lunes, 9 de enero de 2017

Capítulo 22 de "Cero"

CAPÍTULO 22

El sol comenzó a hacer su aparición cuando Gloria se acercó a la puerta del cuarto de su hija y pudo entrar.
-          Hija, ¿podemos hablar?
-          Sí, pero espera que me cambie y ahora hablamos.


Jessica se cambió y avisó a su madre para que entrara de nuevo.
-          Dime, ¿qué quieres?
-          Hija, perdóname por ocultarte todo lo de tu padre. Eras un bebé y no sabía cómo contártelo porque no lo entenderías, así que preferí mentirte porque era lo más sencillo.
-          ¿Por qué fuiste tan cobarde?
-          Pues por miedo a que ocurriera esto que pasó ayer. Por eso te mentí. ¿Me perdonas?


Jessica abrazó a su madre sonriendo de oreja a oreja.
-          Sí mamá, te perdono.
-          Gracias, muchas gracias.
-          Pero prométeme que a partir de ahora, no me mentirás nunca más, ¿trato hecho?
-          Trato hecho.


El claxon del bus sonó y Gloria acompañó a su hija hasta la puerta mientras Jessica se entraba.
-          Hasta luego Jessica. ¡Pórtate bien y atiende!


Esa mañana Tim se levantó algo más tarde porque hoy le tocaba turno de tarde en el trabajo, así que cogió una bolsa, metió ropa dentro y se fue de casa.


Se montó en el coche con un destino marcado y que tenía en mente.


Aparcó el coche, se bajó de él y entró en el hospital. Hoy sacaría a Naim de allí.


Tim entró con energía en la habitación.
-          ¡Buenos días Naim! ¿Cómo has dormido?
-          Muy bien. Ya estoy totalmente recuperado. El médico me ha dicho…
-          Acabo de hablar con tu médico. Ya tienes el alta.
-          ¿Ya? ¿Cómo lo has conseguido?


Naim se incorporó de la cama mientras Tim seguía hablando.
-          Es un viejo conocido mío que hacía tiempo que no veía y me comentó que era tu médico, así que me ha dicho que ya estabas totalmente recuperado y que con tiempo seguramente recuperarás la memoria.
-          Muchísimas gracias Tim. ¿Cómo te lo puedo agradecer?


Tim lo miró a los ojos.
-          Pues poniéndote la ropa que te he traído. Es mía, así que espero que te quede bien, aunque tú eres más ancho de espalda que yo.
-          Vale, a ver si me queda la ropa.
-          Venga, aquí la tienes. Yo me salgo para que tengas intimidad.
-          Ahora salgo, no tardo.


Apenas unos tres minutos después Naim salió de la habitación. Parecía otra persona completamente distinta.
-          ¡Ay va! Veo que te queda genial Naim.
-          Algo estrecha la camisa, pero está bien.
-          Venga, vámonos de aquí que seguro que querrás salir a la calle.


Ambos salieron del hospital respirando hondo. Subieron al coche de Tim y se fueron a casa.


Cuando llegaron a casa, aparcaron y se dirigieron a la puerta para entrar.
-          Bienvenido a casa Naim.
-          ¿Aquí vivo yo?
-          Aquí vives tú con Gloria y yo vivo en la casa de al lado.
-          Ala, entonces estaremos bien cerca.
-          Por supuesto jeje. ¿Entramos?


Ambos entraron y ya ahí Tim fue explicándole poco a poco las cosas de la casa, las manías que tenía Gloria para que se fuera acostumbrando, etc.


Subieron al piso de arriba y entraron en el cuarto de Jessica.
-          ¿Este es el cuarto de mi hija?
-          Sí.
-          ¿Cuántos años tiene? No me acuerdo…
-          Pues tiene 7 años.
-          Dios, me he perdido toda su infancia… No puedo parar de pensarlo.
-          No te mortifiques que tú no tienes la culpa de nada. Aprovecha ahora que la tienes.


Luego y para terminar pasaron por la habitación de Naim donde dormirían Gloria y él a partir de ese momento.


Tim salió de la habitación seguido de Naim.
-          Eh Naim, se me acaba de ocurrir algo. ¿Le damos una sorpresa a Gloria?
-          ¿Qué piensas hacer?
-          Ella no sabe que te he sacado del hospital, así que ¿por qué no vamos a hacerle una visita?
-          Buena idea. Se va a quedar de piedra.


Naim se llevaba muy bien con Tim.
-          Espero que al jefe no le moleste nuestra visita.
-          Naim, ella y yo trabajamos en un negocio familiar. Vendemos coches de todo tipo.
-          ¿Coches de segunda mano?
-          Exactamente.
-          Ah, entonces perfecto.
-          Bueno, vámonos entonces.


Cogieron otra vez el coche y se fueron hacia el concesionario de coches. En apenas unos 5 minutos habían llegado.


Cuando entró Naim, Gloria miraba hacia otra parte, entonces escuchó la campana de entrada y saludó.
-          Buenos días, bienvenido a… ¡Naim!


Gloria salió de detrás del mostrador y abrazó con fuerza a Naim.
-          Pero… ¿qué haces aquí?
-          El doctor me ha dado el alta. ¿Te alegras de verme?
-          ¿Tú qué crees tonto?


Naim y Gloria dejaron de abrazarse y se miraron con sonrisas en la cara.
-          ¿Has venido en el coche de Tim?
-          Sí, no me acordaba de esto.
-          Bueno, pues a partir de ahora no dependerás de él. Escoge un coche de los que están aquí, te lo regalo.


Naim abrió la boca sorprendido. No se lo podía creer, pero de todas formas se puso a mirar los coches que había allí. En cuanto vio el Opel lo tenía decidido.
-          Me quedo con este.


Gloria y Naim volvieron a quedarse mirándose a los ojos totalmente en silencio hasta que Tim rompió el momento mágico.
-          Parejita, iros a casa que ya me quedo yo.
-          Pero Tim,-dijo Gloria-, tu turno no ha empezado.
-          ¿Y qué? Iros antes de que me arrepienta.


Gloria y Naim se fueron de allí y cuando llegaron a casa se sentaron en el sofá.
-          Recuperemos el tiempo perdido…


Gloria pasó su brazo por detrás del cuello de Naim y él se dejó hacer.


Ella cada vez se acercaba más. Ponía su cabeza en el hombro de Naim, lo miraba y cuando fue a besarlo…
-          Perdona Gloria, pero yo todavía no me siento preparado…
-          Oh, no pasa nada. Lo siento.
-          No, perdóname a mí pero es que necesito tiempo.
-          Todo el que quieras cariño.
-          Gracias.


De repente, el sonido del bus escolar puso en alerta a Gloria. Tenía que avisar a su hija de que su “padre” estaba en casa.
-          Hola Jessica, ¿qué tal las clases?
-          Muy bien… ¿Te pasa algo?
-          Verás… papá ha vuelto a casa, pero…


Jessica no escuchó a su madre y salió corriendo hacia el interior de la casa.


Al verlo ahí de pie, tan imponente se paró en seco. Lo miró seria y sin saber qué hacer. Por su parte, Naim estaba viendo a su “hija” según le habían hecho creer por primera vez.


Segundos más tarde, la pequeña se acercó a Naim y lo abrazó.
-          Te echaba de menos papá y también echaba de menos decir la palabra papá…


CONTINUARÁ…