viernes, 5 de abril de 2013

Capítulo 4: ¿Dónde te metes?

¡Hola queridos amigos! Una semana más vengo para dejaros otro capítulo más de mi historia que espero que os esté gustando. Muy pronto se pondrá más interesante que ahora.

Por cierto, aprovechar que en el post donde publiqué la revista donde colaboro, salen creaciones mías. En el número que he compartido con vosotros en este blog, la Residencia Universitaria Sócrates es mía. En la misma revista está el enlace para descargarla si lo queréis, aparte de que hay otras descargas bastante buenas del resto de mis compañeros. Ya desde hace una semana estamos preparando el siguiente número de la revista y la verdad que por ahora las expectativas son muy buenas.

Y sin más dilación, aquí os dejo con el siguiente capítulo. ¡¡Hasta pronto!!

CAPÍTULO 4: ¿DÓNDE TE METES?


Anatoli: Bueno, ahora lo que hay que hacer es pan comido. Entramos, cojemos el dinero y nos vamos. Así de fácil.
Tom: No estoy yo muy seguro, ¿eh?
A: Tommy, Tommy, tranquilo. Somos un equipo y trabajamos juntos. 
T: Ya, pero ya sabes lo cagón que soy yo.
A: No pasa nada. Es normal que la primera vez te pase esto. Las demás veces lo harás automáticamente.
T: Lo sé, pero hasta que llegue ese tiempo...
A: Bueno no te preocupes. Lo importante es el ahora. ¿Preparado?
T: Creo que sí.
A: Adentro.



T: Por cierto, ¿cómo hacemos para entrar si está todo cerrado con cadenas?
A: Ahhhh. Ahí te he visto rápido. Mira, ya tengo una idea.
T: Dime.
A: ¿Por qué no te subes a esa torre y buscas si hay alguna llave o algo? Yo mientras me quedo vigilando.
T: ¿Por qué yo?
A: Tommy, no protestes y no te comportes como un niñato.
T: Vooooy.



A: ¿Y bien?
T: Aquí no veo nada de nada.
A: ¿Has mirado bien?
T: Sí. Espera, veo un agujero ahí.



T: ¡¡AAAAAHHHHHH!!
A: ¿¡Qué pasa!?
T: ¡Bichos! ¡Odio los bichos!
A: Dios mío, venga ya y no te entretengas en esas gilipolleces. No hay tiempo que perder.



A: ¿Has encontrado algo?
T: Sí, parece una llave.
A: Pues abre la puerta.
T: No. Es tu turno ahora.
A: Jajaja. Qué tío...



A: Madre mia...
T: ¿Qué pasa?
A: Entra, entra. Te vas a enterar.
T: Dios. La que nos espera.
A: Empecemos entonces.



T: Empiezo yo por esta de la derecha y tu por la izquierda, ¿ok?
A: Vale, me parece perfecto.



A: Joder tío. La manía que le da a la gente por poner piedras delante de las cosas. 
T: Jajaja. Es lo que tiene guardar algo valioso dentro de un lugar. La gente es ingeniosa.



T: Terminé.
A: Espérate un momento que me queda poco. ¿Vale? Oye... ¿Estás ahí?
T: ¡Socorro!
A: Tommy tío, ¿donde estás?
T: No puedo salir tío. La puerta está atrancada.
A: Está cerrada con llave. No puedo hacer nada.
T: ¿Y ahora qué?
A: Voy a buscar ayuda. No te muevas.
T: Anda, qué gracioso. No tardes por favor.
A: No tranquilo, ahora mismo estoy aquí.



T: ¡Cuánta chatarra hay aquí! Voy a mirar por si me sirve algo para salir de este sitio.



T: Qué calor tengo, Dios mío. Estoy agobiado. Hace ya por lo menos dos horas que llevo aquí y no se nada de Anatoli. Espero que aparezca pronto...



En ese mismo instante, me apoyé en una de las paredes y una compuerta secreta se abrió tras de mí. Rápidamente me giré y pude ver cómo unas escaleras me conducían hacia un piso superior. No tenía escapatoria. Si quería salir de ahí, el miedo no me podía dominar.



T: Una antorcha, por fin un poco de claridad. Mierda, está atrancada. No sale. ¡Ahh! Tío, tío, tío, tío la pared se mueve. 



T: ¡Qué sitio! Nunca había visto nada igual...



T: Oye, esta figura la reconozco, creo que había una parecida en el piso de abajo. Voy a comprobarlo.



T: ¡Ajá! Ya lo decía yo. Cuadran a la perfección. Parece que esta puerta se ha abierto. Habrá que ver qué hay ahí.



T: ¡Es el dinero! Lo conseguí.
A: ¡Tommy! ¿Estás ahí? Háblame tío, ya estoy aquí. Por fin he podido conseguir unas herramientas para abrir la dichosa puerta. 
T: Gracias a Dios que estás aquí.
A: ¿Qué has hecho durante todo este tiempo?
T: Encontrar el tesoro, ¿te parece poco?
A: ¿Lo has encontrado? ¿Cómo lo has hecho?
T: Estás ante un buscavidas profesional. Ha sido pan comido.



