miércoles, 13 de abril de 2016

Capítulo 4 de "Cero"

¡Muy buenas a todos! Sé que el lunes tocaba capítulo pero esta semana parece que se me ha juntado todas las cosas que hacer a la vez y apenas he tenido tiempo de nada.

Lo que sí voy a deciros es que he pensado que con esta historia, voy a subir capítulo los lunes, miércoles y viernes, ya que es muy larga y no quiero que se haga muy pesada.

Y sin más dilación, os dejo con el capítulo de hoy, el desenlace del caso de la chica asesinada.

CAPÍTULO 4

La policía se había marchado de allí y podía entrar perfectamente, así que bajó las escaleras para poder comer algo y descansar.


Pero eso no fue posible… Su hermano Jim lo esperaba pistola en mano.
-          Pero… Jim, ¿qué haces?
-          ¿Qué hago? Lo que debería haber hecho hace ya mucho tiempo.
-          ¿De qué me estás hablando?
-          Ahora no te hagas el idiota que te sale muy bien. ¿Te crees que no sabía que te acostabas con la hija de puta de mi novia?


Don miró a su hermano… No sabía cómo pero se había enterado.
-          Te lo puedo explicar Jim, pero baja el arma.
-          ¡No pienso bajar el puto arma! ¿Por qué me habéis hecho esto? ¿Qué os he hecho yo?
-          Jim, pasó un día cuando tú saliste de fiesta con tus amigos y yo llegué de trabajar, creyendo que eras tú me besó en la oscuridad y cuando nos fuimos a dar cuenta, ya era demasiado tarde…
-          ¿Y tienes la cara de decírmelo así tan frescamente?


Jim miraba a su hermano con odio.
-          Jim, me has preguntado el por qué, yo te estoy contestando. Todo fue un malentendido.
-          ¿Y por qué os seguisteis acostando después?
-          ¡¿Yo?! No me he acostado con ella nada más que esa vez.
-          ¡¡NO ME MIENTAS!!
-          No te miento, podrías habérselo preguntado a ella.
-          Me precipité matándola, ¿vale? Aunque se lo tenía merecido la muy zorra.
-          Ten un poco de respeto por los muertos hermano…
-          ¡Que me hubiera tenido respeto ella! Estaba más usada que un clínex.


Don, aprovechando que su hermano no estaba muy atento cuando se comenzó a quejar, marcó el 112 dejando que sonara para que escucharan a Jim gritando.


En ese mismo instante, en la comisaría, Bianca se creía que le estaban gastando una broma.
-          ¿Hola? Hola… ¿hay alguien?-decía Bianca-.
-          Jim, baja el arma…
-          ¡No pienso bajarla gilipollas!


La llamada se cortó y Bianca miró el número que lo había llamado y por los nombres que se habían escuchado… sospechó de que no se trataba de una broma, sino de algo más gordo.


Yendo a la zona de trabajo de Scott y Naim, Bianca los avisó.
-          Chicos, creo que hay un problema. Acabo de recibir la llamada de alguien que no hablaba, pero se ha escuchado una voz diciendo a un tal Jim que bajara el arma. Creo que es Don el que nos ha llamado.
-          Vamos para allá. Aprisa Naim.


Rápidamente se fueron hacia el lugar de los hechos. Sabían que estaban ahí, sólo esperaban que no hubieran llegado demasiado tarde…


Don estaba muy asustado. Cada vez su hermano estaba más agresivo y cogía con más fuerza el arma.
-          Jim por favor, piensa las cosas.
-          ¿Que piense las cosas? ¿Pensaste tú las cosas cuando te follaste a esa zorra?
-          Jim, fue un puto accidente.
-          Oh, si esto va a ser un accidente también… Resulta que el seguro no estaba echado y creyendo que lo estaba, la cogiste y se te disparó… una terrible pérdida.
-          ¿Serás capaz de matar a tu propio hermano?


Don intentaba por todos los medios hacer que su hermano dejara el arma y no lo matara.
-          Ponme a prueba, a ver si soy capaz de matarte…
-          Si me matas, descubrirán que me has matado tú y ya relacionarán las dos muertes por un crimen pasional.
-          ¿Ahora eres el hermano listo?
-          Viéndote a ti…
-          Don, querido hermanito, no estás en posición de ponerte valiente. ¿Sabes que en cualquier momento te puedo hacer explotar la cabeza con un simple movimiento? Haría, puf y se acabó.


Pero en ese momento bajaron Scott y Naim con sus armas en la mano.
-          ¡Alto policía! ¡Baje el arma ahora mismo!-gritaron-.
-          Hombre, mi querido amigo Scott…-dijo irónicamente Jim-. ¿Qué te trae por aquí?
-          Jim, deja el arma. No compliques más las cosas…
-          ¡Él las complicó! Si mi puto hermano no se hubiera acostado con la zorra de mi novia, nada de esto hubiera pasado. ¡Yo la quería!
-          Pero la mataste…-dijo Naim-.
-          ¡Se lo merecía! Eso no se le hace a un novio.
-          Y lo que tú hiciste no se le hace a una novia,-continuó Naim-.


