lunes, 7 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 9

Al terminar la película, Alex decidió que era buena hora para irse a casa y descansar después de un largo día lleno de emociones. Ambos se dirigieron hacia la puerta y allí se despidieron.
- Me ha encantado poder pasar la tarde contigo, Marina. Y discúlpame por todo lo que ha pasado antes…
- Tú no tienes la culpa de nada. A lo hecho, pecho y a seguir adelante. Y yo… También me alegro de haber pasado la tarde contigo.
- Bueno pues… Supongo que ya nos veremos.
- Sí…-dijo ella mientras él comenzaba a darse la vuelta hacia la salida-. ¡Espera! ¿Quieres que te lleve a casa?



Alex aceptó, ya que su casa estaba en la otra punta de la ciudad y tardaría bastante en llegar. Sin embargo, al salir de la casa se dieron cuenta de que el coche de Marina no estaba.
- Marina, ¿y tu coche?
- ¿Qué pasa con mi coche? ¡Joder! ¿Dónde está mi coche?
- Me cago en la puta. Como haya sido…
- ¡Bárbara!-gritó Marina interrumpiendo a Alex-. Te juro que me la voy a cargar, ¡me la cargo!


Alex se giró hacia Marina y comenzó a calmarla, ya que la muchacha estaba muy alterada por la situación.
- Bueno, mantén la calma Marina. Ya hablaré con Bárbara y solucionaremos entre embrollo. Este problema es de nosotros dos, no tuyo. Así que no tiene por qué meterte a ti en todo esto.
- ¿Estás seguro de que podrás hacer que Bárbara me devuelva el coche?
- Dalo por hecho, porque la conozco bien y sé que te lo devolverá. Ahora bien… ¿Podría quedarme en tu casa a dormir? Mi casa está a 45 minutos andando de aquí.


Marina se sorprendió al escuchar la petición de Alex, ya que no estaba acostumbrada a que ningún chico que a ella le gustase se sintiera también atraído por ella.
- Vale… Tengo dos habitaciones libres en la casa, así que… Puedes quedarte en una de ellas si quieres.
- No sabes cuánto te lo agradezco. Te prometo que no seré ninguna carga.
- No te preocupes por eso, que tú no molestas. Vamos, entremos en la casa y te enseño la habitación.


En cuanto entraron, Marina le condujo hacia el dormitorio que sería suyo durante esa noche. Era el más alejado del dormitorio de ella, ya que se sentía algo incómoda al tener una presencia masculina en su propia casa, sin estar sus padres delante y sin que fuera Lucas. Ay Dios, si quería no parecer una loca, tendría que calmar sus nervios.
- Este es el dormitorio… Espero que… Te guste.
- Es perfecto. Será más que suficiente para pasar la noche. De verdad, muchísimas gracias de nuevo.
- No hay de qué. Acomódate si quieres, que yo voy a empezar a preparar la cena.


Alex miró el dormitorio, se sentó en la cama, abrió el armario y, finalmente, se sentó en la silla frente al escritorio donde le mandó varios mensajes a Bárbara, diciéndole que se había vuelto loca y que la discusión era entre ella y él, que no tenía por qué meter a Marina. Sin embargo, la respuesta de Bárbara fue clara y concisa: bloqueó a Alex del WhatsApp.
El muchacho se quedó mirando a un punto fijo de la pared mientras reflexionaba sobre su ex-novia. ¿Cómo era verdaderamente? ¿Como había sido siempre con él o como la estaba viendo ahora? ¿Con qué clase de persona había estado saliendo y compartiendo la cama?


Y Bárbara, desde su habitación, se contemplaba en el espejo tal y como su madre la trajo al mundo. Dando vueltas sobre sí misma, no paraba de piropearse y de decir que Alex se perdería ese cuerpo para siempre y tampoco dejaba de asegurar que él volvería para que ella le diera el sexo que tan loco le ponía.


Además, Bárbara estaba contenta por haber conseguido robar el coche de Marina gracias a que un compañero de carrera tenía un remolque antiguo de su padre. Pero eso no iba a ser todo, a partir de ahora le haría la vida imposible a Marina por haberle robado a su chico y ningún mensaje de Alex podría hacerla cambiar de opinión… O al menos eso pensaba en un primer momento.


