miércoles, 16 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 11

 Desde aquel día, la nueva pareja comenzó una etapa de amor mutuo y de pasión irrefrenable. Cada vez que podían estaban juntos, disfrutando el uno del otro. Sin embargo, sabían que todo no era pasar tiempo juntos, sino que había que estudiar y aprobar la carrera, por lo que dedicaban largas horas a estudiar y a prepararse. Con el paso de los años, Alex consiguió sacarse su carrera y Marina pudo entrar en el MIR, comenzando este periodo en el hospital de Los Aniegos, por lo que volvió a su barrio de siempre.
Tras hablarlo mucho, la pareja decidió comenzar a vivir juntos, ya que durante todos esos años habían vivido cada uno en su casa. Buscaron durante mucho tiempo hasta que encontraron una vivienda que les agradó a los dos y se mudaron a ella, felices y contentos por todo lo que les estaba pasando.



 Esa noche Marina tenía una fiesta, pero no una fiesta cualquiera, sino una de antiguos alumnos donde se reencontrarían 10 años después de haber empezado el bachillerato. ¡Qué de cosas habían ocurrido en esa etapa! Tanto buenas como malas pero… Los recuerdos no paraban de agolparse en la cabeza de nuestra protagonista. Ver cómo eran las cosas entonces y poder mirar, en la actualidad, a su alrededor y darse cuenta de que estaba a punto de terminar su carrera, que estaba compartiendo una casa con su novio, con el que llevaba ya 7 maravillosos años y… ¡Ay! Con una boda en camino. Una ansiada y esperada boda entre ambos.


 Tras arreglarse en el baño de su dormitorio, Marina salió hacia el salón, donde se encontraba su futuro marido. La casa aún la estaban pagando, pero gracias a que Alex estaba trabajando como profesor de Educación Física y también como entrenador de fútbol en el que fuera el instituto de Marina, y que también Marina aportaba su granito de arena con los ingresos que recibía al estar haciendo ya su último año de MIR, podían permitirse una casa más amplia.


 Al acercarse al salón, pudo comprobar que Alex estaba viendo, para no variar, el deporte. Carraspeando un poco, llamó la atención de su chico, que se levantó inmediatamente.


 En cuanto vio a Marina, Alex se quedó en silencio, mirándola de arriba abajo sin parar. Como ella veía que su novio no hablaba, le preguntó.
- ¿Y bien? ¿Cómo estoy?
- Espectacular… En estos momentos es cuando me pregunto qué vio una chica tan preciosa en un chico como yo.
- Ay Alex… Me vas a poner roja…


 Y acercándose a ella, la agarró por la cintura y le dio uno de esos besos que sólo se ven en las películas. Cada día se querían más y todo el mundo que los veía, se maravillaban al ver lo bien que se les veía a ambos.


 Pero antes de ir a la fiesta, como la casa de sus padres le pillaba de camino, fue a hacerles una visita sorpresa, para charlar con ellos y poder ver a su hermanito pequeño.


 En la casa, Oscar y Bianca hablaban sobre los planes que harían en cuanto el pequeño Tomás se durmiera.
- Voy a ponerte nata por todo tu cuerpo,-le decía Oscar a su esposa-. Y luego te chuparé todo hasta dejarte bien limpita…
- Calla Oscar, que me vas a poner a tono antes de tiempo. Reserva las fuerzas para después, que yo voy a acostar al niño.
- No veo la hora cariño…


 Entrando en la habitación que fuera de Marina y que ahora ocupaba Tomás, Bianca se encontró con que su hijo aún no se había puesto el pijama.
- ¿Todavía no te has cambiado? ¡Venga cielo! Que se te va a hacer tarde y no vas a dormir suficiente…
- Pero mamá, que es sábado… ¿No puedo quedarme hoy jugando a la consola hasta más tarde?
- No cariño, porque mañana entonces te querrás levantar para ver los dibujos y no vas a dormir lo suficiente.
- Jo… Qué rollo.


 Tomás era la viva imagen de su padre, sin embargo, había heredado el color de ojos de su abuelo materno. Aunque en un principio parecían azules como los de Bianca, con el paso del tiempo se dieron cuenta de que eran verdes. Era algo traviesillo, le encantaba reírse y gastar bromas a todo el mundo, pero sobre todo, lo que más le gustaba era pasar tiempo con sus padres, poder jugar con ellos e invitar a sus amigos a casa.


