martes, 8 de octubre de 2013

Capítulo 22: A flote

¡Buenas tardes gente! Disculpad por no haber publicado capítulo este viernes pero tuve un imprevisto y me tuve que ir de viaje, así que aquí os pongo este capítulo que es el penúltimo, por lo que ya el ÚLTIMO capítulo será este viernes, esta vez sí que sí gente. Prometo no fallaros.
No os entretengo más y aquí lo dejo. Disfrutad mucho y ¡pasadlo genial!

CAPÍTULO 22: A FLOTE

Tras pasar toda la noche juntos, se despertaron tarde, se miraron y se levantaron finalmente.
- Estás preciosa Mari,-dijo Juan en voz bajita-.
- No seas exagerado...
- Lo digo en serio. Me gustas mucho.
- Y tú a mi también, Juan. Hay algo entre tú y yo que...
- No se puede explicar. Es pasión y... ¿amor? Estoy muy confuso. Es algo nuevo que nunca he sentido.
- Oh, muchas gracias.
- No, gracias a tí,-respondió Juan-, porque me has abierto el corazón y has dejado que vuelva a entrar el amor en él. Por eso...
- ¿Si?
- ¿Te gustaría seguir saliendo conmigo?
- ¿Como pareja?
- Si así lo deseas también...


- Por supuesto cariño. No me quiero separar de tí. 
- Pues entonces bésame Mari,- acertó a decir Juan acercándose a la boca de Mari-.


Cuando se separaron, Juan miró al reloj y de repente, se le cambió la cara.
- Dios, Mari, la he cagado pero bien.
- ¿Qué te pasa?
- Mi hija estará preocupada por mi. Al final ayer no la llamé... Dios mío, pobrecilla.
- Juan, no te preocupes, tu hija es mayorcita y sabe cuidarse. Además, tu eres un adulto y puedes hacer lo que quieras.
- Ya, pero si me pregunta, ¿qué le cuento?
- ¿Te fuiste de fiesta?
- Ella sabe que no me gusta salir...
- Ni idea, dile que has estado en algun sitio que te guste mucho.
- Bueno, me voy ya y por el camino lo pienso.


 Shh, he escuchado algo,-susurró Mari-.
- Mamá, ¿estás?-gritó Carlos desde el piso inferior-.
- Joder, lo que faltaba...-pensó Juan soltando la mano del picaporte-.
- ¡Mamá!
- Dime hijo.
- Necesito hablar contigo, ¿estás en el cuarto?
- Sí pero ahora no puedo hablar.
- Sólo será un momento.
- Ehmmm... estoy desnuda...
- ¿Te vas a preocupar por eso? No es la primera vez que te veo así.


- Joder, Mari, ¿qué hago?
- Escóndete en el balcón.
- ¿En dónde?
- Que te vayas para allá.
- ¿Mamá? ¿Me decías algo?-preguntó Carlos, escuchándose la voz cada vez más cerca-.


- ¡Ah!-gritó Mari-.
- Ojú mamá cuánto ocultismo hay aquí... ¿Pasa algo?
- No hijo, simplemente que no sabía que ibas a abrir tan bruscamente.
- Jeje, lo siento.
- Bueno, ¿qué querías decirme?
- Ah, pues que vengo de la universidad y que me han mandado otro trabajo de investigación. ¿Alguna idea?
- Nada de meterse en problemas muchachito, que te conozco.
- ¿Te vas a quejar del 10 que me pusieron en ese trabajo?
- De lo que me quejo es de tu secuestro y de los días que estuve tan preocupada por ti.


- Vale, no me meteré en líos...
- ¿Me lo prometes?
- Que sí...
- Prométemelo.
- Yo, Carlos de la Torre Aragón prometo a mi madre, Mari López, que no me voy a meter en líos donde ponga mi seguridad en peligro.
- Así me gusta. Ahora vete al despacho a buscar ideas, a ver si encuentras alguna.


Los dos salieron del cuarto, y Mari vio alejarse a su hijo por el pasillo mientras que, con el corazón en un puño, pensaba en Juan.


Juan apareció de repente detrás de ella y la besó con pasión.
- He vuelto a mi juventud haciendo este tipo de travesuras,-comentó Juan-.
- Sí, pero esta vez nuestros hijos no lo deben de descubrir...
- Aún...
- Sí pero...


