jueves, 12 de abril de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 17

CAPÍTULO 17


Fina bajó lo más rápido que pudo y llamó a Mateo.
-          ¿Se puede saber qué está pasando, Mateo?
-          Ainhoa, que ha venido a echarme la bronca por Esteban.
-          ¿Y tú qué tienes que ver en todo esto?
-          Eso me gustaría saber a mí…




Juan bajó con Ainhoa sin las manos esposadas, ya que no veía la necesidad pero, cuando vio a Esteban, no tuvo más remedio. El chico acababa de salir de la casa de Juan con dirección a su casa, pero al encontrarse esa situación, se quedó quieto alucinando al verla esposada.
-          ¡HIJO DE PUTA! TE VAS A ENTERAR CABRÓN DE MIERDA, ¡YA VERÁS!
-          Esteban, espérame en mi casa, que tú y yo tenemos que hablar después,-dijo Juan aguantando los brazos femeninos evitando que Ainhoa se abalanzara sobre él.




A todo esto, Kiko observaba toda la situación desde la portería.
-          Esto es mejor que una telenovela…




Esteban, haciendo caso a su amigo, entró en la casa y se sentó para esperarlo. Sin embargo, como tardaba mucho, se aburría soberanamente.




Poco después, la puerta de la casa de Mateo volvió a sonar.
-          Ay Dios, ¿hoy no nos van a dejar en paz?-dijo Fina cansada-.
-          Ya abro yo.




Al abrir, se encontró con la sonrisa de Esteban.
-          Perdón por molestar de nuevo, pero Juan me dijo que lo esperara y en su casa me aburro. ¿Puedo esperarlo aquí?-preguntó con temor mientras que Mateo miraba a Fina para saber si aprobación-.
-          Anda, pasa Esteban,-dijo Fina desde el sofá-.
-          ¡Gracias! Sois los mejores.




Esteban quiso saber por qué Juan se llevaba esposada a Ainhoa y Mateo se lo contó todo mientras preparaba la consola para jugar unas carreras y, así, distraerse de una vez por todas.




Los tres se pusieron a jugar incansablemente y a ganar carreras menos Mateo, que si lograba quedar segundo era un milagro.




Como una hora después, Juan entró en la casa de su hermano. Al no verlo en su casa, se imaginó que estaría allí, pero verlos jugando a la consola no se lo esperaba.
-          Pero… ¿qué hacéis?
-          Jugar, ¿no lo ves?-dijo Mateo-.
-          Coge un mando y únete, vamos,-invitó Esteban con energía-.




Y así hizo Juan, que uniéndose a su hermano Mateo, formaron un buen equipo y comenzaron a derrotar a los terribles Esteban y Fina.
-          ¿Qué ha pasado al final?-quiso saber Esteban-.
-          La llevé a comisaría y la metimos en el calabozo. Le han puesto una fianza y allí la he dejado.




Al día siguiente y tras haber pasado una noche entera en el calabozo, una derrotada Ainhoa llegó a su casa después de que le pagaran la fianza. Todos los humos que tenía se le habían bajado y el tiempo que estuvo encerrada le hizo replantearse un montón de cosas. Su trabajo le generaba ingresos, pero… ¿cómo era ella como jefa? Fatal. Ahora lo veía claro.




Además, la noche con Esteban estuvo bien y debería haberse quedado en eso, una noche. El problema fue que ella se lo había llevado al terreno personal y eso es lo que le hizo replantearse si estaba preparada para tener diversos amantes o, sin embargo, ser mujer de un solo hombre. Había estado muy mal por su parte el comportamiento y, cuando cogiera fuerzas, pediría disculpas. Lo peor era que su estado de humor estaba causado por recibir una serie de amenazas que… Traerían cola.




Pero el día de la detención de Ainhoa, una llamada de teléfono hizo que Fina dejara de jugar.
-          ¿Dígame? Sí, soy yo. ¿Cómo? Sí, sí, no hay problema. ¿Mañana entonces? Much… Sí dígame, ajá, pues creo que conozco a la persona perfecta. ¿Le importa si nos acercamos ahora? ¡Estupendo! En un rato vamos para allá.




