martes, 7 de octubre de 2014

Capítulo 25 de R.I.F.

¡Holaaaaaa! ¿Qué tal amigos? Espero que vuestro día esté yendo de fábula y que tengáis un ratito libre para poder leer el capítulo de hoy ya que es crucial en esta historia.
El capítulo anterior también fue importante por un aspecto que, si sois observadores, habréis notado y que en este capítulo se vuelve a repetir. Y hasta ahí puedo leer. Nos vemos mañana en otro capítulo. ¡Hasta pronto!

CAPÍTULO 25

Fernando ya había terminado la carrera y estaba a la espera de las notas, por lo que se dedicaba a lo que quería. Una de esas cosas era hacer ejercicio.


Tras 2 horas, Fernando estaba reventado. No podía con su cuerpo, así que lo dejó y se fue a ducharse.


Tras la ducha se vistió y se fue a la cafetería, donde había quedado con su profesor para hablar con él.
-        ¡Hola profesor!
-        ¡Buenas Fernando! ¿Qué era eso que me querías comentar?
-        Pues mire, resulta que he analizado ya varias veces trozos de una roca y los resultados han salido diciendo que hay algo anómalo y no lo entiendo.


El profesor se interesó más aún en la conversación.
-        ¿Qué sale exactamente en los resultados?
-        Dice que esa roca tiene una composición de un material que todavía no se sabe.
-        Uh, ¿estás seguro Fernando?
-        Totalmente. Le he traído una muestra para que usted la analice, por si yo me he equivocado en algo.
-        Si me fío de ti, de todas maneras le echaré un vistazo.


Fernando sonrió.
-        ¡Muchas gracias profesor!
-        Puede ser que hayas encontrado algo muy importante, ¿eh? Si al final descubro que tienes razón, si no te importa me gustaría hablar con unos colegas científicos que tengo yo y les hablaré de ti por si te pueden contratar. Un chico como tú debería encontrar trabajo a la primera.
-        ¿De verdad? Muchísimas gracias por todo profesor.


Fernando aprovechó para tomarse algo cuando de repente, un perfume embriagador llegó a sus fosas nasales.


Era la chica de la otra vez e iba con los mismos pantalones. No pudo evitar echarle un vistazo a ese culo que se contoneaba por delante.
-        Madre mía,-pensaba Fernando a punto de atragantarse con el trozo de tarta-.


Se hacía tarde, por lo que Fernando se despidió de su profesor quedando en que lo llamarían por las pruebas que iban a hacer a la muestra que le había dejado.


Días más tarde, el juicio final había llegado. Recogió las notas del buzón y la abrió con miedo a lo que se encontraría dentro.


Para su alegría, había sacado un gran sobresaliente en la carrera. Estaba más que aprobado y daba saltos de alegría. ¡Por fin había acabado!


Fernando se dedicó el resto del día a hacer lo que le daba la gana, así que se puso a jugar al COD: Black Ops 2 en modo online. Hasta que cogió práctica, moría nada más comenzar la partida.


Se acercaba la hora de irse a casa, por lo que comenzó a despedirse de todos.
-        Alison, espero verte y que esta amistad perdure. Gracias por todos los buenos momentos que hemos pasado juntos.
-        Gracias a ti Fer. Eres un encanto de chico y te mereces ser feliz. Te quiero.
-        Y yo también te quiero guapa. Eres una gran amiga.
-        Anda tira, que no quiero llorar.


Más tarde se encontró con Kris.
-        Kris, dentro de poco me voy, así que me despido de ti.
-        ¿Te vas ya? Jo, qué pena…
-        Bueno, tengo ganas de volver a casa. Que encantado de conocerte y espero que todo te vaya genial en el día de mañana.
-        Igualmente Fer. Te mereces todo y más.


Y para el final dejó a Abbie.
-        Abbie, me voy dentro de poco.
-        Ya… a mí me vienen a recoger un poco más tarde que tú.
-        Que espero que tu vida sea plena y que seas muy feliz. Te lo mereces.
-        Tú también Fer. Has sido un gran apoyo aquí durante este tiempo. Te quiero un montón.
-        Yo también Abbie. Te echaré de menos.


Fernando hizo la maleta y se abrigó porque todavía había nieve por esa época y hacía frío. Mientras esperaba el camión de la mudanza, se puso a mirar a unas ardillas que andaba correteando por ahí.


Al fin llegó y todos salieron a despedirse. Algunos como Alison lloraban, otros se despedían pegando gritos y agitando la mano.


Mientras caminaba hacia el camión, una vida quedaba atrás. Las huellas que se quedaban marcadas en la nieve también quedaban en la cabeza de Fernando. Cuatro años maravillosos que habían pasado tan rápido como una brisa marítima, permanecerían inmortalizados en la cabeza de Fernando.


Pero otro camino se habría por delante. Un camino que llevaría a Fernando a abrir horizontes. No sabía lo que el futuro le depararía, pero seguro que lo afrontaría con todas sus fuerzas.


Tras bastantes horas, por fin llegó a su casa. Parecía mentira el estar de nuevo allí.


Se bajó y dejó su maleta en la puerta. La observó desde fuera y por fin se decidió a llamar a la puerta.


