jueves, 4 de octubre de 2018

Crossed Lives || Capítulo 6


Genaro tuvo que buscarse otro abogado de oficio in extremis porque la fecha del juicio se estaba acercando y no tenía a nadie que lo representara. Pero poco le sirvió cuando José Luis Posada apareció en representación de Gema. Los demonios se iban a llevar a Genaro, que intentó mantener toda la compostura posible, aunque no pudo evitar poner malas caras continuamente.
Finalmente, Gema ganó la custodia completa de su hijo, la vivienda donde vivía, ya que había sido ella la que más dinero había pagado de la hipoteca, y también que Genaro le estuviera pasando una manutención tanto a ella como a su hijo. Gema le pagó a Genaro su parte proporcional de la casa y la puso en venta, deshaciéndose de ella a los tres días tras haberla comprado una pareja joven. Tras recoger sus cosas y mandarlas a la nueva casa que se había comprado, Gema desapareció con su hijo en brazos mientras que Genaro los veía alejarse con paso firme…




Bastante triste por no tener nada más que un fin de semana al mes para ver a su hijo, Genaro fue hacia la casa de Rosalía, que le había insistido hasta la saciedad que se mudara con ella y con Edgar. El recién llegado pensaba pagarle una especie de alquiler, pero cuando su abogado dejó de representarlo, lo echaron del trabajo repentinamente. Y como sabía que eso era por culpa de su antiguo abogado y no conseguiría nada demandándole, se encogió de hombros y volvió a empezar en la búsqueda de trabajo.




Rosalía abrazó con fuerza y con cariño a Genaro. Sabía que estaba pasando unos momentos muy malos, al igual que ella, porque la señalaban por la calle por entrometerse en un matrimonio y dejaron de necesitar sus servicios de limpieza en un par de casas. Tenían una situación muy complicada, pero ya se las ingeniaría ella para salir de esa.




Por su parte, Edgar abrazó efusivamente a Genaro. Le gustaba tenerlo por allí y ahora, tendría una especie de figura paterna en casa. Lo que él siempre había soñado…




Tras acomodarse y cambiar un par de cosas de sitio en el salón, Edgar comenzó a preparar la comida mientras que Genaro comenzó a buscar trabajo en su ordenador.




Aunque Edgar no podía dejar de pensar en lo que estaba ocurriendo en su casa. Su madre apenas tenía trabajo, Genaro buscaba sin parar una y otra vez sin conseguir nada y él estaba estudiando todavía… Sabía que era joven, pero tendría que encontrar algo para poder ayudar a su familia pasara lo que pasara.




Y a unos cuantos kilómetros de Los Aniegos, Gema acababa de llegar a su nueva casa, localizada en Twinbrook. Y desde fuera tenía la misma buena pinta que en las fotos, aunque no le convencían mucho las plantas exteriores.




Cuando entró… Bueno, no estaba mal para lo que ella buscaba, pero definitivamente tendría que darle un par de cambios para que quedase a su gusto.




Tras colocar la ropa en los armarios y ordenar parte de las cajas de la mudanza, Gema se sentó a descansar mientras veía a su hijo jugar. Le encantaba verlo feliz y la llenaba de orgullo.
-          ¿Cando va a vení papá?
-          Un día de estos. Ahora juega cariño.




Gema estaba muy contenta por el cambio que había dado en su vida. Al no trabajar para el bufete, ya nada la ataba a esa ciudad, así que tras el divorcio y el juicio, lo mejor que podía hacer era cambiar de aires. Vivir en un sitio nuevo, buscar un nuevo trabajo y darle la mejor vida posible para su hijo Lucas. El sitio lo tenía listo, la mejor vida para su hijo sería un trabajo diario, pero el trabajo… Debía comenzar a buscarlo pronto.




