jueves, 3 de febrero de 2022

Capítulo 12 || Custodio

 Luisa, bastante enfadado y sin saber qué responder, dio media vuelta y comenzó a marcharse sin dejar de mirar a Trevor, quien sentía un profundo dolor en su estómago al tener que tratar de esa forma a su viejo amigo, pero no podía dejar al descubierto su misión.

- Hasta luego,-dijo Kate-. Mande saludos…

- Muy graciosa niña. Muy graciosa…


 Cerrando la puerta, Kate se volvió a Trevor y comenzó a dar saltos de alegría.

- Tío, ¿sabes quién era ese?

- Sí, el abuelo de Carlos y Gerard.

- Exacto y es uno de los tíos más peligrosos que conozco.

- ¿Ese? Si siempre le han faltado cojones… Muy bravucón pero poco valiente.

- Lo dudo mucho, aunque no eres el primero que lo dice. ¿De qué lo conoces tú?

- Ah, pues de oídas…

- Por cierto, cuando le has comenzado a decir que eres mi abuelo y tal, tío… lo has dicho tan serio que te juro que por un momento me lo he creído y todo jajajaja. ¿Te imaginas que en realidad fueras mi abuelo? Qué fuerte.


 Trevor comenzó a reírse para seguirle el rollo a su nieta y, de esa forma, no ponerse en evidencia. Lo había dicho y eso era una de las normas que le había puesto el ángel. Ahora sólo esperaba que eso no tuviera consecuencias negativas…  


 Sin embargo, la que se mantenía en silencio y bastante pensativa era Mercedes. Trevor, notándolo, también se puso serio. Ojalá pudiera decir la verdad sin consecuencias negativas para ninguno. Ojalá…  


 Sintiendo una gran angustia en su interior, Trevor se disculpó ante las mujeres.

- Me voy al cuarto, estoy algo cansado.

- ¿Estás bien?-preguntó Kate-.

- Sí, no te preocupes. Sólo necesito estar solo un rato, no pasa nada.


 Mercedes estaba terminando de prepararse. En aquella ocasión se había puesto algo de maquillaje incluso y, aunque el paso de los años había hecho mella, ella se veía guapa.


 Saliendo, se encontró con su nieta.

- Qué guapa te has puesto, Kate. Te queda mucho mejor el pelo así que con las trenzas.

- Muchas gracias abuela. Tú también vas impresionante.

- Vaya, gracias nena. La que tuvo retuvo… ¿Los demás están listos?

- Se supone que sí.

- ¿Y dónde están?


 En ese momento, la puerta de la casa se abrió y entró Rosa, la madre de Kate.

- El coche está en la puerta. ¿Os lleváis algo de abrigo? Porque hace frío fuera.

- Yo me llevo una rebeca,-dijo Mercedes, su madre-.

- Con lo que llevo voy bien,-comentó Kate-.

- No hija,-respondió Rosa-, coge la chaqueta negra que te regaló el abuelo por tu cumpleaños. Más vale llevarla y que te sobre a que te falte y tengas frío luego. Y hablando del rey de Roma, ¿dónde está papá?


 Saliendo del baño, el olor a la típica fragancia de Trevor inundó el salón.

- Ya estoy, ya estoy,-dijo Trevor-. Perdón por la demora.

- Papá, tú siempre tarde,-dijo Rosa entre risas-.

- Menos mal que eso no lo has sacado a mí y te pareces a tu madre, porque si no…

- ¿Nos vamos entonces? Me apetece pasar tiempo en familia.


 “Tiempo en familia”, “tiempo en familia”… Esa frase resonaba en la cabeza de Trevor cuando se despertó de la siesta que se había echado. Rosa seguía desaparecida y él tenía que hacer algo por ella. Su misión era proteger y cuidar a Kate, ¿pero quién mejor que una madre para hacerlo? Así cumpliría con creces el mandato del ángel.


 Saliendo al salón, Trevor vio a Mercedes enganchada a la tele, como cada tarde.

- Mercedes, ¿podemos hablar un momento?-dijo él solenme-.

- Sí claro, pero… ¿por qué tanta seriedad?


 Sentándose a su lado, Trevor le comunicó la idea.

- Voy a buscar a Rosa.

- Trevor, no te molestes. Si la policía no pudo encontrarla…

- Yo no soy la policía y sé que te hace falta tener a tu hija junto a ti y a Kate. Ella más que ninguna necesita a su madre al lado.

