viernes, 24 de mayo de 2013

Capítulo 11: Problemas (2º parte)

¡Hola de nuevo! Hoy estoy más tarde aquí que de costumbre por culpa de una serie de problemas personales que han hecho atrasarme, pero aquí estoy otra vez y esta vez con la continuación del capítulo pasado.

A lo largo de esta semana intentaré traeros unos textos que me han gustado mucho de un libro que me estoy leyendo.

¡Nos vemos pronto!

CAPÍTULO 11: PROBLEMAS (2º PARTE)

Melinda me acompañó hacia la salita y allí empezamos a hablar...
Melinda: Tommy, vamos a ver. ¿Qué hace él aquí?
Tommy: Bueno, es porque después de lo que le ha pasado no puede quedarse solo.
M: Es lo suficientemente grandecito para saber arreglárselas solito, ¿eh? Ahora mismo se va de casa.
T: No puedo hacer eso, es mi mejor amigo y si lo echo de casa, ¿qué excusa le echo?
M: Eso no es problema mío, pero no lo quiero en mi salón. Así de claro.



T: ¿Pero tú te estás escuchando? No pienso hacerle eso a mi amigo. No lo voy a echar. No se va a quedar a vivir aquí. Va a pasar un par de días en casa. Sólo eso.
M: No. Esta casa es nuestra y como novios que somos sólo vamos a vivir nosotros. Nadie más. ¿Me explico?


T: Perfectamente, pero no puedo hacerle eso a Anatoli. Es mi mejor amigo.
M: Sí puedes. Es mafioso como tú y tiene una pistola en cada cajón. No me digas ahora que el pobre es un chico indefenso porque no me lo creo.
T: Ya lo sé, pero después de todo, lo secuestraron aquí, me lo ha dicho y me siento responsable de lo que pasó.
M: Ya sé lo que a ti te pasa.
T: ¿El qué?
M: Que quieres más a tus amigos que a tu novia.
T: ¿Y a qué viene eso?
M: Pues que siempre estás trabajando, de un lado para otro. Solo me quieres para que te haga la comida cuando estás en casa y para follar. ¿Eso es una novia? Eso es ser una puta. Y yo no he sido puta y no lo voy a ser ahora. ¿Sabes? Hemos acabado.


T: ¿Cómo? ¿Tú te estás escuchando? Te estás montando la historia tú sola.
M: ¿Yo sola? Solo te vas a quedar tú, amigo. Me voy.
T: ¿Cómo que te vas?
M: No lo pienso repetir, ya me has oído. Adiós.


M: Y toma las llaves de la casa. Para ti y para la siguiente puta que venga aquí a vivir.
T: Melinda...
M: Que te den, bonito. Aunque sea un decir.


T: Melinda, ya te dejé irte una vez sola. Dos veces no. Si finalmente te vas a ir de casa, vete, pero déjame que te acompañe.
M: ¿Para qué? ¿Para saber donde me voy a ir? Qué listo.
T: ¿Qué hablas? ¡No!
M: ¿Entonces?
T: Para que sepas que voy a cambiar a partir de ahora.
M: ¿Cambiar? Jajaja, no me hagas reír.
T: Permíteme acompañarte, por favor.
M: Vale...


T: Pero déjame besarte primero.
M: Mmm. Mmm.


M: ¿Qué haces gilipollas? ¡Que sea la última vez que me tocas! Tú y yo no somos nada. ¿Me oyes? ¡¡NADA!!
T: ¡No me grites coño, que yo también sé gritar!
M: Grítame si tienes cojones, venga. ¿Qué es lo siguiente que me vas a hacer, pegarme?
T: ... Voy a por el coche...
M: Sí, anda, será lo mejor.


Cogí las llaves del coche, nos subimos en él y me dijo que la llevara al Hotel Southantom. Durante el trayecto, ninguno de los dos hablamos. La tensión entre los dos era enorme.


Una vez que llegamos...
M: Gracias por llevarme. Que te vaya todo bien. Adiós.
T: Melinda, espera. Quédate. Deja que las cosas reposen y mañana lo hablamos más tranquilamente.
M: Está todo pensado. No hay vuelta atrás. Si me permites, tengo que irme.
T: Bueno, ya nos veremos.
M: Emm, sí...


La mañana siguiente, Melinda se levantó desorientada. Pero cuando asomó la cabeza por la ventana del décimo piso se acordó de todo. Desayunó y bajó a la calle.
M: Buenos días Melinda. Bienvenida a la vida de soltera.


M: Este parque siempre me ha gustado, pero nunca he podido venir tranquilamente por la noche con mi pareja a ver las estrellas. Siempre estaba ocupado. De verdad que...


M: ¿Cómo estará Tommy? Espero no haber sido muy dura con él, pero no podía hacer otra cosa. Me tenía como su criada y yo no soy la criada de nadie. ¡Ay! Será mejor que no hable de ese perla que no merece la pena preocuparse más por él.