A todo esto, en Los Aniegos, Edgar había quedado con dos de sus mejores amigos, David, el de la izquierda y Ralph el de la derecha.
-          No vas a ser capaz Edgar,-decía Ralph-.
-          ¿Que no? ¿Qué te apuestas a que sí?
-          Mmmm, cinco pavos.
-          ¿Y tú también los apuestas?-preguntó Edgar a David-.
-          Venga va, yo también apuesto 5 pavos.




Y sin pensárselo dos veces, Edgar se metió de cabeza en el contenedor de basura.
-          Qué cabrón,-comentaban los amigos-. Ahora tienes que quedarte ahí 1 minuto, venga.




Sacando la cabeza para poder respirar, Edgar miró a sus amigos para incrementar la apuesta.
-          Cinco pavos más cada uno si estoy un minuto.
-          ¡No lo vas a conseguir!
-          ¡Ya veréis! Id sacando la pasta chicos…




Y allí volvió a meterse Edgar, quien superó el minuto con la cabeza metida en la basura… Los amigos, mientras tanto, flipaban en colores porque no creían capaz a Edgar de hacer eso. Pero sí, era capaz de eso y de más.




Al salir de allí, Edgar se dio cuenta de que olía fatal y le dieron ganas de vomitar, pero antes les tenía que pedir el dinero a sus amigos.
-          No perdonas ni una, ¿eh?-comentó Ralph dándole el dinero-.
-          Tengo que conseguir pasta como sea, lo siento chicos.
-          Si quieres ganar dinero,-comenzó a decir David-, yo conozco a alguien que puede pasarte mercancía…




Mientras tanto, en Twinbrook, Gema buscaba por internet ofertas de trabajo por la zona cuando vio un anuncio que le llamó la atención.
-          “¡Reformas baratas! Profesionalidad y buen precio al mismo tiempo. No espere más y llámeme e iré lo más rápido posible para hacerle un presupuesto…” Mira, justo cuando pienso que la casa necesita una reforma y me aparece este anuncio. Voy a llamar.




Edgar, interesado en lo que le acababa de decir su amigo David, le preguntó sobre a lo que se refería.
-          Me vengo a referir que yo también necesitaba pasta hace un par de meses y me dieron el número de un tío que te pasa marihuana a muy buen precio para que la vendas y te saques pasta. ¿Cómo crees que conseguí sacarme el carnet de conducir?
-          Qué cabrón estás hecho… Menudo secretito te tenías, ¿eh?
-          Bueno, un buen jugador nunca muestra sus cartas jajaja.




Gema marcó el número del anuncio y se puso a esperar hasta que descolgaron el otro teléfono.
-          ¿Dígame?
-          Hola, ¿es usted el que hace las reformas?
-          Sí, cuénteme. ¿Qué necesita?
-          Verá, es que me acabo de mudar a este barrio y he visto su anuncio y me gustaría cambiar un par de cosas de mi casa y era por si no le importaba venir a verla y hacerme un presupuesto.
-          No hay problema. ¿Está usted libre ahora? Podría ir en un momento.
-          Ay me haría un gran favor. Muchas gracias.
-          No se preocupe. Dígame la dirección y en un santiamén estaré allí.




Pero David quería saber si Edgar estaría preparado para dar ese paso.
-          ¿Estás seguro de querer hacerlo? Mira que una vez que te dé la mercancía, no hay vuelta atrás.
-          Sí, estoy seguro. ¿Tienes el número para llamar?
-          Espera que te lo busco.




Unos minutos después, sonó el timbre de la casa de Gema, quien abrió la puerta y entró nada más y nada menos que Alfonso en persona que, sin poderlo evitar, se quedó mirando el escote femenino durante unos momentos.
-          Bienvenida a la ciudad señorita…
-          Me llamo Gema, Gema Arsuaga,-quien había adoptado su apellido de soltera tras el divorcio con Genaro-.




Y antes de que David le pudiera dar el número, Ralph intervino en la conversación.
-          ¿No podemos irnos a algún sitio a cobijarnos? Me estoy empapando con la lluvia…
-          Sí, es verdad. Vamos.