Se sentó fuera a esperar que abrieran la puerta hasta que Hugh la abrió y vio a Fernando sentado.


El fuerte abrazo que se dieron los dos lo dijo todo. Sin necesidad de que dijeran nada, se entendían.
-        Pero bueno, ¿por qué no avisaste?
-        Quería que fuera una sorpresa.
-        Un momento Fernando. ¡Stacy ven!-gritó desde el porche-.


Stacy salió fuera y cuando vio a Fernando, ambos se quedaron callados totalmente. Se miraron a los ojos mientras se observaban en silencio.


Para luego abrazarse dejando escapar alguna lágrima que otra.


Cuando entraron, Fernando dejó su maleta en su cuarto y bajó para hablar con ellos.
-        Bueno Fernando, cuéntanos,-dijo Stacy-.
-        Ha sido todo increíble. La gente allí tiene un buen rollo buenísimo y lo mejor es que he sacado un sobresaliente en la carrera. Lo más seguro es que tenga trabajo asegurado y por fin pueda vivir en mi propia casa.
-        ¿Dónde te gustaría vivir?-preguntó Hugh-.


Fernando se quedó pensativo unos instantes.
-        Donde yo nací fue en Nueva York. Me encantaría volver allí y comprar una casa cuando reúna mi dinero. Mientras tanto, estar en un pisito en un rascacielos. Para mí sería lo ideal.


Stacy continuó hablando con Fernando.
-        Parece que lo tienes todo muy bien pensado. Has madurado muchísimo en todo este tiempo y me encanta verte así, ¿verdad Hugh?


Hugh miraba a un punto indefinido de la casa mientras escuchaba la conversación.
-        Sí, es increíble que ya Fernando hable de esta forma, tenga una carrera hecha, con camino de 23 años y esa madurez… No he podido evitar acordarme de cuando fue a recogerlo a su casa.
-        Vosotros,-dijo Fernando-, sois mi familia, ya que lo único que he tenido no ha estado ahí ni me lo ha demostrado. Stacy, tú eres la madre que nunca he tenido y tú Hugh, eres el padre que me habría encantado tener.


Fernando dibujó una media sonrisa en su cara.
-        He pensado en quedarme aquí un tiempo hasta que encuentre algo allí.
-        Nuestra casa es tu casa. Te hemos criado como a un hijo y no nos arrepentimos de habernos arriesgado a que nos pillara la policía. Pero por suerte, si Dios quiere tendrás un pseudo-hermanito.,-decía Hugh-.
-        ¡Stacy! ¿Estás embarazada?
-        Sí, de 4 meses. No te lo hemos dicho por darte una sorpresa.


Fernando se alegró muchísimo por esta noticia. Sus padres adoptivos se querían y se merecían ser felices con un hijo propio.


Un par de semanas más tarde, Fernando había encontrado un apartamento que estaba bastante bien. Pero tener una casa propia no era sólo su pensamiento…


Se acercó hasta su anterior casa. La miró desde fuera detenidamente. La recordaba tal y como estaba en ese momento. Cogió la llave que todavía conservaba y entró.


Volver a pisar ese suelo que tantos años hacía que no veía. Mirar esas estatuas que adornaban el majestuoso salón… Por un momento volvió a sentirse niño y adolescente de nuevo.


Pero no duró mucho ese pensamiento, ya que al fondo pudo observar que Lulú estaba tumbada echándose un sueñecito.


Aprovechando que dormía, se acercó cuidadosamente a ella hasta que se colocó enfrente.


Haciendo un pequeño carraspeo, Lulú se despertó creyendo que era Alberto.
-        Dime amor… ¡Pero…!
-        Shhhh, ni se te ocurra mover un solo músculo Lulú. Dime dónde está mi padre ahora mismo.
-        En su despacho.
-        Ah, en mi antiguo dormitorio que ahora cumple la función de despacho, ¿no es cierto?
-        Sí…
-        Ah, de acuerdo. Muchas gracias por tu ayuda. Y como se te ocurra pegar un grito, llamar a la policía o avisar a mi padre, tendré que vérmelas contigo.


Lulú no movía un solo músculo de la cara, permanecía quieta en la tumbona mientras que Fernando, más serio que nunca, imponía su voluntad por primera vez en esa casa.


Subió al piso de arriba, haciendo como que era un cliente, así que espero a que todas las mujeres y algún que otro hombre se fueran, ya que él tenía “cita” para última hora.


Una voz desde dentro se escuchó y Fernando se levantó de inmediato.
-        ¡Siguiente!


Fernando entró con paso decidido hacia la mesa que ocupaba su padre. Cuando Alberto levantó la mirada, su cara cambió radicalmente. Una completa seriedad se implantó haciendo que el ambiente se hiciera un tanto pesado.


Habían pasado por lo menos 6 años desde que había visto a su padre por última vez y, los años no habían hecho justicia. Con el pelo visiblemente grisáceo, considerables arrugas y con más entradas que el Bernabeu y el Camp Nou juntos que trataba de ocultar peinándose hacia delante.


Fernando lo miró de arriba abajo torciendo la boca y levantando un poco su ceja izquierda. Volvía a estar frente a su padre tras su “desaparición”.
-        Hola, pa-pá,-dijo Fernando irónicamente.


CONTINUARÁ…