domingo, 25 de enero de 2015

Capítulo 10 de Manos Blancas

¡Muy buenas! Feliz domingo a todos. ¿Habéis pasado un buen fin de semana? Pues todavía no ha terminado, así que queda un día entero para disfrutar del descanso, salir a dar una vuelta o, simplemente, quedarse en casa viendo una película con la manta encima jejeje.
¿Qué viene ahora? Muy bien, capítulo de la historia. ¿Tenéis ganas de conocer la nueva casa de Igashu y Mitch? No os hago esperar más amigos. ¡Hasta muy pronto!

CAPÍTULO 10

Era ya el año 2004 y con 17 años, Igashu y Mitch iban de camino a su nueva y propia casa.


Finalmente se pararon frente a un bloque algo estropeado y con apariencia abandonada.
-        Esto… Mitch. ¿Por qué nos paramos aquí?
-        Porque aquí vamos a vivir. No te dejes llevar por las apariencias, la casa está muy bien.
-        A ver en qué sitio nos metes.


Los dos entraron en el portal junto con Wolf y al ver el estado en el que se conservaba, Igashu se quedó flipando.
-        Mitch, ¿desde cuándo vives aquí?
-        Unos meses, y no se vive mal, ¿eh?
-        Mitch, yo te mato.


Igashu se acercó y llamó al ascensor.
-        No te esfuerces en llamarlo que está roto.
-        No jodas, ¿y a qué piso vamos?
-        Al primero, podemos subir por las escaleras, tranquilo.

Igashu miró con cara seria a Mitch torciendo un poco la boca hacia el lado.
-        Venga, vamos para arriba,-dijo-.


Subieron por las escaleras y se encaminaron hacia la puerta de casa.
-        Ya verás cómo te gusta la casa y nuestros compañeros de piso.
-        ¡¿Tenemos compañeros de piso?!-dijo Igashu sin que Mitch le dejara tiempo a terminar la frase cuando abrió la puerta-.


Al entrar Igashu vio a una chica tumbada en el sofá.
-        Linda, levanta. Ya está aquí mi amigo.


La tal Linda se desperezó y se sentó en el sofá o lo que fuera eso estirándose.


Mientras se levantaba miró a Igashu.
-        Este es tu amigo, ¿no?
-        Sí, se llama Igashu. Igashu, ella es Linda.
-        Me alegra conocerte.
-        Igualmente.
-        Sentaos,-dijo Mitch-, que yo voy al cuarto a avisar a Leo.
-        ¡¿Otro?!-pensaba Igashu mientras se sentaba con Linda.


Linda comenzó a hablar y a hacerle preguntas a Igashu.
-        Y bueno cuéntame, ¿cuántos años tienes?
-        Tengo 17.
-        Ay, si eres todavía muy chico. Yo tengo 20 ahora jejeje.
-        Ah, qué bien.
-        Venga, alegra esa cara hombre que parece que vas a un entierro,-decía Linda dándole un pequeño       toque en la cara-.


Linda Howard es una chica de 20 años que se fugó de casa cuando apenas tenía 18 años recién cumplidos con su novio. Ninguno de sus padres aprobaba la relación de ambos así que se largaron. Pero esa relación se terminó y acabo viviendo con un chico algo mayor que ella. Tenían un rollo, pero no eran nada serio.


Mitch entró en la habitación y se puso a llamar a Leo.
-        ¡Leo! La fiesta de ayer ya terminó. Ya es hora de levantarse.
-        Mmmm, si…
-        ¡¡LEO!!


El tal Leo se levantó con cara de pocos amigos.
-        Buenos días para ti también cabronazo.
-        Dirás buenas tardes.
-        Lo que sea. ¡Qué quieres!
-        Que vengas al salón, que ya ha venido mi amigo.
-        Voooy. Dame un minuto.


