lunes, 9 de febrero de 2015

Capítulo 17 de Manos Blancas

¡Hola! Feliz semana a todos. ¿Qué tal el finde? Espero que bien jejeje. Espero que os gustara mucho el capítulo del sábado y me imagino que tendréis ganas de saber quién es esa persona que ha entrado en el piso, ¿cierto? Pues no esperéis más porque aquí lo traigo... ¡Hasta pronto!

CAPÍTULO 17

Mitch se levantó y al ver a Leo se abrazó a él.
-        ¡Pero bueno…! ¿Leo?
-        El mismo.
-        Con 20 kilos más por lo menos, ¿no?


Y Mitch estaba en lo cierto. Leo había dado un cambio bestial desde que se había ido con sus padres.


Leo fue hacia Linda para hablar con ella.
-        Linda, ¿qué tal?
-        Dios Leo, ¡menudo cambio! ¿Qué has hecho para estar así?
-        Quitarme de todas esas mierdas que me metía, y aún estoy en proceso de mejora.
-        ¿Y tus rastas? ¿También fuera?
-        También. Quería cambiar totalmente y así lo he hecho. ¿Y tú qué tal?


Linda y Leo hablaban animadamente.
-        Pues yo estoy con la batería, que ya me han llamado de algún sitio para que toque y así estoy              ganando un dinerito.
-        Ah, me alegro mucho, porque tocas genial.
-        Muchas gracias Leo. ¿Vendrás a verme algún día?
-        Tal vez, cuando menos te lo esperes jeje.


Leo quería preguntarle una cosa.
-        ¿Y los amores Linda?
-        He estado con Mitch, porque una noche nos pilló que Igashu se había dormido y Mitch se me              arrimó y comenzó ahí a besarme el hombro y acabamos en la cama.
-        ¿Y con Igashu nada?
-        Que va, yo ya paso porque está más cerrado que una caja fuerte.
-        Bueno, si estás bien con Mitch, puedes formalizarlo.
-        Qué va, yo tal y como estaba contigo. Ahora mismo no me apetece echarme novio ni nada.


Ambos se abrazaron.
-        Ay Linda, sé feliz y me alegra tenerte como amiga y haberte conocido tan bien como lo he hecho.
-        Sí pillín, que eres muy listo jajaja.


Luego Leo se dirigió a donde estaba Igashu.
-        Me alegro de verte compañero. Estás más delgado, ¿eh?
-        ¿Sí? No me he dado cuenta, como me veo todos los días, jajaja.
-        Hombre ya, eso está claro.


Hablando, Leo e Igashu fueron hacia el dormitorio.
-        El que está cambiado eres tú. Apenas te reconozco.
-        Sí, mucho cambio en tan poco tiempo. En cuanto comencé a tener una rutina, comer varias veces        al día y a dejar de comprar pastillas y tampoco tomármelas… Eso sí, ahora necesito café para              mantenerme activo.
-        Ah, normal, así te mantienes a tope. También haz ejercicio, sal a correr, cómprate una bici o algo.
-        Me quiero apuntar a un gimnasio, a ver cómo me va.


Seguían hablando de cosas no demasiado importantes, hasta que Leo sacó un tema que lo estaba martirizando.
-        Igashu, quería pedirte perdón por mi comportamiento del último día que estuve aquí. No sabía por      qué te pusiste así hasta que Mitch me lo contó todo. ¿Por qué no nos dijiste que venías del                    orfanato como Mitch?
-        Porque no me gusta ir diciéndolo por ahí. Además, yo no os conocía de nada y no tenía por qué          contaros mi vida en ese momento.
-        Eres una persona muy desconfiada, ¿te lo han dicho alguna vez? No es bueno ser así con todo el          mundo.


Leo le aconsejaba.
-        Ya, pero es que soy así. Será porque me he criado en un orfanato y luego en un centro de                    internamiento donde han pasado muchas personas y he debido tener cuidado con la forma de              tratarnos a los demás, entonces es normal que desconfíe.
-        Pero si nosotros no te damos motivos para hacerlo, no lo hagas. Es un consejo Igashu, tú haz lo          que veas.


