sábado, 18 de octubre de 2014

Capítulo 35 de R.I.F.

¡Hola! Buenos días a todos. ¿Cómo estáis pasando el fin de semana? Espero que muy bien, que estéis descansando y disfrutando muchísimo jejeje.
Aquí vengo con otro capítulo donde las cosas siguen empeorando... La recta final está llegando y este momento es crucial en la historia. No me entretengo más y os dejo con el capítulo de hoy. ¡Hasta mañana!

CAPÍTULO 35

Mientras Roger tenía su estupenda sesión de sexo matutina, Fernando se preparaba para la reunión con los del gobierno, así que se vistió con un traje y se largó al trabajo.


Llegó saludando a la secretaria y entró directamente en el despacho del director.


Al entrar, se llevó una sorpresa.
-        Coño jefe. ¿Qué se ha hecho?
-        Afeitarme y quitarme el pelo de la cara.
-        Joder, pues menudo cambio.
-        ¿Estoy más guapo?
-        Hombre… está diferente.


Fernando entró al interior del despacho y se abrazó con su jefe.
-        Gracias por dejarme estar en la reunión jefe.
-        Es que debías estar. El proyecto te pertenece así que tú eres el que decide.
-        Ahora solo queda esperar.
-        Un momento, ayúdame a cambiar las sillas de sitio mientras viene.


Al poco rato, llegó el hombre trajeado.
-        Buenos días. Señor Turner, ¿quién tiene el placer de acompañarnos hoy?,-dijo el hombre que acababa de entrar-.
-        Es el señor Rodríguez, creador y jefe de proyecto.
-        ¿Es usted el que tuvo la idea?
-        Efectivamente.
-        Será mejor que nos sentemos,-propuso el jefe-.


Cada uno se sentó en su asiento haciendo que el silencio dominara en ese instante la habitación.


El jefe rompió el hielo comenzando a hablar el primero.
-        Bueno, ¿usted viene de parte del gobierno?
-        Efectivamente. Vengo porque a raíz de unos rumores, nos enteramos de la existencia de este proyecto y la NASA está muy interesada en adquirirlo.
-        ¿Estáis enterados también de que este proyecto nos pertenece?
-        La empresa es suya, si la adquirimos y adherimos a otra empresa científica, todos los proyectos pasarán a nuestro poder, por lo que R.I.F. nos pertenecerá.


El jefe Turner no quería oír nada de comprar la empresa.
-        De eso nada. La empresa es familiar y desde siempre ha pertenecido a mi familia. Ahora el que está al mando soy yo y por mucho que se quiera imponer el gobierno de los EE.UU. no me van a hacer cambiar de opinión. Nosotros con nuestros medios estamos desarrollando este proyecto, así que vosotros con los vuestros que serán infinitamente superiores a los nuestros, podréis construir una.


El hombre enviado por el gobierno pareció ponerse a pensar.
-        Está bien, la empresa es suya y quiere que siga perteneciendo a su familia, se le respeta, pero el proyecto nos lo podría vender. Esa idea es más factible, ¿cierto?


Fernando miró fijamente al del gobierno adivinando por dónde iban a ir los tiros de la conversación.


Y como estaba pensando, el hombre de blanco miró a Fernando.
-        Sr. Rodríguez, el proyecto es suyo, ¿correcto?
-        Correcto, señor…
-        Llámeme Philip.
-        Efectivamente, señor Philip.
-        ¿Por cuánto estaría dispuesto a vender R.I.F.?
-        R.I.F. no se vende.
-        No está siendo razonable Sr. Rodríguez.


Fernando era tajante con sus respuestas. Sabía que no quería vender su proyecto a nadie y menos sin saber lo que harían con él luego.
-        Me es indiferente no escuchar ninguna propuesta. Conozco mis gustos y mis metas y lo que quiero es poder terminar R.I.F., hacerle pruebas y si funciona realmente, comercializarla al mejor postor.
-        Esa idea es una ridiculez. Si usted nos vendiera su proyecto, podríamos investigar los grandes misterios de la historia. ¿Cómo se extinguieron los dinosaurios? ¿Cuál era la apariencia exacta de nuestros antepasados los homínidos? La resurrección de Jesucristo, ¿realidad o ficción?
-        Todo eso es muy interesante pero ya le he dicho y le volveré a repetir las veces que haga falta que R.I.F. no está en venta. Lo siento mucho.


Aquel tal Philip, nombre falso pero que había facilitado para que se le pudiera llamar de alguna forma, estaba muy serio. No le gustaba la actitud de Fernando y su tozudez era mayor cada vez que escuchaba una negativa por parte de nuestro protagonista.


Pero Philip no se rendía, y en su afán por conseguir lo que quería, hacía ofertas astronómicas.
-        Le doy cinco mil billones de dólares por su proyecto si me lo vende ahora mismo.
-        Es mucho dinero…-contestó Fernando-, pero yo sacaría más vendiendo máquinas. Rechazo su oferta.
-        Se va a arrepentir de esto. Es una gran oferta que nadie rechazaría. Le advierto que se lamentará en el futuro.
-        Puede, pero mi decisión está tomada.
-        Dentro de unos meses, volveré. Espero que haya tenido tiempo para reconsiderar mi oferta.


Todos se levantaron de sus asientos en completo silencio. La situación no era precisamente sencilla en aquel momento.


El jefe Turner miraba a Philip sin llegar a comprender de dónde iba a sacar tanto dinero. No se fiaba; podría ser todo fuera un fraude y entregara un cheque sin fondo. Por suerte Fernando era bastante sensato y no se dejaba comprar tan fácilmente.


