domingo, 7 de junio de 2020

Capítulo 25 || The Mirror

 El inspector Fresno comenzó a buscar indicios en toda la casa: ropa, pelos… Todo lo que pudiera ayudar a encontrar pruebas de que allí había estado Hugo.


 Entrando en el dormitorio de Marta, aquí fue donde el inspector pasó más tiempo. Sin embargo, no encontró nada relevante salvo un par de tangas de la muchacha en una esquina. Las sábanas estaban limpias, en los cajones sólo había ropa femenina y nada indicaba que allí hubiera estado nadie más que Marta.


 Bajando serio por las escaleras, Marta sonreía al inspector.
- ¿Y bien? ¿Cómo ha ido la investigación? ¿Ha encontrado algo relevante?
- No…
- ¿Lo ve? Ya le dije que Hugo no ha estado aquí.
- Sé que miente, usted y su familia. Llegaré hasta el fondo de todo esto, así que no sonría tan rápido…
- Eso espero. Deseo con todo mi corazón que sea capaz de encontrar a Hugo y traerlo de vuelta. Lo echo tanto de menos…


 A varios kilómetros de allí, mientras Abraham estaba inmerso en su rutina diaria de natación, Diana se relajaba en una tumbona completamente desnuda. Qué paz y tranquilidad se respiraba allí…  


 Sonando el teléfono, Diana miró el número y no lo conocía, así que tardó algo más en contestar porque no estaba segura de hacerlo.
- ¿Diga?
- Diana, soy Marta. Te llamo desde una cabina por si a la policía le da por investigar mis llamadas.
- ¿La policía? ¿En qué lío os habéis metido Hugo y tú?
- En ninguno, lo juro. Lo que pasa es que los padres de Hugo han denunciado su desaparición y ha venido un inspector con muy mala leche a investigar, pero no ha encontrado nada en mi casa.
- Menos mal.
- Pero es cuestión de tiempo que averigüen que mis padres tienen otra propiedad. Diana, saben que soy su novia y lo más normal es que Hugo acudiese a mí. Es lo típico.
- ¿Y qué pensáis hacer?
- Hugo se tiene que ir de la casa, limpiar cualquier rastro que haya que pueda ayudar a la policía que ha estado allí y largarse.
- Pero, ¿dónde?


 Tras llegar a un acuerdo, Diana fue a recoger a Hugo cuando se lo encontró dando un paseo.
- ¡Hugo! Justamente iba a buscarte.
- ¿Buscarme? ¿Qué pasa?
- Me ha llamado Marta. Me ha dicho que no puede llamarte desde su móvil porque la policía anda detrás de ella investigando si has estado por su casa o por aquí.
- Oh, oh… ¡Mierda!
- No te preocupes, te vas a quedar en mi casa hasta que todo se calme.


 Instantáneamente, Hugo se abrazó a Diana y le dio las gracias una y otra vez.
- No deberíais ayudarme tanto… Lo he estado pensando y… No sé. Por un lado quiero volver, pero por otro, sólo de pensar en la que me puede caer… Uf, no sé.


 Separándose, Diana le acarició la mejilla a Hugo y le dirigió unas palabras muy dulces.
- Será mejor que te vengas con Abraham y conmigo a nuestra casa y allí lo pensarás más tranquilamente, ¿vale cariño? Hagas lo que hagas, nosotros te apoyaremos.


 Yendo hasta la otra parte de la bahía, Diana se paró frente a una casa de grandes dimensiones.
- ¿Aquí vivís vosotros?-preguntó Hugo asombrado-.
- Sí, ¿qué te parece?
- Enorme.


 Entrando, Diana le comunicó a su madre la noticia de que Hugo estaría por allí una temporada.
- Mamá, ¿te acuerdas de Hugo?
- Sí, ¿qué pasa? Estoy viendo la tele.
- No quiero robarte mucho tiempo. Sólo era para decirte que se va a quedar aquí un tiempo.
- Muy bien, ¿y a mí qué? Esta es tu casa y haces lo que te da la gana sin consultarme, ¿no? ¿Para qué me vienes a decir ahora que este chico se va a quedar en la casa? Es que no lo entiendo.
- Vale mamá…


 Suspirando, Diana subió al piso superior con Hugo y le enseñó su habitación.
- Es algo pequeña, pero creo que podrás apañarte bien.
- Es más que suficiente… Gracias, de verdad.


