lunes, 12 de marzo de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 8

CAPÍTULO 8


Había llegado el día. Era hora de ser libre y salir del hospital. Dos semanas después de despertar, Mateo recibía el alta y dejaba su habitación para siempre.




Al salir se encontró que su padre estaba esperándolo y, pese a estar lejos, le vino un tufillo a marihuana.




Ya junto a Marco, Mateo pudo comprobar que el olor provenía de él.
-          ¿Listo para ir a casa hijo?
-          No puedo esperar más,-dijo obviando el detalle del olor-.




Llamando a un taxi, se montaron en él.
-          ¿Por qué no cogemos el coche papá?
-          No estoy para conducir tal y como v… está el tiempo.
-          Pero si está despejado...
-          Ya pero está anocheciendo y no me gusta conducir a esta hora.




Un poco extrañado, Mateo se concentró en las calles, la gente que había allí y vio que pasaban de largo frente al edificio donde vivía.
-          Eh, ¿por qué no paramos aquí?
-          Porque no vivimos aquí hijo.
-          ¿Cómo? ¿Y desde cuándo?
-          Nunca hemos vivido ahí. Tú siempre has preferido casas unifamiliares a edificios.




Y unos cinco minutos después, el taxi paró frente a la casa de ambos.
-          Bienvenido a casa hijo.



Al bajar, vieron a un chico con muy mala pinta en la entrada de la casa.
-          ¡Hombre! Mira quién ha venido a casa. ¡Si es Mateo!-proclamaba contento ese chico-.
-          Kiko, lárgate anda,-dijo Marco-.

¿Aquel chico era Kiko? ¿Kiko el empresario? Mateo sonreía por compromiso, ya que eso no se lo podía esperar aunque intentara imaginárselo.

Mateo, con la cabeza todavía en el sueño que había tenido, le hizo una pregunta un tanto incómoda a Kiko.
-          Kiko, ¿cómo es que tienes tan mala pinta?
-          Bueno… Ya sabes que no tengo trabajo y me dedico a…

En ese momento intervino Marco para callarlo.
-          Kiko, como comprenderás, mi hijo acaba de salir del hospital y necesitamos intimidad, ¿podrías largarte?
-          Sí, perdón. ¿Cuándo vuelvo para darte… eso?
-          ¡Qué te vayas!
-          Sí, ya voy. No veas como se pone el payo…

Marco abrió la puerta de la entrada y Mateo comenzó a sonreír. ¿Esa era su casa ahora? Por lo menos algo que había mejorado de su sueño a la realidad, pensaba Mateo mientras miraba por todos lados.

Al mirar hacia la cocina, flipó en colores.
-          Menuda cocina, ¿no?
-          Hijo, la has visto miles de veces. Ni que fuera la primera vez…
-          Pues como si lo fuera.

Llevándolo hacia una de las puertas, entraron y le enseñó su cuarto.
-          Por si no te acuerdas, esta es tu habitación, tienes el cuarto de baño junto a este cuarto.

Y posteriormente le enseñó el cuarto que ocupaba Marco. Estaba menos recargado de cosas, pero éste tenía baño privado mientras que el cuarto de Mateo no.

Pero había algo que le reconcomía a Mateo y era su madre. Todavía no podía creer que su madre había fallecido. Se la veía tan sana y feliz en su sueño… ¿Por qué su mente jugó así con sus sentimientos?
-          Papá… ¿Mamá está en el cementerio enterrada?
-          Sí hijo. Donde ha estado desde hace dos años.
-          Todavía no puedo creer que no esté con nosotros. ¿Sabes? En mi sueño…
-          ¿Vas a ir a verla?-preguntó Marco interrumpiendo a su hijo-.
-          Sí, me gustaría. ¿Vienes conmigo?
-          No, gracias. Ya iré otro día.

Mateo salió de casa y cuando llegó al cementerio, comenzó a recorrer el terreno fijándose en cada tumba, cada epitafio, las flores… Algunas frescas y otras secas. Pero lo que más reinaba allí era el silencio, que provocaba un continuo ir y venir de pensamientos en la cabeza de Mateo.

Y en una de las tumbas lo vio. Ahí estaba el nombre de su madre. Estaba tan feliz con su padre y su perrito en el sueño… Que se le hacía durísimo verla enterrada en el cementerio. La vida no era justa.

Las lágrimas de Mateo no paraban de recorrer las mejillas del chico que, desconsoladamente, lloraba llenando el silencio de sollozos.

Finalmente, salió de allí y fue camino a casa andando para que, al llegar, estuviera más calmado y su padre no lo viera en ese estado. Un rato después, pasó por el mismo lugar donde, en su sueño, lo atropellaron sacándolo de ese mundo tan parecido, pero diferente al suyo.