Marina pensaba en lo ocurrido mientras preparaba la cena. No dejaba de pensar en su coche, en que Bárbara había cruzado una peligrosa línea que no tendría vuelta atrás si no lo devolvía. Unas cosas eran los problemas amorosos que pudieran tener, pero otras muy diferentes eran robarle a alguien o incluso mandarla al hospital como le hicieron en el pasado.


Sin embargo, a Bárbara le recorría el remordimiento por dentro. Sabía que se había pasado de la raya, pero eso no le había impedido nada en el pasado, ¿por qué ahora tendría que ser diferente?
El mensaje de Alex, por mucho que le doliese aceptarlo, tenía más razón que un santo. Mirándose de nuevo en el espejo, Bárbara supo que había perdido los estribos, que debía seguir su vida y avanzar, aprendiendo la lección de las vivencias pasadas, pero nada más. Cualquier cosa que se saliese de eso, sería más peso encima y la vida ya era lo suficientemente complicada como para cargarla con cosas innecesarias. Así que… Era hora de afrontar la realidad.


Minutos después, Alex salió del dormitorio al llegarle un estupendo olor a comida. Acercándose a la cocina, felicitó a Marina.
- Dios mío Marina, qué buena pinta tienen esos macarrones. ¡Y qué bien huelen!
- Vaya gracias… Nunca nadie me había halagado tanto por mi comida.
- Pues muy mal hecho, porque huele que alimenta.
- Bueno… Espero que sepa igual de bien,-dijo ella justo cuando sonó el timbre de la casa-.
- Iré a abrir,-se ofreció Alex-.


Al abrir la puerta de la casa y ver a Bárbara de nuevo, Alex se quedó completamente serio.
- ¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó el invitado secamente-.
- He venido a traer el coche de Marina y… a pediros perdón.
- A mí no me tienes que pedir perdón. En todo caso es a Marina a quien le debes una buena disculpa.
- Lo sé…
- Pues en ese caso,-dijo Alex volviendo la cabeza hacia dentro de la casa-. ¡Marina! Es para ti.


Al ver Marina de quién se trataba, sintió una fuerte punzada en su estómago mientras se acercaba a Bárbara. Esa chica le provocaba que el ambiente a su alrededor cambiase a mal y que sintiese bastante mal rollo.
- ¿Y mi coche?
- Está en su sitio, de donde no debió moverse.
- Perdona, pero eso parece una disculpa…
- Y lo es,-dijo Bárbara agachando su cabeza-.


Una sorprendida Marina se acercó algo más a Bárbara, que comenzó a hablarle a su antigua compañera de clase.
- Siento haberte robado el coche, no sé lo que me pasó pero… La ira y el odio que te tengo me sobrepasó y actué sin pensar.
- Perdona que te interrumpa, pero no quiero quedarme con la duda de preguntarte una cosa durante más tiempo… ¿Por qué me odias tanto? ¿Qué te he hecho yo?
- Nada, ese es el problema, que no has hecho nada y tienes todo lo que yo querría.
- ¿Cómo?-preguntó Marina, quien estaba completamente descolocada por todo lo que estaba escuchando-.
- Tienes unos padres que te quieren con locura, que no sabían lo que darte, que jugaban contigo, te venían a recoger al colegio cuando eras pequeña, tenías un verdadero amigo como era Lucas, al que le daba igual todo con tal de estar contigo y disfrutar de tu compañía… Y yo, en cambio, ¿qué tenía? Unos padres que preferían trabajar a cuidarme, que contrataban niñeras para hacer de madres conmigo, que me permitían cualquier capricho para contrarrestar sus ausencias y unas amigas que se criticaban a las espaldas cuando no estaba la otra delante. Por no hablar de las notas… Yo necesitaba una maldita semana para estudiar dos páginas y tú dos días para saberte el temario entero.
- Pero...-comenzó a decir Marina con un poco de miedo, ya que no se atrevía a hablar después de escuchar aquello-, ¿yo qué culpa tenía de que a ti te pasase eso?
- Nada. Eso era lo que más rabia me daba de ti: tu inocencia. Que eras transparente como el agua de un manantial. Por eso cuando mis padres me quitaron de instituto y me mandaron a un internado, creí que te habías chivado de lo que te hicimos y… Te acabé odiando más. Pero eso se ha acabado. Tenemos prácticamente los 19 años, estamos estudiando una carrera que será el trampolín que nos impulse a nuestro futuro… ¿Y vamos a estar peleándonos por cosas de adolescentes?


