viernes, 3 de julio de 2020

Capítulo 38 || The Mirror

 Thiago estaba atento con sus cinco sentidos a lo que contaba Ricardo.
- La verdad era que me gustaba mucho tu madre, pero en ciertos momentos me sentía agobiado porque ella planeaba todo desde un principio. Yo era más de improvisar cuando ella ya al poco de empezar a salir estaba pensando en qué iglesia le gustaría casarse, me preguntaba sobre los nombres de nuestros hijos el día que los tuviésemos… A mí eso me agobiaba y por eso no me implicaba tanto con ella.


 Gabriela comenzó a amargar más su expresión mientras escuchaba a Ricardo.
- Pero cuando estaba con ella iba todo bien, ni me sentía mal tampoco. Era más bien por rachas, como todo. El día que quedábamos normalmente dábamos una vuelta, veíamos una película o simplemente nos quedábamos en casa.
- Sí, y no era precisamente jugando al parchís,-comentó Gabriela-.


 Esa vez, fue la madre de Thiago quien tomó la palabra y habló.
- Yo estaba profundamente enamorada de Ricardo y no paraba de pensar en él las 24 horas. Continuamente estaba pensando en formas de sorprenderlo, regalarle cosas, tener detalles con él… Por eso mi mente no paraba y me ponía a imaginar cómo sería nuestra vida si nos casábamos, teníamos hijos y todo eso. Nos iríamos de luna de miel a las playas de las Bahamas, haríamos el amor todos los días… Y por eso, cuando quedábamos, siempre intentaba que él estuviera lo más contento posible.


 Ricardo atendía al relato que contaba Gabriela y asentía con la cabeza recordando lo que decía ella mientras que Thiago seguía siendo un mero espectador.
- Y en la cama juntos éramos fuego. Le encantaba que yo dominara y la verdad era que me sabía mover muy bien, ¿o no es verdad, Ricardo?
- Sí, es cierto. Era una bestia en la cama y me costaba aguantar su ritmo, no sé qué le dieron de comer de pequeña, pero tenía una energía que era difícil de seguir.
- Eso me viene en la sangre muchacho. Soy brasileña, no lo olvides.


 Gabriela siguió relatando lo que ocurrió frente a la atenta mirada de su hijo.
- Cuando terminábamos de hacerlo, me podía pasar horas mirando a Ricardo. Me perdía en sus ojos verdes mientras acariciaba su pecho, la barbilla, besaba su boca una y otra vez… Y no me imaginaba una vida sin él. De lo que no me dí cuenta en ese momento fue de que nunca me devolvió los “te amo” que yo le decía sin parar.
- Yo te quería mucho,-intervino Ricardo-, pero es cierto que nunca llegué a quererte tanto como tú a mí. Lo siento…
- Ya no me vale tu perdón para nada.


 Continuando el relato, Ricardo tomó la palabra esta vez.
- Tu madre me volvía loco en la cama, pero para mí más que una novia era una amiga con derecho. La quería pero no como para tener nada serio y yo siempre fui sincero con ella.
- ¡Mentira! Eso nunca me lo dijiste, así que no te quieras poner de bueno, cerdo.
- ¿Cómo que no? ¿Cuántas veces te dije que me encantaba estar contigo pero que me dolía no sentir lo mismo que tu? Pero tú parecías no darte cuenta, tú seguías planeando nuestra boda cuando llevábamos viéndonos sólo tres meses, así que no me dejes por embustero,-protestó Ricardo dejando a Gabriela en completo silencio-.


 Y aquí, tras coger aire, Ricardo comenzó a contar lo realmente importante.
- Yo hacía poco que me había puesto al mando de la empresa familiar. Mi padre se había jubilado y me dejó a mí como jefe y comencé a tener muchas responsabilidades. Tenía que supervisar todo, ver que todo estuviera a la perfección, mantener a mis trabajadores contentos… Era una responsabilidad muy grande la que tenía.


