domingo, 3 de noviembre de 2019

Capítulo 6 || Trampas


Entrando en la habitación, Renata comprobó con sus propios ojos lo que Katashi le había hecho a Enrique y a Isa y, sin poderlo evitar, comenzó a gritar como loca.
- ¡Katashi! ¿Quieres parar ya de una puta vez? ¿Te crees que vamos a trabajar mejor con un ojo morado o con amenazas por tu parte? ¡Imbécil!
- Cállate Renata si no quieres cobrar tú también.
- Pero Kat…
- ¡Que te vayas de aquí, negra!



 La situación siempre era la misma: amenazas, maltratos y más amenazas, por lo que Enrique fue creciendo viendo todo eso, apoyándose en las chicas de allí y odiando a Katashi un poco más cada día, como hacían todas. Cuando ya Enrique contaba con siete años, Katashi entró en la habitación donde vio al niño tranquilamente jugando con un coche de juguete.
- Niño, ¿y tu madre?
- ¿No eres el jefe y quien mira las cámaras? Tú sabrás, ¿no?
- Mira niño, a mí no me vaciles.


 Dejando el juguete en el suelo, Enrique se levantó y se giró hacia Katashi.
- Te voy a vacilar las veces que me dé la gana, ¿te queda claro? Anda mira, si estoy hablando igual que tú a todas las chicas.
- Qué imbécil eres, niño del demonio.
- Vale, seré un imbécil, pero lo mío tiene cura si estudio más. Pero lo tuyo… Lo tuyo sí que no tiene cura.


 Mirándolo con cara de odio, Katashi volvió a usar una de sus tácticas infalibles: La amenaza.
- Niño…
- Me llamo Enrique.
- ¡Toca-pelotas! Así te voy a llamar ahora, ¿te queda claro?
- ¿Ves como te he imitado igual?-dijo Enrique esbozando una sonrisa-.
- Uf...-dijo Katashi suspirando-. Tú sigue tocándome los huevos de esa forma y quien pagará las consecuencias será tu madre.
- Ponle un dedo encima y seré yo mismo quien te mate.
- JAJAJAJAJAJAJA,-comenzó a carcajearse Katashi-.


 La mirada tan seria que le estaba echando Enrique hizo que Katashi dejase de reírse cada vez menos hasta que, seriamente, le preguntó al pequeño.
- ¿Qué miras?
- Estaba pensando que… Es verdad, se te nota.
- ¿El qué se me nota?
- La cara de idiota,-dijo Enrique llevándose las manos a la boca intentando evitar reírse-.


 Y sin ningún tipo de miramiento, Katashi le pegó una patada a Enrique, quien salió volando cayendo al suelo provocando un fuerte ruido.


 Enrique se quedó tumbado en el suelo frente a la mirada impasible de Katashi.
- Para que aprendas con quién debes meterte, toca-pelotas.


 El ruido hizo entrar a Isa y a Wissal, quienes estaban en la barra de pole dance haciendo su show. Al ver que Enrique estaba en el suelo y Katashi frente a él, Wissal comenzó a respirar agitadamente y, sin poderlo evitar, se abalanzó sobre él.


 Al girarse, Katashi vio cómo Wissal le daba una patada en los huevos, justo con la punta del tacón, provocándole un fuerte dolor que le hizo agacharse instantáneamente.  


 Renata, que también había escuchado el golpe que provocó Enrique cayéndose al suelo, entró justo para ver cómo Wissal pegaba a Katashi. Irremediablemente, Renata sonrió orgullosa de su amiga y compañera.
- Para que aprendas que Enrique es intocable, bastardo.


 Recuperando un poco el aliento, Katashi se incorporó y agarró del pañuelo a Wissal quien supo en ese instante lo que le esperaba… Pero había merecido la pena por defender al pequeño.


 Katashi comenzó con un rosario de puñetazos hacia Wissal, quien no podía evitar los golpes, ya que rápidamente le comenzó a sangrar la ceja y sus ojos se llenaron de sangre, impidiéndole ver con claridad.