- ¡Mamá!
- ¡Fuera!-dijo Mari a Juan, dándole un empujón hacia la derecha-.
- Mamá que... Te veo muy acalorada, ¿te pasa algo? ¿Estás mal?
- No, de verdad. Dime, ¿qué es lo que quieres?
- No me acuerdo de la contraseña...
- ¿Y para eso me llamas? La contraseña es contraseña. Más fácil no puede ser.
- Ah, es verdad jaja. Menuda cabeza...
- Venga, ahora a trabajar.
- Sí, hija, ya me voy. Joder...


Los tortolitos bajaron hacia el piso inferior de puntillas y sin hacer mucho ruido. Ya en el portal, se abrazaron y se dedicaron miradas enamoradas.
- Te quiero...-dijo Juan sincero.
- Y yo... :rolleyes: 


Ya habiéndose ido Juan, Mari se acercó al despacho.
- Cariño...
- Mamá ahora no puedo hablar, estoy concentrado.
- Ahora que puedo yo hablar me dice que está concentrado, manda cojones,-pensó Mari-.


Juan había estado hablando a escondidas con Mari y quedaron en que él le contaría la verdad a su hija para que se reconciliaran Carlos con ella. Una noche, Carmen se había ido a dar un paseo sola.


Su padre, como conocía el sitio, se presentó allí unos 10 minutos más tarde.
- Hola Carmen.
- Ah, ¿qué haces aquí papá?
- He venido a hablar contigo.
- Tu dirás.


- Veras,-empezó Juan-, últimamente te he visto distinta a como estabas antes. ¿Es por Carlos?
- Pues sí, me dolió mucho que no me comentara nada de que estaba viviendo con esa chica y que encima, había tenido una niña con ella.
- ¿Has llegado a pensar que te estás equivocando?
- ¿Viste a la pequeñaja? Es el vivo retrato de su padre. Y sí, lo pensé, pero viendo cómo es la hija...
- ¿Y si es hija de la chica y no es de él?
- Pero si tiene sus ojos verdes.


- Pero hay muchos ojos verdes iguales.
- Y qué casualidad que va a dar con una chica que tiene una hija con los ojos iguales a los suyos... Venga papá. Además, no se por qué te ha dado ahora porque me reconcilie con Carlos. Me mintió.
- No te mintió, te lo ocultó.
- Peor todavía. Después de 2 años de relación ¿no tenía confianza conmigo? No me lo creo...
- Se que estás dolida y es bueno que estés así.


- ¿Que es bueno estar dolida? Papá, ¿has fumado cachimba?
- Nena, te estoy hablando en serio.
- Pues a ver, ¿por qué es bueno que esté dolida?
- Porque significa que lo querías y que lo sigues queriendo.
- Son dos años de relación, y quieras que no, lo amo.
- Más a mi favor. El amor lo cura todo. 
- Pero soy muy rencorosa y esto tardaré en olvidarlo.


- Mira que eres cabezota. 
- A quién me pareceré...
- No me lances indirecta que no sirven. Sabes perfectamente que yo no soy como tú.
- ¿Entonces por qué estás empeñado a que vuelva con Carlos? Ni que te hubieras hecho amiguito de el... ¿O lo has hecho?
- No, pero me pongo a pensar y no le hemos dado ni una sola oportunidad y todo el mundo se merece, al menos, una explicación.
- Papá, PA SO.


- Mira Carmen, te voy a dejar las cosas claras. Carlos no es ningún mentiroso y es un buen chico, lo que ha pasado ha sido todo un malentendido.
- ¿Y tú cómo lo sabes?
- Pues porque he hablado con su madre.
- Jajaja, definitivamente has fumado porros. ¿Has hablado con su madre bajo la tumba? No me puedo creer que hayas encontrado el número del cielo. A ver pásamelo que hable con mamá.


Juan se puso más serio aún al escuchar esta última frase.
- Oh, perdón papá. No lo quería decir en serio. Lo siento muchísimo.
- Hija, puedo ser muchas cosas. La primera de ellas cabezota, como tú dices, pero siempre he intentado ser respetuoso con la gente, aunque he cometido fallos como hace un tiempo cuando la famosa cena en casa de Carlos, ¿te acuerdas?
- Como para olvidarla... pero ¿a qué viene toda esta charla?
- Viene a que necesitas un toque de atención y que te bajes del trono al que te has subido. No te reconozco...
- Papá...
- Estoy hablando, ¿te he dado permiso para hablar? ¿No verdad? Pues ahora escúchame.
- Vale...
- He hablado con la madre de Carlos y, para tu sorpresa no, no es la difunta Aurora su madre, ni su padre era Oscar y su hermano tampoco era Ricardo. Carlos es adoptado.
- ¿Cómo que...? No lo entiendo.
- Sus padres biológicos no se sintieron preparados para mantenerlo, aparte de que eran muy jóvenes y ambos dejaron a Carlos, siendo un recién nacido, en la puerta de la casa de Oscar y Aurora.
- Joder...
- ¿Te parece esto fuerte? Pues a Carlos lo has acusado injústamente y a la chica con la que vive porque esta chica de la que te hablo, no es una cualquiera, es su MADRE.