 Y sin poderlo evitar, Ricardo comenzó a sonreír conforme iba hablando.
- Uno de esos días en los que estaba supervisando, entró una muchacha cuando todavía no habíamos abierto y se lo dije. Ella comenzó a pedirme disculpas una y otra vez y me dijo que no se había fijado en el horario y como vio la puerta abierta pues decidió entrar.


 Thiago comenzó a sonreír también al creer de quien estaba hablando Ricardo.
- Esa chica era preciosa, Thiago. Iba con un vestido azul verdoso oscuro, su pelo suelto en una melena por los hombros y una sonrisa que acompañaba a unos preciosos ojos azules que me cautivaron. Fue verla y sentir un flechazo. Sabía que tenía que conseguir su número para hablar con ella.
- ¿Esa chica era Mercedes?-preguntó Thiago-.
- Sí, y deberías haberla visto entonces… Te habrías enamorado de ella tan perdidamente como yo.
- ¿Entonces me pusiste los cuernos? ¡Lo sabía! Eres un cabrón asqueroso. ¡Cerdo!-comenzó a gritar Gabriela-.


 Gritando, Thiago calló a su madre y dejó que Ricardo se expresase con tranquilidad.
- No Gabriela, no te puse los cuernos. Mercedes me atrajo desde el primer momento y, como era el jefe, le dije que por ser ella, podría venir todas las veces que quisiera a visitar el sitio sin tener que pagar nada con la condición de que yo fuera su guía. Ella sonrió y aceptó encantada, por lo que nos intercambiamos los números de teléfono y quedamos en eso. Esa semana me llamó un par de veces y, cuando estábamos juntos, yo notaba cierta química. Algo se estaba cociendo allí y no estaba siendo consciente al 100%.


 Quedándose más serio, Ricardo continuó hablando.
- Desde entonces mi cabeza era un auténtico lío porque, por un lado estaba tu madre con la que ya estaba y me encantaba su compañía, pero no sentía por ella lo mismo que me ocurría cuando estaba con Mercedes, a la que acababa de conocer y de la que no sabía prácticamente nada de ella. ¿Qué decisión debía hacer? No lo tenía claro, y hasta que me aclarase no quería ver a nadie.
- ¿Por eso estuviste casi una semana sin querer verme?-preguntó asombrada Gabriela-.
- Sí, Gabriela. Esa fue la razón. Te dije que tenía mucho trabajo pero era mentira. Necesitaba aclarar mis sentimientos y no podía estar ni contigo ni verla a ella, por lo que me recluí en mi casa y en la oficina durante ese tiempo hasta que un día me dijiste que tenía que ir sí o sí a tu casa, que era un tema de vida o muerte.


 Frunciendo el ceño, Thiago atendió más si cabía a la historia que contaba Ricardo.
- Imagina mi sorpresa cuando llego y me encuentro a tu madre en su cama, completamente abierta de piernas y metiéndose un consolador del tamaño de una baguette por el coño mientras me decía que estaba más cachonda que una perra y que quería que se la metiese, que no podía aguantar más sin estar conmigo.
- ¡Mentira! No tenía un consolador metido en el coño.
- Uy, perdone usted señora, pero no me puedes negar que estabas masturbándote como una loca, ¿verdad?
- Bueno, ¿y qué pasó?-intervino Thiago-.
- Pues que me dejó, fin de la historia,-dijo Gabriela intentando terminar todo eso-.


 Negando con la cabeza, Ricardo dijo que eso no sucedió así.
- Yo cuando la vi de esa forma, sentí en mi interior que esa mujer no era la indicada y supe que a quien debía elegir era a Mercedes. Nunca había visto las cosas con más claridad que en ese momento. Aparte de que, al ver tu madre que yo no me desvestía, se levantó y comenzó a acercarse a mí diciéndome que ya me desnudaba ella.
- Hombre, con lo caliente que estaba en ese momento habría hecho cualquier cosa con tal de que me follaras.
- Pues yo me sentí utilizado, Gabriela. Me sentí un objeto sexual al que usabas a tu beneficio cuando te picaba el coño.