 Renata, gritando más fuerte que nunca, hizo que Katashi parase de golpear a la muchacha.
- ¡¿Te crees que pegándonos vas a arreglar las cosas?! ¡Estúpido!
- Mira negra de los huevos, vete de aquí si no quieres llevarte un rapapolvo tú también.
- Venga, ponme un dedo encima si tienes huevos, pero ahora que Wissal va a tener la cara morada durante unos días y no va a poder trabajar, si me haces lo mismo a mí quién va a poner las copas, ¿eh? ¿Quién va a hacer que el negocio prospere? Porque yo no te veo a ti poniendo el culo.


 Sin ningún ápice de compasión, Katashi increpó a Renata.
- ¿Te crees que no tengo dinero para traer a más chicas si no me diese la gana? ¿Os creéis las únicas aquí? Para nada. Soy rico y tengo todo lo que deseo así que te vas a volver ahora a tu sitio si no quieres que encuentren pedazos tuyos repartidos desde aquí a Denver, ¿te queda claro?


 Wissal se miraba al espejo para comprobar cómo le había dejado la cara el monstruo de Katashi. Sentía un dolor terrible, pero por el pequeño Enrique todas y cada una de ellas harían lo que hiciera falta.


 Escapándose de allí, Enrique comenzó a buscar a su madre hasta que la encontró en una habitación.
- Mamá, ¿estás sola?
- Pero… Kike, ¿qué haces aquí? Como te vea Katashi aquí fuera…
- Me da igual ese… Gilipollas.
- ¡Oye! ¿Quién te ha enseñado a decir esas palabrotas?
- Es lo que me dicen mis compañeros de clase en el cole, mamá. Me dicen que soy un comemierda y se ríen de mí por llevar siempre la misma ropa.


 Llevándose la mano a la boca, Ann no podía creerse cómo unos niños tan pequeños podían llegar a ser así de crueles… ¿Qué les estaban enseñando sus padres?
- Además… Katashi me ha pegado ahora y la tita Wissal le ha dado una patada en sus partes y luego Katashi le ha pegado mucho y le ha dejado la cara marcada.


 Sentándose, Ann abrazó a su hijo con fuerza.
- Tranquilo amor mío. Con mamá estás a salvo y nada ni nadie te volverá a hacer daño. Te lo prometo.
- Gracias mami,te quiero mucho.
- Y yo más, vida mía, yo también te quiero.


 Todos los males se le pasaban cuando estaba con su niño. Ann no era feliz, pero se le olvidaba absolutamente todo cuando estaba con Kike, como ella lo llamaba. Cada día se parecía más a su padre y, por mucho que él lo negase en un principio, ahora sólo había que verlo para darse cuenta de que era suyo.


 Una noche como otra cualquiera, en el local de Katashi estaba a punto de suceder algo que cambiaría muchas vidas… radicalmente.


 Isa estaba en la barra haciendo su show cuando recibió un saludo muy cordial.
- ¡Hola tita! ¿Cómo estás hoy?
- Ey Kike, pues aquí estamos, como siempre hijo…


 En el backstage discutían acaloradamente Ann con Katashi, para variar un poco. El paso de los años había provocado que el pelo fuese algo más canoso y que apareciese alguna arruga que otra.
- Te estoy diciendo que no es tanto lo que te pido, Katashi. ¡Es solo un día con mi hijo fuera de estas cuatro malditas paredes!
- ¡No! En cuanto entraste aquí firmaste tu sentencia de muerte y no saldrás a no ser que estés en un ataúd.
- ¿Te crees que me voy a escapar dejando aquí a todas las chicas a tu merced? ¿Tú eres tonto, tío?


 Katashi también estaba mucho más envejecido, pero su personalidad seguía siendo la misma. En eso no había cambiado ni una pizca.
- Ann, tú serías capaz de vender a tu madre con tal de salir de aquí, te conozco bien y no me fío de lo que vayas a hacer.
- Qué poco me conoces… ¿Te crees que por tenerme aquí encerrada durante 18 años me conoces? Pues no, no lo has hecho y no lo harás nunca porque no pienso darte ese gusto.
- Yo con follarte cuando me venga en gana tengo el gusto que necesito.
- Bueno, eso si das la talla, porque últimamente no eres nadie sin tu pastillita azul…
- Serás zorra… Ya me las pagarás… O no, mejor, las pagará tu hijo por ti ahora que es casi un adulto.