 Volviéndose a Diana, Hugo la abrazó de nuevo.
- Eres genial. Y cuánto me alegro de que hayas encontrado a un tío tan enrollado como Abraham que te apoya en todo.
- Uh, que no te escuche mi madre porque se reiría en tu cara. No lo puede ni ver.
- ¿Y eso?
- Ni idea… Al principio pensamos que era por el color de su piel, pero en la convivencia nos dimos cuenta de que eso no es lo que le molesta, así que… Bueno, yo me voy abajo. Tú acomódate y si quieres, ya sabes dónde estamos


 Poniéndose el bañador, Hugo se asomó a la terraza y vio a Diana en la tumbona y a Abraham saliendo de la piscina. Mirando al horizonte, respiró hondo y bajó al jardín.


 Cuando llegó a la altura de Abraham, Hugo se dio cuenta de que su profesor se estaba quedando dormido, así que pegó una voz y lo despertó de tal forma que casi se cae de la tumbona.
- ¡Abraham!
- ¡Coño! ¿Qué…? Joder Hugo, qué susto me has dado…


 Levantándose, Abraham abrazó al muchacho.
- Ya me ha dicho Diana que te vas a quedar por aquí, ¿no?
- Sí, espero que no te importe.
- Anda hombre, ¿cómo me va a importar? Nuestra casa es tu casa, así que siéntete libre de hacer lo que te plazca. Eso sí, ten cuidado con la bruja…-comentó mirando a Clotilda-.


 Levantándose de la tumbona, Diana empujó a Hugo y lo tiró a la piscina zambulléndose ella también.
- Eh, eso es jugar sucio Diana, jajajaja. Me has pillado sin esperarme que me fueras a tirar.
- Esa es la gracia, que no te lo esperes jajaja. Menuda cara has puesto mientras te caías jajajaja.


 Colocándose delante de Diana, Hugo la miró con ojos de sospecha.
- Con que esas tenemos, ¿eh?
- Uy, qué miedo tengo Hugo… ¿Qué vas a hacer? Bueno, ¿qué quieres intentar hacer?


 Riéndose al escuchar la conversación de esos dos, Abraham fue hasta la barbacoa para preparar el almuerzo pensando en que su mujer y Hugo se estaban tratando como dos críos.


 Y no iba mal desencaminado, porque de un momento a otro, Abraham comenzó a escuchar agitamiento de agua y es que Hugo estaba salpicando a Diana a más no poder.
- Te vas a enterar Diana. Vas a estar echando agua hasta mañana jajaja.


 Tras el almuerzo, Abraham fue a hacer un poco de footing como tenía acostumbrado. Ahora que había vuelto a casa tenía que retomar la rutina de siempre.


 Y estando en esas, vio a un hombre acercarse a la casa donde estuvieron Hugo y Marta junto con otros dos más. Escondiéndose, pudo escuchar cómo decían que eran de la policía y que tenían una orden de registro. Al no escuchar a nadie, entraron en la propiedad.


 Volviendo a casa, Abraham vio a Hugo y a Diana con otro plato en las manos.
- ¿Todavía tenéis más hambre?-les preguntó a ambos-.
- Es que está buenísimo, cielo. Te ha salido hoy de escándalo,-contestó Diana-.
- Pues Hugo,-dijo Abraham-, acabo de ver cómo unos policías entraban en la casa donde estabas con Marta.
- Joder, pues sí que es bueno ese inspector… Joder, os estoy poniendo en peligro.
- Oye Hugo,-intervino Diana-. No eres ningún delincuente, eso que te quede claro. Eres un muchacho incomprendido por su familia de la que sólo busca y espera cariño y atención. Pero no nos estás poniendo en peligro.
- Nosotros hemos decidido ayudarte, Hugo,-dijo también Abraham-.


 Ese día, Diana y Abraham vieron el atardecer sentados en el porche mientras se besaban y pasaban un momento romántico.


 Como compensación, Hugo se encargó de recoger los platos y meterlos en el lavavajillas para ayudar un poco y no ser ningún lastre.