 Gritando como una loca, Gabriela comenzó a protestar mientras que Ricardo intentaba continuar.
- Yo estaba locamente enamorada de ti y me dejaste tirada como a un calcetín sudado. Pasé de estar cachonda a darme un ataque de ansiedad cuando me dejaste. Thiago, ahí donde lo ves tan buenecito él y toda esa elegancia que tiene, es un cabrón. Me dijo que no me quería y que no podía seguir siéndole infiel a su corazón o no se qué mierdas más.
- ¡Eso no fue así! Te dije que no quería seguir más con aquello porque no te quería y no podía continuar con una historia abocada al fracaso porque su final era un callejón sin salida. Y cuando te dije eso me fui de allí.
- ¡Y no te importó cómo me quedé de mal! No volviste a llamarme ni a preguntarme por cómo estaba. ¡Estúpido!
- ¿Y qué querías que hiciera? ¿Cortar nuestra relación pero seguir acostándome contigo? ¿Entonces qué habría cambiado respecto a lo que teníamos antes?


 Pidiendo un poco de calma, Thiago le pidió a Ricardo que continuase.
- Lo que pasó fue que me fui al trabajo aunque no era mi hora por despejarme un poco y desde fuera vi a Mercedes. Estaba mal porque acababa de cortar con tu madre y me sentía fatal por cómo había terminado todo aquello, pero fue ver a Mercedes y se me olvidó. Sólo existía ella en ese momento.


 A Ricardo se le notaba emocionado mientras que Gabriela miraba a otro lado como queriendo no escuchar todo aquello.
- Me acerqué a Mercedes y la saludé. Ella me dijo que no me esperaba por allí después de tanto tiempo sin devolverle las llamadas. Se creía que me había enfadado con ella por alguna cosa, pero le dije que no había sido nada de eso, que había tenido unos problemas que me habían mantenido con la cabeza en otro lado pero que ahora estaba todo bien. Y ahí me sonrió alegrándose. Y fue ver su sonrisa…


 Ricardo contaba la historia como si la estuviese reviviendo en ese momento.
- Fue ver su sonrisa y no lo pude evitar. Me acerque a ella y la agarré de la cintura acercándola a mí, quedándonos a unos centímetros el uno del otro. Ella se sorprendió mucho, pero tampoco hizo nada por separarse.


 Sonriendo, Thiago intervino.
- Y ahí fue cuando la besaste.
- Sí, y qué beso… Nunca había sentido nada parecido y…-comenzó a decir Ricardo, pero al ver la mala cara de Gabriela decidió parar por respeto a ella-. En fin, en el amor no hay dueño. No puedo decir más.


 Pero Thiago seguía teniendo curiosidad.
- ¿Y qué pasó después?
- ¿Quieres saberlo?
- Sí, ya que estamos no me dejes a medias.
- Pues lo que pasó fue que Mercedes me dijo que todo aquello era una locura, pero que desde el primer momento en que me vio aparecer, tuvo ganas de besarme. Era la primera vez que le sucedía algo así, pero sentía que era el momento y la persona adecuada para ella.


 Y, finalizando el relato, Ricardo concluyó diciendo una última frase.
- Y en un arrebato del momento, le pedí matrimonio. Ella no se lo podía creer y yo no tenía anillo comprado ni mucho menos, pero sorprendentemente me dijo que sí. Rápidamente preparamos todo y a los cinco meses creo recordar, nos casamos.


 Quedándose en silencio en ese momento, Ricardo recordó su boda, ese sentimiento que tenía por Mercedes y cómo lo echó a perder cuando se dejó embaucar por la cuidadora de su hijo. No podía echarle toda la culpa a ella porque él también se dejó querer y no le paró los pies en su debido momento, pero la verdad era que había perdido unos maravillosos años de su vida por un error del que se arrepentiría siempre aunque ahora hubiese vuelto con Mercedes.