Esteban miró a Fina que, conforme iba hablando, dibujaba una sonrisa cada vez más amplia en su rostro.
-          ¿Quién era?
-          Tú, vente conmigo que te he conseguido trabajo.
-          ¿A mí?
-          Bueno, a los dos. Me acaba de llamar el director del colegio, que el profesor de educación física y su mujer, la profesora de educación primaria, se han marchado del colegio porque otro centro educativo les ha ofrecido más dinero y les han dejado en la estacada y necesitan profesores para ya.
-          Pero… ¡eso es estupendo!




Esteban no podía creérselo y se levantó para abrazar a Fina.
-          ¡Muchísimas gracias!
-          No levantes todavía las campanas al vuelo. Tenemos que ir al colegio a entregarle tu currículum.
-          Entonces tengo que pasar por mi casa para cogerlo.
-          ¡Volando!




Y poco más de media hora, ambos se presentaron frente al director del colegio dispuestos a empezar a trabajar rápidamente.




Por otra parte, Kiko también recibía una llamada bastante inquietante. Resulta que desde que salió del mundo de la droga, descubrió otro mundo: el de la pintura. Poco a poco se fue aficionando más y más, de forma que había expuesto un par de cuadros en unas galerías con un prestigio poco más alto que el de la tienda de la esquina. Sin embargo, un experto en arte moderno se puso en contacto con él.
-          ¿Me está pidiendo que le venda mi cuadro por ese precio? Pero… si mi cuadro no vale una mierda. ¡Claro que hablo en serio! Si yo… Vale, si usted lo dice será verdad. Al fin y al cabo es el experto.




Cuando terminó la conversación, Kiko seguía en las nubes. Le había ofrecido cinco millones de euros por uno de sus cuadros y quería que se mudara a la capital para que pintara de forma más asidua para los altos cargos del gobierno.




Tras dos meses desde aquel día, Kiko se había marchado a la capital y el bloque volvía a quedarse sin portero, pero también alguien más se quedaba sin trabajo: Ainhoa. Después de todo ese tiempo buscando gente para trabajar, la mala fama y los comentarios de la gente hicieron que tuviera que echar el cerrojo a la empresa. ¿Qué haría ahora?




Cabizbaja y triste, Ainhoa volvía a su casa cuando Juan llegó del trabajo y la saludó desde atrás. Los ánimos habían vuelto a calmarse tras una disculpa individual de la muchacha a cada uno de los implicados.
-          ¡Ainhoa!




Al girarse, Juan le notó que Ainhoa tenía mala cara.
-          Oye, ¿qué te pasa?
-          Pues que acabo de cerrar mi empresa y estoy fatal. Vuelvo a estar en paro.
-          Vaya, lo siento mucho. Sé lo que significaba eso para ti.
-          Ahora no tengo nada, ni amistades, ni trabajo… ¿Cómo voy a pagar el alquiler?




Ainhoa estaba abatida completamente.
-          Mujer, no seas catastrofista. Ya verás como encuentras un trabajo pronto y puedes seguir pagando el alquiler.
-          ¿Y si no encuentro nada? No lo sé. De lo que estoy segura es de que necesito estar sola varios días.




Juan, en ese mismo instante, tuvo una brillante idea.
-          ¿Y por qué no trabajas aquí?
-          ¿Aquí? ¿Dónde?
-          ¡En la portería! Mira, te vas a la casa de la portería y así pagarías un alquiler mucho más bajo y trabajas vigilando y haciendo todas las tareas que tiene un portero. ¿Qué me dices? Es una buena solución.




Ainhoa comenzó a sonreír. Le parecía una buena idea, al menos de momento. Así podría salir al paso y continuar con su vida. Le tenía un aprecio especial a Juan ya que fue el único que, desde el primer momento, le tendió la mano.




Juan estaba encantado de poder ayudar siempre que alguien lo necesitara y, si estaba en su mano, haría lo posible para encontrar lo mejor para los demás. Además, notaba cierto cambio en Ainhoa que le hacía darle un voto de confianza.




Entrando en la casa que le pertenecía, vio cómo tenía todo Kiko y cómo era la casa.
-          Menudo destrozo de casa… Tendría que echar la casa abajo. ¿Y si no gasto parte de mis ahorros en arreglar este piso? Al fin y al cabo, si voy a trabajar y vivir aquí, quiero estar lo más cómoda posible.




Dicho y hecho. A Juan le pareció una buena idea y se ofreció para ayudarla y, de esa forma, reducir costes a la muchacha. Tras comenzar a arrancar la moqueta, descubrieron un bello suelo de madera. ¿A quién se le ocurría tapar la madera con una moqueta tan fea? Y la pared de la cocina… ¡fuera! Ainhoa quería una casa de concepto abierto.