Metiéndose en una lavandería, los amigos vieron que una chica estaba dormida mientras que una de las lavadoras estaba en marcha, así que Edgar aprovechó para sacar su espray y hacer una de sus pintadas.




Pero la diversión se acabó pronto cuando la muchacha se despertó y llamó a la policía, que se presentó rápidamente en la lavandería.




Insultando a la chica por cortarles el rollo, cada uno salió y corrió a un sitio diferente para que la policía no pudiera pillarlos y escapar de la multa.
-          ¡Ya os pillaré, enanos!
-          ¡No con esa barriga!-gritó Edgar mientras corría-.




Pasados unos minutos escondidos, las nubes dejaron paso al sol y pudieron salir al exterior para llamar al contacto de David.
-          ¿Hola? ¿Hola?-preguntaba Edgar-.
-          ¿Quién es?
-          ¿Es usted “El Navajas”?
-          ¿Quién lo pregunta?
-          Verá, soy un amigo de David y…
-          Hombre, el enano… ¿Qué se cuenta? Hace ya mucho que no me pide nada.
-          Pues aquí está, me ha dado su número porque ahora soy yo el que le pido a usted.
-          Vaya, vaya, vaya. Pues veamos…




Edgar siguió hablando con “El Navajas” durante un rato hasta que ambos llegaron a un acuerdo.
-          Está bien, entonces quedamos en eso, ¿cierto?-preguntó Edgar-.
-          Sí.
-          Okey, pues nada…
-          Un placer hacer negocios contigo, chico.




Tras cortar la comunicación, ambos amigos quisieron saber en qué habían quedado finalmente.
-          Me ha dicho que en un par de horas estará aquí.
-          ¿Cómo?-dijo Ralph-.
-          Venga, que no es para tanto…-tranquilizó David-. Pero intentad no mirarle mucho a la cara-.
-          ¿Por qué?-quiso saber Edgar-.




Pasado el tiempo estimado, los tres amigos fueron al lugar donde habían quedado en verse con “El Navajas” y cuando Edgar lo vio, tragó saliva.
-          Ahora ya sé por qué dijiste eso, David…-dijo Edgar con algo de miedo-.
-          No te asustes tío, hay que ser fuerte, como yo, mírame a mí…
-          ¡Ese David!-saludó “El Navajas”, que no era otro que Navarro-. ¿Cómo te va la vida?
-          De momento me sonríe, ¿y a ti?
-          Las cosas no me pueden ir mejor. ¿Quién es Edgar?




Navarro se presentó a los otros dos chicos y comenzó a hablar con el interesado.
-          Vale, según lo que me has dicho, estás interesado en mi mercancía… ¿Marihuana?
-          Sí.
-          ¿Y vas a encontrar gente para vendérsela? Ya te aviso que la que no vendas me la vas a tener que pagar de tu bolsillo. Yo aquí no pierdo, chaval.
-          Sí, conozco a gente que fuma maría. ¿Tu mercancía es buena?
-          Pregúntale a tu amigo David, a ver si es buena.




Edgar miró a su amigo y le guiñó el ojo a modo de afirmación.
-          Entonces, ¿tenemos un trato?-preguntó Navarro-.
-          Sí.
-          ¡Estupendo! Siempre es un placer hacer negocios con gente nueva… No me falles, ¿eh? Tengo la confianza puesta en ti,-dijo Navarro sonriendo-.
-          Gracias por esto. Te lo agradezco mucho, de verdad.
-          Eh, soy un alma caritativa, me gusta ayudar a la gente jajaja.




Y antes de irse, Navarro miró a Edgar de arriba abajo y le volvió a hablar.
-          Por cierto, un consejillo. Si te vas a poner a vender, date una ducha primero, que así no vas a conseguir pasta ni a la de tres.
-          Ya, lo sé, pero hice una apuesta hace un rato con estos de meterme en el contenedor y me tuvieron que pagar 10 pavos cada uno.
-          ¡Ese es mi Edgar! Por eso tienes las manos manchadas de pintura, ¿no?
-          ¿Esto? Qué va, es porque antes me he puesto a pintar una pared con espray y casi nos pilla la policía.
-          Deberías ver cómo pinta,-intervino David-. El tío tiene una mano fabulosa…
-          Coño, pues tengo un amigo que es gordo, huele peste y también pinta de puta madre como tú. Ni que fueras su hijo jajajaja.
-          Jajajajajajajaja,-rieron todos al unísono-.




