martes, 21 de octubre de 2014

Capítulo 38 de R.I.F.

¡Buenas tardes a todos! Otro día más estamos aquí para subir el ÚLTIMO capítulo de esta historia. El capítulo que subiré mañana es el epílogo, es decir, lo que pasa tiempo después del final de la historia para que, de esta forma, el final no sea tan abierto.
Daros las gracias a todos por el apoyo diario, por leer los capítulos y por la espera de este verano... Sin vosotros nada de esto sería posible. Muchísimas gracias a todos. Que disfrutéis de este último capítulo de R.I.F.

CAPÍTULO 38

Fernando colgó el teléfono directamente.
-        ¿Quién era?-preguntó Claire-.
-        Tenemos que irnos. No estamos seguros aquí.
-        ¿Era el rubio?
-        Sí. Hay que irse.


Fernando y Claire se dirigieron a la puerta.
-        Sentimos tener que irnos así, pero no quiero implicaros en nada.
-        No te preocupes,-contestó Stacy a Fernando-. Tened muchísimo cuidado.


Claire estaba saliendo por la puerta cuando vio que Fernando no se movía.
-        ¿No vienes?
-        Espérame fuera, que quiero hablar con ellos a solas.
-        Vale, te espero.
-        No creo que os vuelva a ver,-dijo Fernando cuando Claire había salido-.


El matrimonio frunció el ceño.
-        No digas eso porque vais a salir de esta,-dijo Hugh-.
-        Si lo digo por eso. Verás, en mi trabajo he creado una máquina.
-        ¿Qué tipo de máquina?
-        Una del tiempo. ¡Y funciona!
-        ¿La has probado?
-        Con personas no, pero con objetos sí ha funcionado.


Hugh y Stacy estaban un poco descolocados.
-        Solo te digo, Fernando, que tengas mucho cuidado. Si funciona y no te volvemos a ver… decirte que ha sido un placer cuidarte en tu adolescencia, que seas fuerte y afrontes tus sueños.
-        Vosotros para mí habéis sido unos padres… Cuidad de Paul porque se merece ser feliz con unos padres tan buenos como vosotros.


Hugh no pudo evitar darle un abrazo a Fernando.
-        Te quiero… Yo también te considero un hijo para mí.
-        Yo también te quiero.


Stacy también abrazó a Fernando.
-        Mi niño… Ten mucho cuidado cariño.
-        Lo tendré, no te preocupes.
-        Sí lo hago… Te quiero mucho.
-        Y yo también… mamá.


Fernando subió arriba a despedirse de su “sobrino” pero ya estaba dormido.
-        Sueña y que luego esos sueños se hagan realidad. Sé feliz Paul.


Fernando salió de la casa y Claire seguía esperándolo.
-        Siento haber tardado tanto, ¿lista?
-        Sí, ¿a dónde vamos?
-        A casa.


Fernando conducía el coche cuando temprano, sobre las 6 de la mañana recibió una llamada del móvil.
-        Claire, cógelo tú que yo estoy conduciendo.
-        ¿Diga? Soy Claire, una amiga de él, no se pone porque está conduciendo. Sí, yo se lo digo, aha… De acuerdo. Adiós.
-        ¿Quién era?
-        Tu jefe, me ha dicho que te dijera que se ha quedado toda la noche despierto preparando todo y que ya está listo R.I.F.
-        ¿De verdad? Uhhh, este tío es un genio.
-        ¿Qué coño es R.I.F.?
-        Ahora lo verás.


Llegaron a la empresa y estaba todo cerrado. Era domingo y no había nadie, por lo que Fernando abrió la puerta y luego lo cerró todo de nuevo. Más tarde entró en el despacho de su jefe.
-        Claire, ve a vigilar por si viene el rubio, que yo tengo que dejarle un mensaje a mi jefe en el portátil.


Mientras tanto, Patrick recibía una llamada.
-        ¿Sí? Entendido. Gracias por la información, voy para allá.