 Girándose hacia su madre, Thiago quiso saber qué ocurrió con ella cuando Ricardo terminó la relación.
- Thiago, ¿es necesario que me hagas revivir este suplicio? ¿No te es suficiente con lo que ha contado ya Ricardo?
- No mamá. Necesito que me lo cuentes tú.


 Suspirando, Gabriela accedió a contarlo.
- Lo que pasó fue que Ricardo me dejó hundida en la más ínfima miseria y me refugié en la comida para calmar mi ansiedad. Todas las noches me dormía llorando echándole de menos, pensando en qué estaría haciendo, qué fallo había cometido para que me dejase… Pero nunca tuve una respuesta para todas y cada una de esas preguntas. Al cabo de unas semanas, la regla se me había atrasado bastante más de lo normal, que siempre solía tardarme en venir uno o dos días en lugar de cuando me tocaba, pero esa tardanza ya no era normal. Así que decidí hacerme un test de embarazo y salió positivo. Si estaba hundida, eso me terminó de rematar. Pensé una infinidad de veces en ir y abortar, pero mi amiga Celine me convenció de que no lo hiciera. Por eso, conforme fuiste creciendo en mi interior, no me faltaron las ganas de llamar a Ricardo y decirle lo que había pasado.


 Thiago permanecía atento esperando a cómo continuaba la historia.
- Pero justo cuando lo iba a hacer, me acordaba de lo mal que me lo estaba haciendo pasar y se me pasaba. Así sucedió infinidad de veces hasta que un día, poco antes del parto, me di cuenta que si él me había jodido a mí, yo ahora le ocultaría de por vida que había tenido un hijo con él. Nunca sabría que había un hijo suyo por ahí y sabiendo lo que le gustaban los hijos, más convencida estaba de hacerlo.


 Respirando más agitadamente, Thiago levantó su voz y protestó.
- ¡Y a mí me dejaste sin padre!
- ¡Ese hombre no es tu padre! ¡Ese sólo fue un donante de esperma! Pero aquí la madre y el padre fui yo.
- ¡Nunca le diste la oportunidad de ser un padre conmigo! ¡Fuiste una egoísta y sólo pensaste en ti y no en mí! ¡En ningún momento!


 Ya cansada y con un humor de perros, Gabriela gritó más fuerte esa vez.
- ¿Y qué querías? ¿Que después de lo que me hizo le dejase ver o tener contacto con su hijo? ¡Él decidió abandonarme con todas las consecuencias!
- ¡Pero yo no soy una mera consecuencia, soy un ser humano y tengo mis sentimientos! ¿De verdad no se te removía el estómago cuando te preguntaba por mi padre de pequeño? ¿Ni siquiera después de todas las broncas y peleas cuando yo era adolescente?
- Cuanto antes te dieras cuenta de que no tenías padre, más feliz serías.
- Me negaste la oportunidad de tener un padre y a Ricardo… de ser mi padre. Fuiste una egoísta y por intentar joderlo a él, jodiste mi vida también.
- ¡Yo no quise joderte la vida en ningún momento! Por eso, cuando tú naciste, quería que estuvieras siempre conmigo cuando quedaba con algún chico o me echaba novio, para que tuvieras esa figura paterna.
- Claro, por eso siempre te echabas novios que eran hombres casados, ¿no? Hombres con sus familias y que tenían la vida hecha. ¿Qué te ha pasado con este último? El que me mandó al internado.


 Bostezando, Gabriela le quitó importancia.
- Bueno, pues lo de siempre. Todos los tíos sois unos cobardes y me dijo que se sentía demasiado presionado por mi parte diciéndole todos los días que dejase a su mujer y que de momento, estaba mal con ella pero no quería tomar esa decisión. En fin, lo de siempre. Que todos los tíos sois unos capullos, del primero al último.