Mientras tanto, yo no hacía otra cosa que comerme la cabeza. Sólo pensaba en ella, en cómo estaría, si se le habría pasado el enfado... Pero no podía ir al hotel, me mataría si me viera.


¿Qué podía hacer? No había conocido a otra chica como ella. Sería difícil encontrar otra como ella, aunque eso sería imposible. Ella es perfecta para mí, es mi chica ideal. No puedo dejarla escapar... ¿Pero cómo la hago?


Anatoli: ¡Oye! Tierra llamando a Tommy, ¿me recibe?
T: Ah, sí dime.
A: Te decía que... Bueno da igual.
T: No, no. Dime.
A: Que no. Dime tú.
T: ¿Qué quieres que te diga?
A: Pues lo que ha pasado.
T: Siéntate entonces, porque la cosa va para largo.


A: A ver, ¿qué ha pasado?
T: Pues resulta que empezamos a discutir porque se sentía violenta el que tú estuvieras aquí. Ya sabes, no tiene tanta confianza contigo que la puedo tener yo.
A: ¿Le molestó eso? Habérmelo dicho y yo me voy a mi piso. Mira que eres tonto. Ahora podría estar aquí contigo.
T: ¿Me vas a dejar terminar o me callo?
A: No, sigue. Perdona.
T: Pues eso, que le dije que no podía hacerte eso y que dejara el tema ya. Y no sé cómo salió el tema de que me echó en cara de que no pasaba tiempo en casa y de que la tenía como una puta, que sólo la quería para follar y yo que sé qué más me soltó.
A: Bah, eso se le pasa. Aunque no sé a qué venía soltarte esas cosas así de repente.
T: Ya... Lo peor de todo fue cuando me dijo que se iba de casa y que habíamos terminado.
A: ¿En serio te dijo eso? Buf...
T: ¿Qué pasa?
A: Nada, que el cabreo que tendrá es monumental. Lo que debes hacer es dejarla tiempo. Volver por sí sola no lo hará, pero lo que puedes hacer es reconquistarla. Si ya lo hiciste una vez, ¿por qué no dos veces?


T: ¿Tú crees?
A: Que sí, hazme caso. Sólo debes dejarle tiempo a que se le pase todo. La cuestión es que esperar.
T: Tengo otra idea y puede ser mejor.
A: Verás que ya te veo venir...


T: ¿Lucca? Sí, soy yo. ¿Qué tal? Bueno ahí vamos. Te llamaba por eso. ¿Tú estás muy ocupado para hacerme un favor? Es que resulta que ayer por la noche...


Lucca, tras haberle contado todo lo que había pasado, me hizo el favor de ir al hotel para intentar quitarle hierro al asunto.
M: Lucca, ¿qué haces aquí?


Lucca: Es que verás... Tommy me ha contado...
M: ¿Tommy? Sabía que te había mandado él. Ya le dije ayer que no quería saber nada de él. Dile de mi parte que se busque otra. Que conmigo no tiene nada que hacer. ¿No se lo dejé suficientemente claro ayer?
L: Mel, vamos a ver...
M: ¡Ni Mel ni leches! Y ya te he dicho muchas veces que no llames Mel. Odio que me llamen así.


L: Lo siento Melinda. Tranquilízate.
M: No quiero tranquilizarme Lucca. Esto no va contigo, así que lo siento por mi comportamiento. Si me dejas sola te lo agradeceré.
L: Como quieras. Sólo quería ayudarte.


M: Me ayudarías si le dijeras de mi parte a Tom que no se preocupe por mí. Sé cuidarme muy bien solita.
L: Bueno vale. Yo se lo digo. Cuídate y espero verte pronto.
M: Gracias. Ya nos veremos.


Esperaba la llamada de Lucca como agua de mayo. Nada más sonó el teléfono lo cogí y le pregunté qué había dicho Melinda. Cuando me contó todo lo que había dicho el mundo se me vino abajo. Me derrumbé.
T: ¿Te dijo eso?
L: Sí... Lo siento Tommy. Ya sabes que para lo que sea estoy aquí.
T: Ya, muchas gracias por todo.
L: Te llamo esta noche para preguntar por ti, ¿ok? Ahora descansa e intenta despejarte.


Me vestí y me fui a un sitio donde hacía mucho que no estaba... La iglesia. En ese momento no había otro lugar donde quisiera estar que en la iglesia.


Miré a los lados, observé los cuadros de los santos...



Y por supuesto miré los cuadros de Jesús y su madre María. Sentía algo estando ahí que no lo sentía fuera. Era algo extraño y no lo sabría cómo explicar.