 Viendo que Hugo estaba ocupado en la cocina, Clotilda salió al porche y vio a su hija acurrucada junto a Abraham.
- Os parecerá bonito… Traer a un muchacho y ponerlo a recoger los platos mientras vosotros os estáis morreando.
- Mamá, él ha insistido y no le vamos a poner un cuchillo en el cuello para que no lo haga. Si ha querido echar una mano, yo se lo agradezco.
- Qué poca decencia. Tu padre y yo no te enseñamos así…
- Mamá, ¡para ya!
- Ay… Cría cuervos y te sacarán los ojos…


 Clotilda, al pasar junto a Hugo, le puso la mano en la cintura y le susurró unas palabras al oído que lo dejaron clavado en el sitio. ¿Acababa de decirle esa señora que necesitaba desestresarse y que si podía echarla una mano?


 Hugo comenzó a pensar mal con esa pregunta que le había hecho la madre de Diana y, al instante, se le vino a la mente la conversación que había tenido con ella esa misma mañana. ¿Y si lo que le pasaba a Clotilda es que estaba celosa de su hija porque tenía a Abraham y ella se sentía sola?


 Intentando cambiar de tema, Hugo se sentó en el sofá justo cuando Diana entró en el salón.
- ¿Qué haces Hugo?
- Ah, nada. Estaba pensando en si ver la tele o meterme en la cama ya.
- ¿Tan pronto? Quédate si quieres con Abraham y conmigo.
- Bueno, vale.


 Encendiendo la tele, los tres comenzaron a ver un programa de risas bastante entretenido y que le hizo olvidar a Hugo todo por lo que estaba pasando en ese momento.


 Un rato después, Hugo sintió cómo Diana le ponía la mano sobre la pierna y, sin quererlo, comenzó a sentirse tenso. Nunca nada le había hecho sospechar a Hugo que Diana tuviera otras intenciones con él, o tal vez era su mente jugándole una mala pasada porque llevaba un par de días sin sexo y lo echaba de menos. Cuando Diana comenzó a sentir que Hugo estaba quieto como una estaca, se acercó y le besó la frente.
- Perdona si te he puesto nervioso, pero es que cuando estoy en confianza soy muy cariñosa. Lo siento cielo.


 Sintiéndose más aliviado, Hugo respiró tranquilo y vio cómo el fuerte brazo de Abraham comenzaba a rodear la cintura de Diana, acariciando esa zona lentamente.
- Abraham, que está Hugo aquí,-le susurró la muchacha-.
- Que mire si quiere, pero yo no puedo aguantar más…


CONTINUARÁ…

viernes, 5 de junio de 2020

Capítulo 24 || The Mirror

 Diana y Abraham junto con los muchachos quedaron en irse esa noche a un club a bailar y a divertirse para cambiar de aires y desconectar un poco. Mientras Marta preparaba la cena, el móvil de Hugo comenzó a sonar.
- ¿No lo vas a coger?
- No, porque es mi padre…
- Hugo, no seas cabezota y cógelo. Seguro que está preocupado por ti…
- Ya, pero… No, mejor pongo el móvil en modo avión y paso. No quiero saber más del tema.


 Suspirando, Marta siguió cocinando hasta servir la cena.
- Te ha salido buenísima la pasta, Marta.
- Gracias guapo.


 Tras recoger los platos y las cosas de la cena, Hugo y Marta se cambiaron de ropa para irse hacia el lugar donde habían quedado con Diana y Abraham.
- Uy, qué guapa estás Marta. ¿Y si nos quedamos aquí y estrenamos la cama?
- Ya habrá tiempo de estrenarla después. No te preocupes que hay tiempo para todo.


 Yéndose hasta el club, la pareja se encontró con sus profesores y tras los besos y abrazos pertinentes, se pidieron una cerveza.
- ¿Tú bebes?-le preguntó Diana a Hugo-.
- Hoy ha sido la primera vez que he tomado una cerveza.
- ¿Y qué tal?
- Mal, fatal. No me ha gustado nada.
- Jajaja, típico. A todos nos ha pasado.
- Pero bueno, como dicen que es normal, voy a darle una oportunidad…


 Sentándose en la barra, Abraham empezó a hablar con Hugo.
- ¿Y qué tal lo llevas?
- Bien, pero ahora tanto mi madre como mi padre no paran de llamar al teléfono y estoy a nada de estamparlo contra la pared. A ver si ahora con esto se enteran de que yo también tengo voz y me comienzan a tratar más como un adulto y no como un niño pequeño.