 Levantándose, Gabriela miró a Ricardo.
- Imagino que estarás contento, ¿no? Pues ahora, si eres un padre como Dios manda, demuéstralo y actúa como tal con Thiago y llévatelo de aquí porque no quiero volver a veros en mi vida.
- ¡Mamá!-protestó Thiago-.
- ¡Cierra esa boca! ¿Sabes? Mi error no fue no contarle nada a tu padre sobre que tenía un hijo suyo. Mi error fue hacerle caso a Celine y no abortar como yo pensaba hacer, porque no hay día que haya pasado que no me recordases al cabrón de tu padre, esa mirada, esos ojos, tu forma de expresarte y hablar… ¡Qué tonta fui!


 Thiago sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos. Estaba enfadado con su madre por no haberle contado la verdad, pero aquello que le acababa de decir Gabriela era demasiado. Por muy mal que lo hubiera pasado, no dejaba de ser su madre y siempre lo había cuidado, pero escuchar de su propia boca que se arrepentía de haberlo parido…
- No te preocupes hijo,-dijo Ricardo en voz alta-. No necesitas a esa señora como madre. Eres un hombre adulto y por los azares de la vida, te has encontrado conmigo, con tu padre y con tu hermano. Y estoy seguro de que Mercedes te querrá y te tratará como si fueras su propio hijo y Rocío como su propio hermano.


 Soltando una carcajada mientras se secaba las lágrimas que le corrían por las mejillas, Gabriela comenzó a comer unas patatas fritas a la vez que le dijo algo a su hijo.
- ¡Pues que te aproveche tu querido hijo! A ver si tienes cojones de aguantarlo tantos años como he hecho yo, bonito.


CONTINUARÁ…

miércoles, 1 de julio de 2020

Capítulo 37 || The Mirror

 Cuando Hugo comenzó a ir detrás de su padre, Thiago lo frenó.
- Mejor voy a hablar yo con él, Hugo.
- Ah, bueno. Como quieras…
- Quédate con tu madre, que también te necesita.


 Entrando en el dormitorio de Hugo, Thiago llamó a la puerta y vio a Ricardo secándose las lágrimas.
- ¿Se puede?-preguntó Thiago-.
- Sí claro, pasa.
- Lo siento mucho… Siento haber venido aquí para causaros dolor y tambalearos vuestra vida, pero… quería asegurarme de que si lo que Hugo y yo creemos es cierto o no. Tal vez tú sólo seas un ex-novio de mi madre y ya está, pero… No sé. Para mí también es muy confuso todo.


 En el salón, Mercedes y Hugo se abrazaban.
- ¿Estás bien, mamá?
- Sí, sí.
- ¿Estás segura? Esto es un palo para todos porque no lo esperábamos y enterarte de que tiene otro hijo…
- Bueno, yo tengo a tu hermana y no pasa nada. Con esto me vengo a referir a que tu padre podrá fallar en muchas cosas, pero no es un mal padre y sé que, si Thiago es hijo suyo, lo desconocía completamente.


 Viendo como el ambiente estaba más calmado, Thiago continuó hablando.
- Yo… me hice muchas ilusiones creyendo que había encontrado a mi familia paterna. Cuando Hugo y yo lo supimos, me comenzó a decir cosas en las que yo me parecía a ti, como en la forma y el color de los ojos, que los tengo igual que él, además. La forma de andar, que dice que tenemos el mismo balanceo cuando caminamos…
- Los ojos… Cierto, no me había fijado hasta ahora.


 Hugo sonrió levemente al escuchar y ver que su madre no estaba enfadada con su padre.
- Me alegro de que te lo hayas tomado de esa forma. Aunque después resulte que Thiago no es mi hermano, yo lo voy a seguir considerando como tal y es importante para mí que lo aceptaras.
- Por supuesto hijo. Él podrá venir y estar por aquí todas las veces que quiera y sé que a tu padre le hará mucha ilusión verlo también.
- Y ahora que estamos hablando, ¿cómo es que os habéis reconciliado?
- Fue algo curioso, porque la verdad tu padre se lo curró mucho y me sorprendió bastante.
- ¿Qué hizo?


