era diferente, por primera vez en su vida Danny había llegado a tiempo y fue a sentarse en su sitio. Mirando a Bárbara, Madison y Natasha con extrañeza, les preguntó qué hacían ahí plantadas.
- Tú espera y verás. Enciende el ordenador y flipa con el vídeo que hemos grabado…-le dijo Bárbara-.




Las chicas habían ido ese día con media hora de antelación a clase, habían puesto el vídeo en cada uno de los ordenadores del aula para que, cuando llegasen sus compañeros, pudieran verlo y reírse de Marina jugando a Los Sims y hablándole cariñosamente a sus sims como si fueran reales.




En cuanto Marina llegó y las vio colocadas frente a ella, como si estuvieran esperándola, sabía que algo raro pasaba…
- Bu…Buenos días,-saludó Marina extrañada-.
- Buenos días bonita,-correspondió Natasha al saludo con retintín-.
- ¿Pasa algo?




En ese momento, escuchó una pequeña carcajada ahogada de Danny, que la miraba desde su sitio. Mirándolo también, Marina le preguntó qué era lo que estaba pasando.
- Nada… Mira en tu ordenador, a ver qué te encuentras… jijiji,-dijo intentando reprimir su risa-.




En cuanto Marina abrió su ordenador, se dio cuenta de que en el escritorio del pc había un vídeo, dándole doble clic comenzó a reproducirse un vídeo de ella la tarde anterior mientras jugaba a Los Sims en su cuarto. La muchacha comenzó a sentirse avergonzada y sus mejillas se volvieron rojas, propagándose al resto de su cara.




Sin poderlo aguantar más, Marina salió corriendo de allí mientras intentaba aguantar las lágrimas que se agolpaban en sus ojos queriendo salir. Las chicas, mientras la veían correr, aplaudían y le gritaban a Natasha, vitoreándola por su gran hazaña.




No podía más… Marina rompió a llorar mientras corría de vuelta a casa. No sabía si sería capaz de volver a ese instituto alguna vez después de todo lo que le habían hecho sufrir. Además, escuchar insultos como “gorda” o “china de mierda” que seguían saliendo de la clase a través de la puerta abierta, la hacían hundirse más y más.




Marina entró en su casa y cerró la puerta dando un portazo, porque sabía que no había nadie allí y que estaba sola. Sin pensárselo dos veces, se dirigió a su dormitorio, agarró su portátil y fue directamente a la basura para tirarlo. Ese maldito juego le había traído la ruina y no quería volver a jugarlo ni a saber nada más de él en lo que le quedaba de su asquerosa vida.




Tras un par de bocanadas de aire, Marina se secó las lágrimas y se dirigió hacia su casa para entrar en ella cuando la inconfundible voz de Natasha la paró en seco.




Dándose la vuelta, su corazón comenzó a latir fuertemente a la vez que grandes gotas de sudor comenzaron a caer por su frente. Se sentía acorralada en su propia casa y justo donde siempre se había sentido segura, ahora estaba indefensa.




Natasha, sin pensárselo dos veces, comenzó a gritar de una manera desmesurada a Marina, quien asustada, dio un paso atrás.
- ¡Ahora vas a saber lo que es que se rían de ti!-gritó Natasha-. ¡Tú no vuelves a ponerme la mano encima! ¡Y no voy a permitir que nadie se ría de mí como lo hizo ayer el mongolo de Lucas! ¡¿Te enteras?!




Marina no podía hablar, tenía un nudo en la garganta que le impedía decir ni una sola palabra, ya que sabía que cualquier cosa que dijese la iba a hacer llorar irremediablemente. Al ver que Marina no decía nada, Natasha le devolvió el guantazo del día anterior, dándoselo con todas sus fuerzas que, por desgracia, fueron muchas.