- Sí, mucho… Pero he perdido la esperanza de encontrarla.

- Yo lo haré. Y te prometo que la traeré sana y salva.


 Trevor se sentía confiado en que encontraría a su hija, pero también era consciente de que se estaba metiendo en un percal bastante complicado.

- ¿Dónde solía moverse Rosa? ¿Qué sitios frecuentaba? ¿A dónde iba cuando se sentía sola o triste?

- Bueno… en mi antiguo barrio abrieron un bar, que fue el motivo por el que cerró el viejo bar donde me solía juntar con mi Trevor y Rosa iba allí con frecuencia.

- ¿Tan lejos?

- Sí… Yo creo que era por sentirse más cerca de su padre. Pero ya te digo, la policía fue allí y no encontró nada.

- No pierdo nada por intentarlo. Gracias Mercedes…


 Cambiándose de ropa, Trevor fue hacia el lugar que le había dicho Mercedes. Lo bueno era que esa zona se la conocía bastante bien y no tendría tanto problema, lo malo era que habían pasado varios años y, obviamente sería más complicado.


 Llegando al bar, Trevor entró y lo vio medio vacío, más o menos igual que el viejo bar al que él solía ir con su pandilla.


 Sentándose frente a la barra, Trevor saludó al muchacho que trabajaba allí.

- ¡Buenas tardes!

- Hola, ¿nuevo por aquí?

- Bueno… podría decirse. Hace mucho que no pasaba por el barrio.

- Vaya, entonces bienvenido de nuevo. ¿Qué le trae por aquí?

- Estoy buscando a alguien y creo que solía venir mucho a este bar.

- Ah, ya entiendo… Le gustó una chica y no pudo conseguir su número y ahora la está buscando, ¿cierto?

- Sí, eso es.

- Entonces soy su hombre. ¿Cómo se llama?


 Tras decirle que se llamaba Rosa y la descripción física, el muchacho la recordó perfectamente.

- Es verdad que hace muchísimo tiempo que no la veo por aquí. Fíjate, la última vez que estuvo en el bar le serví lo de siempre y luego estuvo hablando bastante rato con un hombre y cuando me di cuenta, se había marchado con él. Yo creo que esa noche se lo pasó muy bien… Oh vaya, lo siento.

- No se preocupe. ¿Por dónde se fueron?

- Salieron y creo recordar que giraron a la derecha si mal no recuerdo, no sabría decirle con seguridad.

- Muchas gracias, de verdad.

- Espere, ¿no se va a tomar nada?


 Pero Trevor salió rápido de allí y comenzó a recorrer el camino de la derecha saliendo del bar; de lo que se pudo dar cuenta era que aquel lugar parecía un barrio prácticamente abandonado. Apenas había gente y los que vivían allí eran vagabundos, yonkis o extranjeros.


 Trevor podía andar por mitad de la carretera sin que hubiera problema de atropello. No paraba de recordar vivencias que tuvo por allí con su grupo: Silvio, Joel, Luisa, Mercedes… ¿Qué habría pasado si él no hubiera muerto?


 En cierto punto, Trevor volvió a la acera y pasó junto a un viejo hostal de carretera que, cómo no, estaba abandonado y cerrado. Sin embargo y para su sorpresa, comenzó a escuchar unos fuertes gritos como de una discusión.

- ¡Es que eres gilipollas! ¡Imbécil!


 Volviéndose hacia donde provenían los gritos, Trevor se quedó observando y pudo ver a lo lejos a un hombre bastante alterado.

- Sabía que no ibas a tener los cojones de enfrentarte. ¡Siempre has sido igual! Lo que no comprendo es cómo tuviste los cojones para tener un hijo, papá.

- Edu, no le hables así a tu padre. Sigo siendo tu padre por muy viejo que sea.


 La conversación era de lo más acalorada y el muchacho joven reprochaba a su padre continuamente.

- Papá, si decides ir a la casa de Mercedes y romper tu promesa de no volver por allí, ten los cojones de cargarte al hijo de puta que está haciendo imposible la vida de tus nietos joder. Pero no, prefieres irte de allí calladito y con el rabo entre las piernas.

- Hijo, si tú hubieras visto lo que yo me entenderías.

- Papá, es imposible que ese chico sea tu amigo Trevor. ¡Debería ser un viejo asqueroso como tú! Y ese chico va al instituto con Carlos y Gerard, coño. ¿No te das cuenta de que cada día estás más chocho?