 Ricardo, algo más tranquilo, miró a Thiago y comenzó a hablar.
- Thiago, te juro por todo lo que tú más quieras que no sabía que existías. De haberlo sabido, me habría encargado de ti, os habría mandado dinero a tu madre y a ti, habría luchado por verte al igual que hice con Hugo cuando su madre y yo nos divorciamos… Yo… Lo siento. No tenía ni idea.
- La que tiene la clave de todo esto es mi madre… La cuestión es sonsacarle la información, porque yo en mis 20 años no he sido capaz. ¿Lo vuestro terminó mal?
- Sí, en cierto modo. Yo a tu madre la recuerdo muy soñadora y tenía planes de futuro a la segunda semana de empezar a salir, y eso agobia. Yo soy de ir más paso por paso y sin que me controlen la vida. Me gusta ir por libre, tener mi hueco o un rato para mí, aunque esté casado, ¿sabes lo que te digo?
- Sí, tu intimidad. Te entiendo porque yo soy así…
- Thiago, se me ha ocurrido una idea y creo que es fantástica.


 Mercedes comenzó a contarle a su hijo lo que Ricardo le preparó para reconquistarla.
- Desde que Fede se fue de aquí, tu padre y yo retomamos el contacto y algún día que otro vino aquí o tu hermana y yo fuimos a su casa, quedamos en el centro comercial para ir al cine… Pero sólo como dos buenos amigos, para retomar el contacto. Pero un día Rocío no para de insistirme en que fuéramos a una tienda para que le comprase un vestido que había visto y ya me tenía harta, así que para que me dejara en paz la llevé hasta allí. Cuando volvimos, nos encontramos la casa con todas las luces encendidas y yo me asusté creyendo que habían venido a robar y cuando entro en la casa, me encuentro todo lleno de velas, flores y un puñado de pétalos de rosa por el suelo que conducían hasta el comedor, donde allí estaba tu padre vestido de traje con un ramo de rosas en la mano. Fue verlo, y mi corazón dio un vuelco; comencé a recordar nuestro noviazgo, los detalles que tenía conmigo, lo bueno y cariñoso que era… Y no me pude resistir.


 En la habitación de Hugo, Ricardo y Thiago se daban un fuerte abrazo.
- ¿Me lo dices en serio?-preguntaba Thiago aún sin creérselo-.
- Completamente. Todo este lío se tiene que arreglar y lo mejor será que tú y yo vayamos hasta tu casa y hablemos con tu madre.
- A ver si la encuentras, porque cuando me mandó al internado estaba de crucero con un novio que se había echado.
- ¿Ah sí?
- Sí. Él estaba casado y creo que tenía familia pero como le daba caprichos a mi madre, pues le pidió que me mandase al internado porque yo por esa época tenía unas compañías un tanto… diferentes.
- Bueno, de camino a casa me cuentas todo. Quiero saberlo todo de ti… Tengo un buen presentimiento con todo esto.


 Saliendo del dormitorio, los lamentos se habían convertido en sonrisas y cuando llegaron al salón, tanto a Mercedes como a Hugo se les veía felices.
- ¿Estás bien, Ricardo?-preguntó Mercedes-.
- Estupendamente. Ya está todo hablado y hemos decidido ir a casa de Thiago a hablar con su madre y arreglar esto de una vez por todas.
- Me parece una idea estupenda,-alabó Mercedes abrazando a Ricardo-.
- Enhorabuena Thiago. Espero que todo salga como llevamos tanto tiempo imaginando,-felicitó Hugo-.
- Eso espero… hermano.


 Yendo a la cocina, Thiago fue a avisar a las chicas de lo que había pasado.
- Hola a todas,-saludó él-.
- ¿Qué tal ha ido todo?-preguntó Lin levantándose rápidamente-.
- Lo hemos hablado y… Ricardo y yo nos vamos a ir a mi casa a hablar con mi madre. Esta vez tendrá que contarme toda la verdad de una vez por todas.


 Girándose hacia Marta, Lin hizo un comentario.
- ¿Lo ves? ¿Qué te dije? Sabía que tendrían que ir a su casa.
- Vale, vale, tú ganas Lin,-comentó Marta-. Aquí tienes tus 5 pavos de la apuesta.