 Y de repente, sin llamar a la puerta, ésta se abrió y Marina cruzó el umbral encontrándose a su padre allí plantificado.
- ¡Sorpresa!-gritó Marina-.
- ¡Marina! ¿Qué haces tú aquí?-preguntó Oscar acercándose a ella con los brazos abiertos-.


 Abrazándose a su hija, la pudo contemplar desde cerca y la piropeó al verla tan guapa y tan bien arreglada.
- Estás fantástica cariño. ¿A dónde vas?
- He quedado con los compañeros de clase del bachillerato, que han organizado una fiesta de antiguos alumnos para reencontrarnos 10 años después de aquello.
- Vaya… ¿Ya han pasado 10 años de que lo terminaste?
- No, desde que empecé el bachillerato. Hace 8 años que lo terminé, ten en cuenta que Tomás tiene 7 añitos ya… Por cierto, ¿dónde está?


 Y como si de un huracán se tratara, Tomás salió corriendo de la habitación gritando a Marina loco de contento mientras que Bianca le decía que no corriese dentro de casa, que se podía caer.
- ¡HERMANA!-gritaba Tomás yendo a abrazar a Marina-. ¿Has venido a verme?
- Por supuesto hermano,-se llamaban así porque entre ellos tenían un pequeño juego y les gustaba tratarse de esa forma-. No podía pasar un día más sin verte.


 Abrazándose, Tomás la llenaba de besos mientras le decía que la quería, continuamente y sin cesar. Bianca sonriendo, no pudo evitar emocionarse al ver a sus dos pequeños juntos y tan unidos.


 Y después de abrazar a Tomás, Marina fue hasta su madre e hizo lo mismo. Bianca cerró sus ojos y pudo oler la estupenda fragancia de su hija.
- Estás muy guapa, ¿vas a salir con Alex?
- No, hoy Alex se queda en casa, que yo voy a una fiesta de antiguos alumnos.


 Dirigiéndose todos hacia los sillones, se sentaron a ponerse a charlar un poco mientras que Tomás se puso a jugar como si estuviera conduciendo un coche.
- Espero que hoy esté la fiesta en paz porque no quiero ningún tipo de movidas con nadie. Que yo ahora corto rápido,-dijo Marina poniendo cara de pocos amigos-.
- Tú intenta no meterte en líos, que no quiero que te vuelva a pasar nada. Es que voy y la lío vaya,-dijo Bianca-.
- Tranquila mamá, que tengo ya 26 años y la cabeza bien amueblada como para saber qué hacer y lo que no.


 Conforme Marina hablaba con sus padres, Tomás fue levantando la voz poco a poco mientras hacía los ruidos del motor del coche, complicando la conversación entre los adultos. Bianca, mirando a su hijo, le llamó la atención.
- Tomás, deja de hacer tanto ruido que no nos dejas escuchar a tu hermana.
- Jo, es que me aburro…
- ¿Quieres que hoy te lea un cuento antes de dormir?-preguntó Marina-.


 Tomás miró rápidamente a su hermana con cara traviesa y, sin pensárselo, le hizo una pregunta a Marina.
- ¿Me leerás “Arquímedes y sus siete coches”?
- Te leeré lo que quieras.
- ¡Bieeeeeeen! Entonces vamos a la cama,-dijo Tomás levantándose del sofá-.
- Marina,-intervino Bianca-, voy a hacerte venir todas las noches para acostar a tu hermano, porque con nosotros no hay manera de que se duerma a su hora jajaja.



 Oscar y Bianca estaban orgullosos de sus hijos, se alegraban de verlos tan bien, tan mayores y con tanto amor entre ellos. El hecho de poder haberle dado un hermano a Marina y de tener un hijo propio, pese a los inconvenientes, les llenaba de alegría.


 Tras leerle el cuento y acostar a Tomás, Marina puso rumbo al instituto, tomando el mismo camino que había hecho día tras día durante tanto tiempo. Ver las aulas de nuevo la llenaba de añoranza…


 Cuando entró, vio que todo estaba preparado, habían apartado las mesas y habían instalado una mesa con comida, música y una bola de luz discotequera y, para variar, había vuelto a ser la primera en llegar, como siempre hacía cuando iba a bachillerato.