 Luisa sabía que siempre le había faltado valentía y, en cierto modo, había envidiado siempre a Trevor, quien tenía mucho más arrojo que él. Sin embargo, Luisa ahora se consolaba con que él seguía vivo y Trevor estaba criando malvas, pero al ver al compañero de clase de sus nietos… ¿Cómo era posible que se pareciera tanto?

- Edu, tú no has visto a ese chico. No tengo fotos de él, pero te puedo asegurar que es exactamente igual.

- Papá, tú también eres exactamente igual a alguien y tampoco estoy todo el día hablando de eso.

- ¿A quién?

- ¡A la muerte! Y no sabes las ganas que tengo de que te mueras para poder hacer y deshacer a mi antojo. Pese a todo, sigo respetando tus decisiones y promesas aunque no esté de acuerdo, pero me corroe la sangre que seas tan pánfilo. Menos mal que Gerard es distinto, porque Carlos…

- Carlos es un buen chico. Es tu hijo.

- Bah, déjame en paz, papá.


 Viendo que aquel hombre comenzaba a marcharse, Trevor se escondió mientras seguía alucinando con la forma de tratar a Luisa. Podría ser como fuera, nadie era perfecto, pero ¡era su padre! Trevor seguía sin entender cómo Luisa aguantaba eso… Bueno sí, porque le faltaban cojones.


 Edu tenía otra forma de pensar diferente a Luisa y saber que él actuaría de otra manera a su padre y no podía hacer nada le corroía la sangre. Sin embargo, soñaba con el día en el que su padre muriese. No lo quería, tal vez nunca lo había hecho y ahora que estaba viejo y chocho, menos todavía.


 Viendo a Luisa marcharse, Trevor suspiró apenado. Si fuera de otra forma, se habría impuesto a su hijo, le habría dado un guantazo y le diría que él es quien manda y que hasta que él muera va a estar bajo su yugo. Pero eso ahora sería inútil decirlo, porque Edu era un hombre hecho, y no tan derecho, y no iba a permitir que un anciano se pusiera en el lugar donde debía estar. El arbolito desde chiquito…  


 Luisa caminaba apesadumbrado, pensativo y dolido. Por su cabeza rondaba la idea de quitarse de en medio, pero no tenía valor. ¿Y si hubiera muerto él en lugar de Trevor? Al fin y al cabo, pese a que Joel era el líder del grupo, Trevor era el líder natural, el valiente, el gracioso, el ligón… Era el mejor de todo. Mierda… Y su muerte no hizo otra cosa que encumbrarlo más y más.


 Trevor retomó el camino intentando buscar alguna evidencia del paradero de su hija cuando se encontró con Edu, que volvía de nuevo al antiguo hostal. Mirándolo a los ojos, pudo reconocer algunos rasgos de su padre en él, pero éste tenía una mirada diferente a la de Luisa. Edu estaba cargado de odio, de rencor, de culpa…  


 Edu miró a Trevor sin saber quién era, pero le resultó raro ver a alguien andando por allí ya que ese sitio casi siempre estaba muerto.

- Buenas tardes,-saludó Edu-.

- Ey.


 Trevor siguió su camino pero, en cierto momento, se giró y vio cómo Edu se dirigía hacia el hostal. ¿A qué iría allí? Luisa ya se había marchado, por lo que… ¿qué había allí que era de su interés? La búsqueda de Rosa tendría que esperar, ya que ese tema le llamaba mucho la atención…  


CONTINUARÁ…


martes, 1 de febrero de 2022

Capítulo 11 || Custodio

 Al salir de clase, Carlos y su primo Gerard se fueron a casa en completo silencio. Bueno, el que callaba era Gerard, quien no contestaba a Carlos.

- Gerard, por favor, habla conmigo coño.


 Pero no había respuesta hasta que, una vez dentro, Carlos insistió una última vez.

- Gerard, ¿vas a seguir toda la vida ignorándome?

- Que me dejes en paz, joder.

- ¿Qué está pasando aquí?-dijo el hombre que estaba viendo la tele-.


 Dirigiéndose hacia esa persona, Carlos pudo ver que se trata de su abuelo, del mismísimo Luisa.

- ¿Qué os ha pasado a tu primo y a ti, Carlos?

- Pues que hoy ha habido una pequeña pelea en el instituto y Gerard ha recibido un puñetazo y yo como no he actuado como él quería que hiciese, se ha enfadado conmigo.

