sábado, 17 de agosto de 2013

Capítulo 12: Desconocimientos

¡Hola queridos simmers! Siento no haber podido publicar capítulo ayer pero me fue tarea imposible, aquí donde yo vivo han empezado las fiestas y estuve todo el día fuera de casa, pero ahora que tengo tiempo os dejo el capítulo. El martes seguramente os pondré el capítulo sin falta.
Espero que esteis disfrutando del fin de semana al igual que yo. Muchos besos y abrazos y nos vemos el martes.

CAPÍTULO 12: DESCONOCIMIENTOS

Carlos se dirigió hacia la puerta y al abrir se encontró con una muchacha.
Carlos: Buenos días, ¿qué desea?
¿?: Hola, ¿es aquí la casa donde se ofrece un puesto de limpiadora?
C: ¿Limpiadora? No, lo siento. Creo que se ha equivocado...


¿?: Oh... Es que vi un cartel en un establecimiento del centro y fui a las señas pero la casa está vacía y pregunté a un vecino y...
C: Vale, ya sé. Ese puesto ya no es requerido en esta casa. Lo siento.


¿?: Por favor, deme una oportunidad. Llevo 3 meses como loca buscando trabajo.
C: Señorita, lo siento pero ahora mismo no estoy interesado en contratar a nadie. Verá, me acabo de mudar a esta casa y ni yo todavía me la conozco bien.
¿?: Más a mi favor, así usted sólo se preocupa de sus cosas, sus estudios o lo que esté haciendo y yo mientras le limpio la casa, le cocino si quiere... Pero por favor, contráteme.


C: Mire, le voy a hacer unas preguntas y si me convence, la contrato, ¿está de acuerdo?
¿?: Por supuesto. Dígame.
C: Lo primero, ¿cómo se llama?
Mari: Me llamo María Isabel, pero me dicen Mari.
C: Muy bien Mari, me puedes llamar Carlos.
M: Encantada.
C: Igualmente, jeje. ¿Qué estaría dispuesta a trabajar?
M: Pues verá, llevo mucho tiempo en este sector y lo que siempre he hecho han sido las tareas de casa, fregar, hacer las camas...
C: Ahhh, entiendo.
M: Y para cierta gente también le he preparado la comida, me he quedado a cuidar a personas mayores por la noche.
C: ¿Y tiene referencias?
M: Por supuesto. El hijo de una mujer a la que cuidé le puede hablar perfectamente de mi. Trabajé para ellos durante 7 años.
C: ¿Y por qué no trabaja ya allí?
M: Pues porque a la señora que cuidaba falleció...
C: Oh, lo siento mucho.
M: No es nada, gracias de todas maneras.
C: ¿Y la tarifa que usted cobra?
M: Pues mira, si trabajo por las mañanas limpiando la casa unicamente, cobro por horas. Mientras que si ya necesita que me quede a hacer la comida, la cena o incluso a dormir por cualquier cosa, ya cobraría una tarifa fija mensual.
C: ¿Y cuánto serían las dos tarifas?
M: Por horas serían 8€ la hora y mensualmente sobre los 700.
C: Vale, entiendo...


M: ¿Y bien?
C: Está contratada Mari.
M: ¿De verdad? Oh, muchísimas gracias Carlos. No sabes cuánto te lo agradezco. Si quieres puedo empezar ahora.
C: No hay mucho que hacer, pero si quieres...
M: Ahora mismo.


Mari entró en la casa, cogió la escoba y empezó a barrer, a fregar el suelo... Mientras tanto, Carlos le echaba una ojeada mientras pensaba.
C: La chica bien buena está, además, se le ve una chica dispuesta. Se nota que estaba desesperada por conseguir trabajo. Por cierto, yo tengo que estudiar el libro de recetas que me dieron en el trabajo... Qué coñazo. 


Mari entró en el baño para limpiarlo y en ese momento se puso a dar palmas y a sonreir con cara de felicidad.
M: Bien, por fin tengo trabajo...


Al terminar, Mari salió al balcón donde estaba Carlos estudiando.
M: Carlos, he terminado por hoy. 
C: Ah, bien. Le he dejado el dinero encima de la mesa de la cocina. 16€, ¿verdad?
M: Sí, por las dos horas. Gracias.
C: No hay de que. Si pudiera venir mañana también...
M: Muy bien. Entonces hasta mañana.