 Mientras Marina estaba sumida en sus pensamientos, uno de sus antiguos compañeros entró en clase, mirándola de arriba abajo antes de saludarla.
- ¡Pero bueno! Estás increíble Marina…


 Al escuchar esa voz, la reconoció al instante, así que girándose, abrazó a Lucas sin dudarlo. ¡Qué de tiempo llevaban sin verse!
- ¡Madre mía Lucas! ¡Estás genial tío!
- Mira quién fue a hablar. ¿Cómo estás guapa?


 En cuanto se separaron, ambos comenzaron a contarse su vida mutuamente.
- Pues yo estoy en mi último año de residencia,-decía Marina-, y como estoy en el hospital de aquí, seguramente me quede, porque le gusta mucho mi trabajo al director, según me ha contado mi madre, que se lo ha escuchado decir.
- Entonces tu madre es tu compañera de trabajo, ¿no?
- Sí, nos vemos muy a menudo y cuando nos toca guardia las pasamos juntas. Nos encanta poder compartir profesión y conocimientos. ¿Y tú qué te cuentas?
- Bueno, pues yo hice la carrera de Criminología como sabes y luego me metí en el cuerpo de policía y ahora soy inspector jefe. Tengo gente a mi cargo, mi compañera y yo somos uno de los equipos que más casos cerrados con éxito llevamos…
- Vaya, que se podría decir que la vida te sonríe. ¿Y con la chica que me contaste que te gustaba?
- Uy calla, esa resultó ser una lagarta de mucho cuidado. Ahora estoy saliendo con otra mucho mejor que esa y nos va muy bien. Tú sigues con el muchacho ese ¿no? ¿Alex se llamaba?


 Mientras hablaban, Bárbara entró en una de sus antiguas clases y allí pudo ver a a Marina, pero no tenía ni idea de quién era el otro. Justo cuando iba a saludar, vio que Marina le guiñó un ojo mientras sonreía levemente.
- Mira quién acaba de llegar, nuestra estupenda amiga Bárbara...-dijo Marina intentando evitar reírse-.


 Acercándose y colocándose frente a su amiga Marina, Bárbara pudo comprobar que ese chico no era otro que Lucas, pero entre que lo había visto de espaldas y que estaba como un armario empotrado, no lo había reconocido antes. Y fue entonces cuando Bárbara se dio cuenta de qué era lo que pretendía Marina: gastarle una broma a Lucas.
Quedándose completamente seria frente a Marina, pudo notar las miradas de Lucas que, sin saber que hacer observaba la escena.
- Tú,-dijo secamente Bárbara a Marina-. Ven aquí anda…


 Y ante la atónita mirada de Lucas, Bárbara y Marina se abrazaron fuertemente. Ambas eran amigas desde hacía ya muchos años y hasta Marina le había pedido ser una de sus damas de honor en la futura boda con Alex, por lo que su amistad iba viento en popa.


 Bárbara le estuvo comentando a Lucas por encima cómo surgió su amistad con Marina y mientras Lucas la escuchaba, no paraba de mirarla, pensando en que su antigua compañera había mejorado bastante con los años.


 Dejando a ambas chicas a su aire, charlando y poniéndose al día, Lucas fue a bailar y a mover un poco el esqueleto cuando justo llegó en ese momento alguien que no sabían quién era.
- ¡Ya está aquí el menda!-dijo el recién llegado-. ¿Eres tú Marina?
- Sí, y tú eres…
- ¡Danny! ¿Quién va a ser? ¿Ha venido el Lucas?-preguntó buscándolo por la habitación-. ¡LUCAS!


 El abrazo entre esos viejos amigos fue épico, comenzaron a darse fuertes palmadas en la espalda mientras empezaron a ponerse al día de sus cosas. A su vez, otra chica cruzó la puerta y entró…


 Como Marina estaba de frente a la puerta, pudo ver cómo una muy arreglada Madison acababa de llegar a la fiesta. Diciéndoselo a Bárbara, ésta fue a recibirla y saludarla.