 Minutos después, Marta se levantó y les dijo a los demás que se iba a la pista a mover el esqueleto. Quedándose embobado mientras que se marchaba, Hugo hizo un comentario en voz alta.
- Mira que es guapa…
- Sí, y está loca por ti,-comentó Abraham-.


 Marta comenzó a bailar y la verdad era que no se le daba nada mal. No era ninguna experta, pero llevaba el compás de la música a la perfección.


 Acercándose a ella, Hugo la piropeó.
- Vaya tela con la niña, menudos movimientos… ¡Yo quiero que te muevas así para mí!
- Hugo, deja de hacer el payaso, que me da vergüenza…


 Pero lejos de parar, Hugo se acercó y le dio un beso a Marta como los de las películas mientras que muchos de los que estaban allí se giraron a mirarlos.


 La cuestión era que ninguno de los dos era capaz de separarse del otro y permanecieron besándose durante interminables minutos, haciendo que sus cuerpos comenzasen a arrancar motores.


 Sintiendo la gran presión en sus pantalones, Hugo se lo comunicó a Marta.
- Cariño, como no hagamos algo ahora me va a explotar la entrepierna.
- Anda ya, no seas exagerado…


 Agarrándole la mano y poniéndosela sobre el paquete, Marta sonrió al notar que lo que decía Hugo era cierto.
- Madre mía, qué jugoso tiene que estar eso, pero… ¿dónde podemos irnos?
- Ven, busquemos un sitio.


 Subiendo a la planta de arriba, se colocaron detrás de las escaleras donde imaginaban que allí no miraría nadie. Siguiendo con los besos, las manos de ambos comenzaron a deambular por sus cuerpos mientras comenzaban a desnudarse poco a poco.


 Tras quedarse ambos completamente desnudos, Marta sonrió juguetona al ver cómo el miembro de Hugo estaba dispuesto a entrar “a matar”. Hugo, por su parte miró a Marta mientras la abrazaba y la atraía más y más a él.
- Marta… te amo.
- Y yo, Hugo. Yo también te amo.
- No me dejes nunca. Te necesito…


 Tras darse todo el amor que necesitaban, Hugo y Marta se colocaron la ropa de nuevo y bajaron al club de nuevo donde vieron a muy pocas personas y la mayoría de ellas borrachas, pero Diana y Abraham habían desaparecido.


 Mirando la hora, se dieron cuenta de que era casi la hora del amanecer, por lo que Marta y Hugo se fueron a dormir a casa para descansar después de un largo día.


 Cuando se despertaron, era prácticamente la hora de comer y Marta preparó un almuerzo rápido para no entretenerse demasiado en la cocina. Justo cuando estaban comiendo, Hugo volvió a conectar su móvil y le llegó cientos de notificaciones de sus padres. Suspirando, Hugo volvió a apagar su teléfono.


 Sin embargo, pocos minutos después fue Marta quien recibió una llamada de su padre.
- Hola papá. ¿Cómo? ¿Estás seguro?


 Cuando Marta terminó de hablar con su padre, se giró para hablar con Hugo. Éste, al ver que su expresión se había vuelto de lo más seria, comenzó a preocuparse.
- ¿Qué pasa?
- Es mi padre…
- ¿Le ha pasado algo?
- No, están todos bien, pero… resulta que hay un policía en casa y no paran de preguntarles que dónde estoy. Le han dicho que estoy en casa de una amiga, pero me han pedido que vuelva para no levantar sospechas.
- Joder, lo siento mucho.
- No, no lo sientas. Nosotros accedimos ayudarte, así que tú tranquilo. Quédate aquí, ¿vale? Ya me inventaré algo para despistarlos.


 Tras cambiarse de ropa, Marta se abrazó a Hugo.
- No te preocupes que todo saldrá bien. Pronto volveremos a estar juntos, Hugo.
- Eso espero y… Lo siento de nuevo.


 Hugo vio cómo Marta se marchaba mientras no podía evitar que un gran sentimiento de culpa le invadiera por dentro. ¿Estaba siendo egoísta actuando de esa forma? Esa era la pregunta que no paraba de rondarle la cabeza.


 Unas horas más tarde, Marta llegó a su casa y, antes de entrar, respiró hondo dispuesta a alejar los focos de aquel sitio y de Hugo.


