viernes, 14 de junio de 2013

Capítulo 15: Segundas oportunidades

¡Hola de nuevo queridos amigos! Al fin viernes, habían ganas de que llegara el fin de semana, ¿cierto? Y qué mejor que comenzarlo leyendo un poco, que nunca viene mal jeje.
Ya si no ocurre nada importante, lo más seguro es que nos veamos el próximo martes día 18 de junio (casi verano ya), para el capítulo 16.
Y ahora os dejo con el que hoy toca. ¡Pasadlo bien el fin de semana!

CAPÍTULO 15: SEGUNDAS OPORTUNIDADES

La tensión se cortaba en el ambiente. Quería hacer algo, pero me arriesgaba a que disparara a mi ya mujer. Tenía miedo de lo que podría pasar. Además iba desarmado y no podía luchar con el sin arma...



De repente, un golpe minúsculo en mi brazo izquierdo me hizo salir de mis pensamientos. Lucca, me estaba pasando una pistola para que matara al desgraciado que estaba apuntando a mi esposa. La agarré con fuerza y posé mi dedo indice en el gatillo, esperando al momento ideal para matarlo.



Rocco, como si tuviera un sexto sentido, se levantó y aunque estaba cojeando mucho, se acercó hacia el secuestrador, empezó a ladrar como si le fuera la vida en ello, y le mordió el tobillo. El desconocido se distrajo y dejó de apuntar a Melinda para intentar zafarse de mi perro. Fue el momento exacto cuando levanté mi brazo apunté a su cabeza y dije:
Tommy: Llegó tu hora.



Desconocido: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!



Me mantuve quieto durante un momento viendo caer al secuestrador. Por fin, lo malo había terminado, no me lo podía creer.



Anatoli empezó a dar saltos y gritos de alegría felicitándome por mi gran hazaña.



Sin embargo, Lucca permaneció callado, sonrió y finalmente me dijo:
Lucca: Felicidades Tommy, has tenido garra y coraje de enfrentarte a tu mayor enemigo hasta ahora. Me siento orgulloso de ti.
T: Gracias Lucca. Es un honor.



Melinda no paraba quieta en la cama, estaba teniendo una pesadilla...



Se despertó de golpe, con sudor frío y con el corazón agitado. 
Melinda: He tenido una pesadilla malísima. Voy a ver a mis nietos.



Melinda se levantó despacio, sin hacer ruido de despertar al abuelo Tom. Llegó al cuarto de sus nietos y se quedó más tranquila. 



Se fue al salón para estar más tranquila, la pesadilla había sido el día de su boda, lo ocurrido con aquel tipo que apunto estuvo de matarla. Pensó en sus hijos y sus nietos. No llega a ser por Lucca y Tommy...



En esto estaba cuando Tommy se acercó por detrás y le dijo a Melinda:
T: Melinda querida, ¿qué haces levantada a estas horas? Son las 3 de la mañana.
M: He tenido una pesadilla, no es nada.
T: ¿Pesadilla? Ya te he dicho que no comas chocolate antes de acostarte que te sienta muy mal. Necesitas cuidar tu azúcar.
M: Si no es por eso, no tengo chocolate. Se lo puse a Tom y a Paula esta tarde para merendar. Es... por otra cosa.



T: ¿El qué si se puede saber?
M: Fue lo que ocurrió el día de nuestra boda. De repente he soñado con eso, no sé por qué. No tenemos a nadie cercano que se vaya a casar ni nada parecido.
T: Puede ser que ese recuerdo sigue en tu cabeza y ha decidido mientras dormías recuperarlo. Como fue una mala experiencia, por eso has tenido una pesadilla.



M: Esto me ha hecho pensar en Roberto. Cristina (la primera y única hija de Melinda y Tommy) ya está casada y tiene su vida resuelta con su marido. Pero el que me preocupa es Roberto. Divorciado, con dos hijos y en paro. Como se entere la lagarta de su ex-mujer... Es capaz de separarnos de los críos.
T: Lo sé y no lo pienso permitir. Roberto se ha pateado toda la ciudad de arriba a abajo en busca de trabajo pero no ha encontrado nada. Igualito que yo cuando estaba en la mafia...
M: Ni se te ocurra Tommy, ya lo hemos hablado en muchas ocasiones. Recuerda lo que pasamos por culpa de que estabas en la mafia. Menos mal que desde eso que ocurrió... todo acabó y volvieron las cosas a la normalidad.
T: No me lo he planteado nunca cariño, aprendí la lección y no querría nada parecido para mi hijo, además de que él no es así, es distinto a mi en ese sentido. Es más cagueta que yo.
M: No es cagueta, es sensato. Mucho más que tú. Porque aunque no tenga trabajo ahora, tiene su título en la universidad, lo que tú, por ejemplo, no. Tenemos esta pensión porque te pusiste a trabajar en el ayuntamiento.