Leo O’Brien es un chico de 24 años que vivía en esta casa de okupa cuando se encontró con Linda tirada en la calle. Nunca ha querido contar el por qué está ahí y siempre evita hablar del tema. Un día mientras andaba por la calle, se tropezó con Mitch y hablando hicieron amistad y lo invitó a vivir al piso, así que, el “dueño” de la casa como quien dice es Leo.


Mitch apareció con Leo y fue a presentárselo a Igashu.
-        Te presento a Leo. Fue el que me invitó a vivir aquí.
-        Yo soy Igashu, encantado.
-        Igualmente. He escuchado mucho de ti.
-        Viniendo de Mitch, cualquiera sabe lo que te habrá contado…
-        Cosas buenas, te lo prometo jaja.


Leo pese a su pinta algo… sucia, parecía simpático.
-        ¿Qué te parece la casa?
-        Bueeeeeno, no era lo que yo me esperaba.
-        No es el Windsor pero vaya, se vive bien. Somos personas humildes.
-        Hombre, eso es indudable jeje.


Leo le seguía preguntando.
-        ¿Tienes la misma edad que Mitch?
-        Sí, aunque soy unos meses más pequeño.
-        Ah, genial. Aquí entonces yo soy el abuelo y tú el nieto jajaja. Yo tengo 24.
-        Bueno, no eres viejo, el que es pequeño de edad soy yo.


Linda había visto a Wolf y se puso a jugar con él.
-        ¿Y este perro tan bonito? Ay, qué bonito es,-decía con tono estúpido como cuando se le habla a un      bebé-.


Igashu ya había terminado de hablar con Leo cuando miró la mesita y la vio desordenada.
-        ¿Y esto?
-        Nada, ayer hicimos una fiesta y acabamos… mal. Ahora recogeré. ¿Te apetece algo?


Igashu se volvió hacia Mitch mientras contestaba.
-        No gracias. ¡Ay va!, ¿tú fumas?
-        Sí, llevo unos meses haciéndolo.
-        ¿Quieres? No es tabaco.
-        ¿Entonces qué es?
-        Una amiga nuestra, prueba, verás cómo te gusta. Toma uno.


Igashu cogió el cigarro liado que le dio Mitch, lo encendió y le dio una calada.


Después de casi morirse tosiendo, saboreó un poco.
-        No sabe mal, ¿qué es?
-        Es María Igashu.
-        Ah, pues huele muy bien.
-        Mejor que el tabaco seguro, además, te da un relax… En fin, te voy a enseñar dónde vas a dormir.


Mitch acompañó a Igashu hasta la puerta del fondo a la derecha, donde estaba el dormitorio.
-        En esta cama vas a dormir.
-        El cuarto sigue en concordancia con la casa… pero bueno. Al menos tengo una cama.
-        Ya verás que aunque parezca que vas a dormir sobre el suelo, es muy cómodo el colchón. Yo              desde que estoy aquí no he tenido ningún problema.
-        Bueno, muchas gracias por todo Mitch. No te las había dado.
-        No tienes por qué dármelas. Aquí estoy para todo.


Ahora Igashu y Mitch están viviendo de okupas en un bloque con dos personas más, ¿qué pasará?

CONTINUARÁ…

viernes, 23 de enero de 2015

Capítulo 9 de Manos Blancas

¡Muy buenas a todos amigos! Ya es viernes, así que hoy no se puede tener caras largas, ¿eh? Disculpad que no haya habido más capítulos esta semana pero mis profesores son muy malas personas y no quieren que suba capítulos y entonces me mandan muchas cosas (y más teniendo en cuenta que este es mi último año de estudio si Dios quiere xD). Pero al caso, que hoy tendréis capítulo para que así empecéis con buen pie el fin de semana. ¡¡Nos vemos!!

CAPÍTULO 9

Los bomberos vinieron acompañados de una ambulancia que se llevó a Igashu al hospital de la Reserva.