 Ambas amigas se unieron en un fuerte abrazo, ya que desde que sus respectivos padres las mandaran a diferentes internados, no habían vuelto a verse. Esa fiesta estaba conmoviendo a todos, trayendo sentimientos de una época ya pasada, de los recuerdos de los exámenes, de esos profesores tan odiosos y que luego eran a los que más cariño se les tenía…


 Desde que Danny llegase a la fiesta, no había parado de hablar con Lucas, que le había contado a grandes rasgos su vida actual y lo que había hecho.
- Pues yo soy cantante ahora,-dijo Danny-.
- ¿Cantante? ¿Pero tú no querías entrar en el ejército?
- Sí, pero no pasé las pruebas, también por gilipollas, porque hice el tonto y no me lo tomaba en serio, así que comencé a subir vídeos a YouTube, cantando diferentes temas y me contactó un grupo de rock-metal y me propusieron formar parte de la banda y acepté. Ahora soy el cantante principal, hemos dado varios conciertos por diferentes ciudades y la semana que viene estaremos en el XXIX Festival de Música Rock Internacional.


 Por su parte, Madison y Bárbara se ponían al día de sus cosas, ya que tenían mucho que contarse.
- No te lo vas a creer, pero al final entré en la carrera de Comunicación,-decía Bárbara-, y tuve muy buenas notas, por lo que me llamaron de un periódico, pero tras estar un tiempo allí, preferí irme porque no me gustaba el ambiente de trabajo. Había muchas desigualdades entre compañeros y compañeras y por mucho que protestamos no hemos conseguido nada, así que estoy pensando en afiliarme a un partido político, para ver si así consigo cambiar las cosas. ¿Y tú qué?
- Pues yo conseguí convencer a mi papá de que me sacase del internado y me cambió a un instituto de enseñanza privada, luego me pagaron la carrera de Interpretación, porque siempre me ha gustado mucho eso de ser actriz y tal, ¿te acuerdas?
- Sí claro, siempre nos estabas dando el coñazo a Natasha y a mí de que viésemos tal serie o la otra.
- ¡Sí! ¡Qué tiempos aquellos! Pues bien, al final de la carrera, comencé a presentarme a castings y me dieron varios papeles secundarios en diferentes series, películas baratonas… Pero desde hace un año… Ay, que me emociono. Me contactó el director y guionista de la película “Las llamas del infierno” y me dijo que tenía una idea para una serie de televisión y que me quería a mí como protagonista. ¡Yo protagonista!
- ¿Me lo dices en serio?-preguntó Bárbara bastante sorprendida-.
- ¡Tal cual! Llevamos siete meses de rodaje y la serie se estrenará en un par de semanas. Se llama “Unforgettable”.


 Marina, que se había servido una copa, se quedó mirando a su alrededor, dándose cuenta de que todo seguía igual entre ellos, que nada había cambiado pese a haber pasado 10 años. Lucas estaba con Danny, Bárbara con Madison y luego estaba ella… Faltaba Natasha, pero a las alturas en las que estaban, dudaba mucho que apareciese.
¿Por qué se volvía a sentir tan sola como cuando era una simple adolescente?


 Apartándose del grupo, Marina pensó en irse sin decir nada a nadie, para no molestar y dejar a los demás con sus cosas… ¿Sería lo correcto? No estaba segura de hacerlo. Lo que no sabía era que alguien que estaba fuera, sentía lo contrario que Marina; quería entrar, pero no se atrevía…


CONTINUARÁ...

viernes, 11 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 10

 Marina aceptó la invitación de Bárbara y juntas decidieron ir a una bolera cercana a la universidad. Tras pagar, se fueron hacia la pista y la primera en comenzar fue Marina, quien llevaba varios años sin jugar. Sin embargo, intentaba parecer lo más profesional posible.
- Esto es como montar en bicicleta, Bárbara. Seguro que hago un pleno a la primera,-decía Marina-.

- No lo tendría yo tan seguro… Además, has cogido la bola que más pesa, así que ten cuidado, ¿eh?


 Y como si de una profecía se tratase, Marina se quedó encajada a la bola y se calló al suelo dándose de bruces con la pista. Bárbara fue a ayudarla justo cuando Marina comenzó a levantarse.
- ¿Estás bien Marina? ¿Te has hecho daño?
- No, tranquila. Quiero decir, que no me he hecho daño, que estoy bien jajaja.
- Ah vale bien, me habías asustado.