 Rocío, muy sonriente y desde su sitio, le hizo una pregunta a Thiago.
- ¿Cuándo os vais?
- Ricardo me ha dicho que ahora mismo, que así no hay tiempo que perder.
- Pues mucha suerte a los dos.
- Gracias Rocío.


 Ricardo y Thiago salieron de la casa y se montaron en el coche del primero. Tras decirle la dirección e introducirla en el navegador, pusieron rumbo hacia su destino.


 Al cabo de unas dos horas y media de viaje, Thiago y Ricardo llegaron hasta la casa y aparcaron en la puerta.
- Aquí estamos… Cuánto tiempo sin estar por aquí,-comentó el muchacho-. ¿Sabes Ricardo? Me fui al internado siendo una persona a la que odiaba. Me comportaba tal y como lo hacía para que me respetasen, para evitar que la gente me conociera como realmente soy de verdad… Pero el internado y su gente me hicieron ver que no se puede vivir con una careta toda una vida, que por muy valiente que me creyese, era todo una tapadera para ocultar mi debilidad, mi cobardía y mis sentimientos.


 Mirando a Thiago, Ricardo le puso una mano en el hombro.
- Hablas como un auténtico hombre. Estoy orgulloso de ti, de ver con mis propios ojos el cambio que has dado respecto a lo que me has contado por el camino sobre cómo te comportabas y las cosas que has hecho a verte hablar de esta forma. No sé tu madre, pero yo me sentiría orgulloso de tener un hijo como tú.


 Dándole las gracias, Thiago suspiró y comenzó a andar hacia la casa.
- Vamos allá.
- ¡Un momento!-dijo Ricardo de repente-. Hagamos una cosa…


 En el interior, Gabriela veía la televisión un tanto amargada mientras pensaba en sus cosas. Hacía un par de semanas que su último novio la había dejado pese a las cientos de promesas que le hizo de que dejaría a su mujer por irse con ella. Estando así, escuchó el sonido de cómo la puerta de la entrada se abría y se levantó para recibir a su hijo.


 Pero cual fue su sorpresa cuando el que estaba allí no era Thiago, sino Ricardo, quien se sorprendió muchísimo al ver cómo había envejecido Gabriela y lo gorda que se había puesto desde la última vez que la vio.
- Hola Gabi.
- ¿Qué coño haces tú aquí? ¿Cómo me has encontrado?
- Creo que tenemos que hablar.
- ¡No hay nada de lo que hablar! Lo dejaste todo muy clarito cuando me dejaste, así que por mi parte también está todo dicho.
- Gabi…
- ¡No me llames así! ¡Fuera de mi casa!


 Ricardo no se movía del sitio y miraba a Gabriela con una seriedad que asustaba.
- No pienso irme de aquí hasta que no hables conmigo.
- Muy bien, pues ahora mismo llamaré a la policía.
- No hará falta que lo hagas porque tú vas a ser quien me invite a pasar.
- ¡Ja! Ni lo sueñes Ricardo. Yo hace muchos años que te olvidé, ¿sabes? De hecho, no he vuelto a pensar nunca en ti desde que me dejaste aquella mañana…
- Pues para no haber pensado en mí, bien que te acuerdas que te dejé una mañana.
- Yo… ¿Qué hago hablando contigo? ¡Fuera!


 Pero Ricardo seguía quieto en el sitio y Gabriela comenzó a enfadarse más al ver que sus palabras no surtían efecto.
- ¿Y no me vas a preguntar cómo he encontrado tu casa? ¿Ni el por qué estoy aquí después de tantos años?
- No me interesa nada de ti, ni de tu vida, ni de lo que hayas hecho.
- Pues es una pena, porque Thiago se va a sentir muy decepcionado.
- ¿Thiago? ¿Conoces a mi…?
- Lo conozco sí. Esa es la razón por la que estoy aquí… ¿Por qué no me dijiste que tuviste un hijo mío?
- ¡ÉL NO ES TU HIJO!


