viernes, 22 de marzo de 2013

Capítulo 2: Espera, ¿oyes eso?

Pues ya estoy de vuelta con nuestra visita semanal a esta historia. He de deciros que tal vez el domingo o el lunes traiga una sorpresa porque, como pocos sabéis, colaboro en una revista del foro de ActualidadSims y el cuarto número sale este domingo.
En fin, aquí os dejo el siguiente capítulo. ¡Un saludo a todos!

CAPÍTULO 2: ESPERA, ¿OYES ESO?

Tom: Bueno, hasta aquí la historia de hoy. Ya no más. Que esto se pone peligroso.


Paula: No, por favor, sigue. No nos dejes así.


Tommy: ¡Abuelo sigue! Porfaaaaa...


Roberto: Venga papá, no te hagas de rogar. Termina la historia ya que estás.

T: Bueno vale, pero después no quiero saber nada de lo que os pase, ¿ok?



Tras las palabras del "amiguito", me asusté un poco, la verdad, pero por una vez en mi vida, fui claro y conciso.

T: Mira Cliff, aquí estamos en la cárcel por cosas que hemos hecho, punto, si no ahora mismo estaríamos en la calle. No quiero problemas, así que déjame en paz de una vez. Dame una oportunidad. Acabo de llegar.
Cliff: No debiste decir eso.



De repente Cliff se me abalanzó y empezó a pegarme, pero por suerte, yo soy experto en escapar de los que me perseguían. No era la primera vez que me pegaban, pero esa es otra historia...


En ese momento, apareció el teniente y nos gritó algo, que, sinceramente, no entendí. 


Tras un rato de pelea, conseguí, por primera vez en mi vida, ganar una. No me lo podía creer, pero no debían darse cuenta de que estaba feliz por ganar una dichosa peleíta. Lo importante era aparentar ser un tipo duro.

T: La próxima vez ten cuidado con lo que dices, payaso.



Teniente Olson: Cliff, tú te vas a venir conmigo. No vas a ver la luz en muuucho tiempo. Te has ganado pasarte una semanita en la celda de aislamiento.

C: Vivimos en celdas de aislamiento...
O: Lo sé, por eso te vas a pasar ahí una semanita, sin salir.
C: Cabr*n.
O: Perdona, ¿has dicho algo?
C: No...



O: Tira para adentro, escoria.


Nada más irse el teniente con Cliff, los otros dos personajes se levantaron y se vinieron para mí con caras de pocos amigos, la verdad sea dicha.


En ese momento, no sabía si quedarme y aparentar algo que claramente no era o salir corriendo...


... Y obviamente opté por la segunda opción, era mucho más segura.


Al: Será cobarde... No entiendo cómo ha podido tumbar a Cliff.
Djo: Ya sabes que Cliff es un bocazas y siempre le pierden sus maneras. Hay que ser prudente.

A: Bueno, ya sabemos de este tonto que por mucho que esté aquí es un cagado. Si ha matado a alguien habrá sido sin querer. No hay nada que temer.
D: Ya, bueno, sigamos a lo nuestro.



5 minutos más tarde apareció el teniente y nos llamó para entrar dentro. Había terminado la hora del recreo.


En ese momento, todos entramos en fila hacia el interior. Cada uno se fue hacia su celda.
Djo a la suya.


Al se fue a la suya.


Y yo que iba el último entré en la mía.


Nada más entrar, me tumbé y me puse a pensar que esa misma mañana no me imaginaba ni en sueños que iba a acabar en la prisión, rodeado de gente peligrosa y lo más importante: siendo inocente... No me acuerdo en qué momento me dormí, pero lo hice. Había sido un día muy largo.


Un año más tarde, por supuesto, seguía en la cárcel. Todas las semanas nos daban un periódico para saber qué era lo que pasaba en el exterior. Normalmente lo leía yo, ya que Cliff apenas sabía leer, muy poco, Djo directamente no sabía y Al se había criado en la calle. Nos enteramos de que había terminado una guerra civil en España, un tío había tomado el control o algo así. Sin embargo, ese año 39 sería decisivo en mi vida y en el de millones de personas. ¿Por qué? Ese año comenzaba la Segunda Guerra Mundial. Tras el ataque de Pearl Harbor, el Gobierno de los EE.UU. pidió más reclutas por la masacre que hubo de soldados pertenecientes a nuestro ejército. Los primeros que fuimos allí éramos nosotros. En ese momento, las riñas no existían, todos éramos amigos y nos tratábamos como una piña. La situación que nos encontramos tras tanto tiempo encerrados fue... entristecedor.