 Y al fijar su mirada a los bolos, se dio cuenta de que había hecho pleno y comenzó a celebrarlo moviendo sus brazos de un lado para otro, provocándole una gran carcajada a Bárbara.
- ¡Te lo dije! Sabía que metería un pleno. ¡Toma ya!
- Jajajaja, eres de lo que no hay Marina. Ahora es mi turno… Vas a saber de lo que soy capaz.


 Bárbara inspeccionó las bolas y cogió una que le venía bien a sus dedos para estar cómoda, aunque la bola pesara algo más de lo acostumbrado. Cogiendo carrerilla, Bárbara tiró la bola con fuerza, yéndose un poco hacia delante, sin llegar a caerse como Marina.


 Y Bárbara también metió un pleno. ¡Menuda lucha de titanes iba a ser esa! La alegría invadió a la jugadora, que se puso a celebrar su pleno haciendo un baile ridículo, pero que le salió de dentro, provocando también una sana carcajada en Marina.


 Tras esa partida, donde ganó Marina por un par de puntos, un chico se le acercó a Bárbara y comenzó a hablarle de unos temas de la universidad, por lo que Marina aprovechó para ir al servicio, avisando a su acompañante previamente.


 Al salir del servicio, Marina se encontró con Bárbara esperándola en la puerta. Queriéndose interesar por aquel chico, le preguntó a Bárbara sobre lo que quería de ella.
- Nada importante, un pesado que no para de inventarse excusas para llevarme a la cama. Que si vamos a estudiar juntos, que si quiere cambiarse a mi carrera, que si estoy muy guapa con esa blusa, que si está en el gimnasio…
- Pues vaya con el tío ese. ¿Ya le has dicho que no estás interesada?
- Varias veces, pero parece que no se entera.
- Ay, ¿cuándo se enterarán los hombres de que no es no? Venga, salgamos de aquí antes de que vengan más.


 Saliendo al exterior, Bárbara miró la hora y se dio cuenta de que en menos de una hora tenía clase y que tenía que ir a su casa a por las cosas de la universidad, así que se despidió de Marina, no sin antes agradecerle la oportunidad que le había dado de conocerse más y también porque habían pasado una tarde muy divertida.
- Tendremos que repetirla otro día, ¿no?-dijo Marina-.
- ¿En serio te gustaría?
- Claro, ¿por qué no?


 Ya en su casa, Marina siguió haciendo uno de los trabajos que tenía pendiente para la carrera y del que estaba hasta el gorro. Quería terminarlo ya para quitarse un peso enorme de encima, porque el tiempo que le quitaba del estudio o de cualquier otra cosa que quisiera hacer era enorme.
Y la concentración se le fue a la mierda cuando escuchó el timbre de la casa… ¿Quién podría ser?


 Al abrir la puerta, se sorprendió al ver allí a Alex. Sabía que, por la hora, habría terminado las clases que tenía por ese día, pero no tenían planeado nada de verse, por lo que no lo esperaba allí.
- ¡Alex! Qué sorpresa… ¿Qué haces por aquí?
- He salido de clase y me apetecía verte un rato… ¿Puedo pasar o estás muy ocupada?
- Estaba terminando un trabajo que tengo que entregar esta semana, pero pasa. Así hago un descanso.


 En cuanto cruzó el umbral de la puerta, Alex se acercó a Marina y, tras rodearla con sus brazos, la besó en la boca.
- No sabes las ganas que tenía de besarte de nuevo,-confesó Alex-.
- Y yo… Vamos al salón si quieres.


 Sentándose en el sofá, Marina se acordó de la buena tarde que había pasado con Bárbara y se lo empezó a contar a Alex.
- A que no adivinas con quién he pasado la tarde…
- Pues… No sé. ¿Con algún compañero de tu clase?
- Frío, frío.
- Entonces me rindo. No tengo ni idea.
- Con Bárbara.
- ¿Me lo estás diciendo en serio?
- Totalmente. Me pilló por banda en el aparcamiento y me dijo que le apetecía conocernos más, que no sólo nos saludásemos con frialdad por el campus y que si me apetecía salir por ahí.
- Vaya con Bárbara. No para de sorprenderme esta chica.