T: Sigue con la puerta, que yo estoy cogiendo el dinero. Madre mía. Nos va a salir por las orejas tantas monedas.



A: Venga, ábrete. ¡Ya! Por fin está abierta. Sal de ahí Tommy que te vea.
T: Uf, se ha hecho de día y todo.
A: Claro. Has estado un montón de tiempo ahí dentro.
T: Gracias por salvarme.



A: Te he dicho que somos un equipo. Anda y dame un abrazo. Me he asustado mucho.
T: ¿Tú? ¿Por mi? ¿Tienes fiebre?
A: No me seas tonto, jajaja. Te lo digo en serio. No sabía cómo estarías o si te habías herido.
T: Que va. De todas formas muchas gracias.
A: No hay de que.



Tras esto, cogimos el coche y nos fuimos a casa. Yo me eché un rato sobre la cama y me quedé dormido. Anatoli mientras tanto se encargó de pagar las facturas y demás.



A: Tommy, perdona que te moleste, pero tenemos que irnos.
T: ¿Otra misión?
A: No, ¡qué va! Es que mi jefe... Bueno, nuestro jefe quiere vernos para preguntarnos por la misión de ayer. ¿Vienes?
T: Claro, un momento que me arregle.
A: Eso te iba a decir. Tenemos que ir de traje. Vamos a su bar y no podemos ir de cualquier forma.
T: ¿El traje? Joder con las exigencias.
A: Gajes del oficio. Acostúmbrate.



Y ahí estaba él. ¿Su nombre? Francesco Gliocari. Cesco para los "amigos". Su cara no era de muchos amigos, pero qué le vas a pedir a un mafioso, ¿que te haga de reir? De todo menos eso, seguro.



A: Buenas tardes Cesco. ¿Me has llamado?
Cesco: Sí. Siéntate.



C: ¿Este es tu hombre?
A: Sí.
C: ¿Respondes por él?
A: Le confiaría mi vida.
C: ¿La misión qué tal fue?
T: A mi no me preguntes. Él fue el que lo hizo todo.
C: ¿Él?
A: Exactamente.



C: ¿Y tú que hiciste mientras?
A: Pues resulta que entró por una puerta que se cerró automáticamente cuando pasó por ella y se quedó atrancada.



C: ¿Me estás contando que dejaste solo a uno que es amigo tuyo y que no pertenece a la familia sin tu supervisión?
A: No fue mi culpa Cesco. No tenía ni idea de que se iba a atrancar la puerta.
C: ¿Por lo menos conseguiría el dinero, no?
A: Sí, todo.
C: ¿Seguro?
A: Cesco, está ahí a tu lado. Pregúntale a él.



Anatoli parecía incómodo, pero más nervioso estaba yo cuando Cesco se había puesto tan agresivo con él. No sabía de qué manera podía reaccionar conmigo. 



Los dos me miraron a la vez y Cesco se dirigió hacia mí. Me hizo un montón de preguntas. Parecía un policía. Estaba muy incómodo, pero no me podía quejar.



Tras explicarle todo lo que pasó. Su cara cambió. Por primera vez lo vi sonreir y dijo...
C: Anatoli, tienes un buen ojo. Este chico vale para esto. A partir de ahora, vendrás con él. ¿Entendido?
A: Claro. Descuida Cesco.
C: Sólo espero que no la vuelvas a cagar cómo la última vez. No vuelvo a salvarte el culo ni una véz más.
A: Sí señor. No volverá a pasar.



Intrigado, me acerqué a Anatoli y le pregunté por lo que había dicho.
T: Anatoli, ¿qué pasó?
A: Ahora mismo no Tommy. Después te lo cuento...
C: ¿Qué hacéis aquí plantificados? Iros de aquí. Ya os llamaré.



Llegamos a casa, rendidos y muy hambrientos.
T: Tío, yo me voy a duchar y a cambiar.
A: Pues mientras tanto yo hago la cena.
T: Está bien.



A: Mmmm, a ver qué hay por aquí. Macarrones estará bien.



T: Qué cansancio tengo. Voy a caer muerto en la cama. ¡Mierda! Todavía tengo algo que hacer...



T: Tú, ¿cómo va eso? 
A: Bien, enseguida está la cena.
T: Mira, ¿por qué no la termino yo y tú mientras te duchas y te cambias?
A: Vale. Una cosa: remueve mucho para que no se peguen los macarrones al fondo.
T: Jeje, gracias por el consejo.
A: Ahora vengo, no tardo en ducharme.



T: Ya está listo. Ahora toca irse, con la pinta que tiene... Basta ya, no puedo llegar tarde.



T: Rápido, venga. Como llegue tarde...



A: Tommy, qué pinta tiene. ¿Tommy? ¡Oye! ¿Donde estás?



A: Qué le gusta desaparecer a este tío. Es su especialidad. Menos para las cosas malas, que es un pardillo... Aunque, bueno, ayer no lo hizo mal. Ya aprenderá.



A: Hummmm, qué bueno está. Necesitaba cenar ya. ¡Mierda con el teléfono! No se puede cenar tranquilo. ¿Quién será ahora? Espero que sea el tío este desde una cabina.





CONTINUARÁ...