CONTINUARÁ…

lunes, 1 de octubre de 2018

Crossed Lives || Capítulo 5


Cuando Genaro entró, el abogado se le presentó formalmente y le pidió que tomara asiento y comenzaron a hablar de su caso.
-          Le voy a ser sincero señor Huertas,-decía el abogado-, su caso es complicado, ya que no me consta que tenga trabajo y sus ingresos no son suficientes para pagar la hipoteca de la casa que comparte con su todavía esposa. Por otra parte, sé que ella va a pedir la custodia total de vuestro hijo en común y hay un alto porcentaje en el que las madres se llevan la completa custodia de sus hijos.
-          ¿Y qué haremos señor Posada?
-          No se preocupe, voy a trabajar al máximo y a poner todos mis esfuerzos en este caso. Conseguiré que tenga un trabajo y que el juez le conceda la custodia compartida.




José Luis Posada era un abogado de oficio, pero conocido por ser uno de los mejores y si ahora representaba a Genaro, tendría muchísimas más posibilidades de conseguir lo que él deseaba.
-          Lo único que deseo es poder tener a mi hijo cerca. La casa no la puedo pagar y se la quedará ella, yo no la quiero. Me iré a una casa diferente, eso es lo de menos. Pero quiero ver a mi hijo casi todos los días si pudiera ser posible.
-          Tranquilo. Vamos a conseguir lo que desee. Confíe en mí. Ganaremos.




Y el tiempo fue pasando y los abogados de cada uno jugaron sus cartas y, cuando habían pasado dos meses desde que José Luis comenzara a representar a Genaro, la situación para él había mejorado considerablemente. Fue contratado en el supermercado como reponedor y cajero gracias a que el gerente era primo del abogado, cobrando algo más que el sueldo base. Pero Gema no podía soportar saber que tenía una leve oportunidad de perder, así que, mirando el nombre del abogado de su marido, se dirigió al despacho de éste, bastante temprano por la mañana, para mantener una conversación.




Llamando a la puerta, entró y se lo encontró tecleando en el ordenador.
-          Un momento señorita. Ahora la atenderé.




Tras unos instantes, cuando José Luis alzó la vista y pudo ver bien quién era, se extrañó mucho.
-          Señora Huertas, ¿qué está haciendo aquí? Soy el abogado de su marido…
-          Lo sé, por eso quiero hablar contigo, ¿te puedo tutear?
-          Bueno… Sí. Dígame.
-          Llámame Gema… Verás, he descubierto algo de mi marido que no le conviene y que le hará perder el caso y vengo a avisarle y a prevenirle…
-          ¿A qué se refiere?
-          Hace un mes descubrí que mi todavía marido tiene una aventura con la criada de mi casa desde hace bastante tiempo, poco antes de pedirle el divorcio a él… Por lo que ha tenido idas y venidas continuas, abandonando el hogar en momentos claves, como la hora de comer, la noche… Despreocupándose de nuestro hijo constantemente.
-          Señorita, no tiene que venir a contarme sus cosas. No sé a qué viene todo esto.
-          Vengo aquí porque sé que eres un abogado muy bueno y… El mío es muy viejo y no hace demasiado bien su trabajo.
-          No diga eso, el señor Domínguez tiene una trayectoria intachable y se merece mucho respeto.
-          Pero… Yo había pensado en que si lo contrato y me defiende a mí, ganaría el caso y alzaría su caché…
-          No pienso hacer eso señorita. Si es tan amable, le acompañaré a la puerta.