T: Tuve suerte, ¿recuerdas? Me sirvió mucho el título que me dieron al acabar con el secuestrador, justamente con lo que comenzamos esta conversación.
M: Sí, es verdad. Lo que me pregunto ahora, ¿cómo vamos a hacer para arreglar nuestra antigua casa? No tenemos tanto dinero.
T: Es verdad, tienes razón. Aquí se podrá quedar uno o dos meses más, pero sin encontrar trabajo y con la pensión que tenemos tu y yo, no nos llega ni a final de mes ni para mantener esta casa.
M: Querer y no poder. Siento impotencia. Ahh...
T: Y yo, cariño. Bueno, será mejor que nos vayamos a la cama, es muy tarde.



A la mañana siguiente...
M: Se me ocurrió ayer por la noche una idea. Espero que me sirva. ¿Sí? Hola buenos días, me llamo Melinda Star García, señora de García. Les llamo porque tenemos una casa...



Al cabo de unas 2 horas, sobre las 12 y media o 1 de la tarde llamaron a la puerta. 
M: Roberto, ¿puedes ir a abrir a ver quiénes son?
Roberto: Voy mamá. 



R: Sí, buenos días. ¿Qué desea?
¿?: Venimos de la empresa de albañilería. Hemos recibido un aviso desde esta dirección.
R: Ah... Sí, sí, pasen.



¿?: Nos han llamado de parte de Melinda Star García.
R: Sí, claro. Es mi madre. ¿Para qué han venido?
¿?: Pues su madre nos ha llamado porque tienen una casa que quieren reformar.
R: Sí, bueno, tenemos una casa, pero es demasiado grande y ahora mismo no estamos en nuestro mejor momento, económicamente hablando.



¿?: Bueno, de eso no hay que preocuparse, lo tengo todo hablado con su madre.
R: Ah, en ese caso como usted diga. Perdóneme si le he resultado un poco cortante, pero es que no tenía ni idea de que os había llamado.
¿?: No tiene importancia. 




¿?: Le presento a mi hijo, Joe. ¿Cómo se llama usted?
R: Roberto, Roberto García.
¿?: En ese caso Roberto, este es mi hijo Joe. Joe, Roberto.
Joe: Encantado Roberto.
R: Lo mismo digo.
¿?: Espero que os llevéis bien, sólo os lleváis dos años y 3 meses. Tú naciste en febrero del 75, ¿verdad?
R: ¿Cómo lo sabe?
¿?: Querido Roberto, yo...



T: Roberto hijo, ¿quién es el que ha...?



T: ¿Anatoli? ¿Eres tú?



A: ¿Tommy? ¿El gran Tommy en persona?



A: Ooooooooooohhhhhhhhhh, me alegro mucho de verte. No sabes cuánto te he echado de menos. ¿Cuántos años hacía que no nos veíamos?
T: Desde que Roberto nació, prácticamente.
A: Por eso no me ha reconocido, jeje. 



A: Melinda, ¡qué guapa estas! No has cambiado nada.
M: No seas mentiroso. Mira qué de canas tengo ya.
A: Melinda, perdona que te diga pero somos ya unos viejos abuelos adorables.
M: Pues sí, y me alegra el haber llegado hasta ahora.
A: Nada más supe de tu llamada cogí a mi hijo y me planté aquí en persona. Y por el tema económico no os preocupéis. Os debo muchos favores y esta será mi manera de pagarlos todos de una vez.
M: ¿Favores?
A: ¿No recuerdas? Cuando me secuestraron y fueron Lucca y Tommy a por mí, aquella vez cuando atracamos el banco y me ayudó cuando me dispararon en el brazo, y cuando...



J: Encantado de conocerte Roberto. Parece ser que tu padre y el mío son grandes amigos.
R: Sí, es verdad. Mi padre siempre lo nombraba. Anatoli siempre hacía esto o aquello, pero nunca me enseño una foto con él, no se si es porque no tiene o no ha querido enseñarmela.
J: El mío sí me ha enseñado fotos. La verdad es que parecían tipos duros y por lo menos, no sé tú, pero en mi ciudad han tenido un respeto a mi padre que siempre me ha extrañado.



