miércoles, 24 de agosto de 2016

Hate | Capítulo 8

CAPÍTULO 8

Carlton hizo pasar a Emma a la casa y le preguntó qué hacía allí.
-          ¿Qué haces aquí Emma?
-          Soy tu nuevo agente de la condicional. Hoy cuando fui al trabajo me dijeron que tenía un nuevo ex preso al que ver y me dieron esta dirección, cuando llegué aquí fue cuando me di cuenta de quién eras. No había visto tu ficha… Si quieres, puedo pedir el cambio.
-          ¿Estás loca? Al contrario, prefiero que seas tú porque ya me conoces y nos respetamos. Si he de tener agente de la condicional hasta que se me cumpla la pena, que seas tú.
-          ¿Estás seguro?
-          Segurísimo. No hay mejor agente que tú.


Emma enrojeció de vergüenza y Carlton no sabía qué decir, estaba un poco cortado.
-          ¿Te apetece… quedarte a cenar?
-          Por mí vale.


Ambos se unieron en un abrazo fuerte y cariñoso. Se estaban comenzando a enamorar el uno del otro.


Y el tiempo fue pasando y ese amor fue creciendo entre ambos hasta el punto en el que se comprometieron y se acabaron casando. Tres años después de que Carlton descubriera que Emma era su agente, consiguió la libertad plena y era libre y estaba más feliz que nunca junto a su ya esposa.
-          Buenas noches mi amor,-dijo Carlton-.
-          Hola cariño, ¿qué tal el día?
-          Muy bien, he vuelto a ser el que más ha vendido.
-          ¡Estupendo!
-          ¿Eso que estás preparando son espaguetis a la carbonara?
-          Sí, menudo olfato tienes.


Carlton se alegró mucho. Llegar del trabajo para ir a comer a casa y encontrarse una de sus comidas preferidas era lo mejor.
-          Voy a cambiarme de ropa, que me quiero poner cómodo.
-          Está bien.


Unos pocos minutos después, vino Carlton de nuevo.
-          Ya sigo yo con la comida, vete a cambiar mientras tanto, te vayas a manchar y no es plan.
-          No te preocupes, tengo cuidado.
-          Venga cariño, yo sigo. Si esto es una camiseta de andar por casa, hazme caso.
-          Vale voy.


Carlton se puso manos a la obra con la cocina y en cuanto la salsa y la pasta comenzaron a hacerse, la casa olía de una manera totalmente diferente.
-          Creo que esto ya está.


Emma vino con el camisón puesto y se acercó a la cocina.
-          Uy, qué bien huele y tiene muy buena pinta.
-          Ya está listo, voy a servir y a comer jeje.


Tuvieron un almuerzo de lo más relajado mientras charlaban.
-          No sé qué tienes que te veo mucho más guapa de lo normal.
-          Hombre, muchas gracias. Siempre se agradece un piropo así.
-          No, pero de verdad, ¿te has echado algo? Ya sabes que no me doy cuenta de las cosas.
-          Bueno… Será que llevo un mes de retraso.
-          ¡¿Cómo?!


Carlton se levantó y cogió en brazos a Emma.
-          ¿Por qué no me lo has dicho antes?
-          Porque no estaba segura del todo. ¡Vamos a ser padres!
-          Cariño, mi sueño hecho realidad…


Y el tiempo pasó y pasó…


Emma acababa de salir de la ducha y se estaba poniendo sus cremas de la cara para no parecer tan vieja. Que 20 años se dicen rápido, pero más rápido envejecen los cuerpos.


Carlton se había duchado primero, ya que él entraba en el trabajo una hora antes.
-          Cariño, ¿cuánto vas a tardar? Los niños te están esperando fuera. Deja ya las cremitas que tú estás guapa como te pongas.
-          Gracias mi amor. Tú sí que sabes animar. Te quiero.
-          Y yo.


Salió de su cuarto y vio a sus chicos sentados en la mesa esperando a su madre para que los llevara a clase.
-          Ahora sale vuestra madre, que se está poniendo sus potingues.


¿Os acordáis de la falta que tenía Emma? Estaba embarazada de mellizos, que no gemelos, y ya hacía 17 años de su nacimiento. Les quedaba un trimestre para graduarse e ir a la universidad. El de la izquierda es Peter y el de la derecha Jack.