Mateo veía a la gente salir y entrar de las casas, de los restaurantes, pubs, garajes… Y una de esas personas lo saludó, a lo que Mateo correspondió aún sin saber quién era aquella mujer.

Y cuando estaba a punto de pasar de largo lo vio. Ahí estaba el bloque de sus sueños. Su casa, o su antigua casa, como se quisiera ver. Se veía tan grandioso como siempre y ya echaba de menos el ambiente de allí.

Cruzando la carretera mirando a ambos lados, se plantó frente al edificio dispuesto a averiguar quién vivía en su casa en la realidad.

Había un código de entrado para abrir la puerta y Mateo el único que recordaba era el de su sueño, así que metió el mismo número y la puerta se abrió para su sorpresa. Había cosas que no cambiaban de un lado a otro…

Menuda nostalgia le daba aquella escena. En esa silla faltaba Antonio, con esa sonrisa picarona mirando revistas eróticas.

Y sin pensarlo dos veces, subió al primer piso y llamó al timbre. ¿Quién abriría la puerta?

Pocos segundos después, una Ainhoa algo cambiada, abrió la puerta para sorpresa de Mateo.
-          ¿Mateo? ¿Pero qué…?

Mateo la miraba con ojos de deseo, la quería a pesar de todo y sólo necesitaba estar con ella.
-          Te he echado de menos picarona mía.
-          ¿Perdón?

Y sin previo aviso, Mateo se lanzó a los labios de Ainhoa que, sorprendida, intentaba separarse del chico.

Pero aunque Mateo insistía, ese no era su sueño y ella no era más que su jefa que, por cierto, estaba muy pero que muy cabreada en ese momento.
-          ¿Pero quién coño te crees para besarme eh?
-          Ainhoa, yo creía que…
-          ¡Tú no tienes que creer nada! ¡Estúpido!

Mateo la miraba extrañado porque nunca la había visto de semejante humor.
-          Tranquila Ainhoa…
-          ¡Que te calles! Vienes a mi casa sin que yo te haya dicho dónde vivo ni te haya invitado y yo creyendo que estabas en el hospital después del atropello.
-          He salido hoy del hospital Ainhoa.
-          Pues vaya con el atropellado. Menudo atropello me has hecho a mí ahora.

Ainhoa seguía con el cabreo por las nubes y por mucho que lo intentaba, Mateo no conseguía calmar a la fiera.
-          Que sea la última vez que apareces así en mi casa y mucho menos que me beses, ¡¿te enteras?!
-          Sí, me ha quedado claro.
-          A ver si es verdad y el atropello no te ha dejado más tonto de lo que eras antes.
-          Oye Ainhoa… Te estás pasando un poquito, ¿no?
-          ¿Yo? ¿Pasándome? Mira chaval, si te hubieras quedado en la cama del hospital mejor, así habría un gilipollas menos en este mundo.

La cara de Mateo se descompuso. ¿Cómo era capaz de decirle una cosa así? El corazón del chico se hacía añicos mientras ella se despedía y le cerraba la puerta en las narices.

Y abriendo la puerta de nuevo, le dijo una última cosa a Mateo.
-          Por esta vez te voy a pasar lo del beso, pero cuando te recuperes quiero que estés en la oficina al 300%, te queda claro ¿no?
-          S-sí…
-          Pues venga, fuera de mi bloque. ¡Largo!

Con un paso rápido y ágil, Mateo salió de aquel lugar con el corazón en un puño. Menuda vuelta a la realidad que le había recibido con un guantazo detrás de otro.

Cuando llegó a casa, su padre ya estaba dormido y el salón apestaba a marihuana. Mateo se temía que su padre se hubiera echado a los porros después de la pérdida de Luisa pero no se atrevía a decirle nada por lo que le pudiera decir. Teniendo en cuenta la reacción de Ainhoa, no quería saber lo que le diría su padre.

Mateo no paraba de pensar en su vida anterior. Hasta el día en el que se despertó, todo había ido más o menos bien, quitando la angina de pecho de su padre. Pero en el sueño su cabeza le obligó a experimentar un ataque de celos, ver a su novia acostándose con un chico y una chica y sufrir un atropello mortal que lo hizo despertar de allí. ¿Por qué tenía su mente tanto empeño en que Mateo se despertara?

Si por él fuera, se habría quedado siempre así, feliz y sin problemas. Pero la realidad era muy distinta y ahora tendría que enfrentarse a todo como si fuera la primera vez. No sería fácil pero… ¿Conseguiría que todo fuera igual a su sueño? Lamentablemente no, ya que su madre había muerto y Yago tampoco estaba. ¿Qué podría hacer ante esa situación?