R: Ahora que lo dices tienes razón. A mi padre siempre lo han tratado como un guante, siempre de don y como si fuera distinguido en la sociedad.
J: Nunca me contó por qué lo han tratado así desde que tengo uso de razón.
R: Ni el mío tampoco. Son muy reservados.



A: Y bueno Tommy, ¿cómo te va la vida?
T: Bien, dentro de lo que cabe, aunque pasando muchos apuros económicos.
A: Todos estamos así. En mi empresa he tenido que echar a gente que es muy buena, pero no he tenido más remedio. Sin embargo se me ocurrió una idea para mantenerlos en la empresa.
T: ¿Cual? 
A: Veras: Despido a varios, y cobran del paro. Al cabo de los 6 meses, los vuelvo a contratar y echo a los otros que estaban contratados. Así siempre están cobrando, aunque lo ideal sería tenerlos a todos.
T: Pues oye, es una buena idea.
A: ¿Y tu hija Cristina? ¿Cómo está?
T: En Norteamérica viviendo con su marido y sus hijos. Es que su marido es un importante abogado y tiene un buen puesto allí en Philadelphia. Estoy seguro que si te viera se alegraría mucho de volver a verte.
A: Y a mi también me alegraría mucho el verla de nuevo.
T: Si vieras a mis nietos, son de guapos... Mi Tommy es igual que yo cuando era pequeño.
A: ¿Igual que tú? Entonces tiene que ser un poema el niño. Jajajaja.
T: Jajajaja, sí, es igual de asustadizo que yo, pero tiene genio.
A: Uy, genio, mira quién fue a hablar.
T: Jajaja, sí... Qué tiempos aquellos Anatoli; jóvenes, ágiles, fuertes, sin dolores ni achaques. Quien volviera de nuevo, ¿no?
A: Volveremos, no te preocupes. Hemos venido aquí para trabajar, y esa será nuestra función de aquí en adelante.



A: Roberto, perdona que te interrumpa, pero tengo que deciros que vamos a ir a ver la casa, así ya empezaremos a trabajar lo más pronto posible.
J: De acuerdo papá.



A: Guau, qué señorialidad tiene todavía, ¿eh Tommy?
T: Por muy estropeada que esté, sigue teniendo esa presencia.
A: Ahora mismo me invaden una inmensa cantidad de recuerdos sobre esta casa, estos jardines, estos garajes... ¿Qué te parece hijo?
J: Pues que va a ser muy jodido el trabajar aquí.
A: Pero merecerá la pena, ya verás.



A: Bueno, ahora es mi turno. Iros a casa que Joe y yo empezaremos a ver la casa de arriba a abajo y a hacer medidas. Sólo necesito que me des las llaves de la casa.
T: Sí, claro, por supuesto. Toma, aquí están.
A: Ahora a casita y déjanos trabajar.
T: Oye, que gracias de nuevo Anatoli por todo.
A: Adios Tommy, y nada de gracias.



R: Paula, ¿qué tal en la academia hoy?
Paula: Bien, hemos repasado otra vez geometría.
R: Ah, ¿te salieron bien los ejercicios?
P: Sí, es un aburrimiento. Quiero ir a la playa papá. Nos quedan menos de 2 semanas para volver a casa...
R: Vale, pero primero haz los deberes.
P: Vaaaaaaaleeee.



R: ¿Y tú Tommy? ¿Qué tal el día?
Tommy Jr: Normal, como siempre.
R: ¿Has atendido en clase?
Tj: Siiiiiiii.
R: ¿Tienes deberes?
Tj: Noooooooo.
R: ¿Seguro?
Tj: Sí papá, no seas tan pesado. 
R: Hijo, perdona, qué ánimos traes hoy. 



Anatoli estaba echándole un vistazo al jardín de la casa cuando recibió una llamada.
A: ¿Diga?
Elena: Papá, soy yo, mira, ¿me podrías ayudar a echar la beca para la universidad? Es que el plazo termina ahora a finales de mes y no me aclaro con dos cositas. ¿Donde estás?
A: Mira, estoy en casa de un amigo, bueno, trabajando en casa de un amigo.
E: ¿Puedo ir allí? Sólo será un momento.
A: Bueno, como quieras, pero tienes que coger el tren y bajarte en la última parada.
E: Pero papá, ¿donde estás?
A: Ya te lo he dicho, en casa de unos amigos. ¿Te doy la dirección de la casa para que puedas llegar?
E: Sí, por favor.
A: La dirección es la Calle Venda nº 108.
E: Ok, entonces me bajo en la última parada y me voy a la Calle Venda nº 108, ¿no?
A: Sí. Te dejo que tengo trabajo. Hasta luego hija.