Fernando le dedicaba una mirada dura a aquel hombre que se había interpuesto en el camino hacia el éxito. No pensaba vender R.I.F. a nadie aunque la suma de dinero fuera astronómica.


Y aquel hombre, que ocultaba su mirada tras unas gafas de sol para parecer más misterioso. ¿Qué pretendía el gobierno americano?


Mientras tanto y al margen de todo esto, a las afueras del ayuntamiento…
-        Roger, ¿entonces tu padre está ya bien?
-        Sí, no te preocupes. Me ha dado saludos para ti.
-        Qué detalle por su parte. Como no me avisaste ni nada, entiéndeme que me enfadara contigo de esa manera.
-        No quise despertarte. Me levanté en cuanto me llamaron por teléfono y no pensé en otra cosa que coger el coche e irme en busca de mi padre.
-        Bueno, pues ahora vámonos a casa, comemos y nos dormimos la siesta juntos, ¿te parece?
-        Siempre y cuando a la noche vayamos a cenar juntos.
-        Trato hecho.


Un par de horas más tarde Claire se quedó dormida en el sofá antes de que le diera tiempo de llegar a la cama justo en el momento donde recibió una llamada del hombre misterioso para que se fuera al punto para recoger el dinero.


Justo cuando llegó no vio ninguna bolsa o mochila a la vista, pero escuchó un ruido proveniente de su izquierda y Roger, se aproximó un poco.
-        ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?


Roger siguió escuchando el mismo ruido hasta que, doblando la esquina, se encontró con un hombre al que no conocía.
-        Me alegro de verte Roger,-dijo Philip-.
-        Tú eres el de las llamadas… ¿Qué quieres ahora?
-        Eres una persona directa, me gusta tu estilo.


Roger miraba serio al hombre que le había estado llamando durante meses para que se infiltrara en la empresa donde estaban construyendo la máquina del tiempo, justo el lugar donde trabaja un amigo de su novia.
-        ¿Qué es lo que quieres?


Philip sonrió.
-        Conoces a Fernando Rodríguez, ¿cierto?
-        Sí, es el a… administrador del proyecto. ¿Por qué me pregunta por él?-Roger supo salir de la situación en la que había estado a punto de meterse cuando casi dice que era amigo de su novia-.
-        Me está molestando mucho. Te pagaré el doble de lo establecido si te deshaces de él.
-        ¿Quiere que lo mate?
-        Cuanto antes mejor. De aquí a 3 horas lo quiero ver muerto. Sabes que te llamaré, así que comienza con tu cometido.


Roger sin decir una palabra más se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida, pero su cara no era de satisfacción precisamente.
-        Yo podré ser un espía, un detective, pero lo que nunca seré es asesino,-pensaba fastidiado-.


En esto que Fernando estaba echado sobre la cama descansando un poco cuando a la media hora, escuchó un ruido que le sobresaltó e hizo que se despertara e incorporara un poco de la posición en la que se encontraba.


Y efectivamente, Roger estaba en la casa de Fernando sin saber lo que hacer. Sabía que si hacía lo que este hombre le había mandado, lo tendría cogido para siempre, pero si no mataba a Fernando, podría que tomase represalias contra él mismo.


Pero la presión era demasiada y Roger salió corriendo antes de que Fernando o alguien lo viera rondando por ahí.


Sin embargo, lo que Roger desconocía es que Philip, este hombre misterioso lo vigilaba…
-        Sabía que no podría acabar con Fernando.


Roger sentía una presión muy fuerte en el pecho. Estaba nervioso y necesitaba relajarse al máximo y sabía que la única que lo había conseguido hasta la fecha era Lulú, así que fue a su casa.


Philip, atento a todos los movimientos de Roger, fue hacia su domicilio y esperó a que Claire saliera ya que sabía que había quedado con su novio esa noche.


Acercándose a ella, comenzó a interpretar su papel.
-        Disculpe señorita, ¿es usted la novia de Roger?
-        Sí, ¿quién es usted?
-        Verá, es que su novio acaba de reencontrarse con una vieja amiga de la infancia, mi pareja, y os ha invitado a nuestra casa a cenar.
-        Ah, ¿y por qué no me lo ha dicho él por WhatsApp?
-        Se le ha quedado sin batería, por eso me he ofrecido a avisarla.
-        Por favor, llámame Claire.
-        Estupendo, ¿me acompañas?


Philip era un estupendo actor, así que Claire no sospechó absolutamente nada. Cuando llegaron al destino, la casa era la de Lulú, pero Claire no sabía de la existencia de ella ni de la supuesta pareja de Philip.
-        Oh, qué casa más bonita.
-        Muchas gracias. Acabamos de comprarla a su antigua dueña.


Philip sacó una llave maestra y abrió sin problemas el portón principal.
-        Claire, entra en la casa, la puerta está abierta, que yo mientras tanto voy a coger el correo.
-        De acuerdo, ahora nos vemos.


Philip se dio media vuelta con una leve sonrisa.
-        Objetivo 1 cumplido: Roger paga la consecuencia de no cumplir mis órdenes. Objetivo 2: Acabar con Fernando Rodríguez.


A todo esto, Fernando chateaba con Hugh y Stacy por Skype. Hacía ya muchísimos meses que no se veían, pero gracias a la cámara del portátil podían seguir en contacto.


Llamaron a la puerta, por lo que Fernando se desconectó y fue a ver quién era la persona que llamaba.


Fernando avanzaba por el salón hasta llegar a la puerta que tenía cerrada con llave. Giró la llave hasta que el cerrojo se abrió y comenzó a abrir la puerta…


CONTINUARÁ…