Bárbara comenzó a sollozar frente a Marina que, desde lejos y con temor, le ponía la mano en el hombro para intentar calmarla.
- Mira,-continuó diciendo Bárbara-, sé que he hecho las cosas mal y si he perdido a Alex ha sido por mi culpa, nada más. No sé si al final de aquí saltará la chispa y acabaréis juntos pero, si es así, cuídalo, ¿vale? Es un chico que vale oro y… Yo no supe verlo.
- Gracias por el consejo, Bárbara. Lo tendré en cuenta.
- Bueno, me voy ya que no quiero hacerte perder más el tiempo conmigo. Ya nos veremos por el campus y… Lo siento de nuevo, de todo corazón te lo pido. Espero que sepas perdonarme.
- Tranquila, puedes irte en paz. Hasta luego…


Al entrar en casa, Marina se encontró con que Alex había servido la cena y había preparado todo en la mesa del fondo. Sintiéndose como una reina, se sentó junto al chico y se pusieron a cenar mientras que él le preguntaba sobre la conversación que había tenido fuera.
- Pues me ha pedido perdón y me ha confesado el por qué me odiaba tanto y… Me ha dado hasta pena y todo.
- ¿Pena? Venga por favor, ¿después de todo lo que te ha hecho?
- Sí Alex. Ha sonado sincera y… hasta se ha puesto a llorar.


Al escuchar eso, Alex dejó de comer inmediatamente, mirando a Marina con un gesto entre sorprendido e incrédulo.
- ¿Bárbara llorando? ¿Delante tuya? No me lo puedo creer…
- Pues créelo porque yo la conozco desde mucho antes que tú aparecieras en su vida y sé perfectamente que su ego va por delante de todo. Por eso te digo que la he notado diferente, como si hubiera madurado finalmente.
- Pues mira, no le vendría nada mal.


Tras cenar, Alex le dijo a Marina que, como ya tenía el coche de vuelta, no haría falta quedarse en su casa a dormir, ya que no quería molestar más de lo necesario. Marina le insistió en que no molestaba, pero Alex prefería irse y dejarle su intimidad a la muchacha.
- Si te vas es porque quieres,-le dijo Marina a Alex mientras lo abrazaba-.
- Lo sé, pero no te preocupes, que quedaremos más veces y, a ser posible, en mejores condiciones.


Al separarse, ambos se quedaron mirándose fijamente el uno al otro, manteniendo una sonrisa en la cara y sin atreverse a hacer nada más… Marina estaba deseando poder besarlo, al igual que hizo en el sueño que tuvo estando inconsciente tras el golpe en la cabeza. Alex también quería estrecharla entre sus brazos, sin embargo, no quería ir demasiado rápido para no espantarla y, frenar ese sentimiento, era de lo más complicado.


Subiéndose al coche, Marina lo acompañó hasta la puerta del domicilio de Alex que se despidió de ella dándole un suave beso en la mejilla, dándole de nuevo las gracias por la cena y por todo.


En cuanto Marina volvió a su casa, se puso el pijama y se metió en la cama, donde intentaría dormir un poco en cuanto las mariposas de su estómago se estuviesen quietas. Estaba siendo un momento extraño pero especial, ya que la disculpa de Bárbara era algo que no se esperaba, pero mucho menos los motivos que tenía en su contra. Y Alex… Le había hecho olvidar a Lucas de golpe y porrazo. La estaba tratando muy bien, cuidadosa y delicadamente y una de las cosas que más le atraía de él era que no se quería aprovechar de ella, ya que nada ni nadie le habría impedido quedarse en su casa a dormir e, incluso, besarla.


El tiempo fue pasando y, pasadas ya las vacaciones de Navidad y con la primavera en pleno auge, volvieron las clases de nuevo. Y para Marina, tener que madrugar e ir a clase a primera hora le resultaba criminal, sobre todo porque siempre llegaba la primera y le daban ganas de echarse una cabezada antes de que llegasen todos.