 Sin poderlo evitar, Ann le pegó un fuerte guantazo a Katashi.
- Como se te vuelva a ocurrir la idea de tocar a mi hijo o hacerle algo te juro que te arranco la yugular de cuajo.
- Oh, no sabes lo que acabas de hacer…
- Sí, pegarte un guantazo,-dijo Ann volviéndole a pegar-.


 Yéndose hacia la barra, Renata saludó al “pequeño” Kike.
- ¿Qué tal Renata?
- Bien, ya sabes, poniendo copas y eso. ¿Te pongo algo?
- Sí, dame una gaseosa.
- Marchando una gaseosa.
- Por cierto, ¿se ha enterado Katashi de...?
- No, no se ha dado ni cuenta así que nuestro secreto está a salvo.
- Bien.


 En el interior, Katashi echó sus manos sobre el cuello femenino y comenzó a apretar muy fuerte, comenzando a asfixiar a Ann quien le daba golpes inútiles, ya que no le hacían nada para que parase.


 Ann poco a poco fue perdiendo las fuerzas hasta que, en un momento, Katashi sintió cómo salía el último aliento a través de la boca de su víctima. Acababa de arrebatarle la vida y también había firmado su propia sentencia de muerte, aunque no lo supiera todavía.


 Dejándola caer al suelo, el golpe que se escuchó fue bastante fuerte y, sin ningún ápice de sentimientos, Katashi comenzó a gritarle al cuerpo inerte de Ann.
- ¡Mira lo que me has hecho hacerte! ¡La culpa es tuya! ¡Puta!


 Saltando por encima de la barra, Kike entró en la habitación y pudo ver a su madre completamente tendida en el suelo y con unas marcas rojas sobre su cuello justo delante de Katashi, quien la miraba con cara de odio.
- ¿Qué ha pasado aquí?
- La puta de tu madre. Mira lo que me ha hecho hacerle… Yo no quería, pero ella me ha obligado.


 Mirando a su madre, Kike comenzó a respirar agitadamente y cerró ambos puños tan fuerte que se provocó heridas en las palmas de sus manos.
- ¿Que ella te ha obligado?-logró decir Kike-.
- Sí. No entraba en razón y me obligó a castigarla severamente.
- Entiendo…



CONTINUARÁ...

viernes, 1 de noviembre de 2019

Capítulo 5 || Trampas


Pasados dos meses desde su encierro en ese lugar, aquel tipo visitaba a Ann dos veces por semana y, de tanto ir el cántaro a la fuente…
- Positivo… Ha salido… Positivo. Joder, estoy embarazada…



 Sintiendo algunas nauseas, en el predictor decía que estaba de 5 semanas.
- Menuda sorpresa se va a llevar Katashi…


 Saliendo del baño con una sonrisa, el propio Katashi la estaba esperando, ya que había sido él quien había comprado el predictor en la farmacia.
- ¿Esa sonrisa que tienes es porque ha sido una falsa alarma?
- No, estoy embarazada, ¿no es maravilloso?
- ¿Maravilloso? ¡¿Maravilloso?!


 Y sin decir nada más que eso, Katashi comenzó a golpear a Ann sin descanso y sin ningún tipo de piedad.


 Su principal objetivo era su tripa, así que comenzó a golpearla continuamente hasta dejar a Ann completamente tirada en el suelo sin apenas moverse.


 Como pudo, llegó al baño justo para que una gran cantidad de sangre comenzase a salir de su vagina y, en ese momento, algo se le rompió en su interior… Había perdido al bebé. Ese malnacido había matado a su pequeño o pequeña.


 Sintiendo un fuerte dolor tanto en su interior como por los golpes recibidos, Ann se tocaba su tripa llorando amargamente. ¿Cómo se podía querer tan rápido a un hijo sin ni siquiera conocerlo? ¿Cómo iba a aguantar allí ahora viendo a la cara todos los días al asesino de su pequeño?


