viernes, 3 de mayo de 2013

Capítulo 8: Todo cambia

¡Hola a todos de nuevo! Como cada semana, aquí nos vemos para subir otro capítulo más de una de mis primeras historias. He pensado una cosa, ¿qué os parecería la idea de subir dos capítulos a la semana? Si os gustaría el cambio dejádmelo en los comentarios como respuesta a esta nueva entrada o en mi twitter personal: @AlvaroEspinar. Y sin más, aquí os dejo el siguiente capítulo. Disfrutadlo.

CAPÍTULO 8: TODO CAMBIA

Como otro lunes, todo comenzó a abrir y con ello, las academias, para desgracia del pequeño Tommy.



Sin embargo, yo estaba pensando desde hacía un rato en mis cosas, dándole vueltas a la cabeza a un tema. Mi mujer se me acercó preocupada y me preguntó...
Melinda: Tom, cariño, ¿qué te pasa? Estás como ausente.
Tom: A mi nada, pensando.
M: ¿Sobre qué?
T: Pues en Roberto, en su situación actual y en cómo lo vamos a mantener a él y a nuestros nietos. Son 3 bocas más que alimentar...
M: Tu pensión es suficiente, ¿verdad?
T: Con mi pensión nos da para nosotros 2 y otro más, como mucho, pero siendo 3 más aparte de nosotros... Y la tuya tampoco es muy grande que digamos.
M: ¿Qué vamos a hacer?
T: No lo sé, querida, no lo sé...



T: Si ganara ahora el dinero que ganaba cuando era jóven...
M: Calla, no me lo recuerdes. Qué malos momentos me hiciste pasar, ¿o ya se te ha olvidado lo que te ocurrió?
T: No se me ha olvidado, simplemente ganaba mucho dinero y vivíamos bien... ¡Claro! ¡Eso es!
M: ¿Qué?
T: Calla y sígueme.



Roberto: Papá, ¿a dónde vamos?
T: A comer fuera.
R: ¿Y la niña?
T: La he mandado a la academia con su hermano. No le vendrá mal un repaso.
R: ¿Pero qué te ha dado de repente? Mamá di algo.
M: Shhh, hoy tu padre manda. Yo tampoco sé lo que le ha dado.
R: Pues vamos apañados.
En ese momento le eché a mi hijo una mirada fulminante por el retrovisor del coche, lo que hizo que se callara durante todo el trayecto del camino.



R: Papá, hacía mucho tiempo que no veníamos aquí a comer. Lo echaba de menos. Qué recuerdos me da.
T: Te dije que no te iba a defraudar.
M: Ni a mi tampoco me has defraudado.



M: ¿Cómo te lo estás pasando hijo?
R: Muy bien. Hacía tiempo que no comía de esa forma.
M: Cómo te mima tu padre, ¿eh?
R: Jajaja, siempre he sido su preferido, diga mi hermana lo que diga.
M: Ya, tu hermana siempre ha sido más despegada de nosotros, también es la mayor y ha vivido más con nosotros.



R: ¿Y qué pasa?
M: Pues que ha vivido cosas que los niños no deberían vivir.
R: Ah sí, eso que ocurrió cuando yo era bebé, ¿verdad?
M: Sí, eso mismo.
R: Menos mal que papá es un hombre de recursos.
M: No lo sabes tú bien. Nos salvó la vida...



R: Papá, gracias.
T: ¿Y esto?
R: Pues por está siempre ahí, ser un padre como Dios manda. No hay un momento de mi vida que no hayas estado ahí para verlo.



T: ¿Sabes por qué?
R: ¿Por qué?
T: Porque mi padre no hizo lo mismo conmigo, mi padre era un maldito maltratador y se pasaba toda la vida bebiendo, hasta que acabó marchándose de casa cuando yo tenía 3 años. Se perdió casi toda mi infancia, mi adolescencia, nunca me enseñó a afeitarme, ni tampoco vió cuando me eché mi primera novia, ni tampoco me vió casarme, ni tampoco me vió trabajando... Nunca hizo nada por mí. Cuando te tuve a tí, supe que tenía que ser todo lo contrario a lo que padre hizo conmigo. Sino, no me merecería que me llamaras padre.