Bárbara, por su parte, no había vuelto a molestar a Marina. La saludaba afablemente cuando se la encontraba por el campus y comenzó a despuntar favorablemente en su carrera, llamando la atención de muchos chicos que comenzaban a interesarse en ella.


Lo que más cuesta arriba le estaba resultando a Marina era mantener todas las asignaturas al día y poder tener una vida social decente, ya que la carrera le consumía casi el 100% de su tiempo libre y no le dejaba tiempo salvo para dormir unas 5 horas escasas cada día.


Pese a eso, todos los profesores estaban muy contentos con el trabajo que realizaba Marina en la universidad, ya que demostraba un interés y un esfuerzo titánicos para poder estar en la cresta de la ola.


Y respecto a Alex, aunque no eran pareja, todos sabían por allí que ambos estaban “juntos” y los respetaban, ya que siempre que podían ambos salían a cenar, al cine, a dar un paseo, a estudiar juntos en la biblioteca…


Y también se esperaban mutuamente a la salida de la facultad, cuando el otro tenía un poco de tiempo libre. Alex tuvo que dejar el trabajo para dedicarse plenamente a su carrera y a Marina, ya que no podía llevar tantas cosas hacia delante sin que le faltaran horas del día.
Alex era un chico detallista, ya que de vez en cuando sorprendía a Marina con unos pendientes o un ramo de flores, como aquel día.


Marina se sentía llena de felicidad en cuanto estaba junto a Alex y no podía evitar esa sonrisa tonta, pero es que era tan especial para ella que se entregaba totalmente a él. Sin embargo, ambos aún no habían intimado ni pasado de algún beso en la boca que otro, pero es que Alex quería disfrutar de todas las etapas, sin quemar ninguna. Sabía que existía un deseo mutuo de estar juntos, acostarse o de convivir bajo el mismo techo incluso pero las cosas, para hacerlas bien, había que llevarlas a cabo poco a poco.


Ese día, en el aparcamiento del campus, Marina iba hacia su coche cuando escuchó que la llamaban a sus espaldas. Al volverse, pudo darse cuenta de que era Bárbara.
- ¡Marina! Perdona que te moleste pero… ¿tienes un momento?


La aludida paró y se dirigió hacia Bárbara, sin tener ni idea de qué era lo que quería de ella.
- Verás pero… Ha pasado mucho tiempo desde nuestra pelea y… Quería preguntarte si… Nada, mejor déjalo.
- Bárbara, pregunta sin miedo mujer, que no te voy a comer.
- Me gustaría saber si no te importaría quedar un día las dos para tomar algo, en plan amigas. Me gustaría conocerte más y que podamos llegar a ser buenas amigas. No soporto el hecho de que, aunque hayamos enterrado el hacha de guerra, nos veamos por la universidad y nos saludemos fríamente como si nos conociéramos de vista… Pero bueno, entendería que me dijeses que no…


CONTINUARÁ...

viernes, 4 de enero de 2019

Sueños Rotos || Capítulo 8

Marina se enfrascó en los estudios y lo único que hacía era ir a clase y volver a casa, sin salir de allí para nada más que para eso. Y de esta forma fueron pasando los días hasta que se cumplieron dos semanas así.


Marina era la mejor de su clase, estaba atenta a las explicaciones, era la primera tomando apuntes y la que se sabía el temario al dedillo hasta donde habían avanzado. Era de admirar la dedicación tan grande que tenía por la carrera y todos los profesores lo comentaban entre ellos.


 Ese día, como solo tenía clase a primera hora y ya no tendría que volver hasta el día siguiente, Marina aprovechó para hacer un poco de ejercicio y, de esa forma, no abandonarse completamente, por lo que, subiendo al baño del piso superior, sacó la ropa que tenía en la mochila y se cambió.


 Nada más salir de la universidad, comenzó a hacer footing mientras veía a todos los demás yendo a las clases, corriendo de un lado para otro… Lo que ella hacía cada día, la verdad sea dicha.