 Cuando entró, vio a sus padres y a su hermano sentados en el sofá.
- Hola hija, ¿qué tal te fue en casa de María?-preguntó Julio-.
- Hola papá, bien. La verdad es que nos lo hemos pasado de escándalo.


 En ese momento, un muchacho se incorporó y saludó a la recién llegada con una sonrisa en la cara que le recordó a Marta a cómo sonreía Tyler.
- Buenas tardes, soy el inspector Fresno. Usted debe ser la señorita Marta Ruiz.
- Sí, efectivamente inspector.
- Estupendo. Si son tan amables de dejarnos solos,-le dijo el inspector al resto de la familia-.


 Haciendo caso al policía, todos se levantaron en completo silencio y con el corazón encogido. Todo aquello les había pillado por sorpresa y no sabían muy bien cómo actuar.


 Una vez que estuvieron a solas, el inspector comenzó a hablar con Marta.
- Me han dicho sus padres que usted estaba en casa de una amiga suya, ¿es eso cierto?
- Sí. Mi amiga María. Si quiere le puedo dar su número para que usted mismo certifique si he pasado la noche allí o no.
- Vaya, eso sería de gran ayuda. Me imagino que se imaginará el por qué de mi visita.
- No, la verdad. ¿Me he metido en algún lío?
- Espero que no… Verá, han denunciado la desaparición de un compañero suyo, del internado McCullock: Hugo Solanas, ¿lo conoce?
- Hombre pues claro. Si ha sido compañero mío durante nueve meses en un internado donde estábamos las 24 horas juntos pues sí, lo conozco. Pero no tenía ni idea de que había desaparecido. ¿Se sabe algo?


 A Marta no le gustaba ni un pelo ese inspector. Había algo que sentía en su interior que no le cuadraba y le daba mala espina.
- Estamos… investigando, señorita,-prosiguió hablando el inspector Fresno-. He hablado con sus compañeros al igual que estoy haciendo con usted, y todos han coincidido en que el desaparecido y usted mantenían una especie de romance, ¿no es cierto?
- Sí, Hugo es mi novio.
- Entonces usted debe saber su paradero, ¿cierto?
- Siento decepcionarlo, pero no tengo ni idea. Me acabo de enterar de que ha desaparecido porque me lo ha dicho ahora vaya.


 El inspector tenía buen olfato y sabía que Marta ocultaba algo.
- ¿Me está diciendo que no sabe nada de su novio desde hace una semana? ¿Y pretende que le crea?
- Inspector, le estoy diciendo la verdad. Me llamó y me dijo que había discutido con su madre recién llegado del internado y que tenía ganas de desaparecer. Yo le dije que se tranquilizase y estuve un rato hablando con el y al cabo de unos días me volvió a llamar diciéndome que su padre quería que viviese con él, que lo había hablado con su madre… No sé. La cuestión es que me dijo que necesitaba desconectar de todo y yo no le he querido molestar. Eso fue lo último que supe de él.
- Interesante…-dijo el inspector apuntando en una pequeña libreta-. ¿Y nunca ha estado su novio aquí? Hay testigos que han situado a Hugo por los alrededores de esta vivienda.


 Con una tranquilidad que asombraba, Marta continuó hablando con aquel policía.
- Puede usted registrar la casa porque no va a encontrar nada que indique que Hugo estuvo aquí, porque de hecho no lo ha estado.
- ¿Y entonces por qué dos testigos han asegurado que vieron al señor Hugo Solanas aquí?
- Pues no sé los motivos que han podido tener para mentir de esa forma, pero yo le he dicho todo lo que sé.


 Sonriendo de nuevo, el inspector se atrevió a decirle algo a Marta.
- ¿Sabe? Sé que no me está diciendo la verdad y comprendo que quiera defender a su novio. Yo pensaba que usted sería una muchacha sensata y agilizaría todo eso, ya que hay unos padres preocupados por un hijo al que no ven desde hace una semana. Esos padres sólo quieren tener de vuelta a su hijo, que le recuerdo señorita, que aún es menor de edad y no está emancipado legalmente. Si usted cree que no voy a encontrarlo, está muy equivocada y es más inocente de lo que aparenta. Si me disculpa, tengo que hacer mi trabajo…


CONTINUARÁ…