Igashu pasó la noche allí y ya a la mañana siguiente le dieron el alta. El día se había despertado lluvioso y con algo de neblina, así que lo mejor que podían hacer era quedarse en casa.


Durante la noche le habían dado a Igashu una mascarilla para que respirara oxígeno y le dieron un aerosol para que se lo echara cada 8 horas durante dos semanas.


Unos meses después, por la noche Mitch e Igashu jugaban al ping-pong.
-        Igashu, tengo algo que contarte.
-        Dime.
-        He pensado irme, independizarme.
-        ¿A qué viene eso?
-        Tengo ganas de hacerlo. Ya tengo los 16 años y legalmente me puedo ir.
-        ¿No vas a terminar el bachillerato?
-        Sabes que nunca ha sido mi fuerte, además, no quiero pasarme toda mi vida detrás de unos libros        y bajo la supervisión de la gente.


Igashu estaba un poco molesto.
-        Pues yo me quiero sacar el bachillerato. Además, tengo todavía 15.
-        Venga, cuando cumplas los 16 te vienes conmigo.
-        No, yo quiero tener aunque sea el bachillerato.


Mitch sonreía.
-        Bueno, si te quieres quedar hasta que lo termines, quédate. Yo mientras tanto me iré y me buscaré       algún sitio, ya veré lo que hago.
-        Ten cuidado, no se te olvide que sigues siendo menor de edad.
-        Ya, ya lo sé. No tienes por qué preocuparte.


A la hora de la cena, Mitch lo comentó y estuvieron hablando todos juntos sobre lo que iba a hacer, que se pensara las cosas detenidamente… pero Mitch tenía las ideas muy claras.


A la mañana siguiente, Mitch se despidió de todos y se fue. Estaba decidido a cambiar de vida aunque su padre adoptivo le hubiera dicho otra cosa.


Igashu lo veía marcharse mientras pensaba que la soledad lo volvía a envolver. Le quedaban unos pocos meses para cumplir 16 y poder irse, pero estaba interesado en sacarse sus estudios.


Un año más tarde, Igashu hacía su cama y preparaba las cosas para irse. Había llegado la hora.


Se había dejado crecer el pelo. Le gustaba sentir el pelo largo bajo sus hombros, le hacía sentir más natural, más indio.


Igashu había crecido, ya era casi un adulto y lo más importante, acababa de terminar el bachillerato.


Bajó hasta la entrada, donde esperaban sus cuidadoras de toda la vida.
-        Ha llegado la hora,-dijo Igashu-.


Se acercó hasta Asia y la abrazó con fuerza.
-        Asia, muchísimas gracias por estar siempre ahí, por ser la cuidadora estricta, pero que tiene un            gran corazón.
-        Eres como mi propio hijo. Te quiero mucho Igashu.


Luego miró a Andrea y se abrazó a ella.
-        Has sido como una madre para mí. Muchas gracias por todo lo que has hecho a lo largo de mi              vida.
-        Fuiste el primer niño que acogimos y te tenemos un cariño especial. Nunca te olvidaré. Para lo            que necesites estamos aquí,-decía Andrea mientras Asia miraba la escena emocionada.


Igashu estaba emocionado con la idea de salir de allí. No es que viviera mal, al contrario, pero quería conocer mundo, vivir la vida y disfrutar de ella.


Aunque era primavera, la nieve todavía cubría las aceras de las calles mientras que Igashu y Wolf salían de la Hacienda bajo la atenta mirada de sus cuidadoras.


Una etapa cerraba sus puertas y otra muy diferente iba a comenzar. La niñez había acabado. Ya era una persona libre y casi adulta.


Había quedado con Mitch para irse juntos a donde estaba viviendo este. Wolf, nada más ver a Mitch, salió corriendo hacia él.


Mitch se levantó y lo acarició.
-        ¿Qué pasa campeón? ¿Me has echado mucho de menos?