Gema, levantándose del asiento, se colocó encima de la mesa, acercándose peligrosamente a la cara del abogado…
-          ¿No hay ninguna manera de convencerle? Puedo ser muy, pero que muy agradecida…
-          Señorita, por favor… Mantenga las distancias…
-          Uy, le noto tenso, señor abogado… ¿Le desabrocho la corbata?




Y unos minutos después, ambos gozaban de un sesión de sexo dura y pasional en el cuarto trasero del despacho del abogado.
-          Joder, joder… Hijo de puta. Me tienes como una perra… Sigue, fóllame cabrón.
-          Estás muy rica, me tienes a tope.
-          ¿Te gusta cómo te follo?-preguntó ella con voz caprichosa-.
-          Me encanta…
-          Pues túmbate bocarriba, que te voy a mover las caderas como nunca antes te las habían movido…




Mientras tanto, en casa de los Tomillo, Horacio iba a irse al trabajo cuando vio a su mujer leyendo y quiso hablar un momento con ella.
-          Cariño, ¿puedo hablar contigo un momento?
-          Sí claro, ¿qué ocurre?




Soltando el libro, Samanta comenzó a escuchar atentamente a su marido.
-          ¿Te acuerdas de Gema? La chica que está en la puerta del bufete indicando a qué planta deben ir los clientes y tal.
-          Sí, como para no acordarme. No me gusta nada esa chica, pero ¿qué pasa con ella?
-          Ya te he comentado varias veces que cuando habla conmigo la noto extraña, como muy coqueta, se atusa mucho el pelo, me dice cosas con doble sentido… Y no sé qué hacer con ella, porque me consta que es una mujer casada y tiene un hijo pequeño, pero estoy harto de sus salidas de tono.
-          ¿Y por qué no le das un ultimátum? Dile que deje de tratarte así o la despides.
-          ¿Tú crees? Porque no quiero buscarle la ruina a nadie por mi culpa.




Horacio se sentía bastante confuso sobre la decisión que debía tomar.
-          Cariño, si ella te trata así es porque quiere meterte en su cama y eso no lo voy a permitir. Es que le arranco los pelos.
-          No cielo, no hará falta porque no llegará a esos extremos. He estado pensando que como ahora no tengo secretaria personal, tal vez quiera conseguir un ascenso a través de mi cama… Pero se me hace raro pensar que esa chica pudiera hacer eso con tal de ascender en el trabajo.
-          Ay Horacio, nunca desprecies las armas que una mujer pueda utilizar…
-          Bueno… Entonces, ¿qué hago? Estoy indeciso.
-          Permanece atento y si ves alguna salida de tono más, la despides. Ya se lo has avisado en más de una ocasión, ¿no? Pues ella sabrá lo que hace con su vida.




Dándole las gracias, Horacio se fue al trabajo y cuando llegó, se encontró a Gema sentada por primera vez desde que estaba trabajando allí.
-          Buenos días Gema.
-          ¡Señor Tomillo! Uy perdóneme, me ha encontrado sentada… Qué vergüenza. Lo siento, lo siento mucho.




Gema se levantó como si tuviera un resorte y comenzó a disculparse con Horacio una y otra vez.
-          No pasa nada. Somos humanos y también merecemos un descanso. ¿Va todo bien?
-          Bueno, las cosas no van bien por casa y estoy en trámites de divorcio con mi marido, luchando por la custodia… Pero esta mañana parece que se ha solucionado todo. Si es que hablando se entiende la gente, ¿cierto?
-          Tienes toda la razón. Bueno, voy a…
-          Pero, de verdad, perdóneme de nuevo por estar sentada. Es que he tenido una mañana muy movidita y me duele todo el cuerpo, ya sé que eso no es excusa porque mi trabajo es estar de pie atendiendo a la gente y poniendo buena cara, pero es que… Ay, siento estar contándole mis cosas cuando seguramente a usted ni le importe lo que hago o dejo de hacer pero es que…