- Ay, Gerard me recuerda tanto a mí… impetuoso, con carácter fuerte, enérgico… Pero con los años he aprendido a que eso está bien pero hasta cierto punto. A veces es mejor callar que actuar. ¿Y con quién os habéis peleado?


 Sentándose, Carlos recordó que Trevor le había mandado saludos a su abuelo y, aunque ya era un hombre mayor, conocía su carácter y no tenía ganas de verlo enfadado.

- ¿Quién fue Carlos?-volvió a preguntar Luisa al no obtener respuesta-.

- Pues… fue alguien que me mandó recuerdos para ti pero…

- ¿Quién? ¿Cómo se llama?

- Trevor…


 Gerard, por su parte, se encontraba en su habitación completamente cabreado con Trevor por el puñetazo que le había pegado en la ceja que, menos mal que ya había dejado de sangrar. Por otro lado, se sentía estafado por Carlos, quien seguía sin tener los huevos de cargarse a Trevor. El incendio estuvo bien, pero aún así no fue suficiente.


 Necesitaba hablar con alguien, por lo que Gerard se fue hasta el cuarto de Eduardo, su tío y el padre de Carlos.

- Tito, ¿te pillo en mal momento?

- No Gerard, pasa. ¿Qué ocurre?

- Me gustaría hablar contigo…


 Sentándose ambos, comenzaron a charlar.

- Ya sabes que desde que mi madre me abandonó y mi padre murió te he tenido a ti como referente,-comenzó diciendo Gerard-.

- Y tú para mí eres como un hijo, por eso si necesitas hablar, quiero que cuentes conmigo. ¿Qué pasa?

- Es Carlos, últimamente lo noto diferente, más… “blando”

- ¿Blando respecto a qué?

- A que le faltan cojones.


 Escuchar ese nombre después de tantos años hizo que Luisa se levantase del sofá como un resorte.

- ¿Cómo has dicho? Repite su nombre.

- Trevor…-dijo Carlos con algo de temor-.

- ¿Es negro, moreno de pelo, ojos tristones y camina de una manera muy particular?

- Eh… sí pero…

- No puede ser… Es imposible,-murmuró Luisa interrumpiendo a su nieto-.


 Luisa comenzó a mirar hacia todos los lados, rememorando la noche del disparo. ¿Y si Trevor no había muerto? ¿Por qué habría estado tantos años escondido? ¿Por qué volver ahora? Luisa estaba hecho un lío, pero quien más en shock estaba era Carlos, quien no entendía nada.


 Arriba, Gerard continuaba hablando con su tío.

- Es ese chico que te comenté de mi clase, va de chulo y se permite el lujo de ir de sobrado porque Carlos no es capaz de pararle los pies. Lo intentó una vez, recibió un puñetazo y ya lo siguiente que hizo fue invitarlo a unirse a la pandilla, le dejó sentarse en su sitio… Le faltó compartir la novia vaya.

- Qué raro…

- Es más,-continuó Gerard narrando-, incluso cuando tuvo el accidente de coche en aquella carrera, en lugar de matarlo o de hacerle algo lo dejó marchar y le quemó la casa. Y bueno, porque yo le insistí mucho de que la quemase estando él dentro, que si no tampoco.


 Eduardo era una copia exacta a Luisa cuando era joven en cuanto a personalidad pero llevado a un nivel superior. Impetuoso, con muy mala leche y sin vergüenza alguna a la hora de hacer algo ilegal. Carlos intentaba seguir sus pasos, pero sin conseguirlo. Era Gerard quien se parecía más a su tío que su propio hijo.

- Hablaré con él, Gerard. Gracias por contarme esto.

- ¿Qué le dirás?

- Lo que sea necesario. Esa chica, Kate, le ha comido el coco porque Carlos no era tan memo. Siempre ha estado un paso detrás tuya pero con esto que me has dicho ya… Ay, si mi padre no hubiese hecho esa promesa, te juro que las cosas serían diferentes.

- Lo serían si fuese yo el cabecilla de la banda…-soltó Gerard-.


 Por otra parte, Kate estaba viendo la tele mientras que Trevor acababa de salir del baño cuando Mercedes le llamó.

- Trevor ven, ¿te apetece que charlemos?

- Claro…


 Sentándose frente a la mujer, ambos comenzaron a charlar.

- ¿Qué tal te sientes en esta casa?

