viernes, 11 de octubre de 2013

FINAL Pobre Rico

¡Buenas tardes queridos amigos! Hoy vengo a poneros el final de "Pobre Rico" (ohhhhh), pero no pasa nada, porque a partir de ahora quiero traeros algunas creaciones que he hecho y comenzaré a preparar la siguiente historia que quiero compartir con vosotros, a ver si os gusta más.
Por lo pronto no hay más novedades, así que nos vemos muy pronto, con una creación mía en este blog, por lo que... ¡ESTAD ATENTOS! Muchos besos simmers.

CAPÍTULO 23: EN FAMILIA

Año 2023: Carlos tiene 33 años y está felizmente casado con Carmen con la que tiene un hijo llamado Ricardo, de 9 años. Por su parte, Carlos trabaja de presentador de las noticias de las 3 en un canal nacional. Tras varios ascensos logró llegar hasta ese ansiado puesto... 
- Me encanta cómo está escribiendo mi biografía Alberto. Ese chico va a llegar lejos,- comentó Carlos para sus adentros mientras leía la biografía que le estaba preparando su compañero de trabajo-.


En eso estaba cuando se abrió la puerta de golpe...
- ¡Papá! Me ha pasado hoy en el cole una cosa alucinante.
- ¿Qué te ha ocurrido?- preguntó Carlos-.
- Me han puesto un sobresaliente en mi examen de Inglés.
- Sure?
- Of course. My english is very good,- respondió el pequeño Richy con un perfecto acento-.


Carlos se levantó de la silla dejando el libro encima del escritorio para ir a abrazar a su hijo.
- Me alegro mucho Ricardo...
- Gracias papi. 
- Jejeje.
- ¿De qué te ríes papi?- preguntó Richy interesado-.
- De nada hijo, cuando seas mayor lo entenderás.
- Jo, siempre igual. Quiero ser mayor como tú.
- Oh, no. Ya te arrepentirás de esto que acabas de decir cuando lo seas.


Richy, el hijo de Carlos tenía 9 años y era un niño muy feliz. Físicamente, tenía la constitución de su padre, el color del pelo de él, pero los ojos de su madre.


Y Carlos, bueno, ya lo sabéis... Era un padre de familia contento y orgulloso de ella. Echando la vista atrás, no se hubiera imaginado ni en sueños lo que le iba a suceder en su vida.
- Tiene gracia,- pensó Carlos-, todavía me resulta raro que el "papi" sea yo... Qué orgulloso me siento de él. Si Oscar y Aurora levantaran la cabeza estarían orgullosos de mí...
En ese momento, a Carlos se le escapó una lagrima que rodó por su mejilla hasta precipitar en el suelo.
- ¿Qué te pasa papi?
- Nada, no te preocupes. ¿Sabes si la cena está lista?
- No.
- Ve a ver, anda.
- Voy papá.


Mientras tanto, la "abuela Mari" preparaba unos perritos calientes riquísimos. Esta, estaba casada con Juan y tenía un hijo de 10 años con él. ¿Su profesión? Pintora. Siempre quiso serlo y en dos semanas tenía una exposición en el museo de la ciudad, una gran oportunidad de darse a conocer.


Con ella cocinando andaba Carmen, la esposa de Carlos, que también estaba haciendo unos perritos para la cena. Carmen era muy feliz junto con su amado, el cual la mimaba y le consentía todo, aunque ella también a él, ya que se había hecho cantante y tenía un gran reconocimiento a nivel local.
- Carmen,-habló Mari-, ¿y Laura?
- Pues arriba jugando al billar.
- ¿Puedes ir arriba a avisarla? Es que estoy con los perritos y no quiero que se me quemen.
- No te preocupes. Voy ahora mismo.


Oh, Laura, la pequeña Laura. Laurita, como le llamaban cariñosamente, tenía ya 14 años y estaba hecha toda una mujercita. Estaba estudiando secundaria y sacaba muy buenas notas, al igual que su sobrino Richy. Ella fue la que le ayudó con el inglés. Laura, vivía con su madre, su padrastro Juan y con su medio hermano Max en casa de Juan. Sí, ya la habéis visto vosotros antes. La casa donde fue Mari a hablar con Juan, ¿recordáis?


Como su hermano en sus tiempos de rebeldía, estaba hecha toda una ligona, todos los chicos de la zona iban detrás de ella, pero ella pasaba. Lo que quería era sacarse sus estudios. Igualito que su hermano con su edad... Sin embargo, y aunque fuera feliz en su casa, tenía una espinita clavada. ¿Cual? Su padre biológico, Paco, seguía en la cárcel 16 años después de que lo encerraran. ¿Mucho tiempo? Tras dos intentos de fuga y varias peleas con otros presos le aumentaron la pena. Por eso, su hija fue a verlo y ¿os imágináis lo que hizo? Pensad en el trato a Carlos y tendréis la respuesta.
- Cariño,-dijo Carmen a Laura-, ¿y tu hermano y Juan?
- Creo que están abajo jugando a la pelota,-respondió Laura-.
- Es que está la cena casi lista y era para avisaros de que os vayáis yendo para el jardín.
- Ok, yo los aviso.


¿Juan? :blink: No parece él... Seguro que estos son algunos de vuestros pensamientos en este momento al ver a Juan. Como veis, se cortó el pelo y se, por así decirlo, formalizó un poco. La vida de casado es lo que tiene. Con 53 años, estaba hecho todo un experto de la cría y cuidado de caballos, que era a lo que se dedicaba. Los mejores se los quedaba y los utilizaba para las carreras y, con ello, ganaba más dinero que simplemente con la cría y cuidado.
- Venga hijo, devuélveme la pelota,-dijo Juan-.


Y por último está Maximo, o Max como le llamaban. Con 10 años era el pricipito de su casa y con el que había que tener especial cuidado porque como alguien no estuviera atento, se iba a las cuadras con los caballos. Será genética, pero resulta que tiene hasta los mismos gestos que su padre. Aparte de estar con los caballos, lo que más le gusta es estar con su sobrino Richy, ya que son casi de la misma edad. Sólo le separan 4 meses.
- Toma papá, ahí la tienes.
- Venga, lánzamela un poco más fuerte.
- ¿Seguro?
- Claro. Yo la cojo.
- ¡Toma!


- Chicos, la cena estáaAAAAAAAAAHHHHHHHH,- gritó Laura-. ¡Max! Yo te mato. ¿A dónde miras cuando lanzas el balón?
- Oh, Laura, ¿estás bien?-preguntó Juan acercándose a ella.
- Sí... Me duele la cabeza un poco.
- Bueno, es normal. Te has dado un buen golpe.
- Ya, es que Max no mira...-dijo levantando el tono de voz para que su hermano lo escuchara perfectamente-.
- Max, ven aquí,-habló Juan llamando a su hijo-.
- ¿Qué?
- ¿Vas a tener más cuidado con la pelota?
- Sí, pero yo no tengo la culpa...
- ¿Ah no? ¿Entonces quién la tiene?-preguntó Laura-.
- Papá me dijo que la lanzara más fuerte y no controlé y sin querer te dio a ti...
- Papá, de verdad que...-dijo Laura refiriéndose a Juan-.
- Jeje, ups. Perdóname.
- Yo te perdono, la que no lo va a hacer es mamá como no vayamos ya.
- Es verdad, venga.


Todos se sentaron en la mesa y comenzaron a comer mientras charlaban de sus cosas animadamente. Y con esta cena, estando la familia toda unida, las familias De la Torre y Gutiérrez siguieron con sus vidas y fueron felices por siempre.