Luego Igashu y Mitch se dieron un abrazo y se alegraron mucho de volver a verse después de un año sin contacto físico.
-        Hombre Igashu, apenas te reconozco. Menudos pelos tienes.
-        Tú sigues igual cabrón.
-        Ya, es que el que es guapo lo es siempre.
-        Jajaja, venga ya fantasma. ¿A dónde vamos?
-        A Woonsocket.
-        Eso está en la autopista interestatal 90, ¿no?
-        Exactamente. Vamos a coger el bus y tiramos para allá.


Después de unas horas en el autobús, bajaron y se dirigieron hacia la nueva residencia de ambos.
-        ¿Tienes ganas de ver la casa?
-        Sí, ¿cómo es?
-        Ya la verás…


Igashu ha cambiado de vida, ha cerrado una etapa y ahora comienza otra, ¿cómo le irá a partir de ahora?

CONTINUARÁ…

lunes, 19 de enero de 2015

Capítulo 8 de Manos Blancas

¡Muy buenas a todos querido público! ¿Qué tal andáis? (Con los pies xDD) Bien, me alegro jajajaja.
Bueno, perdonarme después de este pequeño desfase de comienzo pero hoy es lunes y según dicen las pruebas de un psicólogo hoy es el día más triste del año, así que me he propuesto alegraros de la mejor forma que sé el día jejeje. Qué mejor que unas bromas y un capítulo para comenzar la semana y disfrutar del lunes, ¿eh? Pues al lío tío jejeje. ¡Nos vemos pronto!

CAPÍTULO 8

Los chavales iban a clase todos los días, estudiaban y se sacaban sus estudios.


Pero pasado un tiempo, Mitch volvió a las andadas…
-        ¿A dónde vas Igashu?
-        A hacer la tarea.
-        Venga ya hombre, la puedes hacer después, tío.
-        Que no, que la voy a hacer ahora.
-        Pues yo me voy al bar, vente después.
-        Vale. Dentro de un rato voy.


Mitch salió de la Hacienda y se dirigió hacia el bar. Habían puesto una portera y a juzgar por su cara, no parecía muy simpática que digamos.


Pero para Mitch no fue ningún problema, ya que se puso serio y entró decidido al bar, aunque la procesión iba por dentro.
-        Toma ya, he entrado. Soy un crack. No me beso porque no puedo.


Hoy era el día de las malas caras y es que nada más entrar la camarera lo miró con cara rara.
-        Oye, ¿tienes la edad para estar aquí?
-        Si la portera me ha dejado entrar por algo será, ¿quieres que la avise?
-        No hace falta. Dime lo que vas a pedir.


Mitch pidió una copa y la pagó mientras hacía tiempo hasta que llegara Igashu. En eso que un hombre se sentó unos metros más a la derecha.
-        ¡Hola!-saludó Mitch-.


El vaquero ya sentado, giró su cabeza mirando a Mitch y con voz muy grave lo saludó.
-        Buenas tardes joven.
-        ¿Qué tal?
-        Aquí me ves.

El hombre era parco en palabras.


Al cabo de los cinco minutos entró Igashu y Mitch sonrió.
-        Al fin te has decidido. Ya creía que no ibas a venir.
-        Pues he dejado la tarea a la mitad.
-        Bueno, luego la terminas. ¿Qué te pido?


El vaquero se quedó mirando a Igashu.
-        Eh… rubio, ¿qué haces?
-        ¿Yo?-esa pregunta lo dejó un poco descolocado-. Pues aquí con mi mejor amigo.
-        ¿Mejor amigo? No me cuentes chistes.


Igashu haciendo oídos sordos se pidió una tónica. Mitch miraba a la camarera con buenos ojos.


Pero el vaquero no había terminado.
-        ¿Podrías llevarte a tu amigo a otro sitio?
-        ¿Tiene algún problema con mi amigo?-saltó en defensa de Igashu-.
-        Sí, que es un puto indio.
-        Disculpe señor,-dijo interviniendo Igashu-, pero estamos en un país libre, así que no nos vamos a
     mover de aquí-.


