martes, 4 de febrero de 2014

Capítulo 4 de la Segunda Temporada de "Black Hand"

¡¡Hola a todos!! Antes de nada quiero felicitaros el comienzo del mes de febrero y de la semana (aunque empezara ayer). ¿Cómo habéis empezado esta primera semana del segundo mes del año? Ojalá que con fuerza y con ganas, como se debe de empezar jeje.
Hoy toca capítulo y aunque seguro que tenéis ganas de saber qué va a pasar con todo después de la tormenta solar... Toca esperar un poquito más jijiji.
No os haré sufrir mucho, así que pongo ya capítulo. Un abrazo muy fuerte a todos y nos vemos el viernes amigos. Seguid sonriendo como siempre =D

SEGUNDA TEMPORADA
CAPÍTULO 4

Han pasado dos años desde que llegué a Nueva York y parece que ha pasado más tiempo. Todavía me acuerdo cuando me pasaba las horas muertas detrás de la barra sirviendo copas con apenas 23 años.


Y nunca podré olvidar cómo empezó todo, cómo comencé el camino que me llevó hasta donde estoy ahora. Todavía no puedo creer que el casero me echara del apartamento tan frescamente y me dejara tirado en la calle.


Durmiendo en la calle, como un cualquiera, un vagabundo, un pobre, que es lo que era...


Echándome del trabajo, mi único sustento, mi única esperanza para poder salir del agujero en el que estaba... Mi futuro se veía muy negro.


Y cómo no, cuando mi antiguo casero se enteró de que entré en mi antiguo apartamento, aquel que utilizaba para acostarse con sus queridas mientras su esposa y sus hijos lo esperaban en casita.


Una pelea... Maldita pelea y en qué hora lo empujé...


Una muerte que todavía pesa sobre mi conciencia. No debí hacerlo, pero lo hice y desde aquí pido misericordia por el mal que pude causar...


Atormentado por mis pensamientos, no recuerdo cómo llegué a entrar en ese domicilio cuyo psicólogo y psiquiatra, supuestamente, aunque se le olvidó añadir psicópata, me ayudaría en mi tormento.


Una consulta que sólo valió para que Mcwire se diera cuenta de que yo era carne de cañón para su organización de ladrones.


Qué tonto he sido a lo largo de mi vida, pero más que tonto ingenuo... ¿Cómo fue posible que me dejara engatusar por esos dos? Si nada más tenía que mirarles a la cara para darse cuenta de que no eran de fiar.


Mi primera misión, satisfactoria, enhorabuena, palmaditas en la espalda...


¡Ah! Se me olvidaba mencionar puñaladas por la espalda, ¿cómo no lo he mencionado antes?


Y yo, inconsciente de todo el berenjenal en el que me había metido, fui feliz y contento a mi segunda misión. Maldigo el día en el que acepté entrar en el grupo.


Mi mismo compañero me tendió una trampa, una prueba me dijo... Qué manera más sucia de manipular y engañar a las personas; lo peor es que yo me lo tragué.


Todavía me sorprendo de la reacción tan rápida que tuve para salir de allí y escapar. Un salto y listo.


Y luego nada, a correr como en una maratón.


Semanas más tarde, llegó el punto álgido de mi carrera como ladrón. Una proposición que cambió algo en mí radicalmente.


Madrid... Una experiencia que tardaré en olvidar. Allí robé indiscriminadamente, asalté comercios y el dinero me lo gastaba en mujeres y en beber como un cosaco... Me doy asco a mi mismo por lo que llegué a hacer allí.


Y mientras tanto, los buenos de la historia, los que luchaban contra nosotros no descansaban ni un momento para alcanzarnos y encerrarnos de por vida.


Boss, el jefe... Ese personaje misterioso pero a la vez cercano que daba órdenes y estas eran cumplidas al pie de la letra.


Tanto que en una ocasión estuvieron a punto de coger a Louis... Ojalá lo hubieran hecho.


Pero, amigos míos, este día fue el culmen de mi carrera. Nunca olvidaré lo que pasó allí en Nueva York.


Eddie, el compañero de Amanda, descubrió el escondite del grupo de los ladrones y por no hacer lo que el Boss dijo...


... Se metió en la boca del lobo él solito sin contar con nadie. Debió ser más cauto o haber llamado a Amanda, para que no estuviera solo en aquello.


Lo único que ganó con eso fue que Louis lo siguiera y... bueno...


... Me encontrara a mi de vuelta de Madrid y me pidiera que lo ayudara. Pobre Eddie.