 Un rato más tarde, cuando ya estaba de vuelta al aparcamiento donde había dejado su coche, Alex creyó verla a lo lejos mientras él también hacía ejercicio. Como no estaba seguro, el chico aumentó el ritmo para acercarse a ella.


 Y efectivamente, Alex estaba en lo cierto. Llevaba semanas buscándola y sin coincidir con Marina, preguntando a los compañeros si la habían visto, por qué lugares solía moverse… Pero no hubo manera hasta ese momento, ¡por fin!
- ¡Marina! ¿Puedo hablar contigo un momento?-dijo Alex haciendo parar a Marina, que se giró hacia él-.


 Alex, recobrando el aliento y mirándola directamente a los ojos, se intimidó un poco al tenerla por primera vez tan cerca. Pese a que estaba algo sudorosa, tenía un atractivo natural arrebatador.
- Perdona que te moleste, pero llevo buscándote dos semanas por todos lados, ¿dónde te habías metido?
- Lo siento Alex, pero no me apetece hablar contigo,-dijo Marina comenzando a dar la vuelta-.
- Espera un momento,-replicó el chico agarrándola suavemente del brazo para evitar que se fuera-. Ahora que te he encontrado voy a decirte lo que llevo tanto tiempo esperando.
- ¿El qué?-preguntó Marina retrocediendo levemente hacia atrás, sorprendida por las palabras de Alex-.
- Me enteré por un compañero del campus lo que te hizo Bárbara, que te humilló y se rió de ti delante de todos en la plaza… Uno de mi clase me comentó que si me había enterado de lo que le habían dicho a una tal Marina. Claro, yo no sabía como te llamabas y no tenía ni idea de nada, porque yo aparte de las clases y del trabajo no hago mucho más. Total, que cuando me lo contaron, se lo reproché a Bárbara, discutimos un montón y aún estamos peleados, por eso he estado buscándote todos estos días, esperaba que aparecieses por el café o verte en el campus para pedirte perdón, pero no había manera de encontrarte…


 Entristeciendo su expresión, Marina no pudo evitar volver a sentirse mal al recordar ese hecho.
- Me sentía muy mal y no quería saber nada de nadie. Me dejó bien claro que no quería que me acercase a ti, que tu eres su novio y que ella había venido de buena fe desde un principio y que yo la estaba jodiendo.
- Entonces vosotras os conocéis de antes de aquí, ¿no?
- Por suerte o por desgracia sí. Ella estaba en mi clase y fue una de las que más se reía de mí, me insultaba y también… Bueno, cuando me la encontré aquí, no la mandé a la mierda directamente, pero pasé de ella y le dije que no tenía más ganas de hablar.
- Se reía de ti, te insultaba y… ¿qué más? Parecía que ibas a seguir diciendo algo.


 Marina respiró hondo y comenzó a contarle todo lo que había sufrido en bachillerato, tanto cuando le grabaron el vídeo como cuando Natasha la empujó y se golpeó la cabeza.
Conforme iba hablando Marina, Alex fue cambiando su expresión, endureciéndola y mostrando un cabreo bastante considerable que le expresó a Marina en cuanto ésta terminó de hablar.
- Qué hijas de puta… No tienen otro nombre. Bárbara nunca me contó nada de esto y anda que no se lo tiene bien callado. Conmigo nunca ha sido como me has contado, en la vida. Siempre ha sido atenta, me ha cuidado… Lo que sí ha sido siempre es una celosa compulsiva. En cuanto me acercaba a alguien, ya se ponía en alerta. Una vez, fíjate como es ¿eh? Me dijo que dejase de hablar tanto con mi hermana, ¡con mi hermana! Como si fuera a hacer algo con ella...


 Al escuchar eso, Marina tampoco pudo ocultar su enfado con Bárbara y comenzó a soltar sapos y culebras sobre ella, pese a que Alex seguía siendo su pareja, pero ya le daba igual todo. Había tomado la decisión de no volver a achantarse frente a nada ni nadie.


 Y por intentar calmar el ambiente, Alex propuso algo que sorprendió a Marina.
- ¿Y si damos una vuelta y así nos relajamos un rato?
- Ah… Yo había pensado irme a casa y hacer un poco de limpieza...-dijo Marina algo cortada-.
- Bueno, entonces iré contigo y te ayudaré a limpiar. Cuatro manos terminan antes que dos, de eso estoy seguro. ¿Te apetece entonces que te acompañe?