Y la peque y la princesa de la casa es María, de 11 añitos. Vino inesperadamente y se temían que fueran dos, pero al final fue solo una, gordita, pero una sola niña al fin y al cabo.


Carlton ya era director de marketing en la empresa donde estaba trabajando y se sentía muy bien, sobre todo porque a sus 63 años, estaba a punto de jubilarse y vivir la vida padre.


Unos minutos después, Emma salió del baño para llevarse a los chicos a colegio e instituto.
-          ¿Preparados?
-          Desde hace un rato mamá,-dijo Jack-.
-          Pues iros levantando que no quiero que lleguéis tarde.


Todos salieron de la casa y se dirigieron al coche, que estaba aparcado a la izquierda de la casa en un parking privado. Sin que se dieran cuenta, todos eran observados…


Emma se quedó parada cuando escuchó un ruido detrás del matorral que hay junto al coche. Miró más de cerca pero no vio nada, así que se montó en el coche y llevó a sus hijos a clase.


Como ya llevaba algo mosqueada más de una semana con ruidos raros y sensación de ser observada, fue a contárselo a su marido.
-          Carlton, estoy algo preocupada por los niños.
-          ¿Qué ocurre?
-          Hace ya un tiempo que llevo notando que nos observan y al principio pensé que serían tonterías, pero ya lleva bastante tiempo y comienzo a tener miedo.
-          ¿Y por qué no me has dicho nada?
-          Porque creía que serían tonterías mías, pero cuando ha seguido… Me he dado cuenta que algo pasa. Hoy he escuchado un ruido detrás del matorral del coche pero no había nada.


Y Emma estaba en lo cierto, había alguien vigilando a la familia en cada momento.


Carlton trataba de consolar a su mujer, que estaba temblando.
-          Cariño tranquila. Voy a hablar con mi jefe y le pediré unos días libres e intentaré solucionar esto. No te preocupes. Cuando vuelva a casa después de la reunión vamos los dos juntos a por los niños y pasamos un día de sofá, peli y manta los 5.
-          Eres increíble cariño. Cuánto te quiero.


Y no era una sola persona, sino dos… ¿O serían más? ¿Quiénes eran? ¿Qué pretendían?


En ese momento, Carlton fue consciente de que alguien los observaba. Por el rabillo del ojo había visto a una persona esconderse detrás de un cartel en la acera de enfrente, pero para no seguir alarmando a Emma le dijo que subiera con él al despacho de su jefe y así ambos explicaran el porqué de los días libres que se iba a pedir Carlton.


CONTINUARÁ…

domingo, 21 de agosto de 2016

Hate | Capítulo 7

Ayer tocaba capítulo pero tuve un día bastante complicadete así que os lo subo hoy. ¡Buena semana a todos!

CAPÍTULO 7

Carlton decidió irse de Twinbrook y mudarse a otro sitio, lejos de su ciudad y de la cárcel, comenzar de nuevo. Habló con su agente de la condicional y tras unos papeleos, le concedieron permiso para poder mudarse, pero tendría que ir a firmar todas las semanas en la comisaría de la ciudad donde fuera y no salir del país en ningún momento. En cuanto recogió sus cosas, se fue a una pequeña ciudad a las afueras de Los Ángeles.


Se había buscado un trabajo de vendedor de productos estéticos y alimenticios para así obtener ingresos de alguna fuente. Su mejor don era la labia y conseguía convencer a la gente y vender bastante dentro de la clientela fija de la tienda.


Uno de esos días libres que le dieron en el trabajo, decidió irse a la playa a pasar el día. Hacía bastante calor pese a estar en septiembre pero, ya se sabe, Los Ángeles…


Justo cuando estaba a punto de quedarse dormido una chica lo despertó.
-          Perdona que le moleste, ¿tienes fuego?


Carlton dándose la vuelta le contestó.
-          No, lo siento. No fumo.
-          Ah vale, gracias de todas formas.


Un rato más tarde, escuchó movimiento cerca de él y vio que la chica se había puesto un bañador y se había tumbado cerca de él.
-          Pues no está mal la chica…


Cuando las gotas de sudor comenzaron a rodar por la frente de Carlton, se dio un buen chapuzón, refrescándose mientras nadaba un poco.