El guantazo le hizo perder el equilibrio y caerse al suelo, golpeándose en la cabeza con la esquina de la valla blanca que rodeaba las plantas exteriores de la casa. Natasha, al ver a Marina caer y que no se movía, le entró el pánico.




Tras unos instantes de indecisión, Natasha corrió hacia el instituto, que avisaba con la bocina de que las clases iban a comenzar. Marina seguía tendida en el suelo, sin moverse y… ¿sin vida?




De repente, Marina se levantó y miró a su alrededor sin recordar a ciencia cierta lo que había pasado… Tras unos segundos, Marina comenzó a andar hacia su casa de nuevo.




Y, para su sorpresa, el mismísimo Alex Pozas estaba frente a Marina, andando hacia ella con una magnífica sonrisa en la cara. Marina no se lo podía creer y estaba paralizada en el sitio. ¿Eso era real?
- No sabes lo que te he echado de menos…-dijo Alex con su característica voz ronca-.




Y sin más miramientos, Alex se acercó a Marina, la atrajo hacia él poniéndole el brazo en la cintura y comenzó a besarla en la boca como nunca nadie la había besado.
- Menudo primer beso,-pensaba Marina-.




A todo esto, Bianca acababa de empezar su turno y se encontraba con varios de sus compañeros, algunos recién incorporados como ella y otros haciendo el doble turno.




Mirando a Nicole, vio cómo ésta se ponía la tele mientras que su compañero Juan José preparaba unos cafés calentitos.
- ¿Qué tal estás Nicole?-preguntó Bianca-.
- Muerta… Anoche mi marido y yo tuvimos sesión de sexo y…
- Ya me imagino.
- No, no te lo puedes imaginar, porque no sé qué se habría tomado o yo que sé, pero nunca había durado tanto. Estoy reventada…




Al ver que su compañero había terminado los cafés, Bianca fue a por una de las tazas.
- ¿Cuántos llevas ya JJ?-preguntó Bianca acercándose a la bandeja de cafés-.
- Creo que cinco o seis…
- Madre mía, una noche larga, ¿no?
- Uf, y que lo digas. Estoy muerto.




Justo cuando Bianca iba a sentarse con sus compañeros antes de empezar su turno, el mismísimo director en persona entró en la sala de doctores.
- Buenos días doctor Recio,-saludó Bianca-. ¿Cómo usted por aquí?
- Buenos días Bianca, ¿podría salir un momento? Tengo que hablar con usted.
- Sí claro, cómo no,-dijo Bianca dejando la taza en la mesita bajo la tele-.




Dándose la vuelta, el director resopló mientras que una inocente Bianca salía sin tener ni idea de lo que le iba a anunciar…
- Usted dirá doctor Recio.




Volviéndose hacia ella, la miró directamente a los ojos, pero bajando la mirada, resopló de nuevo y comenzó a hablar.
- Doy este tipo de noticias todos los días pero cuando se trata de alguien cercano… La cosa cambia.
- ¿Qué tipo de noticias? Me está comenzando a preocupar. ¿Qué ocurre?
- Verá… Nos acaba de entrar de urgencia una muchacha en parada cardiorrespiratoria con una grave contusión craneoencefálica, pero por suerte hemos podido recuperarla y ahora mismo está en la UCI…
- Menos mal. ¿Necesitáis que os dé mi opinión pediátrica?
- No es eso… Hemos visto su documentación y nos hemos dado cuenta de que es… su hija.
- ¡¿Cómo?!




Dejando al director con la palabra en la boca, Bianca corrió escaleras abajo hacia la planta de la UCI. En cuanto sus compañeros la vieron, le dijeron directamente el número de la habitación donde se encontraba Marina, mientras que su madre seguía corriendo en su busca.




En cuanto llegó, Bianca abrió la puerta de la habitación y vio a su hija tumbada en la cama, sedada pero ya tranquila.
- Mi pequeña, mi dulce y linda Marina, ¿qué te ha pasado?




CONTINUARÁ…