 Justamente cuando Gabriela gritó, Thiago abrió la puerta y entró como un tornado en la casa.
- Hola mamá…
- ¿Por qué has traído a este hombre aquí y quién te ha dicho que es tu padre? ¡Este impresentable no es tu padre!
- Esta foto,-dijo Thiago enseñándole su móvil donde tenía la foto de ella y Ricardo de jóvenes-.
- ¿Qué haces tú con esa foto?


 Gabriela estaba muy cabreada y se estaba viendo sobrepasada al tener a Ricardo y a su propio hijo en contra de ella.
- Como tú nunca me decías nada sobre mi padre, un día que tú no estabas, te registré el cuarto hasta que di con esta foto. Tampoco es que la tuvieras demasiado escondida, la verdad sea dicha.
- Sí,-dijo Ricardo-. Luego me dice que no se ha acordado de mí nunca… Chúpate esa, Mariano.
- ¡No tengo nada que hablar del tema! Yo soy tu madre y tu padre, ¡punto! ¿Queda claro?


 Y sin poderlo evitar, Thiago sacó su mala leche y comenzó a gritarle a su madre como lo hacía con los demás antes de entrar al internado.
- ¡NO! ¡Esto se va a acabar de una puta vez, mamá! Ahora mismo vas a coger tu puto culo gordo y te vas a sentar conmigo y con Ricardo para contarnos qué cojones fue lo que pasó en realidad. ¡Y como sea mentira, te juro que me iré de aquí y no volverás a verme en lo que te queda de mísera vida!


 Gabriela se sorprendió al ver a su hijo de esa forma. Nunca le había hablado de esa forma y siempre que ella le había regañado por sacarle el tema de su padre, Thiago se había quedado callado. Pero aquella vez fue distinta, lo veía cambiado y no sólo físicamente.


 Pero Gabriela seguía manteniéndose en su idea inicial de mantener la boca cerrada, al menos para hablar.
- Grítame, pégame si quieres Thiago, pero no diré nada. Ese hombre me hizo mucho daño cuando se fue y se largó con otra. ¡Me dejó por otra!-mirando esta vez a Ricardo, esta vez se dirigió a él-. ¿Cómo te fue con esa fulana? ¿También la dejaste embarazada y la largaste?


 En ese momento, un tremendo silencio reinó en la casa. Parecía que una legión de ángeles había pasado por allí en ese momento. Gabriela con el enfado se había ido de la lengua y habló más de la cuenta, haciendo que Ricardo y Thiago sonrieran.
- ¿Lo ves?-dijo Thiago-. ¿Me tengo que poner así para que empieces a hablar?
- ¿Sabes lo que te digo? No te quiero en casa. Vete con tu “papá” y que te aguante él. Iros a tomar por culo. Los dos.


 Y volviendo a levantar la voz, Thiago impuso su voluntad.
- Si eso es lo que quieres no te preocupes que lo haré, pero ahora mismo nos vas a contar la verdad te guste o no, porque de aquí no nos vamos a mover hasta que no digas todo lo que ocurrió.
- ¡De eso nada!
- Muy bien. Entonces ahora mismo comenzaré a tirar las cosas de la nevera y de la despensa a la basura. Minuto que pases sin hablar, bollito de chocolate que tiraré.


 Quedándose callada, Gabriela miró con odio a Ricardo y a su hijo y, manteniendo ese silencio, se dirigió hacia el salón y se sentó en el sofá. A su lado lo hizo Thiago y Ricardo en el sillón que había junto a éste.
- Comenzaré yo a relatar la historia y así le doy tiempo a tu madre a que refresque su memoria…-dijo Ricardo-.


 Carraspeando un poco, Ricardo comenzó a contar lo sucedido.
- Hace como unos 22 años o así, conocí a tu madre porque un amigo en común nos presentó y los dos nos sentimos atraídos. En poco tiempo, ya habíamos empezado a salir y todos nos decían que estábamos hechos el uno para el otro.


CONTINUARÁ…