 Alex acababa de quedarse completamente descolocado al escuchar el relato de Marina, ya que lo último que se le podía pasar por su cabeza era que su ex y la chica que le gustaba ahora se harían amigas después de todo lo ocurrido.
- Pues imagínate mi sorpresa cuando me lo dijo. Total que nos fuimos a la bolera y hemos echado una tarde bastante entretenida y hemos hablado de todo un poco. ¡Hasta de chicos!
- ¿Chicos? ¿Te ha preguntado por mí?
- ¿Por ti? No, pero me ha dicho que hay un chico que no para de decirle cosas e invitarla y ella está pasando de él y no sabe qué hacer para librarse de ese muchacho.
- Vaya, pues me sorprende que hayáis pasado parte de la tarde juntas, pero también me alegra veros así y que no haya mal rollo entre vosotras.
- Para nada. Nos despedimos con un abrazo y la verdad es que me lo pasé bien. No es mala chica en realidad, ¿sabes?


 En ese momento, Alex se quedó callado, mirándola fijamente a los ojos, con ternura y amor en su mirada.
- Por eso me fijé en ti, porque eres auténtica, no tienes dobleces y no eres rencorosa. Cualquier otra persona en tu situación la habría mandado a la mierda. Pero tú no. Tú le has dado otra oportunidad.
- Todos cometemos errores de los que nos podemos arrepentir y nadie es perfecto. Es mejor tener empatía y perdonar al otro, al igual que nos gustaría que nos perdonasen a nosotros.
- Ven aquí,-invitó Alex alargando su brazo hacia Marina-.


 Alex estrechó a Marina contra su pecho, acercando su cabeza a la de ella. Y en ese momento, un clic en su interior cambió. Una pequeña luz se encendió dentro de él, haciéndole tomar una decisión firme: Estaba abrazando a la mujer de su vida y no quería perderla por nada del mundo.


 Girándose hacia ella, ambos cerraron sus ojos y se unieron en un largo y dulce beso que duró varios minutos, encadenándolo con otros que se fueron sucediendo sucesivamente, elevando la temperatura del salón y de cada uno de ellos.


 Después de un rato así, Marina se separó unos centímetros de Alex y, casi rozando su boca, le hizo una confesión. Le dijo algo que tenía dentro de sí y que no podía ocultar más…
- Te necesito Alex. Quédate conmigo… Hazme el amor. Quiero sentirme tuya.
- Y yo, vida mía. ¿Estás segura de esto?
- Nunca he tenido nada más claro. Quiero que me envuelvas en tus brazos, besarte, sentir tu piel contra mi piel sin ropa de por medio. Solos tú y yo…
- De acuerdo cariño. Tus deseos son órdenes para mí.


 Tras darle otro fuerte beso, Marina se levantó y se dirigió hacia el dormitorio cuando escuchó la voz de Alex a sus espaldas.
- Antes de eso… Me gustaría decirte algo, Marina.


 Acercándose a él, le rodeó la cintura con sus brazos mientras que Alex tragaba saliva y comenzaba a decir las palabras que se agolpaban en su boca queriendo salir.
- Quiero decirte que… Yo… Bueno, tú me…
- Tranquilo Alex. No te pongas nervioso… ¿Qué ocurre, mi vida?
- A ver… Has llegado a mi vida por casualidad, sin yo esperarte entraste en ella y te has quedado día tras día desde aquel en el que entraste en el bar donde trabajaba. Parece que has echado un hechizo sobre mí, porque no pienso en otra cosa que no seas tú y… No quiero perderte. Quiero permanecer junto a ti todos los días de mi vida. Por eso… Si quieres que tú y yo hagamos el amor, tendrás que… Aceptarme como tu compañero de viaje, como tu apoyo y sustento en momentos de flaqueza, aquel que te saque desde una risa a un orgasmo. Así que… ¿Quieres...?
- Sí,-contestó Marina antes de dejarle terminar a Alex-. Quiero estar contigo todos los días de mi vida, hasta que nos apoyemos el uno en el otro cuando no podamos ni andar de lo viejos que estaremos. Yo te… Te quiero.
- Y yo, vida mía. Te quiero mucho Marina.