- Pero si es casi de su edad, no puede ser.
- Pues sí, porque esta chica tuvo a Carlos con 16 años.
- ¿Entonces la niña?
- Hermana de Carlos. Por eso el gran parecido entre los dos.
- Papá, ¿de verdad no me mientes?
- ¿Acaso te mentiría para jugar con tus sentimientos?
- No... Joder, ahora me siento fatal.
- La solución es simple. Vayamos a casa y te la cuento.


A la mañana siguiente, Carmen se levantó, desayunó y se fue dispuesta a hablar con Carlos. Como era sábado, sabía que estaría en casa.
- Carmen, ¿estás preparada? Adelante-,se dijo a sí misma-.


Llamó al porterillo y sin responder nadie, le abrieron la puerta directamente. Al entrar, se encontró de frente con Mari, la cual había hablado minutos antes con Juan y le había puesto al tanto de todo.


Se miraron durante casi un minuto sin mediar palabra. La mirada de Mari transmitía amabilidad, cercanía. La de Carmen, inseguridad.


Sin embargo, Carmen empezó a avanzar y finalmente se abrazó a Mari.
- Lo siento mucho.
- No es nada. Te comprendo perfectamente.
- Ya pero... 
- Shh,-la interrumpió Mari-, ahora no necesitas hablar conmigo. De eso ya habrá tiempo. Carlos está en la piscina.
- Muchas gracias, de verdad.


Carmen salió por la puerta que daba al jardín y avanzó con paso firme y seguro. Ahora era capaz de poder mirar a los ojos a Carlos, su amor. 
Cuando se puso a la vista de él, este la miró y enseguida se puso en pie.


- Carmen, ¿cómo tú por aquí? Menuda sorpresa.
- Carlos... vengo a pedirte perdón.
- ¿Perdon? No lo entiendo.
- Sí. He sido una estúpida y no me merezco estar con un chico tan bueno como tú. No quise escucharte y ahora me arrepiento mil veces por no haberlo hecho. ¿Por qué no me contaste la verdad?
- ¿La verdad? Me resultaba muy chocante y demasiado fuerte para hacerlo y justo la noche en que decido contartelo...
- Voy y la cago. Típico en mí.


- Pero es normal tu reacción. Yo hubiera hecho lo mismo.
- ¿Seguro? Yo no lo creo.
- Bueno, lo importante es que ahora estás aquí. Eso significa que...
- ¿Lo retomamos donde lo dejamos?
- ¿Me lo dices en serio?
- No, mira, esto es una cámara oculta y es una broma para "Levántate y Cárdenas" de EuropaFM. ¿En serio me lo preguntas?


- Es que no me lo creo... Oh, te quiero mi amor.
- Yo también te quiero. Perdóname por todo el daño que te he causado.
- Ya no importa. Ahora me siento completo.


La pareja se abrazó por fin pero no estaban solos... En el primer piso, otra pareja los observaba.
- Llegó la hora. ¿Estás preparada Mari?-preguntó Juan-.
- Más que nunca.


Carlos y Carmen estaban abrazados y besándose cuando al separarse, Carlos vio algo que le rompió todos los esquemas.
- Ehhhh... Carmen...
- ¿Sí? ¿Qué pasa? Te has quedado blanco.
- Date la vuelta. 
- ¿Para qué?
- Que lo hagas coño.


La sorpresa de ambos era mayúscula. Era tal que Carmen no se lo podía creer y Carlos miraba a su madre y a Juan alternativamente.
- Papá,-dijo Carmen-, ¿esto qué es?
- ¿No ha quedado lo suficientemente claro?
- Es que...-Carlos habló-, nos parece algo muy fuerte. ¿Estáis juntos?
- Sí, y no querré más a un hombre como a tu padre,-dijo Mari dirigiéndose a Carmen-.
- Ahora lo entiendo todo. Por eso tú sabías la historia de Carlos cuando hablamos anoche en la playa, ¿verdad?
- Claro. Por eso...
- A ver, a ver,-interrumpió Carlos-, ¿alguien me explica de qué va todo esto?
Todos se rieron al unísono y Mari contestó a su hijo.
- Entremos dentro y hablaremos todo con más tranquilidad.



CONTINUARÁ...