Horacio se sentía atropellado con Gema. Tantas palabras en tan poco tiempo y sin dejarle tiempo a contestar lo agobiaban bastante.
-          Señorita, cálmese que no pasa nada.
-          Sí que pasa porque yo estoy contándole mi vida cuando usted seguro que tiene una mucho más dura y encima ahora que no tiene secretaria se tiene que hacer un lío bastante importante y no encuentra a nadie para el puesto por lo que tiene que estar muy ocupado y yo estoy aquí entreteniéndole así que lo siento mucho de verdad, perdóneme.
-          Gema, señorita… No se preocupe.
-          Qué bueno es usted, siempre tan compasivo y tan bueno, por eso me gustaría ser su secretaria personal, porque así le compensaría todo lo que ha hecho usted por mí.
-          Bueno…




Y sin dejarle tiempo a decir más que “bueno…”, Gema se abalanzó a la boca de Horacio, besándolo fuertemente.
-          Gracias, muchas gracias. Estoy segura de que no se va a arrepentir nunca conmigo.




Pero en cuanto pudo separarse, Horacio comenzó a gritarle por primera vez en todo ese tiempo.
-          ¡¿Está usted loca?! ¿Quién se ha creído que es para besarme? ¡Soy un hombre felizmente casado! Y no la quiero volver a ver nunca más ni aquí, ni en mi despacho como secretaria, por supuesto. ¡Está despedida!
-          ¡No puede hacerme esto!
-          Sí puedo y lo he hecho, así que váyase del edificio ahora mismo.




Gema siguió a Horacio hasta el ascensor y subió con él, rogándole que le devolviera el puesto de trabajo, pero él permanecía callado y sin decir ni una sola palabra más.
-          Por favor, perdóneme señor Tomillo. ¡Perdóneme!




Y justamente en esa misma planta, en una habitación contigua, se encontraba Genaro hablando con su abogado, quien tenía malas noticias…
-          Siento comunicarle que va a tener que buscarse otro abogado, señor Tomillo.
-          ¿Por qué? ¿Qué ha ocurrido?
-          He sabido que usted mantiene una aventura con su criada, Rosalía Puche y no me lo había comunicado.
-          No creí que fuera importante para el tema de la custodia de mi hijo.
-          Lo es y mucho, por lo que no ha confiado usted plenamente en mí, así que yo no puedo defender a una persona que no es completamente sincera conmigo. Lo siento mucho.




Genaro estaba extrañado del cambio tan brusco que había dado su abogado…
-          ¿Y qué puedo hacer ahora?
-          No es mi problema. Si no puede pagarse un abogado, búsquese uno de oficio…




Haciendo de tripas corazón, salió del despacho y se encontró con Gema, saludándola con la sonrisa más falsa que pudo.
-          Hombre, ¿de tu reunión con tu abogado?-preguntó ella-.
-          Sí y todo va de rechupete. Nos veremos las caras muy pronto en los juzgados.
-          Uy, de eso no tengo duda. Yo también he tenido una reunión con mi abogado esta mañana y ha sido… Gratificante y satisfactoria.




Pero cuando Genaro se montó en el ascensor, la expresión femenina cambió. Acababa de quedarse sin trabajo, pero al haberse acostado con el ex-abogado de Genaro, sabía que tendría todas las papeletas para ganar y conseguir todo lo que pedía.




Fuera de la ciudad, en Twinbrook, Ángel se encontraba arreglando una lavadora en casa de Alfonso quien, sorprendentemente, le había pagado y encima por adelantado. Ángel estaba encantado, pero muy extrañado, ya que apenas había podido reconocer a Alfonso después de estar dos meses completamente desaparecido. No había hecho otra cosa que estar en casa y, menudo cambio le había dado.