Naim estaba serio y mantenía el arma firme. Hacía tiempo que no conseguía tener el pulso tan estable.
-          ¡Hice lo que debía!-gritó Jim-.
-          No, lo que hiciste fue de cobarde. En lugar de sentarte y hablar con tu novia y dejar las cosas claras cogiste la calle del medio, el camino fácil, la mataste y te hiciste pasar por víctima.
-          ¡Soy una víctima!
-          Mientes de nuevo… Eres un cobarde, incapaz de afrontar los problemas como un hombre.
-          Cállate… Calla… ¡Que te calles!


Scott miró a Naim y le guiñó un ojo para que lo dejara hablar a él.
-          Jim, todavía estás a tiempo. No es tarde para ti. Deja el arma y todo saldrá bien. Te prometo que le diremos al juez que no opusiste resistencia, todo esto quedará aquí entre nosotros, ¿de acuerdo?
-          Promesas fáciles de hacer, fáciles de romper…
-          El que no nos está facilitando las cosas eres tú Jim, el tiempo se acaba.


Jim no movía un solo músculo de su cuerpo. Estaba inmóvil apuntado a su hermano.
-          El tiempo ya se ha acabado aquí. Hace unas horas para mi “querida” novia y ahora para mi hermano.
-          Si haces eso, nosotros no podremos hacer nada por ti. Serás condenado a muerte y nosotros no te podremos ayudar, en cambio si ahora dejas el arma sí podremos interceder.
-          Eso es imposible.
-          No lo sabrás hasta que no lo compruebes por ti mismo.


Naim veía que las palabras de su compañero Scott no hacían mella ni tampoco lograba que desistiera. La situación se estaba complicando a pasos agigantados.
-          Jim, escucha a Scott. Él te puede ayudar. No te miente.
-          ¿Y cómo sé que tú no me estás mintiendo también?
-          Confía en nosotros.
-          No pienso confiar más en nadie. Confié en mi novia y mi hermano y ¿cómo me lo pagaron? Se acostaron juntos vete a saber cuántas veces a mis espaldas. No pienso creer ni una sola palabra que salga de vuestra boca. Ahora mataré a mi hermano y luego me suicidaré.


Scott estaba cansado del comportamiento de Jim y quiso ponerlo a prueba a ver si así reaccionaba.
-          ¿Lo ves? Vuelves a ser un cobarde. Suicidarte para quitarte problemas del medio en lugar de afrontarlos como un hombre adulto.
-          No soy ningún cobarde.
-          ¿Ah no? Demuéstranoslo. Deja el arma y afronta que asesinaste a tu novia, cumple la condena como un valiente, como un hombre que sabe afrontar los problemas. Si matas a tu hermano, no tendrás una segunda oportunidad, morirás igualmente y no podrás seguir paseando por la calle, viendo el atardecer en la playa, tumbarte y que te dé el aire en la cara…


Don se agachó y ahí Jim se puso más nervioso.
-          ¡No te muevas coño!
-          Jim, baja el arma por favor. Somos hermanos…


De repente, Jim dejó de apuntar a su hermano y quitó su expresión de odio.
-          Vale, me entregaré. La venganza es más dulce cuanto más se haga sufrir a la otra persona, así que iré a la cárcel, de acuerdo. Pero cuando salga… Don, más vale que no te encuentre…


Jim miraba desafiante a los policías que seguían apuntándolo ante la posibilidad de que Jim estuviera haciendo eso para suicidarse y quitarse del medio.


Finalmente, Jim tiró el arma y se dejó esposar sin dejar de mirar a su hermano. Era una amenaza hacia Don y esas declaraciones la tendrían en cuenta a la hora del juicio de Jim.


Scott puso el coche en marcha y fue hasta el calabozo donde más tarde se lo llevarían a la cárcel.


Cuando llegaron por fin a la comisaría, el turno de noche había terminado y todos estaban deseando irse a casa.
-          Naim, hemos pensado Bianca y yo en que esta noche salgamos por ahí un rato a tomarnos algo, ¿qué te parece?
-          Estoy cansado. No me apetece hacer nada. Ahora me voy a casa pero gracias por la invitación.


Y así fue, eran las 6 de la mañana cuando Naim se pudo meter en la cama a dormir.


Pero el despertador sonó al momento de cerrar los ojos, miró la hora y habían pasado 4 horas. No quería que el sueño se le trastornara, por lo que haría cosas por la mañana para que a la noche pudiera dormir sin ningún tipo de problema.


Se levantó y cogió el periódico que recogía en portada, la noticia del asesinato de Jim. “Un hombre es detenido tras asesinar brutalmente a su pareja


Naim se puso a leer la noticia y había partes en las que se reía.
-          De verdad, me río por no llorar. ¿Cómo se pueden inventar estos periodistas tantas cosas y quedarse tan panchos?


CONTINUARÁ…