Patrick había recibido una llamada que desconocemos pero que le reveló el paradero de Fernando y Claire, así que se dirigió hacia allí.
-        No puedo esperar a que me vean y yo grite: ¡Sorpresa!


Fernando salió del despacho y llamó a Claire.
-        ¡¿Pero qué cojones es esto Fernando?!
-        Esto, querida Claire, es R.I.F.
-        ¿Y qué se supone que es?
-        Una máquina del tiempo.
-        ¿Te estás quedando conmigo?
-        ¿Tengo pinta de bromear?


Claire, desconcertada, prefirió cambiar de tema.
-        Me voy a vigilar, a ver si viene este o no.
-        Vale, ten cuidado.


Fernando se puso a mirar si la máquina estaba a punto. Parecía que su jefe había dejado todo preparado.


Patrick ya estaba frente al laboratorio donde se encontraban Claire y Fernando.
-        La venganza se acerca...


Claire entró corriendo en la sala.
-        Fernando, ¡está aquí! Lo he visto intentando entrar.
-        ¿Ya está aquí? Hay que darse prisa.


Fernando dejó lo que estaba haciendo.
-        Claire, la máquina está a punto, tienes que entrar e irte de aquí.
-        No puedo irme sin ti.
-        No te preocupes por mí, yo voy detrás de ti, pero tengo que cerciorarme de que todo salga bien.


Claire no estaba de acuerdo.
-        Entremos los dos juntos.
-        Claire, la máquina es individual, tenemos que entrar de uno en uno. No te preocupes que yo voy a estar bien.
-        ¿Dónde voy a acabar?
-        La máquina está programada a un año y época determinada. En cuanto salgas, no te muevas de allí, ¿entendido?
-        Vale, pero tú…


Fernando estaba ya desesperado ante la insistencia de Claire.
-        ¡No te preocupes por mí!
-        No puedo parar de pensar en que si te pasa algo…
-        ¡¡Cállate ya y entra en la máquina!!-dijo Fernando besándola en la boca impulsivamente-.


Fernando pulsó un botón y la puerta de la máquina se abrió, así que Claire, colocándose delante, entró en la máquina.
-        ¡Te espero! ¡Ten mucho cuidado!


La máquina se cerró y Claire comenzó a escuchar unos ruidos extraños, como si fuera hubiera una tormenta, se escuchaban truenos y en mitad de eso, la puerta se abrió y Claire salió de allí lo más rápido que pudo.


Una vez fuera, la máquina dejó de sonar y se paró.
-        Dios, qué susto he pasado… ¿Dónde estoy? O mejor dicho… ¿cuándo?


Claire apenas se alejó unos 10 metros de la máquina, observó un coche antiguo.
-        Me da a mí que ya sé la época en la que estamos…


Mientras tanto, en el presente, Fernando se alegraba porque la máquina funcionaba. ¡Era un auténtico genio!


De repente, un ruido se escuchó en la recepción. Patrick había abierto la puerta y avanzaba hacia la sala donde estaba R.I.F.


Unos golpes muy fuertes en la puerta hicieron que Fernando se sobresaltara.
-        Abre, no te vas a escapar maldito hijo de puta.
-        Que te crees tú eso.
-        Tarde o temprano conseguiré abrir la puerta y no te podrás escapar. Primero iré a por ti y luego a por toda tu familia y amigos.


A Fernando se le vino a la cabeza la imagen de su padre. No iba a volver a verlo más y ni siquiera se había despedido…
-        ¿Papá? No sé si estás ocupado pero esto que te tengo que decir es muy importante.
-        Dime hijo, ¿qué ocurre?
-        En el trabajo, ¿te acuerdas? He conseguido inventar algo que revolucionará el mundo. ¡He inventado la máquina del tiempo!
-        ¿De verdad hijo?
-        De verdad, lo malo es que un hombre del gobierno me persigue y voy a tener que huir con la máquina y lo más seguro es que no te vuelva a ver en lo que me queda de vida.
-        Hijo, no puedo volver a perderte de nuevo…
-        Papá, sé feliz con Eleonor, ella te quiere y yo también. Piensa que en alguna parte del espacio-tiempo hay alguien que se acuerda de ti todos los días.
-        Hijo… te quiero mucho…
-        Y yo a ti, y yo a ti papá. Hasta siempre.