Nos dirigimos al cine, echaban una buena película, no me acuerdo del nombre, pero sé que estaba muy chula.


Terminada la película, nos dirigimos a "casa". 
R: Papá, la casa no está por aquí.
T: ¿No? ¿De verdad lo crees?
R: Siempre ha sido así. La casa está por la derecha y tú has tirado por la izquierda...
M: Venga cariño, vamos a casa. Ya está bien por hoy.
T: Estoy yendo a casa.
Una vez llegado a casa, mi hijo se quedó :o Y dijo algo así como:
R: Papá, ¿donde coño estamos?
T: Hijo, te presento tu futura casa.
R: Jajaja, ¿cómo? Papá, ¿de verdad que estás bien?
T: Mejor que nunca. Esta casa, hijo mío, era de tu madre y mía.
R: ¿Y por qué la dejásteis?
T: Es... una larga historia. Te he traído aquí para que la veas.



Esto era la entrada.



Esto era la zona del piano.



El salón propiamente dicho.



La entrada al despacho.



El despacho.



La cocina.


El salón visto desde la cocina.


El... garaje.


El lago.


La antigua piscina, o lo que queda de ella.


La parte trasera de la casa.


R: Bueno, no parece estar nada mal. Se arregla y punto. Pero vamos a necesitar muuuucho tiempo.


R: Papá, mamá, ¿volvemos a casa? He escuchado un ruido muy raro...
T: Eres igual que yo cuando joven en ese aspecto, un cagueta.
M: No le digas eso, anda.


Mientras tanto, Paula y Tommy estaban en el salón viendo Bob Esponja en la televisión.


Aunque vivimos en una buena casa...


... Ninguna será tan grande y tan hermosa como: La Mansión.


Sin quererlo, volver a esta casa me hizo recordar esa época dorada, cuando la casa estaba en su esplendor. Aún ahora, recuerdo como si fuera ayer el día que nos mudamos Melinda y yo a esa casa.


El piano estaba ahí, esperando a ser tocado.


La entrada era majestuosa, digna de unos reyes.


Las puertas que dirigían al despacho estaban recién barnizadas.


El despacho era una maravilla.


Con una amplia mesa para trabajar y poder leer esos libros de las estanterías.


La cocina era la última moda de la época. Estaba nueva y sin usar.


La mesa era bastante grande para nosotros e invitados por si venían.


El salón estaba cuidado al último detalle. Era precioso.


La televisión se imponía en el salón, pequeña, pero lo más importante de allí.



El lago era precioso, con un color azul claro que enamoraba.


Y qué decir de la piscina, era grande, hermosa y espaciosa.


En general, era La Mansión, MI Mansión.


Me acuerdo perfectamente del día que nos mudamos, era un 13 de Noviembre de 1954. Yo tenía 27 años y Melinda 25.


M: Tommy, es preciosa y qué grande es.
T: ¿Te gusta?
M: ¿Lo dudas? Me encanta.
T: Bien, sabía que te gustaría.


M: Te quiero cariño. Gracias por esto.
T: De nada, es lo mínimo. Oye, ¿qué tal si estrenamos la casa?
M: Ya se por dónde vas pillín. Vamos.


Hicimos el amor durante un largo rato y aún así, no nos cansábamos.


Mi amor se había quedado dormida. Si ella supiera lo que la quería...


Sin embargo, Lucca, cuando estaba a punto de cerrar el bar, notó que alguien observaba por la ventana. Eso no le gustaba nada.


¿Quién sería ese hombre?


Antes de que el desconocido entrara y lo viera, bajó rápidamente las escaleras y se escondió.


El desconocido entró, y bajó las escaleras, parece que lo buscaba, pero... ¿quién era? 
Lucca: Mierda, un poli. No puedo dejar que me descubra aquí. Tengo que hacer algo...



CONTINUARÁ...