Me senté y empecé a hablar con el Señor.
T: Señor, soy Tommy. Me siento un poco avergonzado estar aquí después de tanto tiempo sin pisar la iglesia, pero no sabía en qué otro sitio podía estar y no sentirme como una auténtica mierda. Desde que Melinda no está conmigo me siento vacío. Ahora me doy cuenta de lo que la quiero y de lo poco que se lo he demostrado, pero es un caso perdido. No puedo hacer nada. Le ha dicho a Lucca que no quiere saber nada de mi y que me olvide de ella, pero es que no puedo. Es imposible olvidarme de ella. La amo, Señor.


Solo tengo ganas de morirme, de desaparecer... Señor, sólo te voy a pedir un favor: perdóname por todas las faltas que haya cometido y por la que... voy a cometer. Perdóname Señor. Te lo pido de corazón. Lo siento.


Salí de la iglesia y me dirigí al hotel donde estaba Melinda, pero no para verla, no. Me colé dentro y subí a la azotea. ¿Para qué? Estaba convencido de que ya no había vuelta atrás y yo sin ella no podría vivir así que, ¿para qué seguir vivo?


Cada vez me acercaba más al filo, pero contra más me acercaba, más me crecía el pellizco del estómago.


Miraba el paisaje, su playa, la gente tan pequeñita desde ahí arriba. Recordé toda mi vida, lo que había hecho y en ese momento me dí cuenta de que la mayoría era con todo el mundo menos con Melinda. No tenía ni buenos ni malos recuerdos con ella, sólo este último y ahí fue cuando comprendí su enfado.


L: Ey Anatoli.
A: Hombre, cuánto tiempo. ¿Cómo va todo?
L: Bien, aquí que vengo a ver a Tommy. 
A: No está en casa. Ha salido.
L: ¿A donde?
A: No te lo vas a creer, a la iglesia.
L: ¿Y?
A: ¿Cómo que y? Es mafioso y matamos a gente. No puede ser cristiano.
L: En eso no estoy de acuerdo, yo soy cristiano y voy a la eucaristía todos los domingos. Lo que pasa es que a mi desde joven me han hecho ser así y ahora con mi edad no puedo ser de otra forma.
A: Ahh...
L: Bueno, larguémonos.


L: Presínate, ¿no?
A: Ah sí, jeje. Se me había olvidado.
L: Yo no lo veo aquí. ¿Estás seguro de que había venido aquí?
A: Claro. Me lo ha dicho.
L: Preguntemos entonces si lo han visto.


A: Buenos días caballero. Perdone que le moleste, pero ¿ha visto a un chico de mi edad más o menos moreno de piel y de pelo por aquí?
¿?: Sí, cuando entraba yo lo vi salir y se dirigía hacia la derecha según sales de la iglesia.
A: Muchas gracias. Buen día.


Anatoli
Nos dirijimos hacia la derecha y nos encontramos con una manifestación, ahí Lucca se acercó a un hombre y le preguntó por Tommy.
¿?: Pues lo he visto cojer un taxi y se dirigía como si fuera a la playa.
L: ¿La playa? Vaya, muchas gracias.
¿?: No hay de qué. Espero que lo encontréis.
L: Gracias de nuevo. Buenos días caballero.


Nos dirijimos a la playa y ahí le volvimos a preguntar a otro hombre por Tommy y nos dijo que lo había visto bajarse de un taxi e irse al paseo marítimo.


Yendo hacia el paseo marítimo, Lucca se paró en seco.
L: ¿No es...?


L: Hombre Melinda, qué casualidad el verte.
M: ¿Otra vez te ha mandado Tom?
L: No, justamente estábamos buscándolo. Hace ya dos horas que no aparece por ningún lado. Esto de desaparecer parece que se ha cogido como costumbre.


M: ¿Ha desaparecido? En algún lugar tiene que estar, ¿no?
L: Supongo, pero todavía ni rastro de Tommy.
M: Entonces busquémoslo.
L: ¿Tú también?
M: Sí. Es mi ex y aunque no quiera saber nada de él como pareja no significa que no lo quiera como amigo...
L: Ya, ya.


A: ¡Lucca! ¡Lucca! Uy, Melinda. Han visto a Tommy lléndose hacia la parte de los hoteles.
M: ¿Si? Me habrá ido a buscar personalmente a hablar conmigo.
A: A ti exactamente no. Está en la azotea y parece decidido a tirarse.
M: ¡¿TIRARSE?!


T: Bueno, mi vida ha sido provechosa y aunque sea joven, he vivido bien.


A: ¡TOMMY!
L: ¡TOMMY! ¡Baja de ahí hombre!
M: ¡Tommy baja y hablamos tu y yo tranquilamente! ¡Tommy!


A: ¿De verdad que se quiere suicidar?
L: Sí y ¿sabes lo que se llama eso?
A: ¿Estupidez?
L: No. Amor, eso se llama amor.


Una altura inmensa separaba a Tommy de nosotros. Todos estábamos asustados porque estábamos seguros de que se iba a tirar...




CONTINUARÁ...