 Acercándose a él, lo abrazó fuerte y profundamente, como queriéndose fundir los dos en una sola persona. Pero justo en ese momento, una idea se le vino a la cabeza a Marina, por lo que, muy bajito y al oído, se lo dijo.
- Alex, yo nunca… He hecho nada. Soy virgen.
- No te preocupes por nada, porque aquí estoy yo para cuidarte y darte la mejor primera vez que jamás se haya contado. ¿Estás preparada?
- Si es contigo, no puedo tener miedo a nada.


 Yéndose finalmente al dormitorio, se fueron quitando la ropa mutuamente hasta quedar en ropa interior, mirándose detenidamente al verse por primera vez de esa forma. Alex se sentó al borde de la cama mientras acercaba a Marina rodeándola por la cintura, sintiéndola y oliéndole ese perfume tan embriagador y que tan loco le volvía. No había besos ni palabras, sólo las miradas y caricias con sus manos que lo decían todo…


 El mimo y el cariño con el que trataba Alex a Marina era digno de admirar, ya que era suave en sus movimientos, sin brusquedad, con paciencia y anhelando ser de ella. Colocándola sobre la cama, Alex comenzó a dar pequeños besos en el cuello femenino, haciéndola estremecerse mientras que los bellos de su cuerpo se ponían de punta. Marina acariciaba la fuerte espalda masculina, pasándole el brazo por su cuello para atraerlo más a él. Quería sentirlo cerca, muy cerca…


 Y finalmente, ambos tuvieron su primera vez juntos. Una primera vez de cuento de hadas donde Alex supo esperar y donde ninguno buscaba su placer propio, sino el disfrute mutuo. Todo fue perfecto y Marina pudo experimentar el placer de hacer el amor, de sentirse querida y amada por sus cuatro costados. Algo que nunca había tenido y que, tras vivirlo en sus propias carnes, le hizo comprender el significado de la palabra AMOR.
El cansancio dejó extasiada a Marina, que se quedó dormida sobre Alex, que la miraba con dulzura y completa admiración.


 Tras meterla bajo las sábanas con mucho cuidado, Alex se levantó de la cama para irse al baño, ya que tras haber hecho el amor, le habían entrado ganas de orinar.


 Alex acababa de experimentar uno de los mejores momentos de su vida. Sin embargo, tenía miedo de ir demasiado deprisa, de crear confusión en Marina y de parecer el típico tío que sólo quiere sexo y que, cuando lo consigue, se marcha. ¿Por qué se tendría que comer tanto la cabeza? Pensaba justo antes de volver a la cama para dormir junto a su amada.


 En cuanto entró y se metió en la cama, Alex quedó profundamente dormido sin darse cuenta de que, al notarlo a su lado, Marina se giró y se acurrucó junto a él para seguir durmiendo en esa posición.


 A la mañana siguiente, Marina fue la primera en despertarse. Al incorporarse, se dio cuenta de que había dormido completamente desnuda y que a su lado estaba Alex. No había sido un sueño, todo aquello era muy real pese a que pareciera que estaba flotando todavía. Jamás había experimentado algo como aquello y, ahora sabía que lo querría siempre.


 Tras ponerse la ropa interior, se dirigió hacia el baño para darse una ducha y estar presentable para cuando Alex se despertara, ya que le daba vergüenza que la viera recién despertada y con la cara y los pelos de loca.


 Al salir de la ducha, Marina se encontró a Alex fuera. La estaba esperando con una amplia sonrisa en su rostro.
- Buenos días mi reina. ¿Cómo ha dormido lo más bonito de esta casa?
- No lo sé, eso deberías saberlo tú, que eres lo más bonito de aquí.
- Anda, ven aquí preciosa mía. Déjame que te dé un beso.
- Como me acerque a ti y vuelva a tocar ese cuerpo, tal vez no me pueda resistir…
- ¿Y quién te ha dicho que no puedes hacerlo?-preguntó Alex sacando su más arrebatadora mirada-.


 Marina se acercó a Alex y lo besó profundamente, jugando con sus lenguas mientras que posaba sus manos en el culo masculino, bajando poco a poco el calzoncillo mientras que Alex gemía levemente al notar sus manos tocando esa zona…


CONTINUARÁ...