- Uy, fenomenal, como si estuviera en la mía propia.

- Me alegra mucho escuchar eso… Yo… quería hablarte sobre lo de anoche. Siento haberte abrazado pero…

- No tienes por qué pedir perdón,-comentó Trevor-. Yo dormí muy bien y me quedo con eso.

- Bueno… No he tenido una vida fácil, ¿sabes? Y a veces echo en falta a mi Trevor, a mi hija…


 Su hija… Trevor cayó en la cuenta que estaba desaparecida, que se había largado dejando una nota y a Kate completamente abandonada…

- Cierto, has tenido una vida muy complicada y siento que la hayas tenido que vivir de esa forma.

- Tú no tienes la culpa de nada, Trevor. Cuando eso pasó tú ni siquiera habías nacido, aunque no te voy a negar que he pensado que podrías ser su reencarnación, pero eso es imposible.

- Sí, la reencarnación no existe…

- Si te viera mi Rosa… Ay, cuánto tiempo hace ya que se me fue.

- Mercedes, ¿qué pasó exactamente con tu hija?


 Mercedes se puso más seria y comenzó a relatarle a Trevor.

- Me acuerdo como si fuera ayer… Yo estaba hablando con ella como todos los días, pero en esa ocasión la notaba rara, diferente a otras veces…

- ¿Rara en qué sentido?

- No sabría decirte, pero no parecía ella.


 Cerrando los ojos, Mercedes recordaba vivamente ese momento.

- Estoy de cansada mamá…-decía Rosa-.

- Es normal. Yo igual, pero hay que sacar esta casa adelante y para eso hay que trabajar. Qué me gustaría a mí dejar de limpiar casas, pero no puedo dejarte la responsabilidad a ti sola.

- Lo sé, a mí me encantaría verte aquí tranquila, pasando tiempo con Kate cuando no salga con sus amigos… Pero es que en la frutería me pagan una mierda y encima me tienen contratada a media jornada cuando en realidad trabajo la jornada completa.


 Quedándose pensativa, Mercedes intentaba encontrar una solución.

- ¿Y has pensado en amenazarlos con denunciar?-le preguntó a Rosa-.

- No saldría bien. Me echarían y se buscarían a otra persona y en ese momento sí que estaríamos jodidos.

- No tiene por qué salir mal. Nena, te lo digo por experiencia, las cosas ilegales acaban mal antes o después… Mira lo que le pasó a tu padre.

- Ya sé lo que le pasó a papá, no me lo recuerdes porque no hay día que no me acuerde de él e imagine cómo habría sido nuestra vida si él no hubiera muerto.

- Maravillosa…-dijo Mercedes dejando caer una lágrima-.


 Mirando a su madre, Rosa suspiró.

- Ojalá poder haberlo conocido.

- Era un chico genial, simpático, gracioso, muy valiente y testarudo también. No había nada que él no pudiese hacer. En eso me recuerdas mucho a tu padre.

- Si existiese la máquina del tiempo…

- Piensa que hay mucho de él en ti. Tienes sus ojos, eres igual de valiente, simpática y también ligona, que él era un don Juan.

- ¿Y para qué me ha servido ser ligona mamá? Frederic me abandonó, dejó tirada a Kate y no le ha importado nada. ¿Para qué quiero ser ligona y estar con unos y con otros si luego todos lo que buscan es follar, correrse y olvidarse de una?


 Notando las ganas de llorar, Rosa se levantó y se fue a su cuarto.

- Necesito estar sola mamá.

- Vale… Lo siento nena, no quería ponerte triste.

- No te preocupes mamá. Luego salgo para ayudarte con la cena.

- Como quieras…


 Volviéndose hacia Mercedes antes de entrar en su cuarto, Rosa le dijo algo.

- Mamá, Kate me dijo que volvería para la hora de la cena, que había quedado con sus amigos.

- Ah vale.

- Si ves que son las nueve y no ha llegado, llámala, que tienes su número en la nevera.

- Sí, me acuerdo. Muchas gracias.

- Ah y mamá.

- ¿Qué pasa?

- Te quiero.

- Y yo también a ti. Eres la razón de mi existir.


 Rosa seguía pensativa y no paraba de darle vueltas a su cabeza a causa de muchos temas. Falta de liquidez económica, problemas sentimentales, falta de figura paterna y masculina en su vida… ¿Por qué la vida era tan complicada a veces? Menos mal que tenía a Kate y a su madre.


