lunes, 2 de febrero de 2015

Capítulo 14 de Manos Blancas

¡Muy buenas a todos! Hoy estamos que tiramos la casa por la ventana jajajaja. No sólo creo que me ha salido bien el examen de hoy, sino que ya he terminado de estudiar para el de mañana y me lo sé.
Y encima, como os he dicho antes, JPelirrojo y su novia RoEnLaRed me contestaron a una carta que les envié...
Y con este recargue de energía tan bueno, os dejo con el siguiente capítulo de Manos Blancas. Espero que os guste y nos vemos muy pronto, ya sabéis amigos, nunca dejéis de sonreír ;)

CAPÍTULO 14

Habían pasado seis meses y el otoño se había apalancado en Woonsocket aunque todavía no hacía mucho frío.


Igashu está ya mucho más acostumbrado a la casa y a sus costumbres, así que ya había normalizado todos los comportamientos que se daban.


Se había quedado un poco más delgado y la ropa le quedaba más ancha. Eso de no tener nadie que supervise es…


Mitch había mejorado con el paso del tiempo. Se había dejado el pelo un poco más largo y también algo de barba.


Linda había mejorado muchísimo con la batería y a Mitch le encantaba ponerse a escucharla. Era de las mejores que había escuchado.


Y también, el que escuchaba a Linda pero más de vez en cuando era Leo, que estaba bastante desaparecido.


Leo estaba esquelético. Había perdido muchísimos kilos y solo vivía a base de alcohol y drogas prácticamente. Lo malo era que un día saliera de casa y no volviera más por su estado anímico…


Tenía los músculos marcados, pero era el resultado de tener sólo pellejo y huesos. No quedaba ni bonito ni estético.


A media mañana, Linda tenía que ir a un evento donde era la invitada de honor. Debía hacer un mini-concierto junto con otros artistas para la inauguración de una sala de fiestas.


Mientras tanto, Leo, tumbado en su cama miraba la luz de la bombilla. Estaba colocado y se quedaba muchas veces mirando a un punto muerto. Si seguía así iba a acabar muy mal.


A todo eso, Mitch jugueteaba con Wolf y pasaban el rato.


Pero lo que más le gustaba a Wolf era que le acariciaran la tripa, y siempre lo estaba pidiendo.


Igashu se asomó a la ventana para ver lo fuerte que caía la lluvia cuando vio a una mujer mayor empapándose en la calle.
-        Ey Mitch, abajo hay una señora con la que está cayendo.
-        ¿Sí? Joder, pobre mujer.


Igashu salió de la casa y se sentó en las escaleras que subían al piso superior para pensar en lo que iba a hacer. Quería buscar trabajo, pero no sabía si lo iban a coger en algún sitio con esas pintas… Y en eso estaba cuando la mujer apareció subiendo las escaleras.


La mujer iba lenta, utilizando un bastón sencillo de madera.


Igashu se levantó y se fue hacia ella.
-        Perdone señora.
-        Ay, qué susto.
-        Lo siento señora, no tiene por qué asustarse.


La mujer se volvió y miró a Igashu.
-        ¿Qué es lo que busca?
-        Estoy buscando a mi hijo Leonardo.
-        ¿A Leo? ¿Es usted su…?
-        Madre, soy su madre.
-        Yo soy Igashu, un compañero de piso de su hijo.
-        Un placer conocerle joven. ¿Podría decirle a mi hijo que estoy aquí?
-        ¿Por qué no entra y se lo dice usted misma?
-        Preferiría que no, si es posible.
-        Como quiera. Un momento.


Igashu entró y se encontró a Leo viendo la tele.
-        Ey, tienes visita.
-        ¿Yo?
-        No, Leonardo…-dijo Igashu haciendo que Leo lo mirara muy serio sabiendo a quien se refería-.
-        Dile que se marche.
-        Pero…
-        Que se vaya Igashu.


En eso que la puerta se abrió entrando la madre de Leo.
-        Hijo, sé razonable. Quiero hablar contigo.
-        No quiero saber nada de vosotros.
-        Por favor… no seas así.
-        Escucha a tu madre, coño,-intervino Igashu-, haz el favor.


Leo miró a un lado mientras que su madre lo observaba.
-        Vete para fuera, voy a cambiarme y ahora salgo.


Unos minutos después, Leo se encontraba con su madre fuera de la casa.
-        ¿Qué haces aquí? Cuando me echasteis de casa papá me dejó muy claro que no quería saber nada        de mí y tú lo apoyaste.
-        Hijo, tu padre está muy mal. Está ingresado porque se cayó y se ha roto la cadera y ahora tiene los      pulmones encharcados. Puede que no salga de esta.


Leo se quedó pensativo unos segundos, pero luego reaccionó.
-        Y yo he estado muy mal desde que me echasteis de casa. Me he tenido que buscar la vida, estoy          de okupa en este bloque y en cualquier momento puede aparecer la policía y llevarme a la cárcel y      ahora que él está mal, ¿qué quiere de mí?
-        Leonardo, tu padre quiere pedirte perdón. Está muy débil y no quiere irse sin despedirse de ti. Eres      su único hijo.


La madre de Leo se notaba preocupada.
-        Hijo, los dos sabemos que nos hemos equivocado y por eso queremos solucionar las cosas. Deja          de ser tan orgulloso y vuelve a casa.
-        Si soy orgulloso es por papá. Él es igual.
-        Pero si me ha mandado a mí a buscarte es porque ha dejado de serlo.
-        Una persona no cambia de la noche a la mañana.


Linda subió las escaleras y al ver a Leo hablando con una señora no quiso interrumpir y entró en casa sin hacer demasiado ruido.


Pero antes de que llegara Linda, Igashu tenía muchas preguntas sin respuesta. Se preguntaba dónde estarían sus padres, si tendría más familia. ¿Sabrían que él existía?


Y cuando Linda entró, se encontró a Igashu pensando en todo eso.
-        ¡Hola! ¿Te pasa algo?
-        No nada, pensando…
-        Ah bueno, ¿y esa mujer de fuera que está hablando con Leo?
-        Su madre.
-        ¿Esa es su madre? Ala, nunca la había visto ni había oído hablar de ella. ¿Qué hace aquí?
-        Ni idea…
-        ¿Y a ti qué te pasa?


Igashu se levantó y comenzó a hablar con Linda.
-        Pues que me pregunto dónde estará mi familia. Según me dijeron, mi madre me abandonó en el          orfanato cuando tenía yo dos semanas y nunca he sabido nada de ellos.
-        ¿No has tenido nunca noticias de ellos ni se han intentado poner en contacto contigo?
-        No. Lo único que sé es que mi padre es un Lakota como yo y posiblemente viviera o viva todavía        en la reserva y no sepa nada de mí o pase… no lo sé.
-        ¿Y por qué no vuelves a la reserva e investigas? Ahora eres un adulto y puedes hacerlo.
-        Sí, tienes razón… ¡Muchas gracias Linda!-dijo Igashu abrazándose a ella-.


Parece que Igashu va a buscar a su familia, ¿conseguirá encontrarlos?

CONTINUARÁ…