Tras el rechazo de Sugar, Alfonso supo que su vida se estaba yendo al garete. Había perdido el norte y no quería eso, por lo que retomó su vieja profesión a la que había abandonado completamente: reformador. Y comenzó en su propia casa, limpiando y aclarando las paredes exteriores, el suelo, barnizando las puertas…




De repente, el móvil de Alfonso suena y era Navarro quien lo llamaba.
-          Daniel, dime.
-          Tengo que contarte algo muy muy fuerte…
-          ¿Qué pasa?
-          ¡Acabo de comprarme mi nueva casa! ¡Ven a verla, tío!




Navarro estaba completamente emocionado mientras hablaba con Alfonso desde el exterior de su nueva casa.
-          ¡Acabo de comprarme mi nueva casa! ¡Ven a verla, tío!
-          ¿Dónde está?
-          Ahora te paso la ubicación por WhatsApp y vienes.




Saliendo de casa, Alfonso fue a preguntarle a Ángel cómo le iba con la lavadora.            
-          Le queda poco, pero te saldría más barato comprar una nueva y jubilar a esta pobre.
-          ¿Tú crees? Es muy vieja ya, y por mucho que la he limpiado no se le van las manchas que tiene.
-          Por eso te digo Alfonso.




Ángel se incorporó y habló cara a cara con Alfonso.
-          Pues tendré que mirar una nueva… ¿Tú cual me recomiendas?
-          Hay un nuevo modelo que he visto por la tele y tiene buena pinta, pero es algo cara… No sé si podrás permitírtela.
-          Sí, no te preocupes. Se lo pediré a Navarro si no me llega.
-          Ah… Sí bueno…
-          No te gusta ni un pelo Navarro, ¿eh?
-          No, a ver, es que…
-          Lo que te pasa a ti es que te gusta su exnovia y como él todavía sigue molestándola te jode, ¿cierto?
-          ¡Oye! Que a mí no me gusta nadie.
-          Ya claro, a otro perro con ese hueso… Bueno, me voy. Justamente me acaba de llamar Navarro que se ha comprado una nueva casa. Le daré saludos de tu parte.




En cuanto llegó a la dirección que Navarro le había mandado, se encontró con el nuevo propietario en la entrada del solar.
-          ¿Qué te parece tío?
-          Es una puta mansión. Cómo se nota que te va bien en el negocio… Pero ten cuidado que la policía puede echarle el ojo rápido.
-          No te preocupes, que hay policías metidos en esto también, así que está todo controlado. Ellos no me miran y yo tampoco a ellos. Fácil. ¡Ah! Y tengo una sorpresa para ti, querido Alfonso.
-          ¿Para mí?




Y llevándole a un lateral de la casa, le enseñó una moto que estaba ahí aparcada.
-          ¿Te gusta?-preguntó Navarro-.
-          ¿Gustarme? Es una Rustang 541 del 83 y está nueva…
-          Pues es tuya.
-          ¿Mía?
-          Sí. La moto de tus sueños para mi mejor amigo.




Sin poderlo evitar, Alfonso abrazó a Navarro sin parar de darle las gracias una y otra vez.
-          No deberías haberte gastado tanto dinero en mí.
-          No digas tonterías, si lo que me ha costado no es ni la mitad de lo que gané sólo anoche. Anda hombre… Además, ahora que has cambiado tanto no te viene mal tener un medio de transporte con el que poder moverte por la ciudad.




Sí que era verdad, Alfonso había cambiado completamente. Ahora se afeitaba diariamente, se duchaba, hacía ejercicio y comía sano, la mayoría de las veces. Había comenzado a promocionarse como restaurador de hogares y le había salido un par de trabajos…




Entrando en la casa, Navarro se la enseñó.
-          Hay que cambiarle un par de cosas que no me gustan, pero para eso te tengo a ti, para que me la dejes a mi gusto, ¿cierto?-preguntó Navarro-.
-          Eso está hecho colega.




Alfonso miraba la casa con buenos ojos y no paraba de pensar en su moto nueva. Era suya y ahora no tendría que ir andando a todos sitios, pero no dejaría de hacer ejercicio si no quería recuperar los 16 kilos que había perdido. La vida, por fin, le comenzaba a sonreír…




CONTINUARÁ…