 Mercedes, por su parte, se fue a su dormitorio a leer un poco pero acabó quedándose dormida. Cuando despertó, notó que tenía hambre y, mirando la hora, se levantó y fue a avisar a su hija para preparar juntas la cena.


 Pero cuando entró en el cuarto no vio a Rosa por ninguna parte. Todo estaba recogido y sobre la cama de Kate había una nota.

- Kate, hija mía, perdóname por lo que voy a hacer pero necesito encontrarle sentido a mi vida. No sé si volveré, pero quiero que cuides mucho de tu abuela, ahora sólo os tenéis la una a la otra. Siempre tuya, Rosa.


 Volviendo a abrir los ojos, Mercedes se encontró de nuevo con la penetrante mirada de Trevor.

- Me recuerdas tanto a ella…-susurró la mujer-.

- ¿Cómo?-preguntó Trevor-.

- Nada… No sé qué me pasa últimamente que estoy muy sensible. Será la edad, yo nunca he sido tan llorona.


 Trevor intentaba quitarle hierro al asunto.

- Es normal, todos pasamos por rachas en las que nos sentimos más pletóricos y otros en los que nos metíamos un tiro.

- Desde luego que sí. Gracias por escucharme…

- Yo no creo que pueda hacer mucho pero… puedo intentar buscar a tu hija.

- La policía ya lo intentó y no consiguió nada. Es como si se hubiera esfumado.

- No pierdo nada por intentarlo.

- No tienes por qué hacerlo. Es mi familia, no es tu responsabilidad…

- Si tú supieras,-pensó Trevor-.


 Mientras Trevor y Mercedes charlaban, llamaron a la puerta y fue Kate la que abrió y se encontró una tremenda sorpresa.

- ¿Qué hace usted aquí?-preguntó Kate casi en estado de shock-.

- ¿Está tu abuela?

- Usted no puede estar aquí.


 Sonriendo, aquel hombre que no era otro que Luisa, apartó a Kate y entró en la casa.

- Niña, a mi edad ya no me pueden decir qué puedo y qué no puedo hacer, así que apártate y deja hablar a los mayores, ¿vale?

- Es usted igual de gilipollas que sus nietos,-soltó Kate sin miedo alguno-.


 Viendo de quién se trataba, Mercedes se levantó de la silla bastante alterada.

- Tú… no puedes estar aquí,-dijo nerviosa la mujer-.

- Otra igual… Vengo a hablar contigo.

- Pues haber llamado por teléfono.

- No, esto es importante. ¿Sabes quién sigue vivo?

- Esa voz…-pensaba Trevor sin haber visto de quién se trataba-.

- ¿Quién?-preguntó Mercedes-.

- Trevor.


 Al decir su nombre, el propio Trevor reconoció la voz de Luisa y se levantó de su silla volviéndose hacia su viejo compañero de pandilla.

- ¿No ha escuchado a Kate ni a Mercedes? No puede estar usted aquí, así que márchese.

- Tú… No… no puede ser. ¿Cómo es posible? Estás igual que como te recordaba…

- Creo que se confunde de persona, abuelo. Ay la senilidad, que le está pasando factura.

- No me jodas, es imposible que haya pasado tanto tiempo y estés igual que cuando te pegaron el tiro.

- Perdone señor, pero no soy quien usted cree. Si fuera así, yo sería un anciano respetable y no un muchacho joven que estudia en el instituto con sus nietos y con Kate.

- Eres Trevor, mi viejo amigo Trevor.


 Pero Luisa no paraba de mirarlo a los ojos plenamente convencido de que ese chico que estaba viendo era el verdadero Trevor. Sin embargo, para dejarlo en ridículo, Trevor tuvo una idea y miró al cielo confiando en que su plan saliese bien.

- Es cierto Luisa, soy Trevor. Cuando me pegaron el tiro en la frente subí al cielo y allí me dijeron que no estaba preparado para entrar todavía y me encomendaron cuidar y proteger a Kate, que no es otra que mi nieta. Así que ese es el motivo de que sea igual que Trevor, porque en realidad soy yo.

- ¿Me lo dices en serio?-preguntó Luisa completamente convencido-.

- ¡Pues claro que no! Jajajajaja. Váyase a casa y póngase a ver alguna serie en la tele y deje de montarse películas en la cabeza, abuelo. Y deje a estas mujeres en paz, haga usted el favor.


CONTINUARÁ…