Sin embargo, lo que más pena me da es que, al margen de todo esto, un romance comenzaba a surgir entre los compañeros. Romance que se vio truncado.


Debí haberle dicho a Louis que saliéramos de allí, pero, ¿qué iba a saber yo?


De repente, sonaron dos disparos y fue entonces cuando vi por primera vez a Amanda. Nuestro primer encuentro fue trágico por las circunstancias en las que estábamos, pero nunca olvidaré esa mirada que me echó cuando me miró a los ojos por primera vez.


Una escena que jamás podré olvidar fue la que me encontré dentro del baño de hombres... Lo que ahí había era una auténtica carnicería. Todavía sigo teniendo grabado en mi retina los restos de cerebro de Eddie y Louis rodando por las losetas de las paredes del baño.


El shock me hizo descubrir algo que me cambió más si cabe el pensamiento que tenía por entonces.


Un ordenador, un mensaje, una información más que valiosa que me hizo descubrir que no sólo estaba él colaborando con el Doctor, sino que la mismísima Al-Qaeda estaba detrás de todo eso.


Un mechero, un poquito de aire y todo comenzó a arder en pocos minutos.


No dudé un momento en buscar a Amanda. Yo sabía que iban a por nosotros, era una especie de policía y ella sabría lo que hacer en ese momento.


Aquel momento fue el inicio de mi carrera que me ha llevado a donde estoy ahora, claro que no ha sido fácil; he tenido serios problemas al conocer tanto a la organización del Doctor Mcwire.


Escapando como podía y como mi cabeza me indicaba, pude salvarme en aquella ocasión de los perseguidores.


Y corriendo, me encontré con una casa abandonada que, sin yo saberlo, fue mi salvación.


No porque pude dar esquinazo a aquellos que me seguían, sino que pude encontrar a Amanda y tener, por fin, una casa donde vivir tranquilamente, sin agobios de misiones ni nada de eso.


Pero claro, una cosa llevaba a la otra y no hacía falta ser muy listo para entender que entre Amanda y yo había algo, pero que no nos atrevíamos de confesarnos uno al otro.


Finalmente, el tiempo hizo que poco a poco colaborara con Amanda y ambos descubriéramos que el Boss, ese misterioso personaje era nada más y nada menos que el hermano gemelo del Doctor Mcwire.


Ya una vez todo aclarado, comenzamos a ir seriamente a por la organización del Doctor.


¿Pero cómo podría yo colaborar con ellos? No era tan fácil como me lo esperaba.


Washington era mi destino, allí me formarían y podría formar parte de aquel grupo.


Varios meses más tarde, volví a casa de nuevo con una alegría inmensa al poder estar otra vez junto con Amanda, aquella chica que me volvía loco.


Juntos descubrimos la localización exacta del Doctor y, como se suele decir, muerto el perro, se acabó la rabia.


Tras ganar el juicio, la alegría nos desbordó tanto que nuestras emociones y sentimientos salieron por fin a la luz y todo comenzó a ser como desde un principio debió haber sido.


Sin embargo, la alegría no duró mucho. Una misteriosa llamada del mismísimo presidente de los EE.UU. me hizo viajar de nuevo a Washington, abandonando a Amanda y a mi futuro hijo...


Pero mi misión no era fácil, ni mucho menos, había que acabar con la vida del líder de Al-Qaeda, ahí es nada.


Una vez llegado a Iraq, la investigación comenzó.


Y justo cuando ya tenía todo planificado, llegó el momento y...


Pero para mi desgracia, mi misión no acababa ahí. Me ascendieron a Teniente mientras la Tercera Guerra Mundial se estaba disputando cruelmente y justo en España, que estaba a punto de meterse, era donde debía de ir.


Allí me fui a reunirme con Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno español.


Pero, aunque todos estaban felices por la muerte del líder terrorista, yo no las tenía todas conmigo y, efectivamente, no me equivocaba.


Una bomba hizo que el edificio se viniera abajo y tuviera que estar ingresado en un hospital de Madrid durante un par de semanas. Al salir, pude enterarme de que todo se tambaleaba, el mundo estaba en su Apocalipsis y yo estaba separado del mayor amor que he conocido nunca.


Una luz cegadora comenzó a surgir en el cielo y ahí todo se paró...


Will estaba tumbado en la cama, dentro de una habitación que no conocía y, de repente, abrió los ojos.


Se levantó despacio, tenía el cuerpo demasiado pesado y no sabía por qué.


Se estiró para poder quitarse así toda la pesadez de encima.


Una vez ya espabilado miró a su alrededor.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?



                                   CONTINUARÁ...