martes, 16 de julio de 2013

Capítulo 3: Rencillas familiares

¡Hola a todos amigos! Hoy sí tengo tiempo y os pongo aquí el siguiente capítulo de esta historia. Espero que hayáis pasado buen fin de semana y que ahora, día martes, disfrutéis leyendo este capítulo. Un abrazo a todos y nos vemos el viernes.

CAPÍTULO 3 RENCILLAS FAMILIARES

Tras llegar de clase, Carlos se puso a ordenar la casa porque tras la fiesta estaba todo patas arriba. Mientras hacía la cama, pensaba:
Carlos: El Richy este verás tú la que le voy a liar ahora cuando termine. El muy cabrón se va a clase y no nos avisa. Se va a enterar...


Carlos se dirige a la habitación de su hermano Richy y...
C: Richy, ¿puedo hablar contigo un momento?
Richy: (Tierra trágame) Sí, dime.


C: Esto por gilipollas.
R: ¡Eh! El gilipollas lo serás tú mongolo de mierda.


C: Mira, ve callándote la boca si no quieres que te la rompa de un puñetazo. 
R: Já, mira quien habla, ¿vas a poder darme un puñetazo o estás demasiado borracho?
C: Estoy en perfectas condiciones, chaval, a ver si te enteras.
R: Pues a ver si te enteras tú de que no he podido pegar ojo, entre los gritos vuestros, la música a tope y que después te pusiste a follar con la vecina con la canción de "Ai se eu te pego" que se repetía una y otra vez y otra vez así hasta las 5 de la mañana. 
C: ¿Y? Te jodes.
R: Vale, haz lo que quieras, pero que sepas que cuando vuelvan papá y mamá te castigarán.


C: Ni se te ocurra cabrón hijo de puta.
R: Ah, me haces daño.
C: Díselo a papá, a ver si te hace caso, que pareces subnormal, todo el día con ellos.
R: Carlos, para por favor, ¡aaaahhh!


R: Dios, mi espalda, cómo me duele.
C: A ver si así aprendes de una puta vez, niñato.
R: Cabrón...
C: Tú... mira, me voy antes de hacer cualquier gilipollez que después me pueda arrepentir.


Carlos bajó por el ascensor, cogió la moto y se largó. Llegando la noche, Richy seguía solo y su hermano no regresaba, por lo que se preparó un plato de ensalada de pasta, le puso la comida a Mister, lo sacó a pasear y se fue a dormir.


A la mañana siguiente, justo en la puerta del instituto se encontró a su hermano con la misma ropa del día anterior, igual que sus amigos. No sabía lo que había pasado pero estaba claro que en sus casas no durmieron esa noche. Sin mediar palabra alguna, Carlos entró al instituto con sus amigos con un aire de superioridad, dejando a su hermano atrás como si no lo conociera.


Sin embargo, esa misma mañana, mientras Carlos y Ricardo estaban en clase, los padres de ambos llegaron a casa, soltaron las maletas y se pusieron cómodos.


Pero, para sorpresa de ambos, hubo algo que los descolocó totalmente...




CONTINUARÁ...