 Completamente con la moral destruida, Ann se enfocó en el trabajo y apenas descansaba ni tampoco comía, por lo que comenzó a perder mucho peso hasta quedarse prácticamente en los huesos. Aparte de eso, aquel tipo estuvo bastante tiempo sin venir y eso hacía más pesadas las noches allí.


 Pero un día aquel hombre apareció y en cuanto la vio, se sorprendió por su cambio físico y subió al dormitorio como hacían siempre.  


 En cuanto cerraron las puertas, Ann recibió un fuerte abrazo de ese tipo.
- Te he echado muchísimo de menos pero he tenido problemas en casa y… Me ha sido imposible venir. ¿Tú cómo estás? Estás mucho más delgada.
- Estoy bien, no te preocupes.
- ¿Segura?
- Sí, tranquilo,-dijo ella intentando tragar el nudo en la garganta que se le había formado a causa de los recuerdos del aborto que le habían provocado-.


 Había pasado un año ya desde que las chicas comenzaran a prostituirse para Katashi y, aunque parezca mentira, Ann se encontraba descansando un poco.


 Entrando en esa habitación, Isa sonrió al ver a su amiga durmiendo plácidamente. La quería tantísimo que no había forma humana de expresarlo.


 Sintiendo la presencia de Isa, Ann se despertó y cuando la vio se levantó y la abrazó.
- ¿Cómo estás?-preguntó Isa-.


 Sentándose una frente a la otra en las camas, ambas amigas comenzaron a hablar.
- Bien. Me siento mejor que nunca,-contestó Ann-.
- Se te ve en la cara, que te has recuperado bastante de como te habías puesto.
- Es que ese aborto fue… Muy duro para mí.
- Qué hijo de puta es Katashi. ¿No tiene piedad ni con un bebé? Ojalá se muriese pronto.
- A todo cerdo le llega su San Martín.
- Y hablando de cerdos, ¿cómo se tomó la noticia tu amante misterioso?


 Tocándose la tripa y suspirando, Ann contestó a esa pregunta en un tono más triste.
- En cuanto le dije que… estaba embarazada, comenzó a reírse y me dijo que siendo puta y acostándome con tantos tíos, cómo podía encasquetarle un bebé a él. Que se lo pasaba muy bien conmigo y que le encantaba nuestro sexo, pero que él tenía una vida fuera de esas paredes, que era marido y padre y no quería un marrón que le jodiera la vida. Un marrón… Este hijo mío no es ningún marrón, ¿me entiendes, Isa? Mi hijo va a ser un gran hombre, todo lo que no ha sido el que lo engendró y marcará un antes y un después en nuestras vidas y, aunque no sea fácil, lo sacaré adelante aunque mi vida dependa de ello.
- Hablas como una auténtica madre.
- Son las palabras que me hubiese encantado escuchar a mí de la boca de mis padres…


 Y sin poderlo evitar, Ann se echó a llorar. ¿Por qué tenía una vida tan complicada? ¿No podía tener una vida normal? ¿Un trabajo normal? Deseaba salir de allí pero con Katashi y Rubén por medio le era imposible.


 Pasados los cuatro meses que le quedaban de embarazo, Ann dio a luz a un niño precioso llamado Enrique que era la alegría para todas las chicas de allí. Todas mimaban al pequeño, lo cuidaban y hacían turnos para que no se quedase solo. Pero siempre había un problema y siempre venía por parte de la misma persona: Katashi.
- Ann, ¿te has recuperado ya?
- ¿Has visto a mi niño?
- Me importa una mierda tu estúpido hijo. Me importas tú. Me estás haciendo perder dinero y si no te pones a trabajar pronto tendré que tomar mis medidas.