 Marina sonrió levemente y pensó durante unos instantes lo que hacer… Era el novio de una chica, que no le gustaba nada, está bien, pero no dejaba de ser su novio y ella no quería meterse en medio de una relación. Sin embargo, había sido él quien propuso la idea y ella estaba soltera, por lo que el problema no era suyo…
- Está bien. Vayamos a por el coche. Ven, lo tengo por aquí.
- ¡Genial!


 Montándose en el coche, pusieron rumbo a casa mientras sonaba la música que tenía ella puesta y durante todo el trayecto, ambos estuvieron compartiendo gustos musicales y hablando de sus canciones preferidas.


 Y al llegar, justo cuando iban a dar marcha atrás para aparcar, se dieron cuenta de que Bárbara estaba en la puerta de la casa de Marina.
- Oh, oh...-dijo Alex-. Mira a quién tenemos aquí.
- Joder…


 Cuando se bajaron del coche, Alex no quería ni mirar a la cara a Bárbara porque sabía que su cabreo era monumental. La conocía lo bastante como para saber que no se iba a quedar callada. Marina, por su parte, se dirigió hacia ella con paso decidido.
- ¿Qué estás haciendo en mi casa?-preguntó Marina-.
- Habíamos quedado para hacer ejercicio juntos, Alex… ¿No te acuerdas?-preguntó Bárbara ignorando a Marina-. ¿Y tú, golfa? ¿Qué estás haciendo con mi hombre?
- Él se ha ofrecido a acompañarme hasta a casa, pero ya se iba.


 Bárbara comenzó a reírse, ya que no se creía nada lo que le acababa de decir Marina, que esta vez no se sentía acobardada como la última vez, por lo que se acercó a Bárbara para hacerla sentir más bajita de lo que ya era.
- Eres un ser despreciable,-comenzó diciendo Bárbara-. ¿Cómo te atreves a robarme a mi novio?
- ¡Oye perdona! Pero yo no te voy a robar a nadie porque no tengo ningún interés por él, empezando por ahí.
- ¡Eso no hay quien se lo crea! Sólo había que mirarte a la cara para ver que babeabas por él en cuanto lo viste en el café. ¡Zorra!
- ¡Que me dejes en paz tía! ¡Que me olvides!-gritó Marina comenzando a reanudar el paso para entrar en su casa-.
- Ojalá hubieses muerto cuando Natasha te empujó...-soltó Bárbara como una bomba frente a Marina-.


 Marina sintió en ese momento una rabia incontenible que se abría paso en su interior. Cerró ambos puños y comenzó a dirigirlos hacia Bárbara, que se mantenía frente a ella con una sonrisa malvada. Pero tras unos momentos de indecisión, pensó que no quería rebajarse tanto y desechó la idea.


 Al pasar junto a Bárbara en completo silencio y sin haberle contestado, Marina escuchó a sus espaldas una frase que la terminó de sacar de sus casillas.
- Eso, huye. No te enfrentes nunca a tus problemas… ¿Por eso te fuiste de China? Porque allí no te quería nadie, ¿verdad?


 La ira irrefrenable que había sentido antes volvió con más fuerza, provocando que Marina se volviera y le diera un guantazo a Bárbara, que tuvo que poner su pie derecho más atrás para evitar caerse al suelo.


 Llevándose la mano a la cara, Bárbara se volvió hacia Alex que miraba la escena sin articular palabra. No sabía qué decir y se mantuvo al margen hasta ese momento.
- ¡¿Y tú no vas a decir nada?!-exigió Bárbara-.
- No. Absolutamente nada. Tienes lo que te mereces Bárbara.
- ¿Cómo has dicho?-preguntó Bárbara con sorpresa e ira a la vez-.
- ¡Ya lo has oído! ¿Estás sorda?
- Lo que me faltaba por oír. Mi novio defendiendo a una china de mierda…