Igashu sonrió.
-        Gracias por el consejo. Yo también espero que tú sigas adelante y salgas de ese mundo en el que        te metiste. Si no llega a ser porque apareció tu madre, hubieras muerto.
-        Casi seguro. Menos mal que tenía a un indio viviendo conmigo en ese momento que me dio la            oportunidad de cruzar esa puerta y no cerrarla.


Leo abrazó a Igashu.
-        Anda, no te me pongas sentimental ahora jaja.
-        Bueno, no es malo tampoco ponerse así de vez en cuando. Ay, me voy, que he venido solamente a      deciros que estoy bien. Me vuelvo a casa otra vez. Espero que nos veamos pronto.
-        Yo también lo deseo.


Por la tarde, Linda se fue al parque con su batería para tocar y así ganar algo de dinero.


Mitch se puso a jugar con Wolf, a cepillarlo y esas cosas.


La tarde caía cuando la ex compañera de clase de Linda se acercó a ella.
-        Linda, ¿qué tal? Me alegra verte por aquí.
-        Igualmente. ¿Cómo te va?
-        Pues bien, te he estado escuchando tocar y no lo haces nada mal. ¿Sabes? Tengo unos contactos a      los que les gustaría escucharte. Tal vez puedas encontrar algo que merezca la pena.


Linda se sorprendió al escuchar esas palabras.
-        ¿Tú crees que a mí me pueden llegar a contratar en algún lado?
-        ¡Claro! Eres buena tocando y deberías estar por lo menos en algunos bares tocando de vez en              cuando, para sacarte un dinerito y tal.
-        Bueno, si lo consigues, dame un toque. ¿Tienes mi número?
-        Sí, lo tengo apuntado. ¡Te llamaré!


Las dos amigas se abrazaron y luego Linda se fue a su casa.


Ya de noche, los tres que quedaban se pusieron a ver la tele mientras charlaban y comentaban la serie.


En un corte publicitario, como eran bastante largos, Linda aprovechó para bañar a Wolf y así no estar quieta frente a la caja tonta.


Al cabo de unos 15 minutos, Igashu llamó a la puerta.
-        Linda, que esto va a empezar.
-        ¿Qué? Pasa, que no te escucho.

Y al entrar, Igashu se encontró a Linda limpiando el wáter con el culo en pompa…


Igashu no pudo evitar mirarle el culo a Linda mientras notaba una leve presión en su pantalón.
-        ¿Qué decías Igashu?
-        Nah, que… esto va a empezar…
-        Vale, ahora voy. Gracias por avisar.
-        De nada,-dijo rápidamente cerrando la puerta-.


Mitch quitó el volumen de la tele para escuchar la conversación. Sí, era un cotilla integral.
-        Igashu, Igashu, que se te ve el plumero…-pensaba para sí-.


Wolf se sentó en el sofá y se puso a ver la tele. Hubo un momento que parecía que la tele iba a fallar porque se quedó la imagen congelada, pero luego todo siguió correctamente.


Mitch, aprovechando que Linda seguía en el baño, habló con Igashu.
-        Igashu, te has puesto palote, ¿verdad?
-        ¿Eing?
-        Sí, con Linda ahora.
-        ¿Qué dices? Anda y déjame ver la serie.
-        Ya, ya…


Después de que terminara la serie, cenaron, pusieron música y se pusieron a bailar.


Linda miraba a Igashu sonriendo. No lo sabía a ciencia cierta, pero cuando ella estaba en el baño y entró Igashu, se sintió observada y no sabía por qué pero lo notó más raro.


¿Estará sintiendo algo Igashu por Linda? ¿Y ella por él?

CONTINUARÁ…

sábado, 7 de febrero de 2015

Capítulo 16 de Manos Blancas

¡Buenas tardes a todos gente! ¿Qué tal lleváis el fin de semana? Como ya os avisé el pasado jueves por Facebook, hoy hay capítulo nuevo así que, ¿a qué estamos esperando? ^_^

CAPÍTULO 16

El hombre comenzó a contarle lo que había pasado con Nodín.
-        Pues después de lo ocurrido, se quedaba en casa, no salía y una noche, fui a llevarle la cena a su          dormitorio y no me abría la puerta, así que imaginando que estaría mal no lo molesté y al día              siguiente, la cena seguía en el mismo sitio donde la había dejado y entrando pude ver que no                estaba. Se había marchado.
-        ¿Así sin más?