Al día siguiente, Mari se presentó a la misma hora y con la misma ropa.
M: Buenos días. ¿Cómo estas?
C: Bien, viendo la tele un poco. ¿Y tú? ¿Cómo es que vienes con la misma ropa? 
M: Verás, así es como trabajo yo. Es la ropa más cómoda que tengo.
C: Perdona Mari si te he hecho sentir mal mi pregunta. Soy muy indiscreto, perdón.
M: No ha pasado nada. Todo está bien. Bueno, ¿por dónde empiezo hoy?
C: Mira, haz el cuarto y si puedes hacerme la colada. La ropa del trabajo me huele que apesta y yo con las máquinas... no me llevo muy bien que digamos.
M: Jejeje, no pasa nada. Ya le enseñaré yo.


Mari, muy predispuesta, se puso a ello.



Al terminar, Carlos se acercó a ella y empezaron a hablar.
M: Carlos, ya terminé. Cuando la secadora termine, sólo hará falta guardarla.
C: ¿Por qué no se queda y así mientras termina hablamos?
M: Bueno... pero yo sigo cobrando.
C: Sí, no me importa.
M: ¿Y de qué vamos a charlar?


C: Disculpame si te parezco entrometido, pero... ¿quieres que salgamos esta noche a tomar algo?
M: No, lo siento, imposible. No hay nada que hacer entre tú y yo.
C: ¿Por qué? Apenas me conoce...
M: Ya lo sé, pero es mi jefe y yo en el trabajo no quiero ningún tipo de relación personal.


C: :( Bueno, puedes irte, si quieres. El dinero está donde te lo dejé ayer. 
M: Perdón Carlos. Siento mucho no poder corresponderte.


Carlos, abatido, decidió irse al balcón a mirar por el telescopio las estrellas. Hacía eso siempre que quería relajarse.
C: Es viernes, y ahora que me fijo, está oscureciendo y veo a la gente salir de fiesta. Hace tiempo que no salgo... ¿por qué no?


Carlos se puso elegante y se fue a una discoteca. Había una máquina que si pagabas cierto precio, te proporcionaba automáticamente lo que tu pidieras. Era una especia de máquina expendedora, pero tenía un tubo por el que salía la bebida que tú pidieses.
C: Bueno, no está mal. Hacía tiempo que no bebía Ron.


Estando ahí, vio a una chica.
C: Joooder con la rubia. Pero, espérate, ¿no es Mari? ¿Qué hace ahí sola? Voy a espiarla, a ver qué hace antes de que me vea.


Carlos se escondió y se puso a observarla. 
C: Me siento ahora mismo como Sherlock Holmes.


De repente, apareció un hombre con muy mala pinta, desaliñado, con una camiseta de tirantas y con cara de pocos amigos.
M: Hombre, mira quien está aquí. Me alegro de que hayas venido.
¿?: Lo siento, pero es que tenía... una cosa que hacer.


M: Paco, no me fastidies. Llevo una hora esperándote aquí, me he arreglado incluso. Le he tenido que pedir prestado el vestido a una amiga y encima que llegas tarde vienes vestido de esta forma. De verdad, no hay quien te entienda.
Paco: ¡Mira, a mi no me chilles!
M: ¿Y ahora quién está chillando? ¿Y el trabajito que estabas haciendo? Lo habrás terminado ya, ¿no? 


P: No, todavía no.
M: Claro, ¿tu te crees que yo me chupo el dedo?
P: Tu te chupas otra cosa, ¡puta!


Todo el mundo en la discoteca se volvió a ver qué era lo que pasaba. Incluso con la música alta llegó a escucharse. Por lo que...
P: Vamos fuera.
M: No.
P: ¡Que tires para fuera coño!
M: Ah, no me agarres del brazo, que me haces daño.


Al salir fuera, el tal Paco le dio un fuerte empujón a Mari, por lo que la chica se puso a llorar.
P: Y ahora no me llores, que eres muy lista. Te crees que poniendote a llorar me vas a hacer sentirme culpable, ¿no? Pues no, ¡y no me llores más! Me cago en tu raza.


Carlos, lo estaba divisando todo desde dentro a través de una ventana y al ver esta escena, pensó en intervenir, pero ¿y si le preguntaba qué hacía allí? Le podría acusar de acoso o algo. Por lo que decidió quedarse al margen pero siguiendo todos y cada uno de los pasos de ambos.


Paco cogió el coche que lo tenía aparcado de mala manera en doble fila y sentó dentro a Mari.


Rápidamente, Carlos se montó en su coche y fue tras ellos...



CONTINUARÁ...