 Y sin poderlo evitar, Alex saltó en defensa de Marina, quien estaba viendo la escena con tristeza, ya que no le gustaban las peleas.
- ¡Deja de meterte con ella! ¿No has tenido suficiente? ¡La mandasteis al hospital, maldita sea!
- ¿Ya te ha ido la niñata con el cuento?
- No sabía que eras así, pero si lo hubiera sabido hace tiempo, no habría salido con una arpía como tú.
- ¡Entérate nene! Yo no fui quien la empujó, ¿vale? Yo sólo le dije a Natasha que buscase una forma de vengarse de ella, pero lo del empujón no fue cosa mía. Aunque he de reconocer que me alegró…


 Alex había tenido suficiente. No iba a soportar más esa discusión…
- Eres una mierda de persona y te mereces todo lo malo que te pase. ¡Hemos terminado!
- ¡¿ME ESTÁS DEJANDO?!
- ¡SÍ! Y que te quede bien claro que Marina es amiga mía y que si vuelves a tocarle un pelo o a decirle algo, tendrás que vértelas conmigo. No te tengo ningún miedo, así que ve con cuidadito a partir de ahora… ¿Me he expresado con la suficiente claridad, señorita Bárbara Guzmán?


 La propia Bárbara mantuvo el silencio por primera vez en todo ese tiempo y lo único que pudo hacer fue agachar la cabeza y mirar hacia Marina, que tenía una triste expresión en su rostro. No le gustaban las peleas y mucho menos que ella hubiera estado en medio de una.
- Todo esto es culpa tuya, puta,-dijo Bárbara a Marina entre dientes-.
- ¡FUERA!-gritó Alex-.


 Pero Bárbara parecía seguir teniendo ganas de guerra y, pese a lo que parecía al principio, no se achantó en ningún momento.
- Te voy a decir una cosa, Alex Nogueira: el que debe tener cuidado eres tú, porque tú no me conoces cuando me cabreo de verdad y puedo llegar a ser muy perra.
- Y que lo digas,-interrumpió Alex a su ya ex-novia-. Sólo hay que mirarte a la cara…
- Serás hijo de…
- Creo que no he hablado con la suficiente claridad,-dijo Alex volviendo a interrumpir a Bárbara-. ¡LARGO DE AQUÍ!


 Acercándose a Marina, la cogió del brazo y la invitó a entrar a la casa pasando junto a Bárbara que permaneció quieta como una estatua. Marina no se sentía bien, ya que había sido un momento muy violento para ella, pero Alex parecía distinto. Justo antes de que se cerrase la puerta, soltó un comentario en voz alta dirigido hacia Bárbara.
- Ay, por fin podré ser libre y volveré a recuperar a mis amistades de siempre de una vez por todas.


 a con la puerta cerrada, Alex agarró suavemente de la muñeca a Marina, que se paró y se giró hacia él. Acercándose peligrosamente a ella, pasó sus brazos sobre los de Marina y la abrazó con dulzura y ternura, acariciando el pelo femenino mientras la consolaba.
- Tranquila Marina, ya estás a salvo. No temas a partir de ahora porque estoy contigo, ¿vale?


 Marina permaneció en silencio, gozando cada segundo del abrazo de Alex. Daba gracias al cielo por ese momento, porque parecía estar viviendo en sus propias carnes lo que hacía años había experimentado la sim que la representaba a ella. ¡Qué gran momento era ese!


 Separándose, ambos decidieron que ver una película era el mejor plan para distraerse, en lugar de ponerse a limpiar como habían dicho en un principio. Poniendo Netflix, buscaron una que ninguno de los dos habían visto y comenzaron a verla.


 A la mitad de la película, Alex comenzó a mirar a Marina tímidamente sin que ella se diera cuenta, ya que estaba metida en el argumento de la película y no era consciente de las miradas masculinas. Él se había dado cuenta, desde un primer momento, de los buenos sentimientos que tenía Marina, de que era transparente y que no tenía maldad alguna. No tenía dobleces y se mostraba tal y como era ante los demás… Y eso era algo que nunca había tenido con Bárbara y que le llamaba mucho la atención.


 Poco a poco, Alex fue levantando su brazo y lo echó sobre el hombro femenino que, al notar lo que estaba haciendo él, se puso roja de vergüenza. Sin impedirle nada, Marina siguió viendo lo que quedaba de película con una sonrisa tonta de oreja a oreja.


CONTINUARÁ...