El hombre estaba serio.
-        Sí. Lo único que hizo fue dejarme una carta escrita donde me pedía perdón pero necesitaba                  marcharse y desaparecer. No sabía si volvería de nuevo, pero quería empezar de cero.
-        Por lo menos se despidió, de alguna forma.


Igashu pudo notar que el semblante de aquel señor era triste, pero con la lluvia no sabía si estaba llorando o no.
-        Ya lo sé, pero desde entonces no he vuelto a saber nada de él. Lo he intentado buscar pero es              como encontrar una aguja en un pajar.
-        Es muy complicado, lo sé. Sólo espero que algún día podamos encontrarlo, yo a mi padre y usted        a su hijo postizo.


Ambos sonrieron.
-        Me alegra conocer a un descendiente de Nodín. ¿Sabes? Te pareces mucho a tu padre.
-        ¿De verdad?
-        Sí, aunque no eres del todo igual.
-        Me imagino, tendré algo de mi madre seguramente.
-        Puede ser, pero yo a tu madre no la conocí.
-        Ni yo… En fin, me alegra haberlo conocido y que me haya contado todo esto. Ahora ya estoy más      tranquilo.


Igashu volvió otra vez a su casa y ya era de noche cuando entró por la puerta.


Mitch lo miró y le preguntó.
-        ¿Tan pronto estás aquí?
-        Sí. Ha sido rápido.
-        ¿Has averiguado algo?
-        Sí, ya os contaré. Ahora voy a ducharme.


Pero Wolf se interpuso en su camino y quería jugar.
-        Joder macho, ¿no me lo puedes contar ahora?
-        Es largo de contar. Ahora no hay tiempo.
-        Bueno venga. Hasta mañana.
-        Hasta mañana. Que descanséis.


Igashu se fue al baño, se cambió de ropa y se metió en la ducha mientras pensaba en que ya sabía más cosas sobre su familia.


Y seguidamente, se metió en la cama para descansar. Había sido un día bastante agotador.


Mientras tanto, Mitch arrimaba el hombro con Linda. Desde que la había conocido, tenía ganas de estar con ella y no había podido, así que esperaba que ese día fuera el señalado.
-        Hoy estás preciosa Linda.
-        Muchas gracias Mitch. Tú también estás muy guapo.
-        No tanto como tú. Me encanta tu sonrisa. Me tiene enamorado.
-        Mitch… llevo mucho tiempo sin estar con alguien. Si sigues así vas a acabar conmigo.


Mitch le giró la cara haciendo que se mirasen a los ojos y automáticamente, Mitch juntó su boca con la de ella, besándose por primera vez.


Linda entró en calor y abrió su boca un poco más para que las lenguas de ambos jugaran a su antojo.
-        Tengo ganas de ti…
-        Shhh. Cállate Mitch y sígueme.


A la mañana siguiente, Igashu se levantó temprano y se puso a hacer el desayuno cuando escuchó unos ruidos raros.
-        Oh no… Ya estamos de nuevo.


Y efectivamente. En el dormitorio estaban Mitch y Linda afrontando la mañana con positividad y alegría…


Cuando Igashu terminó de cocinar, pegó una voz avisando de que estaba el desayuno y ahí aparecieron los dos con cara de idiotas con una sonrisa que les llenaba la cara. Una vez terminado el desayuno, Igashu rompió el hielo.
-        ¿Os lo habéis pasado bien?


Linda soltó una pequeña risa mientras seguía desayunando.


Mitch en cambio lo dijo claro.
-        Uh sí. No hay nada como empezar el día feliz. Lo ves todo de otra forma. Te lo recomiendo.
-        Sí claro Mitch. Ahora mismo voy,-contestó irónicamente-.


Dos meses más tarde, Igashu se percató de un ruido en el portal.
-        Mitch, ¿has escuchado eso?


Mitch le bajó el volumen a la tele.
-        ¿El qué?
-        Un ruido en el portal.
-        Yo no he escuchado nada.
-        Shhh, escucha.


Justo en ese momento la puerta se abrió y un hombre entró en la casa.


¿Quién será ese hombre?

CONTINUARÁ…