 Mientras tanto, Rubén no paraba de taladrar con la mirada a Ariel, quien se hacía la loca para intentar evitar el contacto físico y que éste se le acercara para que le pidiera sexo…


 Saltando como las leonas, Ann comenzó a proteger a su hijo de las amenazas de Katashi.
- Te juro que como le hagas algo a mi hijo te mato con mis propias manos, hijo de la grandísima puta. Ya me hiciste perder a un bebé y me provocaste un aborto. Este hijo me ha costado sangre, sudor y lágrimas sacarlo adelante hasta que naciese, así que ni se te ocurra ponerle un dedo encima.
- ¿Me vas a decir tú a mí lo que tengo que hacer? ¿Pero quién te crees que eres?
- ¡Una madre que defiende lo suyo y a los suyos!
- Pues yo soy el dueño de esto y te ordeno a que salgas ahora mismo y te hagas cinco clientes como mínimo. Porque en el caso de que no los hagas… Tu hijo lo sentirá mucho.
- No serás capaz…
- Pruébame, a ver si es un farol…


 Saliendo con el atuendo de siempre, Rubén se acercó a Ariel y a ella y les dijo que tenía que cobrarse toda la droga que les daba, que él también necesitaba una recompensa… Y así hicieron con todo el asco del mundo.


 Al poco rato, otro chico que estaba allí comenzó a mirar y Rubén le invitó a unirse, diciéndole que no había problema.


 En la habitación de las chicas, Katashi miraba con asco y desprecio al pequeño Enrique, quien dormía plácidamente en ese momento.


 Fuera, ambas chicas se apoyaban la una en la otra rezando internamente para que pasase rápido ese mal trago porque estaba siendo una violación de libro… Pero ellas eran simples putas y no tenían sentimientos, ¿verdad?


 El trabajo era incesante y el lugar se hacía cada vez más y más famoso, por lo que Katashi cada día era más rico y más prepotente y apenas le daba dinero a cada una de las chicas. Todo lo quería para él.
En un momento de descuido, Isa se escapó de la barra de pole dance y se metió en la habitación para supervisar a Enrique, que contaba ya con dos años de vida.
- ¿Cómo está lo más bonito de la casa?-dijo Isa provocándole una inevitable sonrisa al pequeño-.


 A todo esto, Katashi estaba ocupado arriba violando a Ainhoa. Esta vez había llevado su obsesión al mayor extremo y le había atado los pies mientras que la penetraba sin piedad. Lo peor no era eso, aunque pudiera parecerlo, sino que todas ya estaban acostumbradas y se habían creado una especie de “escudo protector” para que no les afectase tanto esas situaciones.


 Poniéndose algo de ropa, Isa se tapó para estar frente al hijo de su mejor amiga.
- ¿Te aburres?-preguntó la muchacha-.
- Chi.
- ¿Quieres que te enseñe esas tarjetas tan chulas que te compramos?
- ¡¡Chiiiii!!


 Agarrándolo en brazos, Isa abrazó fuertemente a Enrique.
- Te quiero mucho pequeño.
- Y yo…


 Situándose de rodillas frente a Enrique, Isa comenzó a enseñarle unas tarjetas didácticas justo cuando Katashi entró en la habitación y se encontró esa situación.
- ¿Qué cojones se supones que estás haciendo aquí?-preguntó Katashi poniendo cara de loco-.
- ¡Katashi! Que hay un niño delante, no hables de esa forma.
- ¡Me importa una polla como una olla este monstruo! ¿Qué coño haces que no estás en la barra?
- Enrique estaba solo y fui a vigilarlo, eso es todo.
- ¿Y quién coño te ha dado permiso para hacerlo? ¿Yo acaso? No, ¿verdad? ¿Y Rubén? Tampoco, ¿cierto?
- …


 Ante la nula contestación de Isa, Katashi se acercó a ella y la abofeteó con fuerza delante de Enrique, quien dio un paso atrás y se asustó, comenzando a sollozar.


 Enrique estaba siendo testigo del forcejeo de Isa con Katashi. Ese hombre no le gustaba y le tenía miedo, por lo que cada vez que lo veía intentaba esconderse.
- ¡Para!-llegó a decir Enrique-.
- ¡Que te calles!-gritó Katashi empujando al niño con la pierna-.


 El ver que había empujado a Enrique, provocó que Isa le comenzase a levantar la mano a Katashi por primera vez. Una corriente eléctrica de ira le recorrió el cuerpo y fue a pegar a Katashi cuando éste la paró y le pegó más fuerte a ella, dejándola prácticamente sin respiración.


 Volviéndose a poner de pie, Enrique miró mortalmente serio a Katashi.
- Hombre malo,-dijo Enrique enfadado-.



CONTINUARÁ...