Fernando colgó el teléfono y lo estrelló contra el suelo para que no funcionara más por si Patrick entraba, para que no consiguiera el número de su padre. Pulsando un botón de la máquina, le dio a retorno, haciendo que la máquina se auto programara a la fecha de su última utilización.


Las puertas se abrieron y Fernando, echándole valor, le hizo un corte de manga a Patrick que todavía intentaba forzar la puerta y entró en la máquina.


Patrick no podía más, iba a estallar de la ira.
-        ¡¡NOOOOOOO!!


La máquina comenzó a hacer los mismos ruidos y Claire volvió corriendo para ver quién aparecía.
-        Como sea el rubio… No sabré dónde meterme.


La puerta se abrió pero no salía nadie cuando de repente, una mano se cogió al borde y la cabeza de Fernando comenzó a asomar.


Había una fuerza que lo arrastraba hacia dentro, como si no quisieran que estuviera en este tiempo…


Pero finalmente las horas de ejercicio en la universidad habían hecho acto de presencia y pudo salir de allí a tiempo antes de que la máquina se cerrara y lo cortara por la mitad.


Claire salió corriendo hacia él y lo abrazó.
-        Creí que no volvería a verte nunca más Fernando.
-        Shhh, tranquila sólo han pasado 5 minutos… Bueno, en realidad…
-        Fernando, ¿en qué año estamos?
-        En 1955.
-        ¿Sabes? No me importa haber desaparecido y estar perdida en 1955 porque estoy contigo y me siento a salvo a tu lado.
-        ¿Qué me quieres decir?


Claire estaba visiblemente nerviosa.
-        En estos minutos esperando a que aparecieras, me he dado realmente cuenta de que te necesitaba a mi lado, de que eres muy importante para mí, de que… te quiero.
-        ¿De verdad me quieres?
-        Desde el primer momento, pero mis ojos no dejaban ver lo que había más allá porque la sombra de Roger se interponía en nuestro camino, pero ahora… ¿quién nos impide que estemos juntos?
-        Te quiero Claire Bagans,-dijo Fernando besándole como Dios manda-.


Pero esto no había acabado… Patrick acababa de conseguir entrar en la sala y como había observado a Fernando, le dio al botón de retorno para encontrarse con ellos.


Justo en el momento cuando se estaban separando, comenzaron a escuchar la máquina.
-        Oh no, debe ser el rubio…-dijo Claire-.
-        ¡Rápido! Ayúdame a tirarla al agua. ¿Sabes cuánto tiempo tarda en abrirse las puertas?
-        Unos 2 minutos.
-        Entonces no hay tiempo que perder.


Comenzaron a empujar la máquina hacia la orilla, pero pesaba mucho.
-        Vamos, empuja fuerte Claire.
-        Eso intento… ¿Qué pasará cuando metamos a la máquina en el agua?
-        Esta máquina ha aparecido porque la del presente la hemos puesto en funcionamiento, así que, me imagino que si estropeamos esta, a la otra le ocurrirá igual.
-        Esperemos que sí.


Al final consiguieron que la máquina entrara en el agua y comenzara a hundirse, pero… ¿lo habían hecho a tiempo?
-        Está… ¿saliendo humo?
-        Sí, ¡va a explotar! ¡Corre!


Tres meses más tarde, Fernando conducía tranquilamente por las calles de la antigua Nueva York y vestido como un hombre de la época.


Claire lo acompañaba para ir a misa como todos los domingos y así pasaban el día junto a unos amigos que habían hecho.


Tenían planes de boda, Claire y Fernando habían creado un negocio de compra-venta de mobiliario de todo tipo… En definitiva: ¡eran felices!