CONTINUARÁ…

jueves, 8 de marzo de 2018

A Real Nightmare || Capítulo 7

CAPÍTULO 7

Mateo se despertó de golpe en una cama de hospital. Estaba bastante desorientado y se frotaba los ojos intentando ver bien dónde estaba.





Sentándose al borde de la cama vio que, efectivamente, estaba en la habitación de un hospital y que estaba sólo allí.
-          Uf, ¿qué ha pasado?




Mateo estaba intentando rememorar sobre lo ocurrido, pero lo único que recordaba era salir corriendo después de que su madre le llamara diciendo que su padre había muerto.




Lentamente, Mateo se levantó y se fue hacia el cuarto de baño para lavarse la cara y despejarse. Estaba bastante débil y tenía que agarrarse a la pared de vez en cuando.




Cuando se vio al espejo se asustó. ¿Desde cuándo tenía el pelo así de largo? ¿Cuánto tiempo había pasado? Allí estaba pasando algo que no terminaba de recordar bien.




En ese mismo momento, alguien entró en la habitación y, al encontrarla vacía, se asustó.
-          ¿Mateo? ¡Mateo! No puede ser que se haya despertado…




Al escuchar los gritos, Mateo salió del cuarto de baño para ver quién era el que pegaba esas voces.
-          ¿Pero qué pasa?-preguntó Mateo antes de ver quién era aquel hombre-.




Nada más y nada menos que Marco, su padre. ¿Cómo era posible? Si su madre le había dicho que acababa de morir, ¿cómo estaba allí? Y además, así de gordo y descuidado…




Marco se acercó corriendo a su hijo y se abrazó a él.
-          Creía que te había perdido papá.
-          ¿Bromeas? Soy yo el que creía que te había perdido para siempre.
-          No recuerdo bien lo que ha pasado…
-          Eso es lo de menos ahora. Ya habrá tiempo para hablar de penas después.




Mateo tenía muchas preguntas y justo cuando se las iba a hacer, su padre dio media vuelta.
-          ¡Voy a avisar al doctor! No te muevas de aquí, hijo.




Un par de minutos después apareció el médico, que era nada más y nada menos que Antonio, el portero.




Antonio sonrió y saludó efusivamente a Mateo, que correspondió con un saludo de compromiso. Creía estar en un programa de televisión de bromas ocultas, porque primero aparecía su padre gordo y descuidado y ahora el portero de su casa era supuestamente el médico. ¿Qué estaba pasando?




Levantándose, médico y paciente comenzaron a hablar.
-          ¿Cómo te encuentras Mateo? Ha sido una sorpresa el que te despiertes tan pronto.
-          ¿Qué me ha pasado?
-          Tuviste un accidente. Ibas mandando un mensaje por el móvil cuando cruzaste la carretera y un coche te arrolló, ¿lo recuerdas?
-          Yo es que recuerdo algo diferente…




Antonio se interesó más en lo que le tenía que decir Mateo.
-          ¿Y qué es exactamente lo que recuerdas?
-          Recuerdo estar en la calle en bañador y recibir una llamada de mi madre diciéndome que mi… padre-dijo mirando a Marco-, acababa de morir. Salí corriendo y creo que fue ahí cuando me atropellaron.




La expresión de Marco cambió radicalmente. Su cara se agrió en un instante al escuchar el relato de su hijo.
-          Entiendo…-contestaba Antonio-. Es muy pronto desde que te has despertado del coma y es normal que tu cabeza no tenga muy bien ordenados los recuerdos, pero eso con el tiempo se te pasará.
-          Y otra cosa Antonio, ¿dónde está mi madre?
-          Mateo… Tu madre murió hace 2 años por culpa del cáncer.




Mateo miró a su padre con asombro y tristeza a la vez, esperando, tal vez, que le dijera que todo era una broma de mal gusto. Sin embargo, Marco agachó la cabeza y asintió a las palabras de Antonio.
-          Pero… ¿cuánto tiempo he estado en coma?
-          Apenas 3 días, pero la conmoción en la cabeza fue muy fuerte, por eso estás tan desorientado. Venga, acuéstate. Voy a decir que te hagan pruebas.




Cuando Antonio se fue, Mateo se quedó en estado de shock. Si todo esto era verdad, ¿qué había sido lo que había vivido durante ese tiempo? Estaba muy desconcertado y con millones de preguntas sin respuesta en la cabeza.
-          Te dejo descansar Mateo, luego vendré,-dijo Marco saliendo de la habitación-.




Un par de horas más tarde, un agitado Esteban llegó a la habitación.
-          ¡Mateo! Cuánto me alegro de verte bien tío, menudo susto me has pegado. ¿Cómo te encuentras?