Sobre las 7 u 8 de la tarde, Elena llegó a la dirección que su padre le había dado.



R: Otra vez la puerta, me pregunto quién podrá ser ahora.



R: Hola, buenas noches, ¿qué desea?



E: Soy Elena, la hija de Anatoli, no se si lo conoce.
R: Sí, por supuesto, pase.
E: Me dio esta dirección porque lo estaba buscando. ¿Está en casa?
R: No, todavía no ha llegado, lo siento. Siéntese en el sofá si quiere a esperarlo, no creo que tarde mucho.



E: ¿Está bien?
R: Sí, no se preocupe.
E: Por favor, no me llames de usted, no soy tan vieja. Llámame Elena. Por cierto, ¿cómo te llamas tú?
R: Roberto, perdona que no me haya presentado pero es que... :( 



E: Roberto, ¿qué te pasa? Algo te tiene que pasar cuando te poner a llorar. Tienes que tener algún motivo.
R: No pasa nada Elena, de verdad. No es nada.
E: De aquí no me voy a mover hasta que no me lo cuentes. Si lo que te importa es que se lo cuente a alguien, te prometo que no diré nada a nadie.
R: Ya, pero...
E: Venga, suéltalo.
R: El problema soy yo: mi mujer se ha divorciado de mí y se ha buscado a otro, mis hijos no me soportan y están todo el día preguntando por su madre y encima me han echado del trabajo y no encuentro otro. No sirvo para nada.
E: No digas eso, hombre. Eres jóven todavía y tienes toda la vida por delante. No te preocupes que todo llegará, tarde o temprano, pero todo llega. No desesperes.



R: Eso lo dices para animarme.
E: No, te lo digo porque a mí me ha pasado. Mira, a mi padre le iba muy mal en la empresa y estaba apunto de cerrar y tenía muchas deudas. Tras dos años en esa situación y aguantando como podía un buen trabajo le proporcionó dinero y fama y ahora la empresa es famosa en su sector. ¿Ves como todo llega? Tranquilo y no te desesperes.



R: Muchas gracias Elena, me has servido de gran ayuda.
E: Bah, no ha sido nada.
R: Para mí ha sido mucho, apenas me conoces y me has dado una lección. ¿Qué te parece si salimos tu hermano, tú y yo esta noche? 
E: Podría ser divertido, sí.



Esa misma noche, todos salieron a uno de los famosos locales de la zona.



Roberto se acercó a la barra y pidió copas para cada uno.



Brindaron y hablaron y bailaron durante toda la noche hasta muy muy tarde.



Elena y Roberto siguieron hablando de sus cosas, de ellos, de sus padres...



La verdad es que cada hora que pasaba parecía que mejor conectaban los dos.



También, Joe y Roberto hablaron durante un rato de la tarde, del trabajo, de muchas cosas.



Siendo sincero, Joe atraía la mirada de todas las chicas del local. No he visto cosa igual desde Crepúsculo con Jacob.



Al final de la noche, ya en casa, Joe habló con su hermana.
J: ¿Te vas a ir entonces a casa?
E: Sí, lo prefiero.
J: Aquí hay cama para ti, no te preocupes que son gente de confianza.
E: Si no es por vergüenza, es porque mañana tengo facultad por la tarde y necesito descansar un poco en casa.
J: Como quieras. Ten cuidado.
E: Igualmente guapo. Un beso.



R: Ey Elena. ¿Lo has pasado bien?
E: Sí, mucho. No bailas nada mal, ¿eh? 
R: Jejeje, gracias. :blush: 



E: Bueno, tengo que irme, se me ha hecho muy tarde y el primer tren sale dentro de una hora y media.
R: ¿Quieres que te lleve yo?
E: No hace falta, gracias. 
R: De verdad que no es molestia.
E: Bueno, como quieras, muchas gracias.



R: Ah, y gracias por lo de esta tarde...
E: Ha sido un placer el ayudarte. Eres un buen chico, ¿sabes?
R: Y tú eres una chica estupenda. Elena...
E: ¿Si?






CONTINUARÁ...