Tras unos minutos nadando, fue a secarse, pero para no mancharse de arena decidió irse a la tumbona, pero la única libre de la playa estaba junto a la chica esta.
-          Perdone, ¿le importa que me ponga aquí?
-          No hay problema jeje. La playa es libre.


Y cuando se tumbó, comenzaron a charlar un poco. Nada, la típica conversación que tienes cuando conoces a alguien. Qué tal, cómo te llamas, eres nuevo por aquí, tienes trabajo…


Tras un buen rato hablando, Carlton sintió bastante hambre y se levantó dispuesto para irse, pero le daba cosa dejar a la chica allí, le había caído bastante bien.
-          Emma, ¿te apetece que vayamos a comer a algún sitio? Se nos ha hecho tarde y tengo hambre. Yo invito
-          Ah no, cada uno paga lo suyo y ya está.
-          Que no, déjame a mí pagar esta vez. La próxima vez lo hacemos a tu manera.


Emma sonrió y asintió. Le caía bien aquel hombre. Hizo bien pidiéndole fuego a él y no a otro, aunque no fumara. ¿Por qué lo hizo? Le parecía atractivo y quiso conocerlo más, simple y llanamente.


Carlton llevó a Emma a un restaurante famoso por sus grandes chuletones. Era plato único lo que comías allí y siempre te ibas saciado.


Mientras esperaban la comida no pararon de hablar y hablar. Había mucho feeling entre ellos.


Después de comer y llenarse el estómago, decidieron ir a bajar la comida a un local donde ponían buena música. Al ver que el puesto del Dj estaba vacío, Carlton vio su oportunidad de lucirse.
-          ¿Sabes que se me da bien pinchar?
-          ¿Ah sí? A ver, demuéstrame de lo que eres capaz.-          Uy, no me retes jajaja.


Carlton comenzó a mezclar y la verdad es que no lo hacía nada mal, era un novato y se notaba, pero sabía defenderse tanto que a Emma le dieron ganas de bailar.


Un par de personas más se unieron al baile de Emma, pero Carlton sólo tenía ojos para ella. En uno de los movimientos que hizo ella, se dio la vuelta y el novato Dj aprovechó para mirarle el culo.
-          Mamma mía.


A su vez, Emma sabía que con el baile y el movimiento de la falda, Carlton le estaba mirando el culo casi seguro.
-          No sé qué coño me pasa, pero este chico me está gustando mucho. No soy de las que hacen esto en una primera cita pero con él… Lo veo diferente.


Emma fue al baño para acicalarse, pintarse los labios y ponerse más mona. Quería estar despampanante para Carlton.


Cuando salió, Carlton había dejado de pinchar y se acercó a ella.
-          ¿Qué te ha parecido?
-          No lo haces nada mal señorito. Me ha gustado mucho.
-          Pues si te ha gustado esto, espera a ver lo que te tengo preparado.


Y acto seguido Carlton acercó su boca y besó a Emma. Ella se quedó muy sorprendida, no se esperaba que fuera tan rápido.


Pero tampoco puso pega. Ella cogió los brazos de él y lo acercó para seguir besándose.
-          No sé por qué estoy haciendo esto… Yo no soy así,-pensaba Emma-.


Y sí, esta es la cara que puso Carlton después de 22 años y pico sin ligar, sin besar y sin saber lo que es salir con una chica.
-          Toma, he triunfao,-pensaba Carlton-.


El beso siguiente fue totalmente apasionado y desenfrenado. Ella besaba de una manera increíble, lo que hizo que Carlton intentara esforzarse para que no notara que llevaba tantos años sin besar a una mujer.


Beso tras beso, la cosa se fue caldeando y acabaron en la casa de él, ambos tumbados en la cama y dispuestos a jugar al parchís, sí, ya sabéis, tú me comes a mí, yo te como a ti… Esas cosas.


Al día siguiente era miércoles, y sobre las siete de la tarde llegó Carlton del trabajo, se cambió y se tumbó en la cama para descansar un poquito antes de hacerse la cena cuando escuchó que llamaron al timbre.
-          ¡Voy!


Carlton se levantó de la cama y preguntó quién era.
-          Soy su nueva agente de la condicional. Me han dicho que debía pasarme para hablar con usted.
-          Enseguida le abro, voy a vestirme.


En cuanto se cambió de ropa, Carlton abrió la puerta y…
-          ¡¿Tú?!


CONTINUARÁ…