Seguidamente, ambos chicos dieron un trago de sus copas.


Sin embargo, el vaquero dando un golpe en la mesa se fue de allí y cogió su coche sin parar de gritar.
-        ¡Me cago en la puta! Esto no va a quedar así, seguro…


Después de tomarse sus copas subieron al piso de arriba y se pusieron allí a jugar mientras hablaban.
-        Tío, si tú vieras la mala leche que me entra cuando alguien todavía no acepta a la gente sea de la         raza que sea. ¿Puto indio? El gilipollas es él que vino a invadir nuestra tierra, ¿no te jode?
-        Venga Igashu, relájate que no merece la pena ponerse así por un imbécil.
-        Ya lo sé, pero me toca los huevos que todavía haya gente así.
-        Vamos a jugar anda, así te relajas.


Pero poco tiempo después escuchó un fuerte frenazo fuera que hizo que Igashu se volviera.


Mitch se tapó los oídos.
-        Pero bueno, ¿quién coño ha hecho eso?

Pregunta que fue contestada unos segundos más tarde al escuchar una voz familiar que venía del piso de abajo.
-        ¿Dónde está ese puto indio?
-        Señor, hágame el favor de bajar la escopeta.
-        ¡Cállate zorra! Si no quieres morir tú también ¡dime dónde están!
-        Oh, oh…-dijo Mitch-. Será hora que nos vayamos de aquí. ¡Rápido! Salgamos por la otra salida.
-        Están arriba,-dijo la camarera con voz quebrantada-.


Los chicos se escondieron en el baño para ocultarse del tío. Igashu, cabreado como estaba, sacó su espray y se puso a pintorrear las paredes.


Mitch, siguiendo el ejemplo de su amigo, hizo lo mismo.


Un rato después, el hombre se había ido de allí pero Igashu seguía con el grafiti.
-        Venga ya Igashu. Se ha ido, deja eso y vámonos a casa.
-        Hasta que no lo termine no me voy.
-        Ohú… te espero fuera.


Igashu al salir vio a un caballo salvaje y se acercó a él.
-        ¿Qué pasa bonito?


Cuando estaba en contacto con la naturaleza, Igashu se sentía diferente. Se sentía pleno. El ser indio le había dado una conexión especial con la tierra.


Ya en casa, Mitch estaba con la cabeza en otra parte. Estaba pensativo, como maquinando algo…


Mientras tanto, Igashu se puso a terminar los deberes que había dejado sin hacer.


Tendido en la cama, Mitch seguía dándole vueltas a la cabeza, sonriendo solo.


Una hora más tarde, Igashu subió al cuarto y se encontró a Mitch tendido en la cama completamente dormido, así que sin molestarlo se metió en la cama.


A media noche, un ladrido de Wolf despertó a Mitch que estaba helado, por lo que se metió bajo la colcha en la cama.


Pero esa noche iba a ser bastante larga. El frío invierno arreciaba toda la Reserva, por lo que la chimenea estaba encendida pero…


Una de las chispas saltó fuera, haciendo que se prendiera parte del suelo, también de madera.


El fuego comenzó rápidamente a expandirse y por suerte, Igashu bajó a la cocina a beber agua cuando se encontró con esa terrible situación. Fue hacia el extintor y comenzó a apagar el fuego. El ruido despertó a los demás de la casa y fueron hasta el comedor pese a las negativas de Igashu.
-        ¡No os acerquéis! Salid de aquí y llamad a los bomberos. ¡Rápido!


Asia subió al piso de arriba para coger su móvil y llamar mientras que las llamas seguían avanzando y respirar era cada vez una tarea más difícil…


¿Saldrá de esta Igashu y los demás de la hacienda?

CONTINUARÁ…