Ainhoa se sentía en deuda con Juan porque siempre estaba ahí ayudándola cada vez que tenía un hueco libre. Aún quedaba mucho trabajo por hacer y el dinero se iba agotando, por lo que Juan intercedió para que el banco le concediera un préstamo y poder terminar la casa.
-          Muchas gracias por haberme acompañado hoy al banco Juan. Eres fantástico.
-          No me las des mujer. Lo que sea por una amiga.




Ainhoa sonrió y, por primera vez en mucho tiempo, volvió a sentir un gusanillo por el estómago. ¿Se estaba enamorando de Juan? Ajeno a los sentimientos femeninos, Juan abrió los brazos y abrazó a la muchacha con simpatía.




Los pocos muebles que se salvaban de la reforma, dormían en la entrada hasta que Mateo y Fina salieran del trabajo para unirse a la reforma y guardarlos en el trastero.




Dentro del piso, el trabajo no paraba.
-          A la de tres, tiramos los dos a la vez, ¿vale?-decía Juan.
-          Hecho.
-          Una, dos… ¡tres!




CONTINUARÁ…

lunes, 9 de abril de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 16

CAPÍTULO 16


Ainhoa dormía plácidamente en su cama cuando, al darse la vuelta, no encontró a Esteban a su lado y se terminó despertando.




Menos mal que había sonado el despertador, porque tenía que ir a trabajar. Lo peor era la resaca que tenía, pero para eso se habían inventado las duchas y era justo lo que más necesitaba.




Al llegar allí, no vio a Esteban pero, por haber pasado la noche con ella, ese día se lo dejaría pasar. Lo que no se imaginaba era que no volvería…




Al entrar, vio que tenía un papel sobre su mesa. Echando un vistazo rápido desde arriba, vio la palabra dimisión en grande. Extrañada, dio la vuelta al folio y al ver que estaba firmado por Esteban y con fecha de ayer, Ainhoa enfureció.
-          ¡HIJO DE PUTA!-gritó a pleno pulmón-.




El grito hizo que Fina se acercara a la puerta de la oficina. ¿Qué había pasado para que Ainhoa gritara de esa forma?




Esa misma mañana el mismo Esteban apareció por el bloque y, al encontrar a Juan sentado en el lugar del portero, le preguntó.
-          ¿Qué haces ahí sentado, compañero?
-          Ah, hola Esteban. Pues verás, Kiko ha ido a rastrillar las hojas del jardín y me pidió el favor de vigilarle la portería mientras tanto. ¿Qué te trae por aquí?




Juan, dejando de leer, se levantó fijándose en la seria cara de Esteban.
-          ¿Podría hablar contigo Juan?
-          Sí, por supuesto. Vamos a mi apartamento.




Entrando, ambos chicos se sentaron en el sofá.
-          Tú dirás… ¿De qué me quieres hablar?
-          Bueno… Antes de nada, quiero preguntarte algo. ¿Fuiste tú el que llamaste a la puerta de Ainhoa ayer?
-          ¿Ayer? Yo no llamé a la puerta de nadie…
-          ¿No fuiste tú el que llamó a la puerta de la casa de Ainhoa?
-          Pero, ¿quién es Ainhoa?
-          Joder macho, la vecina del primero.
-          ¡¿ESA ES AINHOA?!




Juan se acababa de enterar de que esa chica había sido la jefa de su hermano. Y no tenía ni idea de nada de lo que había pasado…
-          Sí, esa es Ainhoa. ¿No lo sabías?
-          No… Y bueno, ¿tú cómo sabes que yo llamé? Espera… ¿eras tú el que…?
-          Sí. Yo fui quien se la folló ayer.
-          Pero tío, ¿no sabes el refrán? “Donde tengas la olla, no metas la polla”.
-          Ya, ya. Pero la cuestión no es esa. Ayer por la mañana le dejé mi dimisión junto a una carta poniéndola de vuelta y media.
-          ¿Y aun así se acostó contigo? Esa tía no tiene escrúpulos.
-          No. Se acostó conmigo porque coincidimos de fiesta y ella iba con un pedo enorme y comenzó a tirarme la caña. El problema es que le dejé la dimisión después de que ella se hubiera ido, así que hoy cuando vaya al trabajo se va a encontrar eso… Y no quiero saber cómo se puede poner. ¿Hice bien en tirármela?
-          A ver… Si en la carta de dimisión te pones a insultarla y luego vas y te la follas… Un poco aprovechado eres, ¿eh? Llámame antiguo pero te has aprovechado de ella.
-          Pero tío, una cosa es el trabajo y otra muy diferente la vida personal.




Seguían intercambiando opiniones cuando entró en el apartamento Mateo, pillando la conversación en su momento álgido.
-          Pero Esteban, que te has follado a tu jefa.
-          ¡¿Te has follado a Ainhoa?!-preguntó sorprendido Mateo-.




Juan y Esteban se asustaron porque no lo escucharon entrar, pero justo en ese momento ambos se levantaron para darle explicaciones a Mateo.
-          Sí, me la he follado. Pero en mi favor diré que ya no era mi jefa, le había presentado mi dimisión por la mañana.
-          ¿Cómo?-preguntó Mateo sin entender nada-.
-          A ver,-intervino Juan-, Esteban le presentó su dimisión cuando Ainhoa ya no estaba y por la noche se la encontró de fiesta y acabaron follando cuando ella no sabía que Esteban no trabajaba más para ella.
-          Bueno, Esteban no debería haberlo hecho, pero en su vida personal puede hacer lo que le dé la gana, ¿no?
-          ¡Gracias!-dijo con alivio Esteban-.




Pero la conversación no había hecho nada más que comenzar.
-          Y eso no es todo,-continuó Juan-, hay más.
-          Ay, miedo me das,-dijo Mateo-.
-          Papá bajó para decirme que no podía dormir por los gemidos y…
-          Es que la hija de puta no paraba de gritar,-interrumpió Esteban-.
-          Pues eso,-dijo Juan reanudando su frase-, que me pidió el favor de llamarle la atención y cuando fui me abrió la puerta completamente desnuda y encima, cuando se fue, me dio un pico en la boca.
-          ¡Eh! Eso no me lo has contado,-dijo asombrado Esteban-. Será guarra la tía… Luego vino más cachonda todavía y follamos de nuevo.
-          A ver Esteban, que tú tampoco eres un santo, ¿eh? Vamos relajándonos,-salió Mateo en defensa de Ainhoa-. Que tú también tienes tela. Es para echarte de comer aparte.




En ese momento, una agitada Fina llegaba al bloque y preguntaba a Kiko por su novio.
-          Buenos días Kiko. ¿Sabes dónde está Mateo?
-          Creo que lo vi bajando a casa de su hermano por la ventana.
-          Gracias.
-          ¿Está todo bien? Es muy temprano para estar en casa.
-          Sí, no te preocupes Kiko. Gracias de nuevo.




Efectivamente, al pasar por delante de la puerta de la casa de Juan escuchó voces, por lo que abrió la puerta y vio a todos allí y, para su sorpresa, Esteban estaba con ellos.
-          Fina, ¿qué haces aquí corazón?-preguntó extrañado Mateo-.
-          La querida Ainhoa me ha echado.
-          ¡¿QUÉ?!-dijeron todos al unísono-.




Y acercándose a Esteban, comenzó a echarle la bronca-.
-          Y tú, pedazo de cerdo, por tu culpa me han echado.
-          ¿Mi culpa? ¿Qué te he hecho yo?
-          A mí nada, pero en cuanto Ainhoa ha descubierto que te has ido y le has dejado la cartita en la mesa, ha venido a pedirme explicaciones de si sabía algo de lo que le habías puesto allí y yo, tonta de mí, le dije que sabía que no estaba a gusto con ella y, por ser cómplice tuyo, me ha echado a mí también. No sin antes decirme que eres un cerdo, un impresentable y un hijo de puta.




Esteban estaba flipando en colores.
-          Fina, lo siento mucho, pero en ningún momento he querido perjudicarte.
-          Pues menos mal porque si llegas a querer… Pero, ¿se puede saber qué le has puesto en la carta para que se ponga así de histérica?
-          En resumidas cuentas, la he puesto de puta para arriba y… lo peor es que anoche me la encontré de fiesta y me la follé un par de veces.




La cara de enfado que tenía Fina en ese momento sería muy difícil de olvidar para Esteban.
-          ¡TONTO! Si es que más tonto que tú y no naces. ¿A quién se le ocurre hacer eso chiquillo?
-          Ea, otro como Juan. Que mi vida personal y mi vida profesional son dos diferentes. Puedes caerme de putísima madre como persona y luego trabajar juntos y ser un desastre. Son dos cosas diferentes.
-          No me jodas Esteban, que tú siempre te lo llevaste al terreno personal, porque los insultos que ella te lanzaba cada dos por tres te lo tomabas muy mal, perdona que te diga.
-          Ya, pero es que…




Los hermanos miraban a Fina alucinados por el carácter que manejaba la muchacha. Nunca la habían visto así, ni siquiera Mateo en su sueño.




Dejándoles un poco de espacio a Esteban y Fina para que solucionaran las cosas, Juan quiso hablar con Mateo.
-          Tengo una cosa que consultarte Mateo.
-          Claro, dime qué te pasa.
-          Verás, yo lo achaco a que llevo mucho sin estar con una chica pero el beso de ayer con Ainhoa me gustó. ¿Estoy loco?
-          A ver… muy bien de la cabeza no estás, pero bueno jajajaja. No, ya en serio. Ainhoa es una chica muy guapa y tiene un cuerpo espectacular.
-          Ya te digo, tú no la viste, pero ayer cuando apareció desnuda…
-          Juan, ¿te recuerdo que en mi sueño ella era mi novia?
-          Calla es verdad. No me acordaba de eso. Pues mira, ahí me puedes comprender.




Mateo entendía perfectamente a su hermano y, por eso, era benevolente con él.
-          Lo sé. Yo he pasado por lo mismo, pero ahí entra tu cabeza y debes valorar si ese tipo de mujer es la que quieres para ti o no. Habrán muchas que besen muy bien, follen de escándalo o te guste mirarlas, pero al fin y al cabo, lo que realmente importa es lo que te hace sentir, los detalles minúsculos que hacen diferente a una chica de otra. Eso es lo que marca y a lo que más atento tienes que estar.




Fina había hecho las paces con Esteban, pero ella seguía hundida porque ahora era ella la que no tenía trabajo, por lo que se despidieron y se fueron los dos a su casa. Mateo trataba de consolarla diciéndole que ahora tenían el sueldo de bombero de él y que no se preocupara porque tarde o temprano le saldría un trabajo de cualquier otra cosa.




En eso estaban, cuando la puerta sonó. Mateo se levantó para ver quién era mientras que Fina aprovechó para subir al dormitorio a cambiarse y ponerse más cómoda. Al abrir la puerta, Mateo se encontró de frente a la protagonista del día: Ainhoa.
-          Oh, Ainhoa. Dime, ¿quieres algo?




Ainhoa no paraba de moverse de un lado para otro con una notable cara de cabreo constante.
-          ¡Dile al cerdo de Esteban que se olvide de mí! Es un hijo de la gran puta que se ha aprovechado de mí porque estaba borracha. Ganas me dan de denunciarlo.
-          Eh, ¿quién va a denunciar a quién aquí? Mira Ainhoa, seamos francos, ¿vale? Esteban no debió insultarte como lo hizo en su carta, estamos de acuerdo.
-          ¡Y encima llamándome cosas como…!-dijo ella antes de ser cortada de nuevo por Mateo-.
-          ¿Puedo seguir? Gracias. Esteban no debió insultarte como lo hizo y está muy mal por su parte, ahí te doy la razón. Sin embargo, puedo comprenderlo porque como jefa eres odiosa.
-          ¿Tú también vas a insultarme? Lo que me faltaba por oír.
-          ¡Que me dejes hablar coño! ¿Eres tú la que siempre tiene que hablar y llevar la razón? Mira, es que ahora más que nunca puedo comprender a Esteban, porque con él siempre te has pasado, lo has insultado, lo has ninguneado y él ha aguantado como un jabato años y años mientras tú estabas en tu despacho tranquilamente cuando los demás nos partíamos la espalda en la oficina vendiendo los productos por un sueldo de mierda.