Mateo, en un primer momento, no supo qué hacer, pero luego recordó que lo había visto en la cama con su novia y, ya que había ido a verlo al hospital, aprovecharía para cantarle las 40.




Poniéndose de pie, comenzó a gritarle a Esteban sin piedad ninguna.
-          ¡Serás hijo de la gran puta! ¿Cómo te atreves a presentarte aquí después de todo lo que me has hecho? ¡Tuve el accidente por tu culpa! Si no te hubieras acostado con mi novia, nada de esto habría pasado, cabrón de mierda.




Asustado, Esteban dio un paso atrás y comenzó a intentar calmar a Mateo.
-          ¡Mateo! Cálmate tío.
-          ¡¿Que me calme?! No se te ocurra decirme que me calme porque entonces la vamos a liar y bien gorda…
-          ¡Déjame hablar coño! Que estás más perdido que un pulpo en un garaje joder…
-          A ver, ¿qué excusita me vas a poner?-dijo Mateo con ironía-.




Una vez en silencio, Esteban resopló y comenzó a hablar.
-          A ver, lo primero de todo es que yo no tuve nada que ver con tu accidente. Ibas mandando un WhatsApp a la jefa cuando te atropelló el coche.
-          ¿Jefa? ¿Qué jefa?
-          Ainhoa tío, ¿no te acuerdas? La cabrona esa nos tiene a todos enfilados.
-          ¡Ehhh! Que es mi novia así que cuidadito con lo que hablas de ella.
-          ¿Novia? Ni de broma chaval, ya te gustaría a ti estar con alguien como ella. Nunca te ha mirado más allá que para decirte que eres el mejor teleoperador de la empresa.




Mateo iba a protestar de nuevo cuando se paró en seco.
-          ¿Teleoperador? Mira no te inventes porque tú y yo sabemos que somos bomberos junto con Fina, que esa es otra a la que le tengo que apretar las tuercas.
-          Pero vamos a ver colega… El coma ha debido afectarte porque llevamos un par de años en la empresa Fina, tú y yo junto con otros cuantos más y la jefa es Ainhoa, pero ni ella es tu novia, ni yo me he acostado con ella. No sé qué coño te pasa desde que te has despertado.
-          Si es que yo te vi con ella y con Fina.
-          ¿Me viste haciendo qué?
-          Comiéndole el coño a Ainhoa y ella a Fina.




Esteban frunció el ceño y resopló de nuevo. ¿Cómo podía explicarle las cosas a Mateo para que entrara en razón?
-          A ver cómo te explico esto… Tú y yo nos conocemos desde el instituto, hemos sido buenos amigos desde entonces y tú entraste en la empresa como teleoperador, de comercial y conseguiste que me metieran en la empresa. Ainhoa siempre ha sido nuestra jefa y como eres el mejor comercial que tiene, no para de exigirte más y más. Desde que tuviste el accidente, no ha tenido más que pérdidas y está que trina con Fina y conmigo. No para de echarnos en cara que no somos excelentes, que siempre estamos en el límite y que el día que la caguemos nos va a echar si no cumplimos los mínimos que nos exige.
-          Entonces… ¿Ainhoa no es mi novia?
-          Pero si tú la odias macho. No puedes con ella.




Mateo necesitaba procesar toda aquella información. No estaba siendo nada fácil para él y tenía la cabeza hecha un lío. Por parte de Esteban, lo notaba muy cambiado. Había desaparecido aquella prepotencia y superioridad que tenía siempre y se comportaba con él, por primera vez, como un amigo.




Esteban siguió explicándole a Mateo varias cosas para que lograra sentar la cabeza y recordar lo máximo posible. Sabía que era muy pronto y que no podía exigirle mucho, pero esas acusaciones que le había hecho habían sorprendido a Esteban, ya que él nunca haría nada para hacer daño a su gran amigo.




Una vez que Esteban se fue, Mateo se quedó pensando en todo lo que le estaba pasando. Hasta ayer, tenía novia, el trabajo de sus sueños, vivían sus padres juntos y, pese a tener problemas con Esteban, iba prácticamente bien, pero en un instante descubre una infidelidad de su novia, muere su padre y lo atropellan para despertarse en un hospital y darse cuenta que todo lo que había vivido sólo había ocurrido en su mente.


Su realidad era otra completamente diferente: su madre muerta, su padre muy desmejorado físicamente, sin novia y trabajando de teleoperador… ¿Por qué su mente había creado ese mundo alternativo? No era perfecto pero él era feliz allí… Ahora tendría que apechugar con una cruda realidad que, seguro, se le haría muy cuesta arriba.




CONTINUARÁ…