  
Los aviones sobrevolaban continuamente la zona y se escuchaba la ametralladora disparando sin parar.



Las ciudades no eran ciudades, todo estaba en ruinas, la gente estaba tirada en el suelo, desmembrada, llena de sangre. Las familias rotas, las ciudades enfrentadas, la gente... MUERTA. Nunca he estado en el infierno, pero, para mi, la guerra es lo más parecido que hay.


Sólo se veían soldados de un lado para otro, armados hasta los dientes, pero, ¿para qué? Yo te mato a tí y tú me matas a mi. ¿Por qué? ¿Acaso tienes algo en contra mía? ¿Tengo algo en contra tuya? La maldita sociedad nos empuja a hacer cosas que no debemos, pero, ¿qué pasa si te opones? Fácil: te fusilan y ponen a otro en tu lugar, como si fuéramos máquinas, sin sentimientos, sin familia ni amigos. En la guerra, somos cosas. Tenlo claro.


Trampas, escondites, tanques, un arsenal de creatividad utilizado para la guerra. Si toda esta creatividad se utilizara para el bien...


A mi junto con mis compañeros nos mandaron a preparan una emboscada. Como hacíamos siempre, removíamos la tierra y nos escondíamos para que no nos vieran y así triunfar en nuestra ofensiva.


Cada uno de nosotros estábamos en un punto estratégico, y nos ponían de dos en dos. 


Nuestro ejército había ido reclutando a presos que se nos unieran a nosotros, pero por ahora, sólo quedábamos los "peores", es decir, los de la prisión de exclusión. A mi, Djo me enseñó a disparar y nos hicimos buenos amigos.

Pero, para mi sorpresa, uno de los presos nuevos que había me resultaba vágamente familiar...



Desde la cima del monte, estaba un famoso general para ver cómo actuábamos. Éramos famosos por ser uno de los ejércitos más sanguinarios, aunque eso no iba por mí, estaba claro.


De compañero me asignaron al nuevo. Yo sabía que lo había visto en otro lado, pero no sabía dónde.
T: Hola, ¿tú también eres un reo?

¿?: Sí tío.
T: ¿Y qué hiciste para estar aquí?
¿?: Asesinar a alguien...



En ese mismo instante, recordé de qué lo conocía. Era el tío que había matado al hombre del bar y por su culpa, estaba metido en la cárcel.

T: Espera, yo te conozco. Tú eres el tipo que mató al hombre del bar, ¿verdad?
¿?: Ahhh, y tú eres el que estaba en la acera de enfrente, ¿no?
T: Sí, y por tu culpa me metieron en la cárcel.
¿?: ¿Mi culpa? Mira chaval, yo no te obligué a que entraras en el bar. Si entraste es porque TÚ quisiste. A mi no me eches la culpa. 




T: Tendrás poca vergüenza... Encima tienes la cara de decirme delante mío que tú no tienes la culpa.

¿?: Bueno, tengo la culpa de matarlo, sí, pero no tengo la culpa de que a tí te entrara la curiosidad y te entrometieras en esos asuntos. Además, estamos ahora en guerra, somos compañeros y por la cuenta que nos trae, más vale que nos llevemos bien. Mi nombre es Anatoli, ¿y el tuyo?
T: Me llamo Tom. 
A: Encantado y perdona por los problemas que te he podido ocasionar tras ese incidente. No era mi intención que cargaras con las culpas.
T: Bueno, ya da igual, no vamos a salir vivos de esta...
A: No digas eso. Ya verás que conmigo nos salvaremos el cuello.



T: Espera, espera un momento. 
A: ¿Qué?
T: Cállate.
A: ...
T: ¿Oyes eso?


A: Pues no. ¿Qué es lo que supuestamente tengo que escuchar?
T: Es una especie de zumbido... ¡¡¡¡CUIDADO!!!!



CONTINUARÁ...