Ainhoa estaba indignada y conforme escuchaba a Mateo, su enfado iba en aumento.
-          ¿Sueldos de mierda? Lo dice quien cobraba casi como yo y vivía en una casa enorme.
-          Uy sí, cobraba casi como tú, pero… ¿cuántas horas me tenía que tirar yo frente al ordenador con el pinganillo puesto en la oreja? Claro, como es tu negocio y tú eres la jefa, vas y vienes cuando te da la gana y aquí paz y después gloria. Pues no, Ainhoa, eso no es así.
-          No, si al final la mala y la que voy a tener que pedirle perdón al mentecato de Esteban soy yo.
-          Pero vamos a ver, ¿y por qué tienes que venir a mí a echarme todas tus mierdas? Igual has hecho con Fina y encima la despides, que eso sí es denunciable porque no tienes ningún motivo para echarla.




Ainhoa estaba trinando y no pudo contenerse más.
-          ¡Mira Mateo! Te voy a decir un par de cosas bien dichas: 1) Que hayas cambiado físicamente después de un accidente no significa que dejes de ser el mismo capullo integral que eras antes y 2) Como bien has dicho, es mi negocio, ¿cierto? Pues yo decido los trabajadores que quiero tener y Fina no me trabajaba una mierda, hacía poco y de forma mediocre. Sólo espero que no sea igual en la cama porque menudo hambre tienes que tener.
-          ¡Ainhoa Márquez! Lo que le tengas que decir a Fina, se lo dices a la cara, ¿de acuerdo? Igual que con Esteban, que si tienes ganas de decirle algo, vas y se lo dices. Y si no sabes dónde vive, lo buscas. Preguntas en la ONU si hace falta, pero a mí me dejas en paz. Creía que podrías ser diferente, pero fuiste el mayor fiasco que me he llevado.
-          ¿Fiasco? Anda ya. Ojalá te hubieran matado en el accidente y así habría un hijo de puta menos. Todos los hombres sois iguales.




Mateo era la segunda vez que escuchaba esa frase en su vida.
-          PUES ESTOY VIVO,-gritó a pleno pulmón Mateo-. ¿Y sabes qué? Que si te jode verme vivo TE AGUANTAS, ¿te queda claro? Porque yo no estoy aquí para aguantar gilipolleces de una niñata pija y consentida que se cree que el mundo gira en torno a ella. Y si tanto te jode lo que te ha hecho Esteban, imagina estar tantos años aguantando insultos como esos. Y si acabasteis follando, te recuerdo que quien le tiraste la caña fuiste tú. La que ibas borracha eras TÚ.
-          Él debería haber sido consecuente con sus palabras y después de ponerme a caer de un burro, no debería haberme querido follar.
-          Pero, ¿qué me estás contando tía? Si tú fuiste la primera que se me insinuó y, como no te seguí el juego, me despediste. Y con Esteban más de lo mismo, lo insultabas pero luego lo veías y te lo comías con los ojos.
-          ¿Y tú qué sabrás come mierda?
-          Ainhoa, te conozco mejor de lo que tú te crees. ¡Ah! Y para demostrarte quién fue el que salió de “caza” aquí, te recuerdo que cuando mi hermano te llamó la atención por los gritos, cogiste y lo besaste sin previo aviso, así que vete bajando del Olimpo señorita.




Juan entró en escena en ese momento ya que los gritos de Mateo resonaron en todo el bloque.
-          ¿Qué coño está pasando aquí?




Haciendo caso omiso de la pregunta de Juan, Ainhoa siguió batallando con Mateo.
-          Si besé a tu hermano es porque está mejor hecho que tú. Y te voy a decir una cosa: el día que me folle a tu hermano, te mandaré el vídeo por WhatsApp para que así veas cómo folla una tía de verdad y no lo que debe hacer Fina.
-          ¡Me cago en tu puta estampa! DEJA YA A FINA EN PAZ,-gritó enérgico Mateo-.




A todo esto, Juan se había ido acercando a Ainhoa y al tenerla justo detrás, le cogió de un hombro y ella, sin mirar previamente, le soltó un sonoro guantazo en la cara a Juan.




Al ver quién era, en el estado en el que estaba Ainhoa, no pudo hacer otra cosa peor que cagarla más todavía…
-          Ya viene aquí el hermanito en defensa de Mateo. ¿También le limpias el culo cuando caga?




Pero Juan no iba a soportar ni una salida de tono más.
-          Queda usted detenida por agredir a un agente de la ley. Tiene derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que diga puede y será usada en su contra…-Juan continuó la famosa frase policiaca mientras la cara de Ainhoa cambió